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RELATOS esperpénticos y kafkianos (III): “una médico no quería verme la minga, pero sí tocármela”.

Posted in Relatos on febrero 26, 2022 by César Bakken Tristán
«Clase de anatomía» Rembrandt.

Una vez quise ser marinero profesional y me he quedado en “marinero de agua dulce” e incluso “marinero en tierra”, porque he navegado bastante por las costas eivissencas y vivido en varios veleros, que me quiten lo “navegao”.

Este relato narra mi revisión médica, exigida para el examen de “competencia marinera”. Es la última revisión que me he hecho – porque era obligatoria – y ya hace 20 años… paso de esas mariconadas, estamos todos enfermos y siempre te sacarán algo que limitará tu vida. Grosso modo, pasé la revisión con nota, si hurgan más me sacan de todo, como a todos.

Lo curioso de esta revisión es que la doctora me dijo:

  • Quédese en calzoncillos y túmbese en esa camilla.
  • Perdone, pero yo no uso ropa interior…

Era verano, además, y en esas fechas si que no me toca los huevos gayumbo alguno. Mi higiene es exquisita, pues no uso papel higiénico sino agua y jabón, y me pongo en remojo muchas veces al día, en incursiones breves, no soy de cantar en la ducha media hora, ni crear Londres de baño. Y si estoy en zona de mar o río… pues soy anfibio total.

Disipadas las dudas sobre mi higiene corporal, que surgen cada vez que digo que no suelo usar ropa interior, sigo:

Junto a la enfermera, la médico se quedó algo contrariada, no así mi novia de entonces (vino conmigo), que – obviamente – estaba bien informada de eso.

  • A mi me da igual estar desnudo, pero si les molesta, denme una bata o algo de eso que se ponen los pacientes en estos lares.

Dudaron las galenas y, tras atisbar en rededor me dieron una sábana de esas de gasa, transparente, que usan para las camillas. Me envolví las vergüenzas, cual momia, y me tumbé en la camilla. Y aquí viene lo esperpéntico y kafkiano. Tras mirarme las partes desnudas de cuerpo, y hacer mediciones, auscultaciones y otras astracanadas, la doctora retiró lo que me tapaba la virilidad (se me veía todo el material, de todas maneras, lo cual daba un rollo estraño de sensualidad de ropa interior transparente) y empezó a tocarme los cojones y el nabo, tal cual – creo que para palpar posibles hernias o yo qué sé, tampoco me dijo el por qué ­– pero yo sí tenía algo que decir:

  • Joder, ¿porqué qué me has dicho que me tape si me ibas a desnudar después?

Miró a la enfermera, dubitativa:

  • Es el protocolo, quedarse en ropa interior… es la primera vez que me ocurre esto y no sé… supongo que…
  • No te preocupes, a mí me da igual – dije echándole un capote para que no entrara en lo absurdo que era el asunto – pero lo mejor es que le digas a todos que se desnuden y ya está, que no pasa nada. Esto es una clínica, no un bar.

Yo soy nudista, y eso de estar desnudo nunca me ha importado, obviamente, salvo por higiene y protección capilar no entiendo como se puede estar vestido en entornos naturales, pero que cada uno haga lo que le dé la gana, por supuesto. Pero si me iban a bajar el calzoncillo… ¿a qué viene eso de que me digan que me lo deje puesto? ¿le iba el fetichismo de gayumbos a esta doctora o le molaba el rollo stripper o desnudar al paciente y dejarle sólo el sombrero puesto…? Es que no lo llego a entender, pero por si acaso no pregunté. Oír ciertas respuestas no merece la pena, y menos por un pene.

3 lustros después, me hicieron una colonoscopia, obligada por motivos de posible nefasta herencia familiar cancerígena.  ¿Creéis que me dijeron que me quedase en ropa interior, para meterme un tubito/cable por el ano y tuvieron que perforarme el calzoncillo a esa altura, para no ver mis vergüenzas?

Obviamente no. Pero lo curioso de esta prueba es que me dijeron que me tumbase de lado en una camilla y me bajara el pantalón sólo para dejar el culo a la vista. Es decir, todo lo contrario que la otra vez… No me dejaron ni quitarme las zapatillas. ¡Menuda asepsia! ¿eh? Fue en el Marañón. Lo normal es que te desnudes, te pongas una bata de enfermo y al lío… pero qué va… esto es la satanidad pública,  ahí con mi ropa y las zapatillas: propofol en vena, en segundo y medio a roncar; y a meter la delgadísima anaconda por donde sólo deberían salir cosas.

