Archive for the LITERATURA Category
CÓMIC (fanzine) MÍO, del siglo pasado…
Posted in General, LITERATURA on febrero 26, 2026 by César Bakken TristánPOESÍA: «Tu última mirada».Panegírico a mi mejor amigo.
Posted in LITERATURA, poesía with tags Juan Diego Caballo Méndez, Teatro Gurdulú, Tu última mirada on mayo 4, 2025 by César Bakken TristánPublicado en 2016, exprofeso para su presentación y venta (al precio simbólico de 5 pavos para recuperar mi inversión, ya que soy económicamente paupérrimo. Todo el trabajo de maquetación, relación con la imprenta, venta y presentación / declamación fue mío; por supuesto gratis) en un teatro de Leganés, ante cientos de amigos y familiares míos y – sobre todo – de mi dilecto amigo fallecido en 2005: Juan Diego Caballo Méndez.
Este es el PDF desde el que se imprimió el libro. Hay una errata en la página 94 (que, curiosamente, no aparece en el libro) «pelibro», en vez de «peligro». Es un poema de unos 900 versos y empieza en la página 15.

ARTÍCULO / relato: Felipe VI muta en Manolo el del Bombo.
Posted in ARTÍCULO-INSULTO, Relatos on junio 21, 2024 by César Bakken TristánPara mí el jurgol es el mejor medidor sociopolítico. Y, cómo no, un evento como la «Eurocopa» copa, valga la redundancia/repugnancia, gran parte de la actividad sociopolítica de este país aborregado, otrora cuna mundial civilizadora. Al frente de todos los memos de Espena, cómo no: el Jefe de Estado, Flipe VI, Felpudo VI o… Felipe el del Bombo.

Ayer Espena acortó 1 partido más para ganar su cuarta Eurotrola. Cómo no, el deporte de élite, esa gilipollez supina que maneja más millones que el Banco de Espena. Ese sempiterno opio del pópulus. Ese fenomenal explicador de la sociopolítica espenola.
En la foto de cabecera vemos al mayor traidor de la historia de este ¿país? en una costa espenola, recibiendo a un inmigrante invasor recién desembarcado por una ONG globalista. Los satánicos paniaguados de Cruz Roja (¡cómo no, rojos tenían que ser! Ni bandera suiza de colores invertidos ni mi polla con cebolla ni la polla de Begoña: comunistas hasta el tuétano de su endoesqueleto) le darán una camiseta, un bocata y una botella de agua a este desarrapado de tez negra y peinado extravagante. O, tal vez, comerá mejor unos buenos bogavantes, pues está forrado el negro. Es jurgolerdo profesional, imaginad. Vosotros, plebeyos, a galeras a remar.
Sobran mis palabras para describir la impotencia que sentimos los españoles de Espena viendo a nuestro amado líder supremo haciendo el gilipollas en un vestuario lleno de maromos indoctos multimillonarios por darle patadas a un cuero hinchado, vestidos con ridículos pijamas publicitarios de verano. Un país desvencijado, destrozado por sus políticos – a cuya cabeza está el puto bribón / borbón este – y entregado, por entero, al Nuevo – y satánico – Orden Mundial. Aquí veis a este psicópata oligofrénico luciendo el pin de sus amos, los de la Agenda 2030:

Pues eso, pan con queso. Voy a contaros mi historia con Manolo el del Bombo. Historia totalmente prescindible que no os aportará nada y el que nada no se ahoga y pues nada, como le dijo el mar a uno que se ahogaba; la voy a contar porque a este BLOG siempre vengo a hablar de mi libro…
Final de la Copa del padre de este indocto. Mestalla (Valencia). 1998. Barcelona – Mallorca.
Primer y único día que estuve con el famoso «Manolo el del bombo». Tenía (tiene, pero ya está jubileta y lo lleva su sobrina) un bar pegado al estadio del Valencia, donde se disputó la final de ese año. Yo fui gracias a que me tocó el sorteo de entradas en la peña culé donde yo estaba apuntado por entonces: «Fuenlabarça» (nombre muy «original» pues la peña era de Fuenlabrada y de ahí el «sutil» juego de palabras…).
Yo con 23 años recién restados y con más cojones que el famoso caballo de Espartero. El cerebro, eso sí, solía dejarlo en casa cuando iba al jurgol, por si acaso se llevaba una fuerte impresión que le dejara secuelas de por vida. Toda precaución es poca en estos lares.
Años antes había militado en los Boixos Nois, pero sin unirme a ellos en plan militante. Siempre he ido por libre en todo y así será hasta mi último suspiro en esta Dimensión. Pero al ser y vivir en Madrid, a un pendenciero como yo le venía de la hostia eso de ser culé y, encima, de los Boixos. ¡Cuántas aventuras disparatadas con inopinado final feliz no habré vivido gracias a ello!
Y «le salvé la vida» a Manolo el del bombo donde casi matan a un seguidor del Mallorca
No tenía ni puta idea de que el chalado este del bombo tenía un bar, y menos pegado al estadio. Me di cuenta al ver un enorme revuelo conato de altercado violento en los aledaños de dicho bar. Por aquel entonces yo tenía un imán con las broncas que me llevaba, inexorablemente, a ellas. Me abrí paso entre cientos de desquiciados que querían quemar el bar, matar a no sé quien y tal… Entré y me aproximé a la barra que veis en esta foto:

Ante mi sorpresa jocosa se mostró este notas, con esa misma pinta (más o menos, la camiseta no era esa, porque todavía no habíamos ganado el Mundial de 2010, llevaba otra también de España). Estaba detrás de la barra y con una cara de susto indescriptible. Sobre el embaldosado, decenas y decenas de separratas de 2 patas amenazando e insultando a Manolo. «¡Coño, si es Manoloo el del bombo!» recuerdo nítidamente que exclamé a gritos sorprendidos. Y para sorpresa la que se llevaron los separratas y el propio Manolo.
Aparté a los que pude y me senté sobre la barra, ante un atosigado Manolo. Su cara denotó más preocupación todavía al verme a mí: rapado – ya era calvo por entonces – camiseta del FCB (sin publicidad ni marca, obvio en mí), bandera de los Boixos a la cintura y zapatos Dr. Martens punta de acero. Pero, al segundo, le alivié pues le tendí la mano (de la misma manera de la foto de cabecera) al grito de: «¡Manolo, Manolooooooo, coooñooooo, qué me mireeeeees!» Me tendió la suya y nos las apretamos: «¡Manolo, no estás solo! ¡VIVA ESPAÑA, HOSTIAS!» Luego solté un par de algaradas amenazantes al populacho separrata y, gracias a que otros más pusieron un poco de seso al asunto, no lincharon a Manolo y se fueron a hacer el gilipollas a otra parte.
Antes de esto estuve rodeado de caballos de maderos nacionales que me soltaban porrazos por doquier. Acojona estar entre esos caballos… ¡eran enormes! y las porras parecían lanzas de Quijote. Zumbaban a mi lado y yo esquivé todas y cada una de ellas, ante la frustración de los jinetes descerebrados (no sé por qué van con casco si no tienen nada que proteger. Supongo que lo llevarán para no despeinarse). Casi me aporrean por unirme, como he dicho que hacía siempre, a un posible altercado. Una marabunta de separratas de 2 patas estaban gritando: «¡España, España, España!», todos en corro y señalando algo. Me acerqué y vi que señalaban unos ñordos de solípedo – por el tamaño no podían ser de sus maderos jinetes, creo –, vamos, que estaban diciendo que España era una puta mierda.
Y como son más cobardes que psicóptas e iletrados, se dispersaron cual ninjas con la llegada de los que antes habían jiñado ahí. Yo, por supuesto, como lo que más odio en esta Dimensión es a las Fuerzas del Orden del jodido Estado, me quedé blandiendo una bufanda del FCB que tengo justamente a medio metro del teclado. Así, amenazante ante los jinetes y sus imponentes équidos, empezaron los porrazos. Todavía me rio, os lo juro, recordando lo que mi hipermnesia recuerda que gritaba yo: «¡Dadme una porra que les quiero pegar yo!». Pero o no me oyeron o no me hicieron caso.
Al entran por el centro de Valencia, en el autocar, vi a unos cuantos «Casuals» del Barça pululando por la street. Eran un grupo criminal muy peligroso, pero mucho, mucho, mucho es poco decir. Iban vestidos de paisano, para pasar desapercibido al cometer fechorías. Les conocía de vista, que no de ningún tipo de amistad ni colegueo alguno (lo del cerebro era una verdad a medias, sí que me llevaba una muestra de él al jurgol). A los 2 tíos de mi edad con los que me junté en el viaje les dije que se fijaran bien en ellos y que estuvieran siempre lejos de ellos.
