RELATOS esperpénticos y kafkianos (III): “una médico no quería verme la minga, pero sí tocármela”.

Una vez quise ser marinero profesional y me he quedado en “marinero de agua dulce” e incluso “marinero en tierra”, porque he navegado bastante por las costas eivissencas y vivido en varios veleros, que me quiten lo “navegao”.
Este relato narra mi revisión médica, exigida para el examen de “competencia marinera”. Es la última revisión que me he hecho – porque era obligatoria – y ya hace 20 años… paso de esas mariconadas, estamos todos enfermos y siempre te sacarán algo que limitará tu vida. Grosso modo, pasé la revisión con nota, si hurgan más me sacan de todo, como a todos.
Lo curioso de esta revisión es que la doctora me dijo:
- Quédese en calzoncillos y túmbese en esa camilla.
- Perdone, pero yo no uso ropa interior…
Era verano, además, y en esas fechas si que no me toca los huevos gayumbo alguno. Mi higiene es exquisita, pues no uso papel higiénico sino agua y jabón, y me pongo en remojo muchas veces al día, en incursiones breves, no soy de cantar en la ducha media hora, ni crear Londres de baño. Y si estoy en zona de mar o río… pues soy anfibio total.
Disipadas las dudas sobre mi higiene corporal, que surgen cada vez que digo que no suelo usar ropa interior, sigo:
Junto a la enfermera, la médico se quedó algo contrariada, no así mi novia de entonces (vino conmigo), que – obviamente – estaba bien informada de eso.
- A mi me da igual estar desnudo, pero si les molesta, denme una bata o algo de eso que se ponen los pacientes en estos lares.
Dudaron las galenas y, tras atisbar en rededor me dieron una sábana de esas de gasa, transparente, que usan para las camillas. Me envolví las vergüenzas, cual momia, y me tumbé en la camilla. Y aquí viene lo esperpéntico y kafkiano. Tras mirarme las partes desnudas de cuerpo, y hacer mediciones, auscultaciones y otras astracanadas, la doctora retiró lo que me tapaba la virilidad (se me veía todo el material, de todas maneras, lo cual daba un rollo estraño de sensualidad de ropa interior transparente) y empezó a tocarme los cojones y el nabo, tal cual – creo que para palpar posibles hernias o yo qué sé, tampoco me dijo el por qué – pero yo sí tenía algo que decir:
- Joder, ¿porqué qué me has dicho que me tape si me ibas a desnudar después?
Miró a la enfermera, dubitativa:
- Es el protocolo, quedarse en ropa interior… es la primera vez que me ocurre esto y no sé… supongo que…
- No te preocupes, a mí me da igual – dije echándole un capote para que no entrara en lo absurdo que era el asunto – pero lo mejor es que le digas a todos que se desnuden y ya está, que no pasa nada. Esto es una clínica, no un bar.
Yo soy nudista, y eso de estar desnudo nunca me ha importado, obviamente, salvo por higiene y protección capilar no entiendo como se puede estar vestido en entornos naturales, pero que cada uno haga lo que le dé la gana, por supuesto. Pero si me iban a bajar el calzoncillo… ¿a qué viene eso de que me digan que me lo deje puesto? ¿le iba el fetichismo de gayumbos a esta doctora o le molaba el rollo stripper o desnudar al paciente y dejarle sólo el sombrero puesto…? Es que no lo llego a entender, pero por si acaso no pregunté. Oír ciertas respuestas no merece la pena, y menos por un pene.
3 lustros después, me hicieron una colonoscopia, obligada por motivos de posible nefasta herencia familiar cancerígena. ¿Creéis que me dijeron que me quedase en ropa interior, para meterme un tubito/cable por el ano y tuvieron que perforarme el calzoncillo a esa altura, para no ver mis vergüenzas?
Obviamente no. Pero lo curioso de esta prueba es que me dijeron que me tumbase de lado en una camilla y me bajara el pantalón sólo para dejar el culo a la vista. Es decir, todo lo contrario que la otra vez… No me dejaron ni quitarme las zapatillas. ¡Menuda asepsia! ¿eh? Fue en el Marañón. Lo normal es que te desnudes, te pongas una bata de enfermo y al lío… pero qué va… esto es la satanidad pública, ahí con mi ropa y las zapatillas: propofol en vena, en segundo y medio a roncar; y a meter la delgadísima anaconda por donde sólo deberían salir cosas.
Tanto por exceso, como por defecto, los galenos nunca aciertan. Vaya panda.
En otro relato narraré mi operación de fimosis, en la que también estuve en quirófano vestido y sólo con los pantalones bajados… un poco más y sólo me abren la bragueta los hijos de puta matasanos. Esa operación es apoteósica y la he contado en monólogos improvisados que tuvieron una acogida espectacular… a ver si mi hipermnesia se porta bien cuando la escriba, pues me la hicieron hace 36 años.
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