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ARTÍCULO / relato: Felipe VI muta en Manolo el del Bombo.

Posted in ARTÍCULO-INSULTO, Relatos on junio 21, 2024 by César Bakken Tristán

Para mí el jurgol es el mejor medidor sociopolítico. Y, cómo no, un evento como la «Eurocopa» copa, valga la redundancia/repugnancia, gran parte de la actividad sociopolítica de este país aborregado, otrora cuna mundial civilizadora. Al frente de todos los memos de Espena, cómo no: el Jefe de Estado, Flipe VI, Felpudo VI o… Felipe el del Bombo.

Ayer Espena acortó 1 partido más para ganar su cuarta Eurotrola. Cómo no, el deporte de élite, esa gilipollez supina que maneja más millones que el Banco de Espena. Ese sempiterno opio del pópulus. Ese fenomenal explicador de la sociopolítica espenola.

En la foto de cabecera vemos al mayor traidor de la historia de este ¿país? en una costa espenola, recibiendo a un inmigrante invasor recién desembarcado por una ONG globalista. Los satánicos paniaguados de Cruz Roja (¡cómo no, rojos tenían que ser! Ni bandera suiza de colores invertidos ni mi polla con cebolla ni la polla de Begoña: comunistas hasta el tuétano de su endoesqueleto) le darán una camiseta, un bocata y una botella de agua a este desarrapado de tez negra y peinado extravagante. O, tal vez, comerá mejor unos buenos bogavantes, pues está forrado el negro. Es jurgolerdo profesional, imaginad. Vosotros, plebeyos, a galeras a remar.

Sobran mis palabras para describir la impotencia que sentimos los españoles de Espena viendo a nuestro amado líder supremo haciendo el gilipollas en un vestuario lleno de maromos indoctos multimillonarios por darle patadas a un cuero hinchado, vestidos con ridículos pijamas publicitarios de verano. Un país desvencijado, destrozado por sus políticos – a cuya cabeza está el puto bribón / borbón este – y entregado, por entero, al Nuevo – y satánico – Orden Mundial. Aquí veis a este psicópata oligofrénico luciendo el pin de sus amos, los de la Agenda 2030:

Pues eso, pan con queso. Voy a contaros mi historia con Manolo el del Bombo. Historia totalmente prescindible que no os aportará nada y el que nada no se ahoga y pues nada, como le dijo el mar a uno que se ahogaba; la voy a contar porque a este BLOG siempre vengo a hablar de mi libro…

Final de la Copa del padre de este indocto. Mestalla (Valencia). 1998. Barcelona – Mallorca.

Primer y único día que estuve con el famoso «Manolo el del bombo». Tenía (tiene, pero ya está jubileta y lo lleva su sobrina) un bar pegado al estadio del Valencia, donde se disputó la final de ese año. Yo fui gracias a que me tocó el sorteo de entradas en la peña culé donde yo estaba apuntado por entonces: «Fuenlabarça» (nombre muy «original» pues la peña era de Fuenlabrada y de ahí el «sutil» juego de palabras…).

Yo con 23 años recién restados y con más cojones que el famoso caballo de Espartero. El cerebro, eso sí, solía dejarlo en casa cuando iba al jurgol, por si acaso se llevaba una fuerte impresión que le dejara secuelas de por vida. Toda precaución es poca en estos lares.

Años antes había militado en los Boixos Nois, pero sin unirme a ellos en plan militante. Siempre he ido por libre en todo y así será hasta mi último suspiro en esta Dimensión. Pero al ser y vivir en Madrid, a un pendenciero como yo le venía de la hostia eso de ser culé y, encima, de los Boixos. ¡Cuántas aventuras disparatadas con inopinado final feliz no habré vivido gracias a ello!

Y «le salvé la vida» a Manolo el del bombo donde casi matan a un seguidor del Mallorca

No tenía ni puta idea de que el chalado este del bombo tenía un bar, y menos pegado al estadio. Me di cuenta al ver un enorme revuelo conato de altercado violento en los aledaños de dicho bar. Por aquel entonces yo tenía un imán con las broncas que me llevaba, inexorablemente, a ellas. Me abrí paso entre cientos de desquiciados que querían quemar el bar, matar a no sé quien y tal… Entré y me aproximé a la barra que veis en esta foto:

Ante mi sorpresa jocosa se mostró este notas, con esa misma pinta (más o menos, la camiseta no era esa, porque todavía no habíamos ganado el Mundial de 2010, llevaba otra también de España). Estaba detrás de la barra y con una cara de susto indescriptible. Sobre el embaldosado, decenas y decenas de separratas de 2 patas amenazando e insultando a Manolo. «¡Coño, si es Manoloo el del bombo!» recuerdo nítidamente que exclamé a gritos sorprendidos. Y para sorpresa la que se llevaron los separratas y el propio Manolo.

Aparté a los que pude y me senté sobre la barra, ante un atosigado Manolo. Su cara denotó más preocupación todavía al verme a mí: rapado – ya era calvo por entonces – camiseta del FCB (sin publicidad ni marca, obvio en mí), bandera de los Boixos a la cintura y zapatos Dr. Martens punta de acero. Pero, al segundo, le alivié pues le tendí la mano (de la misma manera de la foto de cabecera) al grito de: «¡Manolo, Manolooooooo, coooñooooo, qué me mireeeeees!» Me tendió la suya y nos las apretamos: «¡Manolo, no estás solo! ¡VIVA ESPAÑA, HOSTIAS!» Luego solté un par de algaradas amenazantes al populacho separrata y, gracias a que otros más pusieron un poco de seso al asunto, no lincharon a Manolo y se fueron a hacer el gilipollas a otra parte.

Antes de esto estuve rodeado de caballos de maderos nacionales que me soltaban porrazos por doquier. Acojona estar entre esos caballos… ¡eran enormes! y las porras parecían lanzas de Quijote. Zumbaban a mi lado y yo esquivé todas y cada una de ellas, ante la frustración de los jinetes descerebrados (no sé por qué van con casco si no tienen nada que proteger. Supongo que lo llevarán para no despeinarse). Casi me aporrean por unirme, como he dicho que hacía siempre, a un posible altercado. Una marabunta de separratas de 2 patas estaban gritando: «¡España, España, España!», todos en corro y señalando algo. Me acerqué y vi que señalaban unos ñordos de solípedo – por el tamaño no podían ser de sus maderos jinetes, creo –, vamos, que estaban diciendo que España era una puta mierda.

Y como son más cobardes que psicóptas e iletrados, se dispersaron cual ninjas con la llegada de los que antes habían jiñado ahí. Yo, por supuesto, como lo que más odio en esta Dimensión es a las Fuerzas del Orden del jodido Estado, me quedé blandiendo una bufanda del FCB que tengo justamente a medio metro del teclado. Así, amenazante ante los jinetes y sus imponentes équidos, empezaron los porrazos. Todavía me rio, os lo juro, recordando lo que mi hipermnesia recuerda que gritaba yo: «¡Dadme una porra que les quiero pegar yo!». Pero o no me oyeron o no me hicieron caso.

Al entran por el centro de Valencia, en el autocar, vi a unos cuantos «Casuals» del Barça pululando por la street. Eran un grupo criminal muy peligroso, pero mucho, mucho, mucho es poco decir. Iban vestidos de paisano, para pasar desapercibido al cometer fechorías. Les conocía de vista, que no de ningún tipo de amistad ni colegueo alguno (lo del cerebro era una verdad a medias, sí que me llevaba una muestra de él al jurgol). A los 2 tíos de mi edad con los que me junté en el viaje les dije que se fijaran bien en ellos y que estuvieran siempre lejos de ellos.

Había coincidido con estos radicales varias veces, tanto en Barcelona como en estadios de Madrid. Uno de ellos me hace mucha gracia, todavía hoy. Estaba yo en el por entonces bar de los Boixos, el «Virginia» (en la calle Riera Blanca, jeje, toma karma…) en la previa del FCB – Oporto, de Copa de Europa, en el año 94. El viaje lo organicé yo, junto al mítico líder de los Boixos Centre, Javier Marugán «Marru» que DEP. Era un miércoles 27 de abril (joder, yo tenía 19 años recién restados). No nos conocíamos en persona, sólo por tlf. fijo, qué tiempos más buenos, joder. Marru me decía que era imposible llenar un autocar para ir al partido, un miércoles. Mi entusiasmo y persuasión le convencieron y logramos, a golpe de llamadas, llenar el autocar. 5 mil calas, ida y vuelta y entrada incluida. Un chocho.

El punto de encuentro era el bar de marras. Cuando nos dio las entradas, un par de estos casuals se las quitaron a dos pimpollos culés que iban en mi autocar. Eran peñistas pacíficos, no ultras. Pero le echaron unos cojones que todavía hoy aplaudo. Les quitaron las entradas, al tenerlas en la mano como si fueran abanicos, hay que ser gilipollas. Eso se guarda en el bolsillo delantero del vaquero, casi antes de que te las den. El caso es que los 2 Casuals se descojonaban blandiendo las entradas. Uno de ellos, que es el de la anécdota que he anunciado, gritaba: «¡Fútbol gratis para mis amigos! ¡Soy el más chulo de toda Hospitalet!». Y los 2 peñistas inofensivos pidiéndoles, por favor y todo, que les devolvieran sus 2 entradas. Imaginad si se las iban a dar… pero los chungos pecaron de lo mismo que los inocuos: no se guardaron las entradas y las usaron como abanicos. Uno de los peñistas (de ahí lo de los cojones que he dicho) estalló un tercio de birra a los pies de los 2 chungos, que con el susto descuidaron la guardia, y recuperó las entradas. Hubo un conato de pelea entre los 4. Los chungos lanzaban patadas de kárate, lo juro, jajajaja. Obviamente, los otros 2 se fueron por pies y no les volví a ver hasta el viaje de vuelta, que era esa misma noche.

Tras la ingesta de muchas birras tuve que ir al servicio a perder dinero. Era la primera vez que estaba en ese garito. Justo al entrar me fijé que el cable del tlf. fijo de la pared estaba dentro del servicio. Abrí la puerta con la mosca detrás de la oreja y allí estaba el más chulo de Hospitalet afilando un enorme destornillador con el teléfono trincado entre su jeta y su hombro. Soltó la piedra de afilar y con la voz más gutural, rota y tétrica que he oído en mi vida me gritó un enorme: «¡FUEEEEEERAAAAAAAAA!» mientras me golpeó en el pechó, a fin de reforzar su amable petición. «¡Sí Señor!» le dije entre risas. Claro, él era el más chulo de Hospitalet, pero yo lo era de Leganés… Y me fui a mear a un jardín.

Luego siguieron las hostias en los aledaños del bar, hasta el inicio del partido. Y como habíamos llegado por la mañana y eso empezaba a las 21h. o así… imaginad si hubo tiempo a hostias y altercados. Lo más reseñable es que le abrieron la cabeza a un negro, por el mero hecho de serlo y pasar por ese lugar el día equivocado. Yo traté de advertirle de que se fuera por donde había venido. No me entendió y le abrieron la cabeza de un botellazo, previo collejón más fuerte que he visto/oído en mi vida. No sé cómo no se le separó la cabeza de los hombre de tamaño collejón, y lo digo en serio. Lo más «gracioso» es que el negro cogió el cuello del tercio reventado en su melón y lo blandió para defenderse de los skins que le habían agredido. Y mejor todavía es que todo aconteció con los maderos antidisturbios delante, que hacía más de una hora habían formado un cordón policial frente al garito. Y lo insuperable es que el negrata ensangrentado (pobre chaval, iba con libros, sin meterse con nadie) se percató de los maderos y les pidió auxilio. Y uno de ellos, pegado a mí que siempre me pego a los saraos como os he dicho antes, le gritaba al chaval: «¡Vete de aquí, negro!».