Había coincidido con estos radicales varias veces, tanto en Barcelona como en estadios de Madrid. Uno de ellos me hace mucha gracia, todavía hoy. Estaba yo en el por entonces bar de los Boixos, el «Virginia» (en la calle Riera Blanca, jeje, toma karma…) en la previa del FCB – Oporto, de Copa de Europa, en el año 94. El viaje lo organicé yo, junto al mítico líder de los Boixos Centre, Javier Marugán «Marru» que DEP. Era un miércoles 27 de abril (joder, yo tenía 19 años recién restados). No nos conocíamos en persona, sólo por tlf. fijo, qué tiempos más buenos, joder. Marru me decía que era imposible llenar un autocar para ir al partido, un miércoles. Mi entusiasmo y persuasión le convencieron y logramos, a golpe de llamadas, llenar el autocar. 5 mil calas, ida y vuelta y entrada incluida. Un chocho.
El punto de encuentro era el bar de marras. Cuando nos dio las entradas, un par de estos casuals se las quitaron a dos pimpollos culés que iban en mi autocar. Eran peñistas pacíficos, no ultras. Pero le echaron unos cojones que todavía hoy aplaudo. Les quitaron las entradas, al tenerlas en la mano como si fueran abanicos, hay que ser gilipollas. Eso se guarda en el bolsillo delantero del vaquero, casi antes de que te las den. El caso es que los 2 Casuals se descojonaban blandiendo las entradas. Uno de ellos, que es el de la anécdota que he anunciado, gritaba: «¡Fútbol gratis para mis amigos! ¡Soy el más chulo de toda Hospitalet!». Y los 2 peñistas inofensivos pidiéndoles, por favor y todo, que les devolvieran sus 2 entradas. Imaginad si se las iban a dar… pero los chungos pecaron de lo mismo que los inocuos: no se guardaron las entradas y las usaron como abanicos. Uno de los peñistas (de ahí lo de los cojones que he dicho) estalló un tercio de birra a los pies de los 2 chungos, que con el susto descuidaron la guardia, y recuperó las entradas. Hubo un conato de pelea entre los 4. Los chungos lanzaban patadas de kárate, lo juro, jajajaja. Obviamente, los otros 2 se fueron por pies y no les volví a ver hasta el viaje de vuelta, que era esa misma noche.
Tras la ingesta de muchas birras tuve que ir al servicio a perder dinero. Era la primera vez que estaba en ese garito. Justo al entrar me fijé que el cable del tlf. fijo de la pared estaba dentro del servicio. Abrí la puerta con la mosca detrás de la oreja y allí estaba el más chulo de Hospitalet afilando un enorme destornillador con el teléfono trincado entre su jeta y su hombro. Soltó la piedra de afilar y con la voz más gutural, rota y tétrica que he oído en mi vida me gritó un enorme: «¡FUEEEEEERAAAAAAAAA!» mientras me golpeó en el pechó, a fin de reforzar su amable petición. «¡Sí Señor!» le dije entre risas. Claro, él era el más chulo de Hospitalet, pero yo lo era de Leganés… Y me fui a mear a un jardín.
Luego siguieron las hostias en los aledaños del bar, hasta el inicio del partido. Y como habíamos llegado por la mañana y eso empezaba a las 21h. o así… imaginad si hubo tiempo a hostias y altercados. Lo más reseñable es que le abrieron la cabeza a un negro, por el mero hecho de serlo y pasar por ese lugar el día equivocado. Yo traté de advertirle de que se fuera por donde había venido. No me entendió y le abrieron la cabeza de un botellazo, previo collejón más fuerte que he visto/oído en mi vida. No sé cómo no se le separó la cabeza de los hombre de tamaño collejón, y lo digo en serio. Lo más «gracioso» es que el negro cogió el cuello del tercio reventado en su melón y lo blandió para defenderse de los skins que le habían agredido. Y mejor todavía es que todo aconteció con los maderos antidisturbios delante, que hacía más de una hora habían formado un cordón policial frente al garito. Y lo insuperable es que el negrata ensangrentado (pobre chaval, iba con libros, sin meterse con nadie) se percató de los maderos y les pidió auxilio. Y uno de ellos, pegado a mí que siempre me pego a los saraos como os he dicho antes, le gritaba al chaval: «¡Vete de aquí, negro!».
El caso es que todo esto venía por lo del bar del mentecato Manolo. A las horas de lo que os conté antes de mi ascenso a la barra, ocurrió un hecho que no fue luctuoso de milagro. igual lo fue, con el tiempo, o la pobre víctima se ha quedado para comer sopitas desde entonces. La brutal y gratuita agresión de los Casuals FCB a 2 chavales del Mallorca. Con la colaboración necesaria de los antidisturbios.
En la gran terraza del bar de Manolo y otro(s) aledaños, mucho jurgolerdo soplando. Yo con minis de birra, calimocho y cubata (compartidos con mis 2 conocidos, que no amigos ni colegas, de la peña. De hecho, nos conocimos durante el viaje). Hablando de «minis» recuerdo una vez, yendo con mi viejo en unas fiestas de Leganés, que leyó un cartel de precios de consumiciones donde «el mini» de cerveza era más caro que «el tubo» o la caña. Mi viejo me soltó que no entendía cómo era más caro algo mini que lo otro. Tuve que explicarle que el mini era 1 litro. ¿Por qué lo llamaban «mini»? pues ni puta idea. Eso se bebía sin preguntar la etimología.
Los 2 del Mallorca iban con sendos minis y tenían pinta casi de guarros. Eran como heavys. Yo también lo era, pero al ser rapado/calvo se disimulaba, parece ser… Mi instinto guerrero enseguida se percató de que los maderos habían desaparecido totalmente del entorno. En su lugar empezaron a aparecer Casuals. Algunos conocidos de vista míos y otros reconocibles al 100% por su cara de maldad absoluta. Y aquí viene algo mezcla de documental de animales de la 2 y de película ochentera de terror. Ya lo he contado en otro relato/artículo, hace años y a saber cómo se llama.
Muchos de los casuals, si no todos, iban con una chaqueta, sudadera y tal… los que estaban más cerca de mí, se miraron y, en perfecta sincronización con el resto, dejaron ver su camiseta interior, en la cual estaba escrita esta leyenda: «Sólo los más fuertes sobreviven. Casuals FCB». Y se tiraron en manada a por los 2 chavales, destrozando y desolado todo a su paso. No los conté, pero serían más de 20. Antes de lo de las camisetas me percaté de la jugada e intenté avisar – desde la distancia no me iba yo a sacrificar por dos casi guarros desconocidos – a los del Mallorca para que se fueran a tomar por el culo de allí y buscaran refugio maderil.
Sillas y mesas volando, literalmente, y gente pacífica huyendo. Yo no, obvio. Ni los 2 del Mallorca que fueron cercados por la manada Casual. Tras un saco de hostias que les dieron, a uno de estos psicópatas se le fue aún más le perola y, cogiendo una mesa, empezó a destrozar la cabeza d euno de los del Mallorca que ya yacía inconsciente en el suelo. Hasta que tuvo que dejarlo por la llegada de un camión de la basura: una lechera de maderos. Yo creía que lo había matado. La escena del crimen así lo indicaba. Por cierto, por lo menos para mí nunca ha sido agradable contemplar como matan – o lo intentan que es lo mismo – a alguien, y ya tengo varias experiencias.
Las hienas huyeron y los maderos se desplegaron, porras y escudos en mano para disolver lo que ya no había que disolver, sino atender, y médicamente de urgencias muy urgentes. Les empecé a grita que todo había sido por su culpa, que «¡Dónde estabais antes, cabrones! ¡si estamos pegados al estadio y no estáis, dónde coño estabais!». Alguno quiso emular a sus colegas jinetes pero supe esquivar, como siempre, sus porrazos. Y ni vertí una gota del mini. Eso es talento.
Apostilla
Fijaos en la foto final de este artículo /relato. Es de esta Eurotrola. ¿A qué en el siguiente Mundanal o Eurotrola estaremos igual que en el Báltico? Apostad todo a que sí, porque ya lo estamos pero, todavía, los jugadores no cogen megáfonos ni los seguidores de una región de Espena se enfrentan abiertamente a los de otra ya independiente, ya «balcanizada».

Propina eurotrolera:

POEMA (mío) para el concurso de una buena amiga espagueti.
