RAFAEL LÓPEZ: Charradicas de un contribuyente.

Primera:

Situación: es una rueda de prensa en la que un reputado preboste atiende a los periodistas. Uno de ellos le pregunta:

  • Señor, usted es Doctor en Economía, ¿podría decirme qué oferta es mejor, una “3 x 2” o “la 2ª unidad con un 70 % de descuento”?
  • Respuesta: ¡Qué!… ¡Cómo!…, a ver, déjeme pensar un instante … 3 por 2 son veinticuatro, dividido por 69, es 3,1416 …. (como por el pinganillo no recibe asistencia, espeta por lo bajini “malditos asesores, ¡tantos!, y nunca están para cuando hacen falta”). Mire usted, valoro mucho mi tiempo y el de los honorables medios de comunicación, así que, en la próxima rueda de prensa le daré oportuna respuesta a su pregunta (oye tú, el que da los pases para la prensa, a este cabrón no quiero verlo nunca más)

Nota del Autor: el común de los mortales, en este otrora gran país, conoce de sobra la respuesta. Ni siquiera hace falta haber hecho una buena E.G.B., porque, a diario, hay que hacer tantos números a la hora de hacer la compra, que los céntimos son un tesoro en la economía familiar y los euros un jolgorio.

Para los que no cumplan los requisitos reseñados en el párrafo anterior, indicarles que es mejor oferta la segunda unidad con un 70 % de descuento (por supuesto a igual precio del producto).

Segunda:

¿Qué sensación tiene un contribuyente ante la muerte?

  • Alivio

¿Qué sensación tiene un contribuyente cuando recibe una carta de la Agencia Tributaria, la Tesorería de la Seguridad Social, la Diputación Provincial, el Ayuntamiento, o la D.G.T.?

  • Ya, antes de abrirla, deviene un sudor gélido, una fuerte agitación de todo el organismo, una agonía sin parangón. Después de abrir la carta las sensaciones son aún mucho peores y ratifican las preventivas.

Tercera:

Ustedes seguro que no conocen a un ucraniano llamado Xkwyomqpssy que en español significa “destroza gasoductos”. Este vigoroso padre de familia cuenta, entre sus vástagos, con un niño con el que estaba jugando en una playa del mar Negro. La cuestión es que enfebrecido por la reciente “invasión” de Rusia, le pidió a su hijo la pala y el rastrillo de plástico con las que jugaba en la arena, espetándole: ¡se van a enterar estos rusos!. El bueno de Xkwyomqpssy armado con esos infantiles utensilios y con un bañador a flores con cuya tela se podrían confeccionar 176 bikinis femeninos, decidió trasladarse a las jacarandosas playas ucranianas en el Báltico.

Allí, sin pedir permiso a nadie, ni atender sugerencia familiar alguna, se zambulló en el mar y tras una breve inmersión se encontró con el gasoducto que unía Rusia a Alemania. Sin inmutarse, se lió a mamporros con la pala y el rastrillo de su hijo hasta, haciendo honor a su nombre, conseguir reventar el gasoducto de marras, saliendo indemne de tan temeraria situación.

El Canciller alemán – un sociata de postín – cuando recibió la noticia se quedo medio calvo, un hecho considerado, por muchos, como sobrenatural y achacado a influencias extraterrestres.

Al bueno de Xkwyomqpssy le concedieron la gracia de poderse echar gases en público con toda dignidad.

P.D.: para quien me conozca pedirles disculpas por la utilización de mayúsculas en una parte de artículo (utilizadas para contextualizar mejor las charradicas). Para quien no me conozca, pues pida explicaciones, que en este Blog se atienden de manera primorosa.

(Nota del editor, que pone la imagen de cabecera: en el idioma de la Pérfida Albión, «boat» es bote y «land» tierra).

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