El caso es que todo esto venía por lo del bar del mentecato Manolo. A las horas de lo que os conté antes de mi ascenso a la barra, ocurrió un hecho que no fue luctuoso de milagro. igual lo fue, con el tiempo, o la pobre víctima se ha quedado para comer sopitas desde entonces. La brutal y gratuita agresión de los Casuals FCB a 2 chavales del Mallorca. Con la colaboración necesaria de los antidisturbios.

En la gran terraza del bar de Manolo y otro(s) aledaños, mucho jurgolerdo soplando. Yo con minis de birra, calimocho y cubata (compartidos con mis 2 conocidos, que no amigos ni colegas, de la peña. De hecho, nos conocimos durante el viaje). Hablando de «minis» recuerdo una vez, yendo con mi viejo en unas fiestas de Leganés, que leyó un cartel de precios de consumiciones donde «el mini» de cerveza era más caro que «el tubo» o la caña. Mi viejo me soltó que no entendía cómo era más caro algo mini que lo otro. Tuve que explicarle que el mini era 1 litro. ¿Por qué lo llamaban «mini»? pues ni puta idea. Eso se bebía sin preguntar la etimología.

Los 2 del Mallorca iban con sendos minis y tenían pinta casi de guarros. Eran como heavys. Yo también lo era, pero al ser rapado/calvo se disimulaba, parece ser… Mi instinto guerrero enseguida se percató de que los maderos habían desaparecido totalmente del entorno. En su lugar empezaron a aparecer Casuals. Algunos conocidos de vista míos y otros reconocibles al 100% por su cara de maldad absoluta. Y aquí viene algo mezcla de documental de animales de la 2 y de película ochentera de terror. Ya lo he contado en otro relato/artículo, hace años y a saber cómo se llama.

Muchos de los casuals, si no todos, iban con una chaqueta, sudadera y tal… los que estaban más cerca de mí, se miraron y, en perfecta sincronización con el resto, dejaron ver su camiseta interior, en la cual estaba escrita esta leyenda: «Sólo los más fuertes sobreviven. Casuals FCB». Y se tiraron en manada a por los 2 chavales, destrozando y desolado todo a su paso. No los conté, pero serían más de 20. Antes de lo de las camisetas me percaté de la jugada e intenté avisar – desde la distancia no me iba yo a sacrificar por dos casi guarros desconocidos – a los del Mallorca para que se fueran a tomar por el culo de allí y buscaran refugio maderil.

Sillas y mesas volando, literalmente, y gente pacífica huyendo. Yo no, obvio. Ni los 2 del Mallorca que fueron cercados por la manada Casual. Tras un saco de hostias que les dieron, a uno de estos psicópatas se le fue aún más le perola y, cogiendo una mesa, empezó a destrozar la cabeza d euno de los del Mallorca que ya yacía inconsciente en el suelo. Hasta que tuvo que dejarlo por la llegada de un camión de la basura: una lechera de maderos. Yo creía que lo había matado. La escena del crimen así lo indicaba. Por cierto, por lo menos para mí nunca ha sido agradable contemplar como matan – o lo intentan que es lo mismo – a alguien, y ya tengo varias experiencias.

Las hienas huyeron y los maderos se desplegaron, porras y escudos en mano para disolver lo que ya no había que disolver, sino atender, y médicamente de urgencias muy urgentes. Les empecé a grita que todo había sido por su culpa, que «¡Dónde estabais antes, cabrones! ¡si estamos pegados al estadio y no estáis, dónde coño estabais!». Alguno quiso emular a sus colegas jinetes pero supe esquivar, como siempre, sus porrazos. Y ni vertí una gota del mini. Eso es talento.

Apostilla

Fijaos en la foto final de este artículo /relato. Es de esta Eurotrola. ¿A qué en el siguiente Mundanal o Eurotrola estaremos igual que en el Báltico? Apostad todo a que sí, porque ya lo estamos pero, todavía, los jugadores no cogen megáfonos ni los seguidores de una región de Espena se enfrentan abiertamente a los de otra ya independiente, ya «balcanizada».

Propina eurotrolera:

ARTÍCULO / RELATO / Música SIN mariconadas: “el emigrante”, Juanito Valderrama.

Posted in ARTÍCULO-INSULTO, Música SIN mariconadas, Relatos on junio 30, 2023 by César Bakken Tristán

Quien nos iba a decir, décadas ha, que esta canción estaría en pleno vigor, a día de hoy; pero con un sentido totalmente contrario al original: ser extranjero en tu tierra.

Desde el inicio de este nefasto y criminal siglo antiser humano no miembro del NOM, asistimos a la paulatina y preocupante destrucción de Occidente (actual Accidente), particularmente España (actual Espena), por su historia y situación geoestratégica en el Viejo Continente que ahora es un contenedor de mierda. La estrofa más celebérrima de esta inveterada y entrañable canción es su estribillo:

Adiós mi España querida
Dentro de mi alma te llevo metida
Y aunque soy un emigrante
Jamás en la vida yo podré olvidarte”

Las entidades supranacionales, sobre todo la UE – en nuestro caso – y entidades privadas como la puta OMS (Organización Mafiosa contra la Salud), grupos de inversión como Blackrock o Vanguard y etc. de testaferros de ellos, han destruido nuestra nación, a la vista de todos y sin subterfugio alguno. Han sido muy listos sabiendo el potencial de estupidez del español medio y su total adicción, dependencia y sumisión al Poder y al Estado; gente manipulable al 100% a través de los mass mierda (sobre todo la putatele), internet y las redes sociales. No voy a repetir lo que cualquier lector de este BLOG sabe de sobra (vosotros no sois vulgo ni satánicos siervos del NOM), sino hacer una analogía con Juanito Valderrama, el pasado de España y el presente de Espena:

Coincidí varias veces con este cantaor, en el bloque de Leganés donde me crie. Una sobrina suya era mi vecina de abajo, la señora Paqui, y él venía a visitarla periódicamente. Esta mujer tenía marido y 2 nenes. El mayor, Francisco, de mi quinta, el menor – Antoñito –, obviamente menor que yo, jeje. La señora Paqui comía pipas como si no hubiera un mañana con pipas. Lo hacía cuando nos cuidaba a la chavalería del bloque. Éramos 20 chabolas verticales, de gente española TODOS inmigrantes de pueblos de España. Cuando éramos canis jugábamos en los aledaños del bloque, sin atisbar carretera alguna, y eran las madres quienes se turnaban para echarnos un ojo o un bofetón si venía a cuento. La acera donde la señora Paqui se hinchaba a pipas no era de tránsito, sino que sólo daba a nuestro portal, acera que luego ella misma barría para quitar la tonelada y media de cáscaras.

Fueron lustros de camaradería y amistad entre más de 100 personas que habitaban las 20 chabolas verticales, y entre buena parte de los bloques aledaños Sólo los críos (y no tan críos) teníamos hostilidades y estábamos todo el día a hostias entre bloque y bloque, aunque hacíamos alianzas para luchar contra manzanas aledañas… es lo que tiene haberse criado en 1km. cuadrado habitado por más de 60 mil personas… el núcleo urbano más poblado de Europa, por entonces, ahora ni idea, Zarzaquemada era mi barrio. Alguna vez recibí una pedrada, pero en el cuerpo a cuerpo siempre acababa yo fostiando (así lo decíamos antes) a alguno de los bloques de al lado. Íbamos con desventaja los del mío, porque muchos de los otros eran de 10 plantas, el doble que el mío, y con ascensor; pero en el mío teníamos más cojones, precisamente por no tener ascensor y estar todo el día oblados a cruzarnos por las escaleras; esa obligada unión hacía nuestra fuerza.

Actualmente mi viejo sigue viviendo ahí, pero todo ha cambiado. El tiempo y el NOM han dinamitado la otrora gloriosa comunidad de españoles en hermandad, dentro de una prosperidad económica sin parangón ahora, donde sólo trabajaba – y de manera humilde – una persona por vivienda manteniendo a 3 y hasta a 7 más; coche y 1 mes de vacaciones incluidas, y comida y bebida de primerísima calidad.

Según fui cumpliendo años (me parieron en el 75) todo empezó a mutar, lenta y paulatinamente, en lo que tenemos ahora. Yo lo vi venir, enseguida, pero otros no. En los hogares donde antes sólo trabajaba uno fuera, empezamos a trabajar casi todos, y nuestra vida cada vez más paupérrima. Empezaron a crear impuestos por doquier, la inflación se desbocó y las antiguas generaciones no pudieron dejar su testigo a nosotros, las nuevas.

Todo se llenó de coches y, con ello, de gastos, contaminación y aparcamientos subterráneos hasta debajo de las raíces de los árboles. Empezaron a llegar los inmigrantes (pero no como los de la canción, pues esos eran reclamados por los países de acogida y bien remunerados) de ahora: explotados laborales, paniaguados, delincuentes y putas. Primero vinieron de Hispanoamérica, salvo excepciones puntuales de todo el orbe. Luego empezó la actual e imparable invasión sarracena. En los 90 ya eran decenas los negros  e hispanoamericanos que vivían en mi bloque, alquilando casas de vecinos que se olieron la tostada y abandonaron el barco. Actualmente creo que sólo quedan 8 vecinos de los 100 de antes. Entre fallecidos – muchísimos y de todas las edades y mi madre entre ellos – y gente como yo que abandonamos el nido muy pronto, el edificio es un reflejo de la sociedad espenola: miscelánea de inmigrantes y cero relación entre vecinos. Y perros y gatos, muchos, como en todos lados. Y nenes, solamente de los inmigrantes.

El hijo menor de Paqui estaba un poco “falto” y por eso era la persona más alegre del barrio. Todos los 6 de enero llamaba a las 19 casas del bloque, que no eran la suya, y nos enseñaba (con una ilusión que jamás he vuelto a ver, ni veré, en mi vida) los regalos que le habían traído Los Reyes Magos. Uno de ellos siempre era un disfraz, porque a él le encantaba disfrazarse. Y allí, en el rellano de 4 apartamentos, salíamos mogollón de vecinos en pijama y/o bata para compartir el asombro de Antoñito, enseñarle nuestros regalos y ensalzar su orgullo, y agradecimiento, por los suyos. Era, además, un besucón, y sobre todo las madres del bloque lo eran ídem… ¿cuándo es la última vez, ahora, que te has besado con un vecino? ¿Ha habido alguna primera…?

Precisamente, esta familia del cantaor fue de las primeras en mudarse, pero la que más notamos, porque interactuábamos más con ella. En su lugar vino un picoleto (y de esto no voy a hablar ahora que no sé yo eso de la prescripción de ciertas cosas con estos caballero-caballero), menudo cambio, joder. La señora Paqui fue la que enseñó a la chavalería a tirarnos de cabeza en la piscina. Sí… no sólo cohabitábamos en armonía el precario edificio, sino que íbamos en tropel a la piscina pública, de vacaciones a la playa y la montaña, al pueblo del vecino, el vecino al nuestro y así… ¿alguien se imagina ahora esta relación con los vecinos?

La mía, cuando he vivido en edificios, ha sido o indiferencia y ostracismo u hostias constantes. ¡Cómo ha cambiado el cuento, caperucita (la que no iba a ver a su abuela, sino a lavarse el coño al río)!