Posted in LITERATURA, poesía on abril 13, 2024 by César Bakken Tristán
Lo he improvisado, así que disculpen las posibles erratas o reiteraciones. No pienso revisarlo. No voy a concursar, sólo lo he escrito para que lo lea mi amiga, que es «la jefa» del certamen; y, de paso, quien quiera. Ahí va y que mi Dios me perdone:
(des)HABITAR LA POESÍA
1 poeta no es ninguno
2 poeta no es ni Dios
3 poeta te huelen los pies
4 poeta tu culo para mi aparato
5 poeta por la rima te la hinco
6 poeta sin metralleta
7 poeta caga y vete
8 poeta te la (ar)rimo por el chocho
9 poeta ya no conmueves
10 poeta eres hediondez
11 poeta no des voces
12 poeta no des coces
13 poeta vete
14 poeta no destroces
15 poeta no me chinches
16 poeta exprimir
17 poeta perdéte
18 poeta atragántate con el bizcocho
19 poeta vuelve
20 poeta vente
21 poeta truño
22 poeta Dios
23 poeta estrés
24 poeta atraco
25 poeta que al final te la (ar)rimo
26 poeta elixir
27 poeta ojete
28 poeta ñoño
29 poeta muere
30 poeta asceta
31 poeta ninguno
32 poeta reDios
33 poeta ni a la de 3
34 poeta raro
35 poeta esbirro
36 poeta servil
37 poeta sí que mete
38 poeta hasta el coño
39 poeta no conmueves
40 poeta detestas
41 poeta truño
42 poeta mago de OZ
43 poeta tírate al tren
44 poeta de trapo
45 poeta extinto
46 poeta sin ley
47 poeta ojete
48 poeta bodrio
49 poeta muere
50 poeta apestas
51 poeta ninguno
52 poeta uno menos dos
53 poeta al revés
54 poeta extraño
55 poeta invicto
56 poeta speed
57 poeta estilete
58 poeta estorbo
59 poeta enternece
60 poeta atenta
ENSAYO: «Colectivismo (sobre todo de confrontación): fin de la humanidad».
Posted in Ensayos, LITERATURA on octubre 7, 2023 by César Bakken Tristán
Al igual que sólo un cretino diría que los buzos son peces, por compartir el líquido elemento, sólo un necio dice que el hombre es un animal social, por compartir espacio con otros humanos. Y de imbéciles asociados, es decir: colectivizados; trata este bosquejo del ensayo que escribiré, en breve.
Resulta extremadamente paradójico que cuanto más egoísta e individualista es un ser humano, más colectivista dice ser. Para muestra el irrefutable botón de las élites económicas y políticas que dicen ser comunistas, socialistas, progresistas, liberales y o demócratas. Mientras ellos miran al vulgo, cual hormigas por lo alejados de ellos que están, desde sus jets / yates / mansiones, el populacho se hacina – física y mentalmente – para desarrollar su miserable vida, ajena a todo tipo de humanidad y contacto con la naturaleza. Obviamente, estoy generalizando, como en toda teoría sociopolítica que se precie: yo no soy ni élite económica ni vulgo, al igual que algunos de vosotros, pero la norma es férrea: el mundo se divide en una inmensa minoría de élites económicas asociadas y armónicas; y una ingente mayoría de populacho enfrentado entre sí, gracias al esfuerzo de dichas élites económicas y a la idiocia de la mayoría.
Colectivismo de confrontación denomino a esa técnica de disgregación social por la cual los menos viven como reyes gracias a la depauperada y expoliada mayoría social que, encima, admira a dichas élites porque, en su supina estulticia, les han hecho creer que su egoísmo y odio al ser humano les puede llevar a vivir como las élites (esta aberración es el fundamento, entre otras muchas barbaridades, de las loterías y juegos de azar). Y aunque los que nacimos con el don de la acracia (repulsa taxativa a toda autoridad civil o religiosa) jamás hemos picado el cebo del colectivismo de confrontación, no nos queda más remedio que vivir infiltrados entre los que hacen banquetes opíparos con dicho cebo.
El extraño sentimiento de sentirse solo entre la multitud es algo que todos hemos experimentado, de maneras más o menos parecidas, pero desarrollado de formas totalmente contrarias. Es decir, mientras unos pocos elegimos la soledad – creativa, sensible, sensitiva y analítica – y la naturaleza como medio de vida física y/o mental, a fuerza de ser autosuficientes y no estar embriagados de las inicuas relaciones sociales y la vida en sociedad; otros muchos se resignan a vivir en colectivismo y se aferran, como balsa de náufrago, a las 1.001 trampas que las élites económicas les tienden, todas ellas inherentes al sentimiento de pertenencia a un colectivo enfrentado a otros; y a las 1.001 mentiras de progreso y prosperidad que les sueltan como migas de pan a las palomas que jamás se sacian de comer y, luego, vivir en la mierda.
De esta trampa exitosa nació el comunismo y resto de ismos que alienan al ser humano y les convierten en un cuchillo de doble filo capaz de matar y aliarse con las mismas personas, según el colectivo del que se trate. Obvias pruebas de esto encontramos, por doquier, en fenómenos distópicos como el feminismo actual por el cual dichas mujeres aúnan en un solo movimiento a todas las hembras humanas, pero se enfrentan a todas las mujeres que no sean feministas o dejan fuera a los verdaderos colectivos de mujeres sojuzgadas sobre la Tierra: asiáticas, africanas y musulmanas. Y esto mismo ocurre con todos los colectivismos, pues TODOS son de confrontación, de enfrentamiento entre personas desalmadas, indoctas, ágrafas, iletradas y un sinfín de atributos animales que no deberían adornar a los humanos. Esto no es sino el sempiterno “Ordo ab chao (orden desde el caos)” masónico.
Por dichos motivos, someramente bosquejados en las líneas precedentes, la humanidad lleva autodestruyéndose desde los albores de su advenimiento como especie animal socializada. Y como a mí – en esta Dimensión – no me queda otra que seguir perteneciendo a esta especie animal, por más que no esté socializado, me veo en la necesidad de escribir un largo ensayo para destrozar el colectivismo y, por lo menos, tranquilizar mi conciencia sabiendo que intenté hacer salir de su error al lector socializado. Sin ínfulas de mesianismo, ni adoctrinamiento, desarrollaré este trabajo ahora que todavía no han encontrado la manera infalible de matar el intelecto y el raciocinio, por lo menos el mío.
El lector que esté interesado en leer mis divagaciones, podrá encontrar dicho ensayo (con el mismo título que este bosquejo), en este mismo – y libérrimo – BLOG. Tan sólo poniendo el título en el buscador, aparecerá dicho trabajo sociopolítico, historiográfico y filosófico ante sus ojos, cuando esté publicado.
ARTÍCULO / RELATO / Música SIN mariconadas: “el emigrante”, Juanito Valderrama.
Posted in ARTÍCULO-INSULTO, Música SIN mariconadas, Relatos on junio 30, 2023 by César Bakken Tristán
Quien nos iba a decir, décadas ha, que esta canción estaría en pleno vigor, a día de hoy; pero con un sentido totalmente contrario al original: ser extranjero en tu tierra.
Desde el inicio de este nefasto y criminal siglo antiser humano no miembro del NOM, asistimos a la paulatina y preocupante destrucción de Occidente (actual Accidente), particularmente España (actual Espena), por su historia y situación geoestratégica en el Viejo Continente que ahora es un contenedor de mierda. La estrofa más celebérrima de esta inveterada y entrañable canción es su estribillo:
“Adiós mi España querida
Dentro de mi alma te llevo metida
Y aunque soy un emigrante
Jamás en la vida yo podré olvidarte”
Las entidades supranacionales, sobre todo la UE – en nuestro caso – y entidades privadas como la puta OMS (Organización Mafiosa contra la Salud), grupos de inversión como Blackrock o Vanguard y etc. de testaferros de ellos, han destruido nuestra nación, a la vista de todos y sin subterfugio alguno. Han sido muy listos sabiendo el potencial de estupidez del español medio y su total adicción, dependencia y sumisión al Poder y al Estado; gente manipulable al 100% a través de los mass mierda (sobre todo la putatele), internet y las redes sociales. No voy a repetir lo que cualquier lector de este BLOG sabe de sobra (vosotros no sois vulgo ni satánicos siervos del NOM), sino hacer una analogía con Juanito Valderrama, el pasado de España y el presente de Espena:

Coincidí varias veces con este cantaor, en el bloque de Leganés donde me crie. Una sobrina suya era mi vecina de abajo, la señora Paqui, y él venía a visitarla periódicamente. Esta mujer tenía marido y 2 nenes. El mayor, Francisco, de mi quinta, el menor – Antoñito –, obviamente menor que yo, jeje. La señora Paqui comía pipas como si no hubiera un mañana con pipas. Lo hacía cuando nos cuidaba a la chavalería del bloque. Éramos 20 chabolas verticales, de gente española TODOS inmigrantes de pueblos de España. Cuando éramos canis jugábamos en los aledaños del bloque, sin atisbar carretera alguna, y eran las madres quienes se turnaban para echarnos un ojo o un bofetón si venía a cuento. La acera donde la señora Paqui se hinchaba a pipas no era de tránsito, sino que sólo daba a nuestro portal, acera que luego ella misma barría para quitar la tonelada y media de cáscaras.
