ARTÍCULO: La falta de empatía mata más que la guerra.
La peña físicamente enferma como soy yo, tenemos más empatía que el resto, porque sabemos de qué va esta broma de padecer dolores físicos 24 horas al día. No es coña. Yo me suelo despertar, de madrugada-martingala ahogándome, “gracias” a mi rinitis crónica y aguda casi siempre. No sé qué sexto sentido se activa en mi body pero cuando me estoy asfixiando me despierto y logro liberar mis conductos respiratorios de eso que los está obstruyendo para matarme, o por lo menos morirme, que en este caso aunque no haya intención ni dolo… el resultado es el mismo y no me mola nada.
¿Qué pasa con la empatía? ¿no debería de ser como el valor de un militar, que aunque no se tenga, se presupone?
A mí me han destrozado la vida los galenos, y tengo las pruebas… pero no voy a hablar de eso ahora, pues ni mola ni agrada. Pero sí hablaré de la penúltima operación que sufrí, la penúltima tortura. Era algo aparentemente sencillo: extirparme 2 muelas del juicio. Pero como mis muelas tienen raíces que me llegan hasta los pies… pues la cosa se complica y hay que hacer esas polladas en quirófano. Anestesia general, dijeron. Y yo, que ni de coña, a mí no me duermen y me dejan en manos de los galenos… eso sí… me han dormido 2 veces, con propofol, para endoscopia y colonoscopia, nadie es perfecto.
Para esta operación de molares incrustrados, eran mogollón de personajes. El cirujano, la anestesista y 1.001 enfermeras y enfermeros. Una de ellas me dijo que yo le echaba muchos cojones por no ponerme anestesia general. Bueno… siempre me han operado así y ya contaré por qué es de tener muchos cojones quererlo yo así. Pero ahora estoy hablando de mi libro.
Yo sufro rinitis alérgica crónica y, casi siempre, aguda; debido a alérgenos (los tengo todos, la alergóloga flipó conmigo, nunca había visto a alguien que tuviera alergia a TODO) y a una terriblemente mal hecha septoplastia cerrada en 1997, fruto de que me partieron la porra, por accidente, no por pelea. A mí no os creáis que me hacen mucho daño en las peleas… tal vez es todo lo contrario. Pero sigo hablando de mi libro.
Imaginaos en un quirófano, tumbado “cuesta abajo” para que el galeno tuviera acceso a mis molares superiores. Y yo con la nariz 100% taponada. Se lo dije al cirujano y al resto… pero como quien oye llover. Es más… me pusieron una gasa rara para taparme el jepeto y sólo dejar a la vista mi hocico para que hurgara el de los bisturís.
No era moco de pavo rajarme las encías en pos de hallar mis escondidas muelas… sin poder yo respirar por la porra. O sea… 10 dedos y un bisturí y algo más que no sé cómo se llama ni me importa, metidos en mi boca… sangrando cual marrano y con el succionador ese de saliva, menos mal.
Y tumbado hacia atrás, con todo lo que ello conlleva de que la sangre y etc. pues cae por la gravedad a mi garganta. Imaginad estar en ese trance. Haced la prueba de meteros 2 algodones (o algo parecido) para obstruir por completo vuestras fosas nasales. Os aseguro que sólo de esa manera, e imaginando lo de mi operación, podréis empatizar conmigo y darme palmaditas en mi maltrecha chepa (soy lisiado oficial por eso de la chepa, pero siguo hablando de mi libro. Y sólo tengo derecho, por lo de ser lisiado oficial, a ir al Parque de Atracciones con descuentos. Tal cual. Terrible, sí.).
Y la gente sigue embozalada y fumando… en el fondo tengo envidia de su buena salud. Yo, el mayor negacionista del Mundo, envidio a los covidiotas, sí. Porque ellos no saben lo que es vivir enfermo, y por eso hacen lo que hacen.
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