Hace décadas que vivo asediado por inmigrantes de todos lados, especialmente sarracenos ahora. Los menores de edad, el 90% (aproximado, no los cuento, obvio) son hijos de ellos y se reproducen a partir de los 20 años, o 10 y muchos, a un ritmo de 1 por año. Echad cuentas de lo que nos queda para cantar eso de Juanito Valderrama, viviendo en Espena. Yo hace lustros que lo canto, porque es lo que siento. Puede ser mi pesimismo antropológico. Pero es que, quien no lo sea, o es un “Antoñito” de la vida o uno de ellos, de los que nunca deberían haber venido a sustituir la población autóctona del país (seguramente) más ubérrimo y privilegiado del Mundo. Un país para oriundos y turistas respetuosos, no para inmigrantes. Y no por xenofobia ni, mucho menos, racismo; sino porque el mundo es ENORME y cada mochuelo debe prosperar en su olivo. Lejos de eso, lo que está haciendo el NOM y la inacción de los inveterados españoles es dejar que nos hayan usurpado el nido del olivo y dejar que los únicos mochuelos (adjetivo / sustantivo peyorativo) seamos los españoles de varias, o todas, las generaciones aquí.

Pues eso: “Adiós, mi España querida”.

RELATOS esperpénticos y kafkianos (X): Una bruja me hechizó para que me enamorara, locamente, de ella.

Posted in Relatos with tags , on marzo 25, 2022 by César Bakken Tristán

Parece mentira, a parte de lo que la minga estira, el estropicio físico real que son capaces de generar los rituales esotéricos y metafísicos. El hecho que voy a narraros me ocurrió a mí, a finales de siglo (no digo cual, porque no soy Noé ni Matusalén), en un viaje universitario, de asueto (“paso del Ecuador”), por una parte de Europa (Espena, Gabacholandia, Vejiga y Adiosnda).

Iba yo con 5 compañeras de la carrera de Derecho (UCM) y no conocíamos a nadie más en el autocar, formado por universitarios de varios puntos de Espena y algunos de nuestra ENORME universidad. Yo sólo, con 5 titis, como debe de ser; mariconadas las justas. Aclaro que a la que yo le gustaba no me la ponía como el cuello de un cantaor, y a la que me gustaba a mí, yo no se lo ponía como un bebedero de patos; así que esta historia no es sicalíptica, sino esotérica a tope. Historia con final, más o menos, feliz gracias a la intervención de una naturista y una bruja blanca que nada tienen que ver en la génesis del asunto.

Me voy a centrar sólo en el amarre de amor que me hicieron, no en las 1.001 situaciones molonas que podría narrar de esos 9 formidables días de viaje. Vamos al lío:

El plan era salir de Madrid a las 22h. y llegar a París 24h. después, del tirón. Nos demoramos casi 2 horas por culpa de 2 tías que llegaron tarde y viajaban juntas. Precisamente las 2 que llevaría yo tras de mí, justo en los últimos asientos del autocar. Nos colocamos los 6 en la parte final, como los macarras que éramos, bebiendo alcohol, como todo viaje digno de veinteañeros. Todo el autocar despotricaba por la tardanza en salir, así que al llegar estas 2, precisamente bien no nos caían a nadie… pero yo me pasaría todo el viaje con ellas pegadas al culo y acabaría locamente enamorado de una.

Hicimos buenas migas la bruja negra y yo, pese a que me relacioné con todo quisque y las lie bien pardas – delitos impunes incluidos –. Nada más entrar en Francia, mi cuerpo se rebeló contra mi alma y tuve que visitar los servicios de una gasolinera, sin lograr alivio alguno, creía que necesitaba el aseo y qué va… algo raro me pasaba… sería la priva de abordo – pensé –. El resto del viaje estuve bastante jodido, con dolores físicos nuevos para mí.. pero a los 21 años yo era un toro y me la sudaban enfermedades y dolencias crónicas o sobrevenidas. “Ninguna enfermedad puede pararme” es uno de mis lemas al ser polienfermo y lisiado físico oficial.

Marijose (la bruja) era una morenaza guapetona, con los ojazos más bonitos que haya visto yo y toda la tropa del viaje, que así lo afirmaban. Impactaban sus enormes ojos de color inclasificable y no sólo por mi glorioso daltonismo. Cómo imaginar que 3 años después vería el rostro de esa misma chica en una carta del “tarot negro egipcio” (o cartas negras, algo así lo llamó la bruja buena).

El caso es que yo no quería novia ni en broma, y no caí en esa trampa hasta los 26 años, por eso ni atisbaba liarme con ninguna (salvo, si caía de casualidad pero no por mi inexistente cortejo, la compañera/amiga del bebedero seco de patos). Unos pocos años después mi yo del futuro se hubiera zumbado a la que yo le gustaba – que no estaba nada mal, por cierto – y ligado, irremisiblemente, con la bruja negra. Pero mi yo de entonces era 100% anti-relaciones sentimentales y, casi, sexuales. Interrumpían mis huracanadas experiencias vitales estos asuntos, así que los rehuía.

El caso es que Marijose se me lapó, y no me molestaba, en absoluto. Noté que tenía cierta querencia por mí y que se estaba creando un vínculo estrecho entre ambos. Un día, estando en Holanda, hasta llegó a llorar, apoyada en mi hombro, diciéndome que no quería volver a Madrid y que ojalá pudiera vivir siempre como estos días y conmigo… Bueno… así se las ponían a Felipe II, coño. Pero a mí me la sudaba. Además, le había visto despedirse de su novio y yo no me meto entre un perro y su presa.

El caso es que ya en España, en el viaje de vuelta, sabiendo que ambos nos tendríamos que separar, sentí ese hormigueo en las entrañas, síntoma de enamoramiento o de explosión sensitiva a tope e impaciencia motivada por el anhelo de no cohibir los deseos y no tener más remedio que hacerlo. Llegamos a Moncloa y cada mochuelo se fue a su olivo que eran los padres de cada cual, con el coche. Es un clásico eso de que vayan a recogerte en coche tras un largo viaje, o era.  Nuestra despedida fue con un deseo abrumador contenido de que no fuera así. Era de noche, pero cada uno parecía un faro para el otro y nuestras miradas se cruzaban constantemente, mirando de soslayo mientras hablábamos con familiares y nos despedíamos de compañeros y nuevas amistades.  De haber sido época de móviles hubiera caído en sus garras, sin duda alguna. Pero al no serlo, mi último recuerdo de ella, durante muchos días, fue esa última mirada que me lanzó girándose ,como diciendo: no te vayas, ven conmigo. Vámonos juntos.

Por primera vez en mi vida, y contra mi voluntad, estaba enamorado como un cadete.

Mis problemas físicos se acuciaron. Sobre todo un dolor intenso en la zona de la escápula izquierda y 1.001 sensaciones físicas desagradables. Pero con el tiempo normalicé eso, me adapté y seguí con mi vida a todo trapo. Hasta 3 años después, cuando mis dolencias empezaron a ser insoportables. Estudiaba yo Ciencias Políticas, por entonces (hui despavorido de Derecho, en 4º), tras ser expulsado al mes de empezar Perrodismo, y atribuía mis penurias mentales a esos cambios, tanto estudiantiles como de planteamientos vitales, más o menos, radicales, contraproducentes con una vida “normal” y profundos a nivel moral personalísimos.

Pero mi abuela paterna (sigue con vida y vitalidad, 107 añazos) es medio bruja blanca, así que un día que me vio más eccehomo de lo normal en mí, me miró de mal de ojo (con agua, aceite y ritual tipo rezos interiores pero con escenografía cristiana; don que heredé yo, al pasármelo ella, obviamente en vida) y yo “no me curaba”.

Aumentaron mis pesares y ella me aconsejó ir a una bruja de otro tipo, porque su intento de curación sólo me estaba indicando que tenía alguna cuita esotérica encima y no, precisamente, buena. Así que una de mis amantes de entonces me presentó a una amiga suya: una bruja chilena, lesbiana, con un hijo y cocainómana. Una tía rara de cojones: Vicky. Y como 2 es mejor que 1, un amigo me presentó a una naturista – curandera, precisamente de Leganés, donde yo vivía entonces. La naturista era cara pero eficiente y la bruja, barata e ídem.

Ambas, sin conocerse de nada y por métodos diferentes a cada cual más raro, hicieron la misma etiología de mis dolencias. Y yo flipé pues era una causa tan inopinada como olvidada ya por mí: el viaje a Europa que os estoy contando y Marijose.

Paquita (la naturista) me cogió las muñecas por detrás de mi melón, yo tumbado boca arriba con los brazos hacia atrás. Y sopesando mis zarpas sacó todo eso y que la causa era una chica que conocí en el viaje y de la cual me enamoré sin yo quererlo, tal cual lo dijo. Vicky fue más específica y, diciéndome lo mismo, con el método del tarot que he dicho, sacó una carta diciéndome: “¿A qué la chica es esta?” ¡Y era ella! Parecía casi una foto más que un dibujo. Por suerte yo tenía una foto del viaje, donde salía ella, tanto para demostrar la veracidad de las cartas como para el posterior ritual que me libraría de su hechizo.

Resulta que la hija de puta me hizo un amarre de amor, con un ritual perfecto (que, por cierto, comprobé posteriormente que aparece detallado en libros esotéricos… ¡ni se os ocurra jugar con esas cosas, queridos niños, a no ser que tengáis un dominio exquisito del asunto y una mente y alma fortísimos y nobles. De hecho, cuando el amigo que me presentó a Paquita, y yo, veíamos parejas con uno de los miembros enormemente feo/a y adefesio/a y la pareja un pibón… decíamos, riendo: “está amarrao/a”).

Yo había vencido el hechizo, es decir, mi enamoramiento me duró unos pocos meses, pero el hechizo no se había olvidado de mí. Resulta que esta chica era la reencarnación de una bruja negra ancestral, con un enorme poder psíquico y extrasensorial y – por si eso fuera poco – preparó el amarre y luego, según la bruja, se olvidó de desactivarlo y me seguía jodiendo, sin querer ya ella nada de mí.

Vicky me dejó alucinado diciéndome, paso a paso, lo que esta chica hizo conmigo durante el viaje. Al estar tras de mi, en el autocar, tenía fácil acceso espiritual /energético a mí, pues de espaldas somos totalmente vulnerables, de ahí que en ese inicio del viaje, me rompió el aura, por la parte izquierda superior de mi espalda (la parte de mi body que estaba más a su vista, al ir yo sólo en 2 asientos y quedar ese punto a su vista entre los respaldos), que fue el punto de entrada de mis dolencias futuras y por eso al entrar en Francia me descompuse: yo estaba luchando, sin saberlo, contra ella, contra su deseo de poseerme ad hoc, es decir, no lo hacía involuntariamente. Me dejó herido pero no muerto, ya que yo soy espiritualmente fortísimo y tengo la protección de un guerrero ancestral y gallardo, que cuida mis espaldas. Eso me dijo Vicky, y he podido comprobar en mis 1.001 peleas de autodefensa contra muchos enemigos, humanos, animales no humanos y meteorológicos, que así es.

A efectos de ritual con objetos eran solo 3 cosas aparentemente inocuas pero totalmente inicuas: regalarme un objeto personal suyo, sacarme una foto – de cuerpo entero – sin yo darme cuenta y luego devolvérmela, una vez hecho el trabajo esotérico con ella. Recordé que Marijose me sacó una foto furtiva, girándose repentinamente hacia mí y disparando… hecho que yo vi con el rabillo del ojo y que ella no percibió al ir yo con gafas de sol. No le di más importancia pero sí me chocó cuando en el intercambio de fotos , con todos los del viaje presentes, al enseñarme su álbum, apareció “de la nada” esa foto y exclamó: “¡Anda! ¿y qué haces tú aquí?” Pensé: “¿qué hago yo ahí? si la foto me la sacaste tú”. Pero sólo dije: “Tú sabrás, estaba en tu carrete”. Y se hizo la sueca, regalándome la foto, el colofón de su hechizo. El objeto suyo fue un mechero clíper que me regaló en el viaje de vuelta, y que yo acepté.