Fueron lustros de camaradería y amistad entre más de 100 personas que habitaban las 20 chabolas verticales, y entre buena parte de los bloques aledaños Sólo los críos (y no tan críos) teníamos hostilidades y estábamos todo el día a hostias entre bloque y bloque, aunque hacíamos alianzas para luchar contra manzanas aledañas… es lo que tiene haberse criado en 1km. cuadrado habitado por más de 60 mil personas… el núcleo urbano más poblado de Europa, por entonces, ahora ni idea, Zarzaquemada era mi barrio. Alguna vez recibí una pedrada, pero en el cuerpo a cuerpo siempre acababa yo fostiando (así lo decíamos antes) a alguno de los bloques de al lado. Íbamos con desventaja los del mío, porque muchos de los otros eran de 10 plantas, el doble que el mío, y con ascensor; pero en el mío teníamos más cojones, precisamente por no tener ascensor y estar todo el día oblados a cruzarnos por las escaleras; esa obligada unión hacía nuestra fuerza.
Actualmente mi viejo sigue viviendo ahí, pero todo ha cambiado. El tiempo y el NOM han dinamitado la otrora gloriosa comunidad de españoles en hermandad, dentro de una prosperidad económica sin parangón ahora, donde sólo trabajaba – y de manera humilde – una persona por vivienda manteniendo a 3 y hasta a 7 más; coche y 1 mes de vacaciones incluidas, y comida y bebida de primerísima calidad.
Según fui cumpliendo años (me parieron en el 75) todo empezó a mutar, lenta y paulatinamente, en lo que tenemos ahora. Yo lo vi venir, enseguida, pero otros no. En los hogares donde antes sólo trabajaba uno fuera, empezamos a trabajar casi todos, y nuestra vida cada vez más paupérrima. Empezaron a crear impuestos por doquier, la inflación se desbocó y las antiguas generaciones no pudieron dejar su testigo a nosotros, las nuevas.

Todo se llenó de coches y, con ello, de gastos, contaminación y aparcamientos subterráneos hasta debajo de las raíces de los árboles. Empezaron a llegar los inmigrantes (pero no como los de la canción, pues esos eran reclamados por los países de acogida y bien remunerados) de ahora: explotados laborales, paniaguados, delincuentes y putas. Primero vinieron de Hispanoamérica, salvo excepciones puntuales de todo el orbe. Luego empezó la actual e imparable invasión sarracena. En los 90 ya eran decenas los negros e hispanoamericanos que vivían en mi bloque, alquilando casas de vecinos que se olieron la tostada y abandonaron el barco. Actualmente creo que sólo quedan 8 vecinos de los 100 de antes. Entre fallecidos – muchísimos y de todas las edades y mi madre entre ellos – y gente como yo que abandonamos el nido muy pronto, el edificio es un reflejo de la sociedad espenola: miscelánea de inmigrantes y cero relación entre vecinos. Y perros y gatos, muchos, como en todos lados. Y nenes, solamente de los inmigrantes.
El hijo menor de Paqui estaba un poco “falto” y por eso era la persona más alegre del barrio. Todos los 6 de enero llamaba a las 19 casas del bloque, que no eran la suya, y nos enseñaba (con una ilusión que jamás he vuelto a ver, ni veré, en mi vida) los regalos que le habían traído Los Reyes Magos. Uno de ellos siempre era un disfraz, porque a él le encantaba disfrazarse. Y allí, en el rellano de 4 apartamentos, salíamos mogollón de vecinos en pijama y/o bata para compartir el asombro de Antoñito, enseñarle nuestros regalos y ensalzar su orgullo, y agradecimiento, por los suyos. Era, además, un besucón, y sobre todo las madres del bloque lo eran ídem… ¿cuándo es la última vez, ahora, que te has besado con un vecino? ¿Ha habido alguna primera…?
Precisamente, esta familia del cantaor fue de las primeras en mudarse, pero la que más notamos, porque interactuábamos más con ella. En su lugar vino un picoleto (y de esto no voy a hablar ahora que no sé yo eso de la prescripción de ciertas cosas con estos caballero-caballero), menudo cambio, joder. La señora Paqui fue la que enseñó a la chavalería a tirarnos de cabeza en la piscina. Sí… no sólo cohabitábamos en armonía el precario edificio, sino que íbamos en tropel a la piscina pública, de vacaciones a la playa y la montaña, al pueblo del vecino, el vecino al nuestro y así… ¿alguien se imagina ahora esta relación con los vecinos?
La mía, cuando he vivido en edificios, ha sido o indiferencia y ostracismo u hostias constantes. ¡Cómo ha cambiado el cuento, caperucita (la que no iba a ver a su abuela, sino a lavarse el coño al río)!
Hace décadas que vivo asediado por inmigrantes de todos lados, especialmente sarracenos ahora. Los menores de edad, el 90% (aproximado, no los cuento, obvio) son hijos de ellos y se reproducen a partir de los 20 años, o 10 y muchos, a un ritmo de 1 por año. Echad cuentas de lo que nos queda para cantar eso de Juanito Valderrama, viviendo en Espena. Yo hace lustros que lo canto, porque es lo que siento. Puede ser mi pesimismo antropológico. Pero es que, quien no lo sea, o es un “Antoñito” de la vida o uno de ellos, de los que nunca deberían haber venido a sustituir la población autóctona del país (seguramente) más ubérrimo y privilegiado del Mundo. Un país para oriundos y turistas respetuosos, no para inmigrantes. Y no por xenofobia ni, mucho menos, racismo; sino porque el mundo es ENORME y cada mochuelo debe prosperar en su olivo. Lejos de eso, lo que está haciendo el NOM y la inacción de los inveterados españoles es dejar que nos hayan usurpado el nido del olivo y dejar que los únicos mochuelos (adjetivo / sustantivo peyorativo) seamos los españoles de varias, o todas, las generaciones aquí.
Pues eso: “Adiós, mi España querida”.
RELATOS esperpénticos y kafkianos (X): Una bruja me hechizó para que me enamorara, locamente, de ella.
Posted in Relatos with tags amarre de amor, flor de jerico on marzo 25, 2022 by César Bakken Tristán
Parece mentira, a parte de lo que la minga estira, el estropicio físico real que son capaces de generar los rituales esotéricos y metafísicos. El hecho que voy a narraros me ocurrió a mí, a finales de siglo (no digo cual, porque no soy Noé ni Matusalén), en un viaje universitario, de asueto (“paso del Ecuador”), por una parte de Europa (Espena, Gabacholandia, Vejiga y Adiosnda).
Iba yo con 5 compañeras de la carrera de Derecho (UCM) y no conocíamos a nadie más en el autocar, formado por universitarios de varios puntos de Espena y algunos de nuestra ENORME universidad. Yo sólo, con 5 titis, como debe de ser; mariconadas las justas. Aclaro que a la que yo le gustaba no me la ponía como el cuello de un cantaor, y a la que me gustaba a mí, yo no se lo ponía como un bebedero de patos; así que esta historia no es sicalíptica, sino esotérica a tope. Historia con final, más o menos, feliz gracias a la intervención de una naturista y una bruja blanca que nada tienen que ver en la génesis del asunto.
Me voy a centrar sólo en el amarre de amor que me hicieron, no en las 1.001 situaciones molonas que podría narrar de esos 9 formidables días de viaje. Vamos al lío:
El plan era salir de Madrid a las 22h. y llegar a París 24h. después, del tirón. Nos demoramos casi 2 horas por culpa de 2 tías que llegaron tarde y viajaban juntas. Precisamente las 2 que llevaría yo tras de mí, justo en los últimos asientos del autocar. Nos colocamos los 6 en la parte final, como los macarras que éramos, bebiendo alcohol, como todo viaje digno de veinteañeros. Todo el autocar despotricaba por la tardanza en salir, así que al llegar estas 2, precisamente bien no nos caían a nadie… pero yo me pasaría todo el viaje con ellas pegadas al culo y acabaría locamente enamorado de una.
Hicimos buenas migas la bruja negra y yo, pese a que me relacioné con todo quisque y las lie bien pardas – delitos impunes incluidos –. Nada más entrar en Francia, mi cuerpo se rebeló contra mi alma y tuve que visitar los servicios de una gasolinera, sin lograr alivio alguno, creía que necesitaba el aseo y qué va… algo raro me pasaba… sería la priva de abordo – pensé –. El resto del viaje estuve bastante jodido, con dolores físicos nuevos para mí.. pero a los 21 años yo era un toro y me la sudaban enfermedades y dolencias crónicas o sobrevenidas. “Ninguna enfermedad puede pararme” es uno de mis lemas al ser polienfermo y lisiado físico oficial.
Marijose (la bruja) era una morenaza guapetona, con los ojazos más bonitos que haya visto yo y toda la tropa del viaje, que así lo afirmaban. Impactaban sus enormes ojos de color inclasificable y no sólo por mi glorioso daltonismo. Cómo imaginar que 3 años después vería el rostro de esa misma chica en una carta del “tarot negro egipcio” (o cartas negras, algo así lo llamó la bruja buena).