Tanto por exceso, como por defecto, los galenos nunca aciertan. Vaya panda.

En otro relato narraré mi operación de fimosis, en la que también estuve en quirófano vestido y sólo con los pantalones bajados… un poco más y sólo me abren la bragueta los hijos de puta matasanos. Esa operación es apoteósica y la he contado en monólogos improvisados que tuvieron una acogida espectacular… a ver si mi hipermnesia se porta bien cuando la escriba, pues me la hicieron hace 36 años.

RELATOS esperpénticos y kafkianos (II): “Me fui sin pagar de un sacamuelas”.

Posted in Relatos on febrero 25, 2022 by César Bakken Tristán
«Saturno devorando a su hijo» Don Francisco de Goya y Lucientes.

Fue en una clínica del madrileño distrito de Retiro, una de esas franquicias tremebundas que parecen más un pequeño hospital que una clínica de piños. Fui a que me hicieran un empaste, poca cosa, vaya; pero yo intuí que algo raro pasaría, pues cuando fui a que me dieran presupuesto para el arreglo de mi supuesta dentadura dañada, me hicieron uno de más de 2 mil pavos… en el cual incluían necedades como cobrarme por la endodoncia y reconstrucción de 2 molares y, a la vez, por su extracción… jajaja. “Caballero, aquí tiene el presupuesto de construcción de su casa y de su demolición posterior”.

¿Cómo se puede ser tan gilipollas? ¡ah! Que no son gilipollas los galenos, sino que pasan absolutamente del paciente y lo necesitan como fuente de ingresos: la enfermedad o su tratamiento son secundarios. De hecho, mis terribles problemas dentales comenzaron a mis 25 años, por hacer caso a un amigo y hacerme un seguro dental para la extracción de una muela del juicio, que me la hicieron tan rematadamente mal, que necesité 16 puntos y 3 visitas de urgencias a sendas clínicas dentales tremebundas asociadas a la primera. ¡4 intervenciones para la extracción de un molar! ¡16 puntos en total! (casi tantos como los paupérrimos 18 puntos que anotó el F.C. Barçalunya en toda una primera parte de un partido de baloncesto, la Final de Copa de 2022… qué encima ganaron… imaginad la calidad del rival… la peor anotación de la historia, en una primera parte…y campeones).

Los mejores 4 puntos que me dieron fue porque, a pocos días de los 4 que sumaron 12, noté como una telilla en la encía… ¡y era un trozo de tela que sobresalía de ella! El sacamuelas había olvidado ahí un trozo de tela de la que usan para no sé qué pollas, creo que para limpiar al herida abierta. Y nada… a abrirla, sacar la tela olvidada y coserla, otra vez. En los segundos 4 puntos, los que sumaron 8, la historia es como de película de terror: me masacraron la muela en Leganés, y yo vivía en Retiro (para recochineo en la Calle 12 de Octubre – como el hospital –). Me tenía que poner gasas por doquier, porque eso no paraba de sangrar, y tuve que ir a una dirección de la central de la clínica, a tomar por culo, para que me vieran el estropicio. Iba, literalmente echando sangre por la boca sin parar. En el metro iba empapando pañuelos de papel de toda la sangre que rezumaba mi boca, en un torrente que las gasas apiñadas en el hueco donde estaba el molar, no podían contener ni de coña.

Al llegar a la clínica, las de recepción fliparon y, dejando todo lo que tenían entre manos, me pasaron a una consulta -quirófano, donde una dentista y una enfermera por poco se desmallan al abrir yo la boca y ser eso como un geiser de películas gore de serie Z.

  • ¡Ay, dios mío! Nunca he visto esto – dijo la asustada dentista, taponando como podía mi sanguinolento géiser – llama al doctor Fulanito.

Y el Doctor Fulanito, ya mayor y curtido en carnicerías bucales múltiples, sin inmutarse hizo 4 maniobras y me cosió el géiser. Buen comienzo de tortura bucal tuve, vive Dios, y de ahí hasta el infinito de la ignominia y más allá.

