ARTÍCULO: Cualquiera que tenga un hijo menor de edad, y no esté en la cárcel, debería estarlo.

Y, a manera de subtítulo, añado: El síndrome de Munchausen es obligatorio. Y el de Procusto ya ni hace falta. Y el de Estocolmo, ¿cuál es ese? –¿Cómo se llama ese alemán que me vuelve loco? – Alzeheimer. – Ese. Gracias, majo. –De nada. Súbase la manga, caballero.
Ya está. Este es un artículo con título, subtítulo y esta apostilla. No hace falta decir más sobre el asunto. Y el que diga algo más, allá él.
Y hallando a él, me hallé yo. Y como soy el que teclea pues digo lo que me sale de la tecla. No hace muchos minutos (¿horas? ¿días? ¿semanas? ¿meses? ¿años? ¿lustros? ¿décadas? ¿siglos? ¿milenios?…) lo hablaba con mi amigo Navarrés, por supuesto por güasap, no piense nadie que 2 hombres no convivientes se han arrimado el uno al otro (con o sin mariconadas ya da igual… pero no hay que acercarse ni tocarse, siquiera, con un palo sujetado con un guante esterilizado previamente). Le dije al Navarrés: » (…) A mi hace meses que ni me dejan ir a la Sierra (ya sabes, 4 horas de viaje i/v, 12 pavazos…) Ni eso me dejan ya». Y él: «que asco de sociedad, nos han privado de nuestra libertad, y la peña tan feliz….» Y yo: «Esa misma peña eran los esclavos, lo tontos, los analfabetos, los psicópatas que veíamos junto a nuestra antigua vida feliz. Ahora los esclavos somos nosotros. Y, por supuesto, ellos nos llaman: tontos, analfabetos y psicópatas». Y él: «Así de simple».
Aderezo este texto con varias imágenes entrañables:




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