El caso es que yo no quería novia ni en broma, y no caí en esa trampa hasta los 26 años, por eso ni atisbaba liarme con ninguna (salvo, si caía de casualidad pero no por mi inexistente cortejo, la compañera/amiga del bebedero seco de patos). Unos pocos años después mi yo del futuro se hubiera zumbado a la que yo le gustaba – que no estaba nada mal, por cierto – y ligado, irremisiblemente, con la bruja negra. Pero mi yo de entonces era 100% anti-relaciones sentimentales y, casi, sexuales. Interrumpían mis huracanadas experiencias vitales estos asuntos, así que los rehuía.
El caso es que Marijose se me lapó, y no me molestaba, en absoluto. Noté que tenía cierta querencia por mí y que se estaba creando un vínculo estrecho entre ambos. Un día, estando en Holanda, hasta llegó a llorar, apoyada en mi hombro, diciéndome que no quería volver a Madrid y que ojalá pudiera vivir siempre como estos días y conmigo… Bueno… así se las ponían a Felipe II, coño. Pero a mí me la sudaba. Además, le había visto despedirse de su novio y yo no me meto entre un perro y su presa.
El caso es que ya en España, en el viaje de vuelta, sabiendo que ambos nos tendríamos que separar, sentí ese hormigueo en las entrañas, síntoma de enamoramiento o de explosión sensitiva a tope e impaciencia motivada por el anhelo de no cohibir los deseos y no tener más remedio que hacerlo. Llegamos a Moncloa y cada mochuelo se fue a su olivo que eran los padres de cada cual, con el coche. Es un clásico eso de que vayan a recogerte en coche tras un largo viaje, o era. Nuestra despedida fue con un deseo abrumador contenido de que no fuera así. Era de noche, pero cada uno parecía un faro para el otro y nuestras miradas se cruzaban constantemente, mirando de soslayo mientras hablábamos con familiares y nos despedíamos de compañeros y nuevas amistades. De haber sido época de móviles hubiera caído en sus garras, sin duda alguna. Pero al no serlo, mi último recuerdo de ella, durante muchos días, fue esa última mirada que me lanzó girándose ,como diciendo: no te vayas, ven conmigo. Vámonos juntos.
Por primera vez en mi vida, y contra mi voluntad, estaba enamorado como un cadete.
Mis problemas físicos se acuciaron. Sobre todo un dolor intenso en la zona de la escápula izquierda y 1.001 sensaciones físicas desagradables. Pero con el tiempo normalicé eso, me adapté y seguí con mi vida a todo trapo. Hasta 3 años después, cuando mis dolencias empezaron a ser insoportables. Estudiaba yo Ciencias Políticas, por entonces (hui despavorido de Derecho, en 4º), tras ser expulsado al mes de empezar Perrodismo, y atribuía mis penurias mentales a esos cambios, tanto estudiantiles como de planteamientos vitales, más o menos, radicales, contraproducentes con una vida “normal” y profundos a nivel moral personalísimos.
Pero mi abuela paterna (sigue con vida y vitalidad, 107 añazos) es medio bruja blanca, así que un día que me vio más eccehomo de lo normal en mí, me miró de mal de ojo (con agua, aceite y ritual tipo rezos interiores pero con escenografía cristiana; don que heredé yo, al pasármelo ella, obviamente en vida) y yo “no me curaba”.
Aumentaron mis pesares y ella me aconsejó ir a una bruja de otro tipo, porque su intento de curación sólo me estaba indicando que tenía alguna cuita esotérica encima y no, precisamente, buena. Así que una de mis amantes de entonces me presentó a una amiga suya: una bruja chilena, lesbiana, con un hijo y cocainómana. Una tía rara de cojones: Vicky. Y como 2 es mejor que 1, un amigo me presentó a una naturista – curandera, precisamente de Leganés, donde yo vivía entonces. La naturista era cara pero eficiente y la bruja, barata e ídem.
Ambas, sin conocerse de nada y por métodos diferentes a cada cual más raro, hicieron la misma etiología de mis dolencias. Y yo flipé pues era una causa tan inopinada como olvidada ya por mí: el viaje a Europa que os estoy contando y Marijose.
Paquita (la naturista) me cogió las muñecas por detrás de mi melón, yo tumbado boca arriba con los brazos hacia atrás. Y sopesando mis zarpas sacó todo eso y que la causa era una chica que conocí en el viaje y de la cual me enamoré sin yo quererlo, tal cual lo dijo. Vicky fue más específica y, diciéndome lo mismo, con el método del tarot que he dicho, sacó una carta diciéndome: “¿A qué la chica es esta?” ¡Y era ella! Parecía casi una foto más que un dibujo. Por suerte yo tenía una foto del viaje, donde salía ella, tanto para demostrar la veracidad de las cartas como para el posterior ritual que me libraría de su hechizo.
Resulta que la hija de puta me hizo un amarre de amor, con un ritual perfecto (que, por cierto, comprobé posteriormente que aparece detallado en libros esotéricos… ¡ni se os ocurra jugar con esas cosas, queridos niños, a no ser que tengáis un dominio exquisito del asunto y una mente y alma fortísimos y nobles. De hecho, cuando el amigo que me presentó a Paquita, y yo, veíamos parejas con uno de los miembros enormemente feo/a y adefesio/a y la pareja un pibón… decíamos, riendo: “está amarrao/a”).
Yo había vencido el hechizo, es decir, mi enamoramiento me duró unos pocos meses, pero el hechizo no se había olvidado de mí. Resulta que esta chica era la reencarnación de una bruja negra ancestral, con un enorme poder psíquico y extrasensorial y – por si eso fuera poco – preparó el amarre y luego, según la bruja, se olvidó de desactivarlo y me seguía jodiendo, sin querer ya ella nada de mí.
Vicky me dejó alucinado diciéndome, paso a paso, lo que esta chica hizo conmigo durante el viaje. Al estar tras de mi, en el autocar, tenía fácil acceso espiritual /energético a mí, pues de espaldas somos totalmente vulnerables, de ahí que en ese inicio del viaje, me rompió el aura, por la parte izquierda superior de mi espalda (la parte de mi body que estaba más a su vista, al ir yo sólo en 2 asientos y quedar ese punto a su vista entre los respaldos), que fue el punto de entrada de mis dolencias futuras y por eso al entrar en Francia me descompuse: yo estaba luchando, sin saberlo, contra ella, contra su deseo de poseerme ad hoc, es decir, no lo hacía involuntariamente. Me dejó herido pero no muerto, ya que yo soy espiritualmente fortísimo y tengo la protección de un guerrero ancestral y gallardo, que cuida mis espaldas. Eso me dijo Vicky, y he podido comprobar en mis 1.001 peleas de autodefensa contra muchos enemigos, humanos, animales no humanos y meteorológicos, que así es.
A efectos de ritual con objetos eran solo 3 cosas aparentemente inocuas pero totalmente inicuas: regalarme un objeto personal suyo, sacarme una foto – de cuerpo entero – sin yo darme cuenta y luego devolvérmela, una vez hecho el trabajo esotérico con ella. Recordé que Marijose me sacó una foto furtiva, girándose repentinamente hacia mí y disparando… hecho que yo vi con el rabillo del ojo y que ella no percibió al ir yo con gafas de sol. No le di más importancia pero sí me chocó cuando en el intercambio de fotos , con todos los del viaje presentes, al enseñarme su álbum, apareció “de la nada” esa foto y exclamó: “¡Anda! ¿y qué haces tú aquí?” Pensé: “¿qué hago yo ahí? si la foto me la sacaste tú”. Pero sólo dije: “Tú sabrás, estaba en tu carrete”. Y se hizo la sueca, regalándome la foto, el colofón de su hechizo. El objeto suyo fue un mechero clíper que me regaló en el viaje de vuelta, y que yo acepté.
Le llevé a Vicky la foto y otra de grupo donde salía ella, con lo cual hizo un ritual de desactivación, seguido de sesiones donde me tenía que dar yo unos baños (en la bañera de la bruja) con yerbas de todo tipo que ella cocía durante horas en una enorme olla, y tuve que comprar ciertos abalorios esotéricos, entre ellos una pirámide metálica que debí colocar bajo mi cama, sin decirle a nadie su existencia. Curiosamente, al acabar todo el proceso curativo, que duró casi 1 mes, la pirámide desapareció, tal cual. Y yo no tengo gatos. Y me recomendó comprarme una flor de Jericó (*).