Le llevé a Vicky la foto y otra de grupo donde salía ella, con lo cual hizo un ritual de desactivación, seguido de sesiones donde me tenía que dar yo unos baños (en la bañera de la bruja) con yerbas de todo tipo que ella cocía durante horas en una enorme olla, y tuve que comprar ciertos abalorios esotéricos, entre ellos una pirámide metálica que debí colocar bajo mi cama, sin decirle a nadie su existencia. Curiosamente, al acabar todo el proceso curativo, que duró casi 1 mes, la pirámide desapareció, tal cual. Y yo no tengo gatos. Y me recomendó comprarme una flor de Jericó (*).

Tras la entrega de la foto, mi enamoramiento de Marijose fue épico. Yo lo atribuí a habernos vuelto a ver… porque en las semanas que transcurrieron desde nuestra despedida, ya se había diluido su recuerdo en mí. Pero era época de exámenes finales, así que casi nadie iba a la Universidad y mis intentos de encontrarme con ella sólo fructificaron un día. Aún así, yo seguía empecinado en una lucha interna, pues no quería nada con esta tía ni con ninguna que no fuera algo esporádico y me negaba a estar colado por ella… “pero no podía evitarlo” normal… estaba más amarrado que el Titanic (era el Olympic, pero eso es otra historia) en puerto y más desahuciado que el mismo barco en su primera travesía…

Yo iba a estudiar a la biblioteca de la Universidad, con el afán de toparme con ella y empezar el cortejo que no podía evitar pese a que mi mente lo rechazaba de pleno. Hasta llegué a buscarla en las listas de resultados de exámenes, para tratar de localizar su tlf. con sus 2 apellidos… Y nos cruzamos en el largo paseo del metro a la Facultad. Ella volvía y yo iba al edificio de futuros picapleitos desalmados y juristas más leguleyos y cabrones que otra cosa. Nos saludamos, lógicamente, e intercambiamos frases normales sin mención alguna a vernos, tomar algo y etc. Intuyo que tras esos pocos meses, su vida había vuelto a la normalidad que rechazaba llorando en mi hombro, y el hechizo ya le importaba 3 cojones, porque no quería nada conmigo… pero, como he dicho, se olvidó de desactivarlo y pese a que yo vencí, con los meses, mi atracción hacia ella, la energía negativa y ofensiva del amarre seguía en furibunda lucha con mi energía positiva y defensiva… hasta que empezó a ganarme y de ahí mi contacto con las 2 tías raras que me hicieron un servicio enorme en esta pequeña vida que tengo, pero que es lo más importante que conozco y lo que más protejo, fomento y disfruto.

¿Por qué lo llaman amor, cuando quieren decir amarre?

Escribiré otros relatos, quizás más espectaculares /espeluznantes que este, sobre mis experiencias… digamos, “metafísicas”.

(*) Mi adquisición de esta planta acuática de la suerte (que está a metro y medio de mí, ahora mismo), coincidió con el periodo de inscripción a las becas universitarias de estudio. Jamás me habían dado una, pues los ingresos de mis padres y los míos se pasaban mil pesetas, o menos, del rango marcado. Ese año presenté mi solicitud solamente con mis datos personales y bancarios (esos años tuve cuenta bancaria… vicio que perdí hace más de 2 lustros), sin el resto de la documentación. La de admisión, flipó al ver el sobre (lo comprueban para ver que no falte nada y a mí me faltaba casi todo). “Pero si no has adjuntado nada, esta beca es nula”. Tú cierras el sobre y la metes en la saca, para que así por lo menos tengáis que currar un poco (le expliqué que jamás me habían concedido beca, siendo yo pobre a tope con la Cope). ¡Y me la dieron! 200 mil calas del ala. Gracias, flor de Jericó, o inoperancia colosal burrocrática.

RELATOS esperpénticos y kafkianos (IX) : La Dama de las camelias, La Traviata y yo colándome en la ópera.

Posted in Relatos on marzo 21, 2022 by César Bakken Tristán

No ha mucho terminé este buen libro de Alejandro Dumas (hijo del ídem). Para no joderos su lectura, que os recomiendo, sólo diré que pese a que los protagonistas sean de una clase social a la cual yo jamás me arrimaría, si no es para sacudirles hostias, el libro es una espectacular historia de amor (sin caer en la sensiblería) y una pugna entre la clase social alta – en nivel adquisitivo – y los sentimientos más humanos y, por lo tanto, mundanos, como el amor y las relaciones sociales, no necesariamente de amistad.

La técnica literaria de Dumas, en este su único libro que he leído, es exquisita y se acerca a un realismo de ficción próximo a la futura novela de no ficción popularizada por Truman Capote. La epístola deviene nuclear en esta muy buena novela. Y su poética narrativa la aleja de Capote.

Y fruto de una de sus adaptaciones teatrales, surgió el libreto para la celebérrima ópera de Verdi: “La traviata”. Y de esta ópera es de lo quiero charlearos ahora.

La vi hace 20 años, en Ciudad Real (Teatro Quijano) “mi segunda ciudad, a la par que Eivissa y Córdoba”.

Fui a verla con un amigo, desde Madrid y haciendo noches a 50 km. de Ciudad Real capital, en la decrépita y entrañable casaza de campo que alquilé un año en una pedanía. Por supuesto, íbamos sin entrada pues mi propósito era colarnos en el teatro y ver la obra como mejor pudiéramos /supiéramos. Mi plan era entrar por la parte de atrás, donde los transportistas. Me he colado muchas veces en lugares de este tipo… pero ese día no era misión sencilla, pues la puerta estaba cerrada, ya deberían haber metido todo el cotarro previamente. Así que tuvimos que ir a la taquilla /puerta civilizada de entrada. Todo vendido. Nada que hacer… ¿o sí?

Pese a mi juventud ya era perro viejo en eventos culturetas… y sé que hay muchas maneras de entrar a estos eventos, a parte de la lógica de comprando una entrada. Empecé a camelarme a la taquillera, método muy bueno, pues ella es quien puede facilitarte la entrada o una entrada y, si está buena, quitarte las ganas de ver el evento e irte a retozar con ella en cama o lugar similar acogedor. Me centré en entrar a ver la ópera, pues habíamos venido ex profeso desde Madrid, para eso. ¿Pero cómo entrar sin entrada, y no yo solo, sino 2?

Desde 5 horas antes del inicio de la ópera, ya estaba yo probando estratagemas de entrada gratuita, entre birra y birra en un bar aledaño, mientras mi compinche sobaba una merecida siesta en el destartalado buga que teníamos. Descartado colarnos por detrás (mi fácil plan inicial) tenía que sacar todo mi encanto y perspicacia, para no tener que caer en el burdo robo de 2 entradas a sus portadores… cosa que jamás he hecho ni haré, pero que sí he visto hacer… pero no a mí, claro. Creo que mi cara es cristalina en estos asuntos y cualquier ladrón lee en ella: “Ni te acerques a este”.

Ya con mi amigo operativo, éramos 2 para indagar y dar la chapa en la puerta de entrada /taquilla. Decidimos optar por la táctica de comprar en la reventa. No íbamos a pagar, pero de esa manera sabríamos si todavía había entradas disponibles.

La reventa no funcionaba ahí, por lo que abordé el asunto “invitaciones” pues siempre hay entradas de este tipo. Pero tampoco logré ninguna. Y la hora de inicio del show se acercaba y ya estaba entrando gente y todo. Tanteé colarme, pero los puertas no parecían ser gilipollas ni sobornables.

La taquillera nos dio un poco de luz, al decirnos que a última hora alguien podría devolver alguna entrada o hasta una invitación. Todavía había gente que no había venido son esas entradas ya repartidas. Y hete aquí que nuestra perseverancia y coñazo que dábamos a todo el que merodeaba por la zona, tuvo su fruto. Llegó una chica con una invitación para devolver, ya que no podía ir a la ópera pero sí fue tan amable de ir a la taquilla a dejar su entrada. Y yo, más hábil que todos, la oí y antes de que la taquillera dijera nada, me camelé a esta mujer para que esa entrada no fuera devuelta, sino regalada al menda lerenda.

Bien, ya teníamos una. Ahora faltaba el más difícil todavía. Se acercaba la hora del inicio y ya estaba casi todo el público dentro del teatro. Los puertas, y coleguillas a fuerza de nuestra presencia, nos decían que si no hubiera aforo completo, colarían a uno de nosotros, pero estaba todo lleno.

Y hete aquí que si la primera entrada la conseguimos gracias a un alma caritativa que, en lugar de no ir a devolver al invitación, fue a devolverla; la otra fue porque otra con entrada pagada quiso descambiarla. Aquí también estuve yo al quite; y las horas de cortejo a la taquillera fructificaron. Logré que me regalara la entrada. Total, ya estaba la taquilla cerrada y no se podía vender… así que segunda entrada, por la patilla. Y las 2 en platea, de las caras.

Gran opera, buena compañía la que la representó y una manera rara de entrar a verla, pero más divertida que comprar las entradas, desde luego. Eso sí, no me pispé de anda de lo que hace unas semanas pude disfrutar con la lectura del libro. La ópera es maravillosa, pero no es una manera de leer, sino de oír buena música y ver puestas en escena, más o menos virtuosas. Leer es el método comunicativo y creativo insuperable, los lectores ávidos bien lo sabemos.

RELATOS esperpénticos y kafkianos (VIII): «Una piara de guarros me quiso linchar y acabaron invitándome a birras…»

Posted in Relatos on marzo 17, 2022 by César Bakken Tristán

Más o menos, serían el mismo número de guarros que los cerdos salvajes que me atacaron, una solitaria madrugada mía y entre decenas de vacas somnolientas en las playas del sur de Senegal. Pero los guarros a los que me refiero ahora son bípedos (aunque su drogadicción les torne cuadrúpedos muchas veces): red skins, sharps, punkis y, en definitiva, los hijos que todos los papis desean…

Esa madrugada fui a un pub de mi barrio (Leganés) con 2 colegas. Hacía años que no pisábamos ese garito y había cambiado de dueño, pues ahora era un antro infecto de guarros ultraviolentos. Aún así, nos metimos. Gran error. Y más aún porque uno de mis colegas era un metepatas constante, con todo el mundo, le daba igual la ideología y esas mierdas, lo suyo era tocar los cojones con “bromas” que no le hacían gracia ni a él. El caso es que unos cuantos guarros rapados y otros greñudos, pero todos desarrapados, se mosquearon con él, lógico, y tuve que mediar para que no le reventaran – con toda la razón, ojo, soy ecuánime hasta con los psicópatas –. El caso es que mi amigo, una vez calentado el ambiente del garito, se piró y el otro hizo lo mismo y yo me quedé fuera del antro, hablando con 4 de estos piezas, amigablemente, sentados en los respaldos de un banco.