Retomo el título del relato y lo acabo tumbado en el sillón de tortura de la consulta, para que me empastaran un premolar. Eso parecía el pasillo aledaño (daño no me hicieron, por la tremebunda anestesia de caballo que ponen ahora los hijos de puta que no quieren perder un segundo y ya no ponen esa dosis lenta y de poca carga anestésica, y casi inocua, que obligaba a esperar 10 minutos hasta que hacía efecto. Qué va, ahora según te jeringan te hurgan) al camarote de los Hermanos Marx: no dejaban de pasar tías – no vi un solo hombre, salvo pacientes – a preguntar cosas administrativas, y médicas, a la dentista que me hurgaba sin parar. Ninguna iba embozalada y me hablaban pegadas a mi buzón… muy aséptico no es que fuera. Al acabar, pues a soltar la mosca en la planta de abajo, en recepción. Con una sonrisa profident, la nena de recepción me saca una factura de casi 100 pavos, cuando el empaste eran 60, que ya tenía yo sobre la mesa.

La recepcionista insistía en que la cuantía era mayor, y yo que no, enseñando el presupuesto y mi cita para ese día, que dejaba claro: “empaste de tal piño, 60 napos”. Como el efecto de la anestesia para solípedo dura muchas horas, yo no podía hablar bien y hasta se me caía algo de baba, fijo. Pero ante la tozudez de la moza, tuve que hablar:

  • Habé, mia el pefupueho ehte. Ehenta euos. Cóbate y ya tá – dije en idioma de anestesiado bucal.
  • No, caballero, son (casi 100).
  • ¡Qué no!
  • ¡Qué sí!
  • ¡Me cagon Dioh! Coba ehto o me pio sin pagá  – dije ofreciéndole, de nuevo, los 60 machacantes.

Llamó a la directora, gerente o lo que fuera la zorra malfollá jefa de la clínica de los horrores, que bajó a aclarar el malentendido.

  • Tiene que abonar (casi 100 pavos) porque le han puesto (no sé qué) a parte del empaste.
  • Eho no ehtá en el peupueho – dije mostrando el papel de antes.
  • Cierto, caballero. Llama a la doctora Menganita – le dijo a la recepcionista.

Bajó la doctora y dijo que me había puesto (no sé qué), efectivamente.

  • Pueh a mí no me ha diho ná.
  • ¿No ha informado al paciente?
  • No, se me pasó.
  • Cao, oño, si ehtabah to ato habando con otas tíah
  • Pues su obligación era informar, previamente, al paciente – dijo la jefa en tono de reproche – Sea como sea, tiene que abonar (casi 100 euros).
  • Y una poha, o te joe. Pago lo pehupuehao.
  • ¡Qué no!
  • ¡Qué hí!

Y ante lo pesada y exigente que se puso, me guardé mi pasta.

  • Que os fohen, no pao ná. Ma salio baato el empahe.
  • ¡Oiga! No puede irse sin abonar el importe de la intervención.
  • ¿Qué no? Mia como me pio, giipollah.
  • ¡Pues pase ahora mismo a otra consulta, para que le quitemos lo que le hemos implantado!

Hay empecé a descojonarme y a limpiarme la babilla que caía, de mi boca dormida, al hacerlo.  Y ella no paraba de gritar, señalando a una consulta, que entrara inmediatamente en ella, mientras yo caminaba, lentamente, por el enorme hall, hacía la puerta. Y la tarada gritando y llamando a gritos a una especie de “seguridad” para que no me dejaran salir. Y yo ríe que te ríe, señalándola con el dedo a ella y luego a mi sien en el gesto de que ella estaba como las maracas de Machín.

Durante años estuvieron mandándome cartas a la casa de mis caseros, en Hediondo Puente de Bellacos, para que pagara, con amenazas de multas de la hostia y no sé qué consecuencias civiles y hasta penales, si no pagaba. Pero eso, a un tío insolvente y sin cuenta bancaria como yo, se la trae floja.

RELATOS esperpénticos y kafkianos (I): “Desi y su «simpa´´ frustrado”

Posted in Relatos on febrero 24, 2022 by César Bakken Tristán
«El aquelarre». Don Francisco de Goya y Lucientes.

Comienzo una serie de relatos (casi todos autobiográficos) sobre lo delirante y molona que era la vida antes de la PLANdemia. Momentos esperpénticos y kafkianos bastante divertidos o, cuanto menos, no muy usuales en la rutina que es la vida de la mayoría del orbe. Más adelante los desarrollaré a conciencia literaria, a fin de publicarlos en un libro… si un editor vuelve a arriesgarse, porque mis últimos 4 libros ya estaban en imprenta y se anuló su publicación a última hora por presiones tanto de autores varios al editor, como de editores que al googlearme vieron que no les convenía publicar a un ácrata como yo. El talento es lo de menos a la hora de publicar, creedme (aunque el que sea lo sabe… cuanta bazofia hay). Las editoriales son: “Amargord” (en 2 de sus colecciones para blanquear farlopa – pero eso es otra historia –), “Ruleta rusa” y “SND”. Las que ni siquiera confiaron en mí y no imprimieron mi libro para lanzarlo, son decenas y decenas. Pero estos 4 libros pasaron “rozando el larguero de la publicación” jajajaja. Aprovecho para hacer una llamada a cualquier con pasta. Yo me encargo del trabajo de edición, si alguien me financia.