Tras la entrega de la foto, mi enamoramiento de Marijose fue épico. Yo lo atribuí a habernos vuelto a ver… porque en las semanas que transcurrieron desde nuestra despedida, ya se había diluido su recuerdo en mí. Pero era época de exámenes finales, así que casi nadie iba a la Universidad y mis intentos de encontrarme con ella sólo fructificaron un día. Aún así, yo seguía empecinado en una lucha interna, pues no quería nada con esta tía ni con ninguna que no fuera algo esporádico y me negaba a estar colado por ella… “pero no podía evitarlo” normal… estaba más amarrado que el Titanic (era el Olympic, pero eso es otra historia) en puerto y más desahuciado que el mismo barco en su primera travesía…
Yo iba a estudiar a la biblioteca de la Universidad, con el afán de toparme con ella y empezar el cortejo que no podía evitar pese a que mi mente lo rechazaba de pleno. Hasta llegué a buscarla en las listas de resultados de exámenes, para tratar de localizar su tlf. con sus 2 apellidos… Y nos cruzamos en el largo paseo del metro a la Facultad. Ella volvía y yo iba al edificio de futuros picapleitos desalmados y juristas más leguleyos y cabrones que otra cosa. Nos saludamos, lógicamente, e intercambiamos frases normales sin mención alguna a vernos, tomar algo y etc. Intuyo que tras esos pocos meses, su vida había vuelto a la normalidad que rechazaba llorando en mi hombro, y el hechizo ya le importaba 3 cojones, porque no quería nada conmigo… pero, como he dicho, se olvidó de desactivarlo y pese a que yo vencí, con los meses, mi atracción hacia ella, la energía negativa y ofensiva del amarre seguía en furibunda lucha con mi energía positiva y defensiva… hasta que empezó a ganarme y de ahí mi contacto con las 2 tías raras que me hicieron un servicio enorme en esta pequeña vida que tengo, pero que es lo más importante que conozco y lo que más protejo, fomento y disfruto.
¿Por qué lo llaman amor, cuando quieren decir amarre?
Escribiré otros relatos, quizás más espectaculares /espeluznantes que este, sobre mis experiencias… digamos, “metafísicas”.
(*) Mi adquisición de esta planta acuática de la suerte (que está a metro y medio de mí, ahora mismo), coincidió con el periodo de inscripción a las becas universitarias de estudio. Jamás me habían dado una, pues los ingresos de mis padres y los míos se pasaban mil pesetas, o menos, del rango marcado. Ese año presenté mi solicitud solamente con mis datos personales y bancarios (esos años tuve cuenta bancaria… vicio que perdí hace más de 2 lustros), sin el resto de la documentación. La de admisión, flipó al ver el sobre (lo comprueban para ver que no falte nada y a mí me faltaba casi todo). “Pero si no has adjuntado nada, esta beca es nula”. Tú cierras el sobre y la metes en la saca, para que así por lo menos tengáis que currar un poco (le expliqué que jamás me habían concedido beca, siendo yo pobre a tope con la Cope). ¡Y me la dieron! 200 mil calas del ala. Gracias, flor de Jericó, o inoperancia colosal burrocrática.
RELATOS esperpénticos y kafkianos (IX) : La Dama de las camelias, La Traviata y yo colándome en la ópera.
Posted in Relatos on marzo 21, 2022 by César Bakken Tristán
No ha mucho terminé este buen libro de Alejandro Dumas (hijo del ídem). Para no joderos su lectura, que os recomiendo, sólo diré que pese a que los protagonistas sean de una clase social a la cual yo jamás me arrimaría, si no es para sacudirles hostias, el libro es una espectacular historia de amor (sin caer en la sensiblería) y una pugna entre la clase social alta – en nivel adquisitivo – y los sentimientos más humanos y, por lo tanto, mundanos, como el amor y las relaciones sociales, no necesariamente de amistad.
La técnica literaria de Dumas, en este su único libro que he leído, es exquisita y se acerca a un realismo de ficción próximo a la futura novela de no ficción popularizada por Truman Capote. La epístola deviene nuclear en esta muy buena novela. Y su poética narrativa la aleja de Capote.
Y fruto de una de sus adaptaciones teatrales, surgió el libreto para la celebérrima ópera de Verdi: “La traviata”. Y de esta ópera es de lo quiero charlearos ahora.
La vi hace 20 años, en Ciudad Real (Teatro Quijano) “mi segunda ciudad, a la par que Eivissa y Córdoba”.
Fui a verla con un amigo, desde Madrid y haciendo noches a 50 km. de Ciudad Real capital, en la decrépita y entrañable casaza de campo que alquilé un año en una pedanía. Por supuesto, íbamos sin entrada pues mi propósito era colarnos en el teatro y ver la obra como mejor pudiéramos /supiéramos. Mi plan era entrar por la parte de atrás, donde los transportistas. Me he colado muchas veces en lugares de este tipo… pero ese día no era misión sencilla, pues la puerta estaba cerrada, ya deberían haber metido todo el cotarro previamente. Así que tuvimos que ir a la taquilla /puerta civilizada de entrada. Todo vendido. Nada que hacer… ¿o sí?
Pese a mi juventud ya era perro viejo en eventos culturetas… y sé que hay muchas maneras de entrar a estos eventos, a parte de la lógica de comprando una entrada. Empecé a camelarme a la taquillera, método muy bueno, pues ella es quien puede facilitarte la entrada o una entrada y, si está buena, quitarte las ganas de ver el evento e irte a retozar con ella en cama o lugar similar acogedor. Me centré en entrar a ver la ópera, pues habíamos venido ex profeso desde Madrid, para eso. ¿Pero cómo entrar sin entrada, y no yo solo, sino 2?
Desde 5 horas antes del inicio de la ópera, ya estaba yo probando estratagemas de entrada gratuita, entre birra y birra en un bar aledaño, mientras mi compinche sobaba una merecida siesta en el destartalado buga que teníamos. Descartado colarnos por detrás (mi fácil plan inicial) tenía que sacar todo mi encanto y perspicacia, para no tener que caer en el burdo robo de 2 entradas a sus portadores… cosa que jamás he hecho ni haré, pero que sí he visto hacer… pero no a mí, claro. Creo que mi cara es cristalina en estos asuntos y cualquier ladrón lee en ella: “Ni te acerques a este”.
Ya con mi amigo operativo, éramos 2 para indagar y dar la chapa en la puerta de entrada /taquilla. Decidimos optar por la táctica de comprar en la reventa. No íbamos a pagar, pero de esa manera sabríamos si todavía había entradas disponibles.
La reventa no funcionaba ahí, por lo que abordé el asunto “invitaciones” pues siempre hay entradas de este tipo. Pero tampoco logré ninguna. Y la hora de inicio del show se acercaba y ya estaba entrando gente y todo. Tanteé colarme, pero los puertas no parecían ser gilipollas ni sobornables.
La taquillera nos dio un poco de luz, al decirnos que a última hora alguien podría devolver alguna entrada o hasta una invitación. Todavía había gente que no había venido son esas entradas ya repartidas. Y hete aquí que nuestra perseverancia y coñazo que dábamos a todo el que merodeaba por la zona, tuvo su fruto. Llegó una chica con una invitación para devolver, ya que no podía ir a la ópera pero sí fue tan amable de ir a la taquilla a dejar su entrada. Y yo, más hábil que todos, la oí y antes de que la taquillera dijera nada, me camelé a esta mujer para que esa entrada no fuera devuelta, sino regalada al menda lerenda.
Bien, ya teníamos una. Ahora faltaba el más difícil todavía. Se acercaba la hora del inicio y ya estaba casi todo el público dentro del teatro. Los puertas, y coleguillas a fuerza de nuestra presencia, nos decían que si no hubiera aforo completo, colarían a uno de nosotros, pero estaba todo lleno.
Y hete aquí que si la primera entrada la conseguimos gracias a un alma caritativa que, en lugar de no ir a devolver al invitación, fue a devolverla; la otra fue porque otra con entrada pagada quiso descambiarla. Aquí también estuve yo al quite; y las horas de cortejo a la taquillera fructificaron. Logré que me regalara la entrada. Total, ya estaba la taquilla cerrada y no se podía vender… así que segunda entrada, por la patilla. Y las 2 en platea, de las caras.
Gran opera, buena compañía la que la representó y una manera rara de entrar a verla, pero más divertida que comprar las entradas, desde luego. Eso sí, no me pispé de anda de lo que hace unas semanas pude disfrutar con la lectura del libro. La ópera es maravillosa, pero no es una manera de leer, sino de oír buena música y ver puestas en escena, más o menos virtuosas. Leer es el método comunicativo y creativo insuperable, los lectores ávidos bien lo sabemos.
RELATOS esperpénticos y kafkianos (VIII): «Una piara de guarros me quiso linchar y acabaron invitándome a birras…»
Posted in Relatos on marzo 17, 2022 by César Bakken TristánMás o menos, serían el mismo número de guarros que los cerdos salvajes que me atacaron, una solitaria madrugada mía y entre decenas de vacas somnolientas en las playas del sur de Senegal. Pero los guarros a los que me refiero ahora son bípedos (aunque su drogadicción les torne cuadrúpedos muchas veces): red skins, sharps, punkis y, en definitiva, los hijos que todos los papis desean…
Esa madrugada fui a un pub de mi barrio (Leganés) con 2 colegas. Hacía años que no pisábamos ese garito y había cambiado de dueño, pues ahora era un antro infecto de guarros ultraviolentos. Aún así, nos metimos. Gran error. Y más aún porque uno de mis colegas era un metepatas constante, con todo el mundo, le daba igual la ideología y esas mierdas, lo suyo era tocar los cojones con “bromas” que no le hacían gracia ni a él. El caso es que unos cuantos guarros rapados y otros greñudos, pero todos desarrapados, se mosquearon con él, lógico, y tuve que mediar para que no le reventaran – con toda la razón, ojo, soy ecuánime hasta con los psicópatas –. El caso es que mi amigo, una vez calentado el ambiente del garito, se piró y el otro hizo lo mismo y yo me quedé fuera del antro, hablando con 4 de estos piezas, amigablemente, sentados en los respaldos de un banco.
