Cine. LUYS COLETO: El limpiaparabrisas, el soberbio corto de animación de Alberto Mielgo, ganador del Oscar.

Quiero amor o la muerte, quiero morir del todo (Vicente Aleixandre)
A vueltas con el (¿teatral, metateatral?) hostión (¿mini sopapo, César?) de Smith a Rock, otros cruciales asuntos eclipsados. Sobre todo, nuestro merecido, merecidísimo Oscar para nuestra patria: Alberto Mielgo, director. Alberto, ganador en su día de un Emmy en Disney XD por la magistral TRON: Levantamiento, además de dirigir episodios de la excelente serie Amor, Muerte + Robots. Pero su obra maestra, el corto El limpiaparabrisas (The Windshield Wiper), Oscar al mejor corto de animación en la edición de 2022.
El mejor Linklater y la mejor Coixet
Mixturen, pues, al mejor e hipnótico Linklater (la inigualable trilogía del amor crepuscular con Hawke&Delpy y Boyhood) y la mejor, Scanner Darkly: factura técnica impecable, pura poesía audiovisual, soberbias y vanguardistas texturas digitales con la mejor Coixet (cuando no es el coñazo Coñet): A los que aman y Cosas que nunca te dije.
Historias amorosas plurales, pues, la obra maestra de Alberto: la tinderización del amor, ideas (y consumaciones) suicidas, el amor después de la muerte, miedos e inseguridades derivadas de este apabullante y atroz sentimiento, la capacidad de ciertos amores de otorgar una nueva visión/orientación a nuestras existencias, la valentía de apostar, en ocasiones, por él y la infatigable melancolía – playera en nuestro caso- cuando esto no concluye bien, que suele ser, tan obvio, la mayoría de las veces.

Amor en tiempos de Tinder
En el interior de una cafetería, después del almuerzo, un hombre, filósofo puede, se pregunta qué es el amor mientras se calza un paquete entero de tabaco. Son solo quince minutos, pero El limpiaparabrisas explora todos los recovecos y sinuosidades y serpenteos de lo que supone el nuevo desorden amoroso de la postmodernidad.
Amor devastado, desgarros amorosos principiando el siglo XXI. El amor en tiempos de redes sociales (portentoso momento en el súper: personajes incapaces de alzar la vista en busca del efímero amor, dejando sus destinos en manos de un algoritmo que finalmente no les satisface). El amor acaeciendo sinécdoque de gente que vive al mismo tiempo disímiles historias que fluyen paralelas. Y, a su vez, narrando el inexorable deambular del tiempo, que acabará por afectar todo. Relaciones. Y no relaciones.
Linklater, Coixet, además de Virginia Woolf
El corto también sigue los ritmos de un limpiaparabrisas mientras va y viene y limpia la pantalla, destruyendo cualquier atisbo de lo que erróneamente llamamos amor. La sociedad muta (o la inducen a cambiar) insoslayables códigos (vincular indisolublemente sexo, amor y procreación) por otros, extremadamente absurdo a fuer de erróneos: a la corta o la larga, fracaso garantizado si no se cumple la ineludible trilogía anteriormente citada.
Estilema Woolf, Virginia Woolf, espléndida novela Las olas: el corto posee el ritmo de las olas: vienen y van, van y vienen, como nuestras catastróficas y calamitosas relaciones dizque amorosas. Una pasión que nos rompe en pedazos para, más tarde, recomponer todos ellos y comenzar, cual Sísifo, tal vez Tántalo, de nuevo. Es vida y muerte, Shiva en lontananza, un retrato cinematográfico abrumadoramente doloroso, por sincero, de este tiempo y nuestra (pésima) forma de amar.
Gracias, Alberto Mielgo
Gotas que caen sobre el parabrisas, forman un patrón específico, y luego se eclipsa y toda la ventana está nuevamente limpia, pero prosigue la pertinaz llovizna y el patrón es, albricias, absolutamente distinto. Puede asemejarse, cierto pero es en principio completamente distinto. Entonces, ese patrón, como relación, es, parece ser, completamente diferente. El parabrisas, súbitamente, «limpia» entonces ese patrón: cada relación deviene aparentemente diferente. Espejismo, sin duda: el mismo derrumbe amoroso razonablemente próximo.
El amor se metamorfoseó drástica y dramática y concluyentemente durante las últimas generaciones. El concepto de familia y relaciones que desembocan en ella. Nuestros padres, indisolublemente unidos desde que se conocieron: eclesialmente o no. La familia, clave. Familia fuerte y compromiso. Hogaño, implosión/explosión. ¿Definitiva?