Siempre me ha apasionado la antropología y la sociología a pie de calle, así que no desaproveché esa ocasión para “dialogar” con estos tarados. Como no llevaba en mi indumentaria nada que hiciera saltar su odio, indagué en su psique. Pero… craso error el mío… pues si llevaba algo: una camiseta del F.C.Barcelona (no era Barçalunya todavía) porque esa noche fue un derbi con el Real de Madrid. Mientras unos 100 cerdos permanecían en la cochiquera, vulgo pub, uno de los 4 que estaban conmigo sufrió un colapso de la única neurona que no estaba drogada a esas horas… y me empezó a gritar que yo era (un nombre propio) “el nazi”. Todo fue rapidísimo. Los 4 me rodearon gritándome que yo era ese notas y traté de calmarles, para sacarles de su absurda paranoia, mientras veía que de la cochiquera salían más. “Estás jodido” – me dije. Por suerte yo había estado en 1.001 brocas y sabía, más o menos, la mejor manera de obrar en cada estúpida situación de ultraviolencia… pero jamás sospeché como acabaría esta historia.

En los pocos segundos que me dejaron hasta que empezaron a sacar navajas e

insultarme, traté de hacerles razonar lo absurdo de su comportamiento… pero eran 4 drogados ultraviolentos… así que asumí que era imposible razonar (serenos, si es que alguna vez lo están, tampoco se puede, obvio). Mientras me amenazaban de muerte, enseñándome cicatrices que “los nazis” (así llamaban todo el rato a sus supuestos enemigos mortales) les habían hecho, me fijé que uno de los que se incorporaba al grupo de estos 4 estaba mediando para que dejaran de hacer el imbécil. Así que me aferré a convencer a este “amigo de los otros” para evitar tener que matar a alguno y

acabar yo ídem.

Enseguida empezó la lluvia de hostias, todas hacia mí, claro. Eran 4 contra 1 y el mediador. El resto de cerdos no atacó, por suerte para mí. Decidí no ser ofensivo sino sólo defensivo a más no poder y no caer al suelo, o estaría muy jodido entonces, pues sus botas rojas de punta de acero me hubieran destrozado, tal cual.

Solventé bien todas las hostias y no me alcanzó ninguna, salvo una – precisamente del más mastodonte – que amortigüé mucho con un ligero movimiento de cadera y retroceso de cabeza (sólo tuve el ojo con una ligero derrame una semana). Si repelía su ataque, les estaría mandando el mensaje de que yo era “el nazi” ese, por lo que lo mío era esquivar y esquivar, mientras les gritaba su error y el mediador ídem (resulta que él sí que conocía a “el nazi” y sabía que no era yo… pero como soy calvo y con la camisa del FCB… pues que el notas ese era un rapado del FCB también… pero dudo mucho que tan guapo como yo… era imposible confundirse, cojones…).

Y entre que no lograban calzarme las hostias, el trabajo del mediador y que yo no se las devolvía… pararon la agresión e, inmediatamente, me pidieron perdón (a su manera, que parece que te están insultando) y me dijeron que me invitaban a “tomarla por ahí”. Fue en un segundo su cambio de agresores a invitadores. Qué jodidos esquizofrénicos son.

Obviamente yo quería salir de ese entorno YA, en parte porque estaba muy cabreado, pese a parecer condescendiente con estos anormales; y esa noche no podía, bajo ningún concepto, dejar libre albedrío a mi cabreo. Todavía en Madrid capital o en otra ciudad, pase, ¿pero estar enfrentado a cientos de psicópatas organizados, en mi ciudad? ni de coña. Les dije que me piraba, y ellos que no, que me invitaban. Y yo que no. Y otra vez me rodearon los 4… pero para que no me fuera sin que me invitaran. Les dije que no pensaba entrar en ese garito (imaginad meterme en las fauces del lobo drogado y hambriento) y decidieron ir a otro que yo conocía perfectamente, de toda la vida.

Uno me agarró del cuello-hombro, como hacen los amigos… pero más bien parecía una llave de judo… y me gritaba que me iban a invitar, por el error y mil veces me pedía perdón. Y yo, tratándome de zafar, pero sin parecer rechazo… y nada… otro de ellos se quitó un jersey (de Iron Maiden) y me lo regaló al grito de: “¡Te regalo mi jersey! Si tuviera algo más te lo daría. Perdona tío por lo de antes. Póntelo, que es tuyo”. Era una orden lo del jersey, porque otra vez se pusieron ultraviolentos por rechazar su puta y asquerosa ropa… y, nada, que me tuve que poner el jersey o sacaban otra vez las navajas (que por suerte guardaron cuando la lluvia de hostias).

Una vez en el pub, piden de beber y yo le pido al pincha que ponga un tema punki o muy heavy. Mi intención era obvia: ahora estaban los 4 de buen rollo y dándome la brasa que te cagas con sus peticiones de perdón, que yo era su colega, que les pidiera lo que quisiera y etc.  Sólo les faltó decirme que fuéramos al baño y les diera por el culo, por turnos. ¡Qué pesados, joder! Prefería lo de las hostias, os lo juro.

El caso es que mi plan funcionó: el pincha puso algo y estos empezaron a bailotear dándose de hostias amigables… momento que aproveché para ir, poco a poco, bailando también, hasta la puerta, y pirarme.  Lo primero fue tirar el jersey a una papelera. Enfilé, birra gratis en mano, el camino a casa, riéndome de lo absurda que puede llegar a ser la vida y lo rápido que se puede perder si no andas con cuidado.

La agresión trascendió en mi entorno y a los pocos días unos colegas me dijeron que no íbamos a dejar eso así y que iríamos a por los guarros (mis colegas eran macarras, no “nazis” de esos que dicen los cerdos). Pero calmé a las huestes, diciendo que no merecía la pena empezar una guerra urbana como las que ellos habían tenido la década anterior, por culpa de esta panda de hijos de puta que viven sólo para la ultraviolencia. Yo tenía muchas cosas interesantes que hacer en mi vida, como para ponerla en riesgo por semejante gilipollez digna de drogatas acabados y no de seres racionales que aman la vida. Al fin y al cabo, había logrado salir indemne de la agresión en grupo. Si no hubiera sido así, obviamente: VENGANZA, caiga quien caiga.

A los pocos meses me topé con estos mismos 4, en otro garito… iban cocidísimos, como la primera vez, y obviamente ni se acordaban de mí (y dudo ni de lo que pasó aquella madrugada, pues estos coleccionan broncas a diario). Le dije quienes eran , al colega que venía conmigo y que no perdiera detalle porque se iba a liar.  No por mí, que solo soy pendenciero en autodefensa y cuando ésta no es peor que estarte quietecito, como he demostrado en este relato. Estos 4 estaban rodeados por tías, una de las cuales le daba la brasa al mastodonte, que estaba tan cocido que casi no se tenía en pie. Y claro… ultraviolencia esta vez contra la chica que no pesaría más de 45 kg. Le soltó una hostia en el pecho que la mandó a varios metros de distancia y porque había una pared, que si no todavía seguiría yendo hacia atrás de la hostia. Los otros 3 trataban de calmar al mastodonte y yo, a mi colega, “¿ves? Anda, vámonos de aquí que me da asco estar cerca de esta gentuza”.

Con los años me crucé con uno de ellos, de día. Una calle larga y solitaria. Le reconocí de lejos, jamás olvido una cara. Íbamos en sentidos contrarios. Instintivamente cerré el puño derecho y miré a todas partes, comprobando que no había nadie, aunque sí mogollón de ventanas indiscretas. Nos cruzaríamos en pocos segundos, aminoré mucho mi paso, casi andaba sin andar, porque pensaba en qué hacer. Como él no sabía quien era yo, le podía soltar un hostión según nos cruzásemos y reventarle luego en el suelo. Pero yo no soy así, no soy como ellos, así que le dejé pasar. Me refiero a que no soy como ellos de gilipollas, no de violento en defensa propia, y haberle agredido hubiera sido mi defensa propia de aquella noche – está vez sí 1 contra 1 – y el inicio de una “guerra callejera” con 2 ejércitos totalmente descompensados: yo sólo contra cientos de guarros que sólo viven para la ultraviolencia y el vicio autodestructivo.

Supongo que estos 4 ya no estarán vivos, o estarán en la cárcel, o fugados… a saber, tamaño desastre vital no puede llevar a buen puerto.

ARTÍCULO- relato: «Cómo matar a un perro siguiendo las instrucciones de su dueño».

Posted in ARTÍCULO-INSULTO, Relatos on marzo 7, 2022 by César Bakken Tristán

La foto de cabecera no es del perro de esta historia, pero casi, porque tenía los mismos colores y estaba en el mismo lugar.

Resulta que ayer fui a la vera de un río de la sierra de Madrid, donde me esperaban mi parienta y mis muñecos (estoy tan cuerdo que mis mejores amigos son inanimados para los demás). Iba yo con una bolsa del nefasto plástico que nos esta matando a todos – pero que no dejan de vendernos a mansalva –, con 2 latas de birra, que mata a los que la bebemos, y una bolsa de frutos secos que mata a todo el que se atraganta. Vamos… qué iba yo como el hijo de la gran puta que soy para el NOM. La pena de muerte es una pena muy leve para gentuza como yo. Pero, tranquilos, que dentro de 3 semanas resto 47 años a la vida… ya os queda menos para libraros de mí. ¡Celebradlo!

Pero cometí la imprudencia de ir, también, con un bastón de montaña. Vaya, vaya, aquí no hay playa, que cantaban “The refrescos”. Qué temeridad ir con un bastón de montaña, por la montaña.

Bueno… pues antes de llegar al río me topo con 2 supuestos seres humanos (aparentemente una mujer y un hombre), sentados en un banco frente a unos columpios sin nenes (pleno monte, ojo que te la cojo, no ciudad o pueblo), les saludo, ella me responde, y sigo hacia el río. Nada más perder de vista a estos 2 supuestos humanos, me persigue un can no muy grande pero no muy pequeño, de unos 20-25 kg. sin parar de ladrarme. Bueno… yo a lo mío, pasando de él. 200 metros más allá y el puto perro “guau que te guau” conmigo. Llego al río y el perro “requeté guau que te guau”, pero le digo que se vaya a tomar por el culo, literalmente, y se va.  

Y a los pocos minutos nos tenemos que ir nosotros 2, y los 4 muñecos, porque la vaca de la foto demanda su territorio, bajando hacia nosotros moviendo su cabezón en plan: “¡Ey! antropomorfos, fuera de mi territorio”. Y como yo respeto los territorios de los seres vivos, nos largamos de ahí. Si la vaca entra en el mío, de esa manera, le hago filetes y ya tengo comida para un regimiento.

El caso es que, nada más retomar el camino paralelo al cauce, otra vez el puto perro, pero esta vez mucho más cabreado que antes y yo yendo con mi parienta y los muñecos, es decir: ya no me la sudaba la vida, porque cuando voy sólo me importa 3 cojones, pero acompañado voy ojo avizor.  Y empieza a gruñirme entre ladrido y ladrido, y se me tira y tengo que repelerle. Pero antes de abrirle en canal con mi puñal, me fijo en que tiene un collar (que rima tanto con canal como con mi puñal) y sopeso que, tal vez, sea “propiedad” de los 2 supuestos humanos de antes, así que alzo mi voz a fin de que me oigan, en plan: “¡eh! Chucho, fuera, largo de aquí”. (os aseguro que no tener miedo de nada y de nadie es descojonante por dentro)

Y aparece el antropomorfo, colina arriba, llamando al de los ladridos; el cual se crece – pues los perros son absolutamente gilipollas comparados con humanos como yo, y abrumadoramente inteligentes comparados con la mayoría de humanos que no son como yo­ – y arremete todavía más furibundo contra mí.

El caso es que ni le mato ni me muerde y el dueño se hace con él y le pone la correa.