Siempre me ha apasionado la antropología y la sociología a pie de calle, así que no desaproveché esa ocasión para “dialogar” con estos tarados. Como no llevaba en mi indumentaria nada que hiciera saltar su odio, indagué en su psique. Pero… craso error el mío… pues si llevaba algo: una camiseta del F.C.Barcelona (no era Barçalunya todavía) porque esa noche fue un derbi con el Real de Madrid. Mientras unos 100 cerdos permanecían en la cochiquera, vulgo pub, uno de los 4 que estaban conmigo sufrió un colapso de la única neurona que no estaba drogada a esas horas… y me empezó a gritar que yo era (un nombre propio) “el nazi”. Todo fue rapidísimo. Los 4 me rodearon gritándome que yo era ese notas y traté de calmarles, para sacarles de su absurda paranoia, mientras veía que de la cochiquera salían más. “Estás jodido” – me dije. Por suerte yo había estado en 1.001 brocas y sabía, más o menos, la mejor manera de obrar en cada estúpida situación de ultraviolencia… pero jamás sospeché como acabaría esta historia.
En los pocos segundos que me dejaron hasta que empezaron a sacar navajas e
insultarme, traté de hacerles razonar lo absurdo de su comportamiento… pero eran 4 drogados ultraviolentos… así que asumí que era imposible razonar (serenos, si es que alguna vez lo están, tampoco se puede, obvio). Mientras me amenazaban de muerte, enseñándome cicatrices que “los nazis” (así llamaban todo el rato a sus supuestos enemigos mortales) les habían hecho, me fijé que uno de los que se incorporaba al grupo de estos 4 estaba mediando para que dejaran de hacer el imbécil. Así que me aferré a convencer a este “amigo de los otros” para evitar tener que matar a alguno y
acabar yo ídem.
Enseguida empezó la lluvia de hostias, todas hacia mí, claro. Eran 4 contra 1 y el mediador. El resto de cerdos no atacó, por suerte para mí. Decidí no ser ofensivo sino sólo defensivo a más no poder y no caer al suelo, o estaría muy jodido entonces, pues sus botas rojas de punta de acero me hubieran destrozado, tal cual.
Solventé bien todas las hostias y no me alcanzó ninguna, salvo una – precisamente del más mastodonte – que amortigüé mucho con un ligero movimiento de cadera y retroceso de cabeza (sólo tuve el ojo con una ligero derrame una semana). Si repelía su ataque, les estaría mandando el mensaje de que yo era “el nazi” ese, por lo que lo mío era esquivar y esquivar, mientras les gritaba su error y el mediador ídem (resulta que él sí que conocía a “el nazi” y sabía que no era yo… pero como soy calvo y con la camisa del FCB… pues que el notas ese era un rapado del FCB también… pero dudo mucho que tan guapo como yo… era imposible confundirse, cojones…).
Y entre que no lograban calzarme las hostias, el trabajo del mediador y que yo no se las devolvía… pararon la agresión e, inmediatamente, me pidieron perdón (a su manera, que parece que te están insultando) y me dijeron que me invitaban a “tomarla por ahí”. Fue en un segundo su cambio de agresores a invitadores. Qué jodidos esquizofrénicos son.
Obviamente yo quería salir de ese entorno YA, en parte porque estaba muy cabreado, pese a parecer condescendiente con estos anormales; y esa noche no podía, bajo ningún concepto, dejar libre albedrío a mi cabreo. Todavía en Madrid capital o en otra ciudad, pase, ¿pero estar enfrentado a cientos de psicópatas organizados, en mi ciudad? ni de coña. Les dije que me piraba, y ellos que no, que me invitaban. Y yo que no. Y otra vez me rodearon los 4… pero para que no me fuera sin que me invitaran. Les dije que no pensaba entrar en ese garito (imaginad meterme en las fauces del lobo drogado y hambriento) y decidieron ir a otro que yo conocía perfectamente, de toda la vida.
Uno me agarró del cuello-hombro, como hacen los amigos… pero más bien parecía una llave de judo… y me gritaba que me iban a invitar, por el error y mil veces me pedía perdón. Y yo, tratándome de zafar, pero sin parecer rechazo… y nada… otro de ellos se quitó un jersey (de Iron Maiden) y me lo regaló al grito de: “¡Te regalo mi jersey! Si tuviera algo más te lo daría. Perdona tío por lo de antes. Póntelo, que es tuyo”. Era una orden lo del jersey, porque otra vez se pusieron ultraviolentos por rechazar su puta y asquerosa ropa… y, nada, que me tuve que poner el jersey o sacaban otra vez las navajas (que por suerte guardaron cuando la lluvia de hostias).
Una vez en el pub, piden de beber y yo le pido al pincha que ponga un tema punki o muy heavy. Mi intención era obvia: ahora estaban los 4 de buen rollo y dándome la brasa que te cagas con sus peticiones de perdón, que yo era su colega, que les pidiera lo que quisiera y etc. Sólo les faltó decirme que fuéramos al baño y les diera por el culo, por turnos. ¡Qué pesados, joder! Prefería lo de las hostias, os lo juro.
El caso es que mi plan funcionó: el pincha puso algo y estos empezaron a bailotear dándose de hostias amigables… momento que aproveché para ir, poco a poco, bailando también, hasta la puerta, y pirarme. Lo primero fue tirar el jersey a una papelera. Enfilé, birra gratis en mano, el camino a casa, riéndome de lo absurda que puede llegar a ser la vida y lo rápido que se puede perder si no andas con cuidado.
La agresión trascendió en mi entorno y a los pocos días unos colegas me dijeron que no íbamos a dejar eso así y que iríamos a por los guarros (mis colegas eran macarras, no “nazis” de esos que dicen los cerdos). Pero calmé a las huestes, diciendo que no merecía la pena empezar una guerra urbana como las que ellos habían tenido la década anterior, por culpa de esta panda de hijos de puta que viven sólo para la ultraviolencia. Yo tenía muchas cosas interesantes que hacer en mi vida, como para ponerla en riesgo por semejante gilipollez digna de drogatas acabados y no de seres racionales que aman la vida. Al fin y al cabo, había logrado salir indemne de la agresión en grupo. Si no hubiera sido así, obviamente: VENGANZA, caiga quien caiga.
A los pocos meses me topé con estos mismos 4, en otro garito… iban cocidísimos, como la primera vez, y obviamente ni se acordaban de mí (y dudo ni de lo que pasó aquella madrugada, pues estos coleccionan broncas a diario). Le dije quienes eran , al colega que venía conmigo y que no perdiera detalle porque se iba a liar. No por mí, que solo soy pendenciero en autodefensa y cuando ésta no es peor que estarte quietecito, como he demostrado en este relato. Estos 4 estaban rodeados por tías, una de las cuales le daba la brasa al mastodonte, que estaba tan cocido que casi no se tenía en pie. Y claro… ultraviolencia esta vez contra la chica que no pesaría más de 45 kg. Le soltó una hostia en el pecho que la mandó a varios metros de distancia y porque había una pared, que si no todavía seguiría yendo hacia atrás de la hostia. Los otros 3 trataban de calmar al mastodonte y yo, a mi colega, “¿ves? Anda, vámonos de aquí que me da asco estar cerca de esta gentuza”.
Con los años me crucé con uno de ellos, de día. Una calle larga y solitaria. Le reconocí de lejos, jamás olvido una cara. Íbamos en sentidos contrarios. Instintivamente cerré el puño derecho y miré a todas partes, comprobando que no había nadie, aunque sí mogollón de ventanas indiscretas. Nos cruzaríamos en pocos segundos, aminoré mucho mi paso, casi andaba sin andar, porque pensaba en qué hacer. Como él no sabía quien era yo, le podía soltar un hostión según nos cruzásemos y reventarle luego en el suelo. Pero yo no soy así, no soy como ellos, así que le dejé pasar. Me refiero a que no soy como ellos de gilipollas, no de violento en defensa propia, y haberle agredido hubiera sido mi defensa propia de aquella noche – está vez sí 1 contra 1 – y el inicio de una “guerra callejera” con 2 ejércitos totalmente descompensados: yo sólo contra cientos de guarros que sólo viven para la ultraviolencia y el vicio autodestructivo.
Supongo que estos 4 ya no estarán vivos, o estarán en la cárcel, o fugados… a saber, tamaño desastre vital no puede llevar a buen puerto.