…Enhorabuena, Alberto, cumbre (por cierto, Alberto, déjate de hostias y de satánicas manos cornutas: nadie es perfecto). En fin.
marzo 28, 2022 a 2:55 pm
Acabo de ver el corto, Luys, y se me hace larguísimo (lo cual no es bueno para el corto, obvio). Respondiendo a tu pregunta del sopapo del negrata (adjetivo descalificativo para los negros malos, no calificativo para la raza negra)… un tipo de su enorme corpulencia y musculación tremenda, si pega un sopapo a alguien que no se lo espera, le arranca la cabeza, tal cual. O, como poco, le deja tendido, inconsciente, en el suelo. El sopapo orejero es muy bueno, no hace falta estar mazas como este negrata, para tumbar a alguien, dándole con la mano abierta en la oreja… o si la mano es grande, dándole en la jeta pero abarcando la oreja. Cae redondo, tal cual, si el impacto es certero, como en este caso.
Ese guantazo es fingido, como todo el Hollywood, salvo su satanismo y pedofilia, que son tan reales que nadie las cree. Es mera promoción para un evento que ya nadie sigue (yo ni sabía que eran los Oscars esos y, como yo, decenas de millones de gente que ahora lo sabemos y sabemos lo de la peli del negrata oscarizado tras hostiar falsamente y llorar patéticamente. La banalización de las lágrimas es muy preocupante en esta sociedad de oligofrénicos).
El corto no me ha gustado nada. Primero porque es en inglés (y un poco, en espagueti). Si es requisito indispensable para los Oscar, la cosa es fácil: no presentarse y hacer los trabajos en tu idioma patrio, máxime cuando es el más hablado del mundo y 1.001 veces más rico que el inglés. Pero cuando no hay talento, cuantas menos herramientas se tengan, mejor para que no descalifiquen tu trabajo. Imagina a un sordomudo interpretando un gran papel de teatro. Por muy inclusiva que sea la obra, la obra perderá un 99% de si es interpretada con voz.
Peca este corto de ser solamente una buena factura audiovisual, que es lo mínimo que se le exige a las grandes producciones (las que tienen mucho presupuesto), como es este corto de animación. El contenido es predecible, reiterativo y maniqueo total: amor negativo, hala. Ahí queda eso. Y con eso, que no es nada, desarrollo 15 minutos de zozobra y penurias sentimentales de gente que no sabe amar y a la cual, parece ser, les han enseñado a vivir así el amor, que es morir, no vivir. Y la vida, sin vida, no es nada.
El amor, para mí, siempre es positivo y cuando es negativo como muestra este corto, no es amor, es odio. Obviamente no es el camino de rosas que nos venden otras producciones para enanos mentales, pero no es quedarnos en esta negatividad. Y no sólo es malo tratar así este asunto, sino que ES MUY FÁCIL. Es decir, el cine debería aprovechar su mayor virtud, que es contrapuesta al documental: poder hacer ficción, idealizar temas reales y , tal vez, crudos.
El mal documental peca de ficcionar, y el mal cine de no hacerlo.
Es muy fácil hacer el guion de un corto como este, donde sale hasta una recurrente secuencia de sexo, como no. Y un suicidio, como re-no.
Se me viene a la cabeza la magistral: “La vida soñada de los ángeles” o la magistral (esta de animación y española y en español, como debe de ser): “Arrugas”. Eso sí es cine colosal abordando temas recurrentes de documental.
Salvo “concursante”, este siglo no he visto una sola obra audiovisual espenola (cine, tele, internet…) que no sea mala… que es mucho peor que no ser buena. Los premios que les den, es lo de menos. La obra es lo que es y los ojos nunca engañan. Pero siempre hay excepciones a toda regla, como es que a ti te guste este corto. Tal vez sea por cuestiones de gusto y no de criterio. Pero el gusto puede llevar a muchos disgustos injustificables, mientras que el criterio, aunque no guste, es infranqueable. Jejjejee
Saludos, Luys!!!
PD: la parte del indigente sí me gusta, porque se aparta de la tónica realista neganitiva del corto. Eso sí es aprovechar la ficción que nos brinda el cine no documental.