2 respuestas to “VÍDEO- minuto: «Cercanías RENFE: ruido y porquería».”

  1. Avatar de Rafael López
    Rafael López Says:

    Don César, no seré yo quién muestre indulgencia con una empresa pública porque teniendo en cuenta el dinero que nos roba, a la vez que lo malfurne en siniestros fines, el malgobierno, los trenes, y tantas cosas más, deberían estar como los chorros del oro.

    Sin embargo quiero hacer una mención a la ausencia de urbanidad en muchos usuarios del transporte público (alguna vez te he comentado algo al respecto). En Canarias no hay trenes, pero los he utilizado cuando residia en Madrid y lo que muestras es la realidad, incluso algo benévola. Ver a un jovez lozano de físico, pero de hueca cabezota, como en uno de esos asientos para mirarse cara a cara dos viajeros se repantinga como sí no hubiera un mañana, colocando sus pezuñas en el asiento de enfrente ¡y encima en el que estaba sentado era para personas con movilidad reducida!

    Podría contar 1.001 (bueno, no tantas) anecdotas al respecto, pero mientras no se recupere la figura del supervisor/revisor que ponga orden ante tanto desatino por parte de majaderos sin escrupulos, nunca se erradicará lo de la limpieza, porque siempre habrá un cerdo bípedo para ensuciar y hacer un mal uso de un servicio público (desde luego la Renfe podría limpiar más, pero lo uno sin lo otro, no conduce al objetivo pretendido que no es otro que no sentir asco al sentarse)

    Ahora ¡dime franquista! por tratar de recuperar la figura de alguien responsable que haga guardar el orden, la limpieza y la urbanidad en el transporte público.

    Lo del ruido, seguramente no tiene arreglo, lo puedes mitigar poniendote a Helloween y demás metaleros en esos casos molones que tienes.

    Un abrazo,

    • Lo más triste, don Rafaél, es que si escucho música en el pútrido y carísimo y expoliador transporte público… tengo que subirlo al máximo (sonido atronador que me han vuelto un madrileño medio sordo como un maño que yo me sé…) y no oía la música y sí el atroz ruido.
      Nos hemos acostumbrado a ser tratados como ganado, no sólo por ir hacinados y sucios, sino con el plus que no tienen los animales de ganado: el ruido infernal.

      Yo no me acostumbraré jamás, por eso me quejé, me quejo y me quejaré: siempre. Y la mejor opción es ir andando (o en bici) a todas partes, como he hecho casi siempre en Madrid y resto de lares donde han sufrido mi presencia.

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