Cuando los caminos mutuos confluyeron, la mujer me pide perdón, por lo del perro, mientras el hombre va a su vera con el can. Y yo no me lo tomo a mal, porque cuando voy acompañado no quiero que mi compañía sepa la malísima hostia que me gasto en autodefensa (pese a que la compañía de ayer, al ser mi parienta, lo sepa de sobra, pero no me gusta renovar la sapiencia) . Peeeeeero… resulta que el can se muestra incontrolable, saltando y ladrando, con su ira sólo sujeta por el dueño y la correa, justo cuando atravesamos una valla con puerta, y viendo yo que mi parienta y los muñecos quedan a salvo de las fauces y los antropomorfos… entro yo en escena y les dejo a ellos al otro lado de las rejas, y cierro la puerta al entrar…

  • ¿Qué pollas hace tu perro suelto?
  • Mi mujer ya le ha pedido perdón.
  • No te he preguntado eso. Te repito: ¿qué pollas hace tu perro suelto y atacándome?

(la mujer, una gorda oligofrénica de manual pero aparentemente inofensiva para los demás, pero no para ella misma, balbucea algo ininteligible o que a mí no me da la gana entender, porque lo mío iba ya contra el dueño y el puto perro. Y aquí viene lo bueno, ojo que te la cojo).

  • Es que lo acabamos de adoptar.
  • ¡Pues adiestra al puto perro si no quieres que lo mate!  – e instintivamente agarro mi puñal, pero no lo saco recordando que tras de mí están mi parienta y los 4 muñecos.
  • Es que cuando ve un palo se pone así, porque le maltrataron con un palo.

Aquí ya se me hizo de día y me sudó la polla mi alrededor.

  • O sea, qué sabiendo que este perro ataca a cualquiera que lleve un palo, y siendo esto la montaña, donde todo Dios va con bastón… tú le dejas suelto.

Le insulto muy levemente para lo que merece, vuelvo a recordarle que haré “hot dog” con su can si vuelve a atacarme y a él le inflaré a hostias hasta que sea un globo sonda, y me piro porque al ir acompañado no puedo hacer la justa justicia (no es redundancia, es que la Justicia nunca es justa, salvo si eres Charles Bronson o amigo suyo, en la década de los 90, no ahora)

 Pero a los pocos minutos, recordando que llevo las 2 latas de birra, y para calmar mi cabreo y mis ganas de ir a partirle la cara a ese hijo de puta que sabiendo que su perro ataca a los que van con bastón, viéndome a mí con bastón, no llama a su puto perro para que no me ataque… me siento con mi parienta en un banco del solitario camino campestre y reflexiono:

¿Por qué hay tanto hijo de puta? ¿O son, sencillamente, locos? ¿Por qué han de pagar justos por pecadores? Porque yo al perro lo mato en un segundo, pero al culpable de todo, el dueño, no puedo matarlo – que es lo que merece porque gente así no puede habitar entre humanos – porque paso 20 años en la trena si lo hago. Y entiendo, perfectamente, por qué las guerras son los momentos adecuados para ajustar cuentas con los malvados y echo de menos no haber tenido 20 años en 1936. Siendo madrileño y viviendo en Madrid, me lo hubiera pasado de lujo en la quinta columna que “creó” el General Mola. Alguien sin miedo es alguien que engorda perdido en el desierto.

«¿Y si en lugar de ir yo con el bastón va mi hijo de 10 años – si tuviera el infortunio de tenerlo – y el perro lo mata, como ya ha pasado otras veces?» Divago ante mi parienta y mis muñecos, con ganas de volver a por el criminal dueño de un perro inofensivo si no fuera por él.

Eso sí: a la segunda irá la vencida si me vuelven a atacar este perro y su puto dueño… yo no espero a la tercera. Y lo siento, profusamente, por el perro, que no tiene la culpa de nada ABSOLUTAMENTE, salvo de estar rodeado de humanos asquerosos como su dueño actual “adoptivo” (me cago en las putas ONGs maltratadoras de animales y humanos) y los que le maltrataron a golpe de palo.

Por cierto… como anécdota digo que a los pocos minutos, ya en el pueblo… tuve que sacar el puñal pero para quitar carteles férreamente pegados, en los que se leía: “La sierra es feminista” con un puño comunista tras la asquerosa y magalómana frase. ¿Por qué pollas se arrogan los psicópatas – de uno y otro bando – la pertenencia del todo a su parte? O sea… que yo, al vivir en la sierra soy feminista y comunista. Si su megalomanía y adanismo se quedara en su puta casa, podrían decir: «¡Viva el feminismo!» o cualquier consigna PARTICULAR y, por lo tanto, respetable. Pero no… ellos, los totalitaristas, nos someten a todos, por supuesto por nuestro bien. Pues no… hijEs de putE, en la sierra hay, por lo menos, 2 seres humanos y 4 muñecos que NO SON FEMINISTAS NI COMUNISTAS. Que son ácratas españoles entre espenoles y muy peligrosos cuando se intenta sojuzgar su acracia (bueno, el peligroso soy yo, no los otros 5, pero me basto y me sobro).

De verdad… es que ni en la naturaleza nos dejan en paz los totalitaristas. Pero conmigo han tocado en hueso… pobrecillos, no saben quién y qué es su nuevo vecino… Dentro de poco seré alcalde, para poner un poco de orden y corrupción sensata… jejeje.

RELATOS esperpénticos y kafkianos (VII): «Si te ligas a 4 tías, a la vez, lo normal es llevarse, mínimo, un bofetón».

Posted in Relatos on marzo 2, 2022 by César Bakken Tristán
«La gallina ciega» Don Francisco de Goya y Lucientes.

Ya sabéis que nosotros, los guapos, tenemos más problemas que ventajas cuando vamos a una fiesta beoda (la ironía de llamarme guapo, es homenaje a la tremenda peli “Yo hice a Roque III” donde Esteso se lo dice a un escombro humano que está con un pibón). Para muestra el botón de este relato, que ya he contado alguna vez no sé si, también, por mi BLOG; pero que siempre me agrada re-escribir; es que no me gusta la putatele ni trabajar a cambio de dinero y, por lo tanto, tengo mucho tiempo libre…

El final del relato es un tanto patético, pues acabó con el protagonista (yo) abofeteado inopinadamente por una bella dama, previo polvo rápido en un balcón a la vista de mucha gente (sin saberlo hasta que me lo dijeron) con una mora-belga que era la que menos me gustaba de las 4 mozas que tuve pendientes de mí, pero estuvo más lista que las otras 3, para pescarme, y a mí es que, realmente, más o menos me la sudaba el asunto.

Es la última vez que tomé vodka, y no porque no me guste ese brebaje, sino porque no se ha terciado más. Hace mucho que soy de vino y birra, no de alcoholes más duros… pero los adoro, reivindico y defiendo, pero es que ya no se me tercia… pero prometo volver a los licores duros, que no se enfade nadie por esto… yo soy de los que llama a alcohólicos anónimos para decirles : “Rajaaaaoss, que sois unos rajaaaaaooooossss”

Fui con 2 eruditos amigos de facultad a la casa de dos titis en el centro de Madrid (una la belga-iraní que me acabé follando “por error”, y otra belga no iraní que estaba de toma pan y moja). Llevamos una botella de vodka (de buena marca pero no hago publicidad ni aunque me paguen) y 2 litros de naranja dulce carbonatada.  Entre los 5 nos soplamos el brebaje en poco menos de una hora… durante una grata conversación en gabacho, inglés y español.  A la belga buenorra le dije: “jem fer L’Amour Avec Toi” que viene a significar: “te voy a dar con tó lo gordo” Pero se lo dije cantando (yo canto bien, ojo que te la cojo) pues es de una canción de mi amigo Luis (Aute) aquí podéis oír el tema Y ella accedió con una enorme sonrisa lasciva, y nos largamos a la fiesta que unos brasileños sarasas daban en su estudio de danza, sito junto a la madrileña Plaza del Ángel. Centro total de Madrid.

Molaba el sitio: , grande, muy diáfano y de parquet, pues era un estudio de baile y tal… y tenían la fiesta bien montada, con un DJ. y varios bafles enormes con pie de bafle y todo. Nuestra entrada fue gloriosa, pues Alejandro (uno de mis 2 amigos) estaba despechado por el amor no correspondido de una amiga mía gabacha que luego fue su mujer, y hasta hoy. Empezó a beberse todo menos el agua de la escobilla y se tropezó con un bafle, que no pereció gracias a que yo estaba al quite. Bajé a por una botella de vodka, pues yo siempre llevo cosas a las fiestas a escote, y he hecho tantas… y echado a tanto gorrón… pero eso es otra historia.

Cuando volví de la compra etílica noté que la borrachera de mi amigo iba fenomenalmente. Entre el otro y yo empezamos a cuidarle, sin poder evitar que siguiera trasegando a lo bestia: ni con mucha sed se bebe tanto como él esa noche. Cosas del despecho. Las belgas de antes tenían una amiga del mismo país, que físicamente era la mujer que todo hombre desea a su lado. Preciosa es poco lo que era esa rubia y va la tía y se me lapa… y empezamos a hablar en español /inglés porque yo de gabacho sólo sé lo de la canción de antes, y alguna canción más como el himno de Francia, que no precedía citar para ligar… Estaba yo con la mosca detrás de al oreja, porque las tías tan buenas nunca me gustaron. A ver… no soy maricón ni gilipollas, pero este tipo de tías traen muchos más problemas que beneficios, ya estuve antes con un par así. Así que ya tenía a 2 titis “comiendo de mi mano” porque esa noche estaba yo espléndido y estupendo (como Don Latino de Híspalis) y mi locuacidad, alegría y jovialidad las dejó prendadas del menda. Pero apareció la mujer patria, una morenaza que – casualmente – era de mi ciudad casi natal, Ciudad Real. Así que atendí más al producto nacional que al belga-iraní; a la par que evitaba que mi beodísimo amigo se partiera la crisma o se la partiera a alguien por accidente, pues es un tío grande y pesado.

Por fin, mi otro amigo decidió llevárselo a casa (vivía muy cerca la esponja humana),

momento en el que mi sicalipsis se desenfrenó e iba, como en las pelis de Ozores, de flor en flor, decantándome por la manchega y la belga del principio, pues la iraní era la que menos me gustaba y la otra no me interesaba por lo de ser tan pibón.  Muchas risas, vaciles y etc. Pero yo algo agobiado porque notaba que las 4 estaban al quite unas de otras, y a la mínima que una se iba al baño o así… atacaba la otra.  

Y parece ser que Alá le comió terreno a Don Quijote, pues justo cuando la manchega se ausentó un momento… el Dj puso un tema lento y la belga-iraní estuvo rápida y me sacó a bailar; para empezar a morrearme al instante. A mí cuando me dicen “olé” toco las palmas. Así que me olvidé de las otras 3 y me enrollé con esta… elegimos un balcón que creíamos discreto… pero qué va… la mano de mi colega, al volver de acompañara al otro, me devolvió a la realidad, golpeándome – a modo de llamada – en la espalda: “Oye, sé que te da igual, pero estáis follando delante de todos, se os ve como en un escaparate”.  

