LUYS COLETO: A despollarnos otro rato con la manipulación mediática en la NO guerra de Ucrania.

Allá por San Isidro del pasado año, a despollarnos un rato con las inconsistencias, delirios, incongruencias, pamemas y risibles absurdos covidicios. Tras la farsa covidiota, la guerra no guerra ya apunta maneras en la consuetudinaria descojonación mediática: cada día nos toman más por hadales retrasados trisómicos. Fuese y no hubo nada. Bueno, desorejada desvergüenza.

La NO guerra como videojuego
El clásico de estos días, claro, Gusana, Anteta Tres. El pasado 24 de febrero, inicio de la farsa no bélica. Imágenes de un videojuego como si fueran bombardeos reales. Se trata del juego ArmA 3. Y, top, falsas víctimas ucranianas ante el avance ruso cuyo conductor pareciese beodo del todo y que aplasta un coche. Ignorando todos los mass mierda planetarios, olímpicamente, el simultáneo tiroteo de una camioneta en la zona (emboscada de tropas ucranianas a tropas rusas). Fuego amigo, tan obvio.

…O el padre que se despide de su hija, llorando, la sube a un tren, él se queda en Ucrania para luchar por su patria. El problemilla, ains, es que es una imagen de la evacuación de civiles en el Donbass el pasado 21 de febrero, huyendo de los bombardeos del régimen de Kiev. Lo contrario de lo «sugerido», pues.

Sacando partido a las sobras
Mezclando guerras o petardazos a conveniencia, un clásico. La cadena de Gusanita recurre a la imagen de una explosión en una petroquímica china en 2015 para hacerla pasar por un bombardeo ruso en Kiev. O se utiliza Belgrado en el 99 para ilustrar Kiev, grosso modo, hace unos días.


O despedidas de soldados de sus novias…que pertenecen a pelis: clip del documental ucraniano La guerra de las quimeras, estrenado en 2017 y que trata sobre los primeros meses de la crisis de Crimea en 2014.

Y las abracadabrantes semejanzas, lo mismo es que es lo mismo, entre la cinta Deep Impact y una presunta estampida de ucranios (por cierto, aparecido en otro medio de Mediaset, como Anteta 3, TGcom24)

O la cría palestina Ahed Tamimi deviniendo chiquilla ucraniana en tirantes que se enfrenta a cuerpo con un soldadote ruso que, vaya, va vestido con el uniforme del ejército de ocupación israelí como si las icónicas imágenes de aquel momento – hace ya un decenio- no hubieran dado la vuelta al mundo varias veces.

Y marchando otra de niñas: ains el peluche y, seis años después, no crece un solo milímetro. La memoria de pez, tipo Dory, no es tan espaciosa ni especiosa, intuyo.

Y qué decir de aviones en marciales desfiles de mayo de 2020 pasados por aviones en plenas y actualísimas operaciones bélicas.

O reporteros de atroces guerras…pero con despreocupado turisteo pululando por detrás.
O el «presunto» periodista que fue “ejecutado” por los talibanes en Afganistán, «resucitando» a tiempo para ser ahora la primera víctima estadounidense en la “Crisis de Ucrania”: ains, pura, purísima mala suerte.

O la perínclita mujer con la cara reventada y ubérrima de sangre, en las portadas de todo el planeta…pero que en realidad fue víctima de una explosión de gas que se produjo en un edificio en Ucrania en el 2018. Le pilla el ataque ruso sin haberse cambiado aún ni la ropa ni el vendaje ¡cuando ya han acontecido cuatro años! Muy rarito Un poco guarrona con esas compresas casi un lustro después.

Y el supuesto prisionero de guerra ruso presentado por la propaganda ucraniana a los medios de infoxicación al que vemos en una foto anterior (a la derecha) vestido con el uniforme del ejército ucraniano y en compañía de un dirigente neonazi. ¿Malditos niutroleros, ¿ dónde estáis, con el atroz amianto, con el colega Soros? Ains…

Y Putin se cargó al bichito-19
Y, de repente, el bichito ya no mata en Ucrania. Juas. Putin acabó con el bichito. En fin.
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