ARTÍCULO- relato: «Cómo matar a un perro siguiendo las instrucciones de su dueño».
Posted in ARTÍCULO-INSULTO, Relatos on marzo 7, 2022 by César Bakken Tristán
La foto de cabecera no es del perro de esta historia, pero casi, porque tenía los mismos colores y estaba en el mismo lugar.
Resulta que ayer fui a la vera de un río de la sierra de Madrid, donde me esperaban mi parienta y mis muñecos (estoy tan cuerdo que mis mejores amigos son inanimados para los demás). Iba yo con una bolsa del nefasto plástico que nos esta matando a todos – pero que no dejan de vendernos a mansalva –, con 2 latas de birra, que mata a los que la bebemos, y una bolsa de frutos secos que mata a todo el que se atraganta. Vamos… qué iba yo como el hijo de la gran puta que soy para el NOM. La pena de muerte es una pena muy leve para gentuza como yo. Pero, tranquilos, que dentro de 3 semanas resto 47 años a la vida… ya os queda menos para libraros de mí. ¡Celebradlo!
Pero cometí la imprudencia de ir, también, con un bastón de montaña. Vaya, vaya, aquí no hay playa, que cantaban “The refrescos”. Qué temeridad ir con un bastón de montaña, por la montaña.
Bueno… pues antes de llegar al río me topo con 2 supuestos seres humanos (aparentemente una mujer y un hombre), sentados en un banco frente a unos columpios sin nenes (pleno monte, ojo que te la cojo, no ciudad o pueblo), les saludo, ella me responde, y sigo hacia el río. Nada más perder de vista a estos 2 supuestos humanos, me persigue un can no muy grande pero no muy pequeño, de unos 20-25 kg. sin parar de ladrarme. Bueno… yo a lo mío, pasando de él. 200 metros más allá y el puto perro “guau que te guau” conmigo. Llego al río y el perro “requeté guau que te guau”, pero le digo que se vaya a tomar por el culo, literalmente, y se va.
Y a los pocos minutos nos tenemos que ir nosotros 2, y los 4 muñecos, porque la vaca de la foto demanda su territorio, bajando hacia nosotros moviendo su cabezón en plan: “¡Ey! antropomorfos, fuera de mi territorio”. Y como yo respeto los territorios de los seres vivos, nos largamos de ahí. Si la vaca entra en el mío, de esa manera, le hago filetes y ya tengo comida para un regimiento.
El caso es que, nada más retomar el camino paralelo al cauce, otra vez el puto perro, pero esta vez mucho más cabreado que antes y yo yendo con mi parienta y los muñecos, es decir: ya no me la sudaba la vida, porque cuando voy sólo me importa 3 cojones, pero acompañado voy ojo avizor. Y empieza a gruñirme entre ladrido y ladrido, y se me tira y tengo que repelerle. Pero antes de abrirle en canal con mi puñal, me fijo en que tiene un collar (que rima tanto con canal como con mi puñal) y sopeso que, tal vez, sea “propiedad” de los 2 supuestos humanos de antes, así que alzo mi voz a fin de que me oigan, en plan: “¡eh! Chucho, fuera, largo de aquí”. (os aseguro que no tener miedo de nada y de nadie es descojonante por dentro)
Y aparece el antropomorfo, colina arriba, llamando al de los ladridos; el cual se crece – pues los perros son absolutamente gilipollas comparados con humanos como yo, y abrumadoramente inteligentes comparados con la mayoría de humanos que no son como yo – y arremete todavía más furibundo contra mí.
El caso es que ni le mato ni me muerde y el dueño se hace con él y le pone la correa.
Cuando los caminos mutuos confluyeron, la mujer me pide perdón, por lo del perro, mientras el hombre va a su vera con el can. Y yo no me lo tomo a mal, porque cuando voy acompañado no quiero que mi compañía sepa la malísima hostia que me gasto en autodefensa (pese a que la compañía de ayer, al ser mi parienta, lo sepa de sobra, pero no me gusta renovar la sapiencia) . Peeeeeero… resulta que el can se muestra incontrolable, saltando y ladrando, con su ira sólo sujeta por el dueño y la correa, justo cuando atravesamos una valla con puerta, y viendo yo que mi parienta y los muñecos quedan a salvo de las fauces y los antropomorfos… entro yo en escena y les dejo a ellos al otro lado de las rejas, y cierro la puerta al entrar…
- ¿Qué pollas hace tu perro suelto?
- Mi mujer ya le ha pedido perdón.
- No te he preguntado eso. Te repito: ¿qué pollas hace tu perro suelto y atacándome?
(la mujer, una gorda oligofrénica de manual pero aparentemente inofensiva para los demás, pero no para ella misma, balbucea algo ininteligible o que a mí no me da la gana entender, porque lo mío iba ya contra el dueño y el puto perro. Y aquí viene lo bueno, ojo que te la cojo).
- Es que lo acabamos de adoptar.
- ¡Pues adiestra al puto perro si no quieres que lo mate! – e instintivamente agarro mi puñal, pero no lo saco recordando que tras de mí están mi parienta y los 4 muñecos.
- Es que cuando ve un palo se pone así, porque le maltrataron con un palo.
Aquí ya se me hizo de día y me sudó la polla mi alrededor.
- O sea, qué sabiendo que este perro ataca a cualquiera que lleve un palo, y siendo esto la montaña, donde todo Dios va con bastón… tú le dejas suelto.
Le insulto muy levemente para lo que merece, vuelvo a recordarle que haré “hot dog” con su can si vuelve a atacarme y a él le inflaré a hostias hasta que sea un globo sonda, y me piro porque al ir acompañado no puedo hacer la justa justicia (no es redundancia, es que la Justicia nunca es justa, salvo si eres Charles Bronson o amigo suyo, en la década de los 90, no ahora)
Pero a los pocos minutos, recordando que llevo las 2 latas de birra, y para calmar mi cabreo y mis ganas de ir a partirle la cara a ese hijo de puta que sabiendo que su perro ataca a los que van con bastón, viéndome a mí con bastón, no llama a su puto perro para que no me ataque… me siento con mi parienta en un banco del solitario camino campestre y reflexiono:
¿Por qué hay tanto hijo de puta? ¿O son, sencillamente, locos? ¿Por qué han de pagar justos por pecadores? Porque yo al perro lo mato en un segundo, pero al culpable de todo, el dueño, no puedo matarlo – que es lo que merece porque gente así no puede habitar entre humanos – porque paso 20 años en la trena si lo hago. Y entiendo, perfectamente, por qué las guerras son los momentos adecuados para ajustar cuentas con los malvados y echo de menos no haber tenido 20 años en 1936. Siendo madrileño y viviendo en Madrid, me lo hubiera pasado de lujo en la quinta columna que “creó” el General Mola. Alguien sin miedo es alguien que engorda perdido en el desierto.
«¿Y si en lugar de ir yo con el bastón va mi hijo de 10 años – si tuviera el infortunio de tenerlo – y el perro lo mata, como ya ha pasado otras veces?» Divago ante mi parienta y mis muñecos, con ganas de volver a por el criminal dueño de un perro inofensivo si no fuera por él.
Eso sí: a la segunda irá la vencida si me vuelven a atacar este perro y su puto dueño… yo no espero a la tercera. Y lo siento, profusamente, por el perro, que no tiene la culpa de nada ABSOLUTAMENTE, salvo de estar rodeado de humanos asquerosos como su dueño actual “adoptivo” (me cago en las putas ONGs maltratadoras de animales y humanos) y los que le maltrataron a golpe de palo.
Por cierto… como anécdota digo que a los pocos minutos, ya en el pueblo… tuve que sacar el puñal pero para quitar carteles férreamente pegados, en los que se leía: “La sierra es feminista” con un puño comunista tras la asquerosa y magalómana frase. ¿Por qué pollas se arrogan los psicópatas – de uno y otro bando – la pertenencia del todo a su parte? O sea… que yo, al vivir en la sierra soy feminista y comunista. Si su megalomanía y adanismo se quedara en su puta casa, podrían decir: «¡Viva el feminismo!» o cualquier consigna PARTICULAR y, por lo tanto, respetable. Pero no… ellos, los totalitaristas, nos someten a todos, por supuesto por nuestro bien. Pues no… hijEs de putE, en la sierra hay, por lo menos, 2 seres humanos y 4 muñecos que NO SON FEMINISTAS NI COMUNISTAS. Que son ácratas españoles entre espenoles y muy peligrosos cuando se intenta sojuzgar su acracia (bueno, el peligroso soy yo, no los otros 5, pero me basto y me sobro).
De verdad… es que ni en la naturaleza nos dejan en paz los totalitaristas. Pero conmigo han tocado en hueso… pobrecillos, no saben quién y qué es su nuevo vecino… Dentro de poco seré alcalde, para poner un poco de orden y corrupción sensata… jejeje.