Con algo de pudor y cierto recochineo de los presentes, nos vestimos y volvimos a la fiesta… y al cruzarme con la manchega, vi que su cara no era sólo de pocos amigos, sino de odiar a muerte a dichos amigos… al pasar junto a ella… me soltó un bofetón colosal, que me comí por completo, tanto por inopinado como por merecido. Había sido yo un calienta bragas total con el oprobio de liarme con otra delante de ella y de todos, vaya…

Decidí irme ya de la fiesta, pues me daba cierto pudor saber que los que me miraban sabían “lo que habían visto”, y las 2 rubias estaban igual de moscas que la manchega… y no quería más bofetones, pues este fue el segundo de mi vida y no iba a tolerar recibir otro sin responderlo…

Pero no me arrepiento de lo ocurrido, pues en esa época no quería yo nada serio con las féminas… y con cualquiera de las otras 3 lo hubiera tenido, seguro. La belga -iraní me hizo un favor del copón, realmente, y por primera vez en mi vida y sin que sirva de precedente, le doy las gracias a los hijos de Alá.

RELATOS esperpénticos y kafkianos (VI): «tuve que disculparme por hacer reír a una mujer maltratada».

Posted in Relatos on marzo 1, 2022 by César Bakken Tristán
«El pelele». Don Francisco de Goya y Lucientes.

Entre 2007-8 viajé 5 veces a Gran Canaria. En mi penúltimo viaje me sucedió una anécdota que es digna de ser relatada, o juzgad por vosotros mismos: varios neonazis isleños me “obligaron” a disculparme con una mujer maltratada (neonazis autodenominados, no es que lo diga yo, me lo dijeron ellos).

¿A qué promete el relato?

No ahondaré en mis tremendas experiencias de Gran Canaria, eso lo haré en futuros relatos, pues al ir yo “de la mano” de la familia que sojuzga la isla y parte del Mundo (Santana Cazorla) y ser amigo íntimo de uno de ellos, Santiago Santana Trujillo (juro que cuando nos hicimos amigos no sabía que era multimuchimillonario), tengo muchas histerias que contar, sí, no historias; histerias.

Voy a lo de los neonazis:

Estábamos en un bareto tipo “irlandés”(no sé la zona exacta, pero no era ni Las Palmas ni Maspalomas) en un centro demencial, en donde había – obviamente – otras tiendas. Yo iba con el multimuchimillonario y mogollón de tropa más, desconocidos para mí. Sobre todo gente de la Cruz Roja (¡qué cruz, Señor!) y un par de neonazis isleños, uno de ellos hijo de un madero jubileta (creo) que estaba allí. Bueno… pues en la taberna esta todos a gritos y golpes en la mesa para arreglar el mundo… y yo me alejo, obviamente. Y doy con los 2 neonazis que se habían separado también del grupo de los gritos. Y empiezan con sus mierdas de Europa blanca y etc. Todavía más aburridos que los de la qué cruz Roja. Así que me doy un voltio y descubro una tienda casi aledaña al  garito, dentro del centro demencial, donde vendían birra.

Había una chica atendiendo (Laura) y yo pillaba birras y me las bebía paseando cerca o sentado en un banco, mientras me asomaba al garito irlandés y comprobaba que seguían los gritos.

Bueno… pues como mi carácter es afable, inteligente y divertido, la chica (mujer más bien, pues tendría mi edad treintañera)  se descojonaba con mi conversación. Éramos los únicos en la tienda súper mini mercado. Y estuve un buen rato alternado con ella y visitando la taberna de la discusión perpetua. 

Bueno… pues como creo que ya tenía novia por entonces (esto no lo recuerdo exactamente), no sé si era mi ex Laura (aquí podéis conocerla) o mi actual mujer; no quería ligar, si hubiera querido hubiéramos follado allí mismo, os lo garantizo, nosotros “los guapos” somos así… donde ponemos el ojo metemos la polla.

Tras un par de latas de birra con la jocosa Laura (a mi costa, se lo pasó de lujo esa tía esa noche) volvimos a Maspalomas, a una de las mil casas que mi amigo tiene. Y la sorpresa y motivo de este relato, vino por la mañana, cuando el multimuchimillonario me dijo que le acaba de llamar el madero jubileta quejándose de mí y amenazándome de muerte.

Bueno… yo que soy medio faquir, a fuer de haberme criado entre navajas… pues no me produjo impacto alguno esto; y menos que los neonazis (uno era hijo de puta e hijo del madero)  me “exigían” ir al centro demencial ese, a dar explicaciones por mi conducta terrible y dañina que no supieron explicar y a pedir disculpas a Laura.

Bueno… siempre recojo el guante, y cuanto más sucio sea, mejor, porque estoy loco. Pero no hagáis estas cosas sin la supervisión de un adulto.

Mi amigo estaba algo mosca, porque los del tlf. se habían mostrado muy violentos y amenazantes. Jajajjajaja. ¡Violentos del mundo, venid a mí, que os doy cobijo! Qué buenas hostias se les dan a estos hijos de puta. Patente de corso total. Gran excusa para un loco como yo, muy peligroso en autodefensa, nos ponen los ultraviolentos que nos amenazan. Odio la violencia, pero cuando ella viene a mí, la amo.

Al bajar del cochazo de mi amigo, el cuadro era despollante… unos 20 notas, con cara de perro… esperándonos… Me hicieron especial gracia los 2 neonazis y el padre madero de uno de ellos, con los brazos cruzados y mirada desafiante hacia mí. Ahí todo fuertotes ellos… de los que más me gustan a mí, porque hacen más ruido al caer. Y yo, todavía sin saber de qué se me acusaba, pensando cómo matarles a los 3 (no herirles, matarles, que es muy fácil) en menos de 20 segundos.  Pero como no me agredieron , salvaron sus patéticas vidas.

Resulta que mi delito era que un notas (no me dijeron quien fue) me vio en la tienda de las birras, con Laura, haciéndola reír. Ya está. Ese fue mi delito. Este notas anónimo se lo dijo al marido maltratador de Laura, y éste se puso celoso y como averiguaron que yo era parte del grupo de la taberna irlandesa… pues acudió el celoso maltratador al madero, para quejarse de que su mujer estaba pasando un buen rato conmigo.

Cuando me dijeron eso, tuve una duda muy severa: Liarme a hostias con todos, me la suda que fueran 20, o reírme mientras me disculpaba con Laura… ¡Resulta que lo que querían era mi disculpa pública delante de la pobre mujer maltratada!. ¡Disculparme por haberla ofendido! Eso es lo que me dijeron… JAJAJAJAJAJAAJAJAJAJA.

Qué buen rato pasé… lo garantizo, pese a que no me haga gracia que una mujer sea maltratada y , encima, exhibida por los paletos del pueblo.  Obviamente, no me disculpé ante Laura, porque yo no había hecho nada para eso y, además, todo era un acto de fascistas psicópatas del cual yo no iba a formar parte. Le dije, más o menos, que ella sabía perfectamente que la noche anterior habíamos pasado un rato divertido, gracias a mi buen humor y a que soy un bufón, a la vista de quien quisiera verlo, sin tener NADA QUE OCULTAR; y que ella se reía conmigo, porque soy un tipo muy inteligente y divertido. Pero eso “ (…) parece que les molesta a estos imbéciles de los cuales te aconsejo huyas inmediatamente, la vida es muy bonita y no has de vivirla acojonada por estos cabrones” (SIC).  “Te pido perdón por lo de anoche (no pude evitar reírme) porque estos locos me obligan a que te lo diga y yo no he venido a Gran Canaria a matar canarios” (SIC). Y ya girado a ellos y al marido maltratador: “No sabéis la suerte que tenéis ahora mismo. Me voy a coger una cerveza, como las de anoche y a perderos de vista para siempre”. Oye… y me hicieron pasillo. Ni uno me dijo ni mu´.

Hijos de la gran puta. A esos 20 tendría que haberlos matado. Gente así no puede estar entre nosotros. Pero qué cobardes son… que entre 20 no pudieron con un tipo desarmado como yo, por entonces. Como mi agravio era más falso que un moro bueno, hasta los que lo provocaron se dieron cuenta… pero resulta que el madero y el marido maltratador tenían negocios juntos, y como el marido se cabreó conmigo por hacer feliz a su mujer un par de horas… se montó este circo. El madero le dijo a mi amigo que se jugaba mucho dinero ese día.  Mi amigo no sabía que Laura estaba con un maltratador… la pobre no me miró ni a los ojos esa mañana, estaba literalmente acojonada… hijos de puta.  Pero el imbécil de mi amigo, con el tiempo, supo que este era un maltratador, pues ella le denunció y hasta el padre del neonazi se lo dijo…

Qué pena no poder ajusticiar a los malvados. Así va el mundo. Y son ellos los que manejan la economía y el uso legítimo de la fuerza.

Pero conmigo, una vez más, no pudieron. Ni podrán, apostillo.

RELATOS esperpénticos y kafkianos (V): “La boticaria de Arnedillo me dejó al raso”

Posted in Relatos on febrero 28, 2022 by César Bakken Tristán
«El grito». Munch.

Fue en 2007 o por ahí. Festival de cine de Arnedo (dicen que es muy conocido, a mí me la suda). Fui en una furgona desde Hediondo Puente de Bellacos (poco antes de empezar yo a ¿vivir? ahí) con una banda de góspel y mi otrora gran amigo Gonzalo Escarpa – presentaba el evento, a cambio de pasta – y su novia de entonces y azote del intelecto, Ajo, una micropoetisa y etc. de gilipolleces. A esta la conocí años antes, en una nochevieja en Tánger… pero eso lo narraré en otro relato (lo apunto, que si no me-se olvida, como decía mi querida abuela materna).

Yo sin alojamiento, como siempre. Jamás hice reservas ni mierdas de esas hasta que mi actual mujer se empeñó en eso, cada vez que salíamos de la guarida.  Yo tenía la sana costumbre de ligarme a una tía, en la ciudad donde estuviera, y hacer noche en su morada, sin cobrarle nada… así soy de generoso como gigoló. Pero esa noche de Arnedo, rocé el larguero y me quedé sin gol y en la puta calle. Hace fresquito en ese pueblo, de madrugada, en invierno. Pero como yo estoy loco, todo bien. No hagan esto si la supervisión de un adulto.

En teoría me iba a alojar con mi ex amigo Escarpa, los 2 en la habitación de hotel que le pagaban los del Festival. Pero se apuntó su nueva novia (la Ajo de los cojones) y me quedé sin alojamiento. Eso ni lo habíamos hablado, y como querían follar, pues yo no quería estar ahí presente, obvio. Con este colega he follado varias veces… en la misma casa y con mujeres diferentes, cada uno en su habitación (mis habitaciones, por cierto, que eran mis casas de alquiler). Una vez, en Córdoba, me dijo que él y su novia de entonces (Silvina Mangano, una “famosa” cantante) estaban acojonados – en plan coña – oyéndome follar con mi ligue de un tiempo, la buenísima y guapísima poeta Leyla Ouf aquí podéis ver un corto mío, inspirado en un poemario inédito suyo este corto me reportó, inopinadamente, 600 euros, que me permitieron vivir 2 meses sin currar por pasta, en Córdoba y hacer otros documentales sin remunerar, en mi (casi) sempiterna autoproducción; los productores son unos hijos de la gran puta, mejor lejos, o cerca para darles de hostias.

Cuando acabó el Festival, nos fuimos a la gala de borrachera y papeo cutre pagada por los organizadores (una empresa de zapatos, ojo que te la cojo). Afilé mis ojos para ligarme a una titi y quedarme, de paso, en su keli. Elegí a una rubia buenorra que resultó ser la boticaria de Arnedillo (el pueblo cercano a Arnedo, pero versión canija, de ahí el diminutivo). Y como las boticarias están forradas, pues resolví quedarme con ella, que tendría buen catre. Pero tenía que llevarme y devolverme en automóvil, para irme a la mañana siguiente a Madrid con los negratas que había venido. Eso era un hándicap.  El caso es que todo iba viento en popa con ella, nos dimos unos morreos y tal… pero yo estaba a 69 cosas a la vez. A parte de hacer de relaciones públicas y atender a mis “conocidos” de la farándula, estaba tratando de localizar a un antiguo gran amigo de universidad, que era de Arnedo. Pregunté por los bares y casi doy con él… pero sólo sabía su nombre de pila. Aún así, uno de los organizadores me pasó “de estrangis” su tlf. y hablé con él entre beso y beso a la boticaria y garbeo y garbeo. Y esa media hora larga que pasé al tlf. fue fatal para mi alojamiento y acojimiento en cama con hembra placentera.

Toda esta hiperactividad me pasó factura, pues la rubia me dio calabazas, alegando, con toda la razón del mundo: “No quiero liarme con un artista, porque sois todos iguales y tú te olvidarás de mí mañana mismo. No me quiero enamorar de ti”.

Lo del enamoramiento, tras un par de horas de conocernos, me pareció excesivo… pero ya sabéis que de los “guapos” como yo se enamoran en seguida…

Divisé a una morenaza a la que ya le había echado el ojo antes… y le dije a la boticaria que se fuera a enamorarse de otro. Creí ligarme a la morenaza… y como ya había pasado la media noche, le solté lo del alojamiento. Y me dijo que me fuera a su casa, de hecho me lo exigía. “joder – pensé – esto si es triunfar rápidamente y con un pibón”. Pero siempre viene alguien para joder los buenos momentos. En este caso un petimetre entusiasta con sombrero y todo… que resultó ser el paganini del Festival y (aquí viene lo malo) el marido de la morenaza. “¡Claro, Bakken, quédate en nuestra casa, en el sofá cama, todo un honor que te quedes con nosotros!”. Obviamente, rechacé la oferta, todavía me quedaba una hora y pico para ligarme a otra tía con casa y sin marido con sobrero.

Pero fallé y ni follé ni tuve cobijo. No había más tías libres y/o que me gustaran.

Así que, cuando todos se fueron a su olivo (sí, les acabo de llamar mochuelos) yo me quedé en la fría madrugada invernal/infernal de Arnedo… con todos los garitos cerrados y hasta los gatos metidos en casas…

Me fui al castillo (pedazo de idea… pues está en tó lo alto, como todo castillo que se precie, y allí la rasca se multiplica) y luego vagabundeé por el pueblo. Atisbé unas escaleras metálicas de la parte de atrás de algún edificio, y me acurruqué en ellas para tratar de sobar un rato… pero claro, eso estaba helado, por ser metálico y estar construido en Arnedo. Seguí deambulando hasta que vi un banco de madera en una especie de parque… y ahí me tumbé, pues la madera es “menos fresquita”. Me metí la cartera en los huevos, por si me dormía y algún amigo de lo ajeno pasaba por allí. Me despertó el sol y ciertos comentarios  de lugareños, del tipo: “¡Mira este, quién será! Vámonos de aquí”  Cuando amaneció me puse la gorra a modo de antifaz y a seguir sobando.

Pero tenía que madrugar, ya que a las 8:30h. había quedado con los negratas para volver a Madrid en su furgo. Antes de la cita me dio tiempo a tomar una infusión caliente y un bollo en una cafetería. Pero al llegar al punto de encuentro con la furgo… la vi alejarse… qué hijos de puta, se habían levantado antes y salieron anticipadamente. Les dije adiós con la mano y me senté en un rellano, frente al hotel donde estaba mi colega. Le puse un sms (creedme, el guasap no existe desde siempre) para que supiera que estaba ahí, pues él me dijo que ni de coña madrugaba para volver a Madrid.

Al venir a verme y saber que había pasado la noche al raso, dijo: “Estás loco”. Nada que yo no supiera.

Al final los de la organización (no el del sombrero) nos llevaron en coche a Logroño y nos pagaron el bus a Madrid. Yo conocía Logroño de unas horas gloriosas en al calle Laurel. ¡Viva el vino!

RELATOS esperpénticos y kafkianos (IV): «Me fui de Córdoba por falta de sueño, no de sueños».

Posted in Relatos on febrero 27, 2022 by César Bakken Tristán
«La chiquita piconera» Julio Romero de Torres.

 Año 2006, Córdoba (España). Yo currando de “Jefe de tó” como dijo mi verdadero jefe a la de (no sé qué era eso, si una gestoría o un organismo oficial… no me fijo en nada legal) que nos preparó el contrato para trabajar yo de encargado, camarero y gestor cultural de una mítica taberna/pub en Córdoba (“La espiga”) ya derruida (era un edificio de 3 plantas, aquí podéis conocerla). Apostillo que mi contrato fue el mínimo legal posible, el 90% lo cobraba en negro… no por decisión mía, sino de quien me contrata… es la historia de mi vida laboral remunerada, sólo tengo cotizados 4 años habiendo currado muchísimo más.

Sólo estuve 2 meses, pues mi salud física no aguantó más por algo que ahora explicaré, pero os aseguro que fueron 2 meses tan intensos que se tornaron en más de 2 años, bastantes más, de cualquier vida normal. Anteriormente estuve más de año y medio seguido viviendo en Córdoba y trabajando como gestor cultural en ese mismo lugar y de tabernero en otro mágico lugar que tampoco existe ya, y era del mismo dueño/gran amigo mío de La Espiga. No entro en las mil situaciones maravillosas, que para muchos serían infernales, ojo que te la cojo, que viví tan sólo en esos 2 meses; me centraré en un ejemplo de lo kafkiano y valleinclinesco, que son el marco de esta serie de relatos.

5 años antes me tiré 3 meses en Eivissa, currando de ayudante de cocina de un hotel de 5 estrellas y durmiendo 4 horas – de media – al día. Yo era todavía más toro (aunque igual de polienfermo físico, pero yo soy de los que obvia las limitaciones corporales… hasta que sobrepaso mi límite, que está altísimo, en cotas que nunca han alcanzado los falsos proyectos espaciales, que son todos). El caso es que, aquellas 4 horas al día eran de descanso total, en condiciones paupérrimas de alojamiento… pero sin ruido, que es lo principal para dormir, porque la luz la puedes paliar con antifaz.

Lo que provocó mi salida de Córdoba fue el ruido, algo tan simple como eso.

Yo acababa mi jornada laboral (6 días semanales, descansando cuando los católicos pese a ser yo agnóstico) sobre las 4 de la mañana… y el ruido en Córdoba empezaba poco antes de las 7… pese a vivir yo en la judería, la mejor zona de la ciudad – la menos urbana – y una de las mejores del mundo que conozco. Como mucho 3 horas de descanso al día. Probé con tapones… y eso era casi peor, porque por lo menos a mí, meterme una pelota de frontón hasta la trompa de Eustaquio, como que no me iba bien: me atronaba la vida desde dentro de mí. Me disturbaba mi engranaje…

El primer mes viví en la buhardilla del local, un lugar precario pero entrañable y bohemio. Y lo compartí con mi novia que venía a verme desde Madrid, y al final se lo dejé a colegas puntuales que ídem. Mi fidelidad a esta novia hizo que me perdiera más de 3 veintenas de polvos (mínimo uno al día, de media) y, tal vez, una relación fructífera de haberse iniciado…con una mujer llamada Pilar, que estaba loca por mí y era “magisma” por dentro, por fuera y en plan profesional (era bióloga)… yo ligaba tanto, sin pretenderlo, que esto era lo normal en mi vida; y cuando lo pretendía, pues imaginad, una Babilonia era aquello; pero echaba el freno cuando alguna mujer me hacía “Tilín” de verdad. Y se apeaban todas las demás. Recuerdo a una rubia descerebrada que estaba cañón y estuvo en mi casa de 2005, donde le pinté algunas uñas de los pies, en mi sofá… pero se fue a follar con mi amigo que me traje de compañero de piso, porque él le daba farlopa…adquirida con mi dinero… pero eso es otra historia. Esa tía, Laura, me escribió una nota en una enorme tarjeta postal (de metro  y medio) que me dedicaron los clientes y mis empleados el día que me fui, como despedida en un fiesta sorpresa que me prepararon: “Para el encargado más buenorro e inteligente”. “Esa rubia te pone las tetas en la boca” Eso no lo ponía en la postal, sino que lo decía mi novia, porque era verdad.

Viendo que era imposible vivir ahí, empecé a buscar piso y, en el ínterin me quedé en un cuarto de mi antigua casa unos días, yo sólo… pues me dieron las llaves los actuales inquilinos, que la cogieron al irme yo meses antes. Pero estos inquilinos (entre ellos la hija de mi amigo/jefe y ex compañera de curro, que me tiraba los trastos descomunalmente y estaba muy buena… pero ahí sí que no quería meterme ni loco) eran jóvenes y liaron unas del copón en el piso… que llegó a oídos de mi casero y les echó… y con ellos a mí. Ahí sí pude dormir algo, 2 o 3 días.

Al mes siguiente encontré un preciosísimo estudio (perdón por la expresión cursi mariquita, pero es que lo era) en la Plaza de Abades, un lugar extraordinario de la Judería… en ese mes, 1001 historias que contar sólo de ese sitio y toda la gente que pasó por él, como en el otro. El caso es que antes de las 7 de la mañana, la resonancia de las estrechas calles hacía imposible vivir allí. Simplemente los tacones de una mujer parecían martillazos junto a mi almohada.

Una mañana decidí irme a un hostal silencioso para dormir todo lo que pudiera hasta que tuviera que abrir el garito, que era sobre las 19h. Cosa rara eso de tener un alquiler y tener que buscar alojamiento. Pues nada… recorrí mogollón y todos completos. La oferta hotelera de Córdoba es escasa y la demanda la desborda.  Ya resignado a pasar otro día más de vigilia, con lo que eso acarreaba de recrudecimiento de mis enfermedades óseo-articulares– musculares (soy lisiado oficial, con carnet de Papá Estado, pero sin paga alguna porque yo paso de ser paniaguado y ni me dejan serlo, que tampoco soy gilipollas del todo a estas alturas de mi vida), pero recordé que el año y medio anterior iba con frecuencia al cine de la Filmoteca de Córdoba (análogo a los famosos Doré de Madrid), una sala vacía, pues ponían pelis buenas, no comerciales y a horarios intempestivos. 1 euro me costaba cada peli. “¡Allí puedo dormir, por lo menos 2 horas!, al arrorró de la peli y la oscuridad. Y allí que me fui, ilusionado, porque la sesión empezaba a las 11h.

Ponían un bodrio lamentable que jamás hubiera visto… pero como yo iba a dormir, pillé la entrada. “La niña de tus ojos”, con eso os lo digo todo. Al aproximarme a la sala de proyección, oí algo que jamás había oído… ruido de gente. Al entrar el ruido se tornó en jolgorio, algarabía… “¿qué coño era eso?” El cine estaba casi lleno… y de ancianos. Hui a la taquilla para preguntar qué pasaba. Resulta que era el día del jubilado, o algo así, y una de las actividades  programas para cientos de ellos era ver esa peli y gratis…  Entré y me puse todo lo alejado que pude de ellos, con la esperanza de que al empezar la peli cesara el jolgorio y pudiera echar una merecida cabezadita… pero qué va, eran peor que niños. No paraban de jugar, de gritar, de “putearse” entre ellos… tuve que largarme de allí a los 10 minutos, porque una cosa era no poder dormir y otra la tortura de soportar tamaño bodrio de peli.

Así que tuve que abandonar Córdoba, por no poder dormir debido a mi horario laboral. Vaya tela, ¿eh?