Algunas de las historias de estas series ya las he esbozado en artículos y relatos de este mismo BLOG

I. Mi amante Desi y su amiga, en un “simpa” frustrado.

Conocí a Desi hace 15 años, en un garito de Madrid donde a los pocos meses me intentaron dar una paliza inopinada – por lo injustificada – entre mogollón de hijos de puta (aquí tenéis la noticia). Iba yo con mi otrora enorme colega el follador infiel expoliador del tenis y nos ligamos a Desi y su amiga, en un periquete, y nos fuimos con ellas a su casa, en Parla. Ellas de guía en su coche y nosotros siguiéndolas eligiendo a cuál nos íbamos a tirar. Pero antes de seguir con la sicalipsis, cuento la historia porque esta serie de relatos no va de sicalipsis, y quien no quiera seguir leyendo, puede parar cuando ponga yo la imagen de los 2 rombos.

Estaban Desi y una amiga (no la del folleteo de dentro de unas líneas) en un chiringuito de playa tomándola cuando tuvieron la feliz idea de irse sin pagar (vulgo “simpa”). Cuando el camarero no estaba al loro, fueron raudas hacia el coche y arrancaron para salir de ahí a toda pastilla. Pero hete que el coche estaba sobre arena y se atoró allí haciendo el suficiente ruido y polvareda como para que el camarero fuera hacia el coche y las mirara con cara de póker. Encima, fue él quien tuvo que ayudarlas a sacar el coche, ante la enorme vergüenza de ellas. Por supuesto, abonaron el importe de sus consumiciones.

Al llegar a casa de Desi, tras tomarnos la última, nos distribuimos en 2 parejas. A mi “me tocó” ella. Estaba buena la rubia, pero la otra me molaba más. El caso es que Desi cedió su dormitorio a mi colega y  su amiga, y nosotros nos acomodamos en el sofá cama. Como era un estudio rectangular y con la única separación de una estantería entre sofá y cama… pues eso era como una discreta y ordenada bacanal. Desi y yo folleteamos un par de veces, como mandan los cánones en 2 personas que se acaban de conocer ex profeso para eso. A la mañana siguiente, mi colega se había ido temprano, pues al estar casado no podía quedarse más tiempo (sin comentarios. Muchas veces nos pasó lo mismo) y Desi tenía que irse al curro no muy tarde. Echamos un polvo mañanero, pero la muy puta se corrió muy rápido y se fue a la ducha “porque ya se me ha hecho tarde” y me dejó a mí en estado trípode, cosa que no pasó desapercibido para su amiga, que al verme en semejante estado, con la otra en la ducha, acabó lo que la otra empezó, pero manualmente.

En otro de nuestros encuentros, ya éramos sólo los 3. Desi y yo ya gozamos de y en la cama y la otra al sofá. Al dormirse “la mía” me fui “con la otra”… pero estaba ya dormida y dijo que no le apetecía el tema que me había prometido (me dijo que cuando Desi se durmiera, fuera con ella), así que todos a dormir y aquí paz y después gloria.

La tercera, y última vez, que estuve en su casa, me llamó ella para que fuera. Estaban las 2 y como a mí los tríos no me van (no porque no tenga gasolina suficiente, sino porque no me agrada tanto follón de folleteo) les convencí para ir con un amigo mío, con el que estaba yo tomando unas birras en Leganés. Dijeron que no, que a la amiga no le apetecía que fuera otro, así que me fui al tren, dejando a mi colega triste y compungido… Pero justo antes de subirme al cacharro público, en uno de esos impredecibles cambios de humor femeninos, me llamaron diciendo que sí, que fuéramos los 2. A mí me vino de perilla, pues mi colega tenía buga. Paramos en una tienda “no sé qué exprés” creo que de Hipercor o algo así. Pillé 12 birras, e hice cola un buen rato… hasta que al ir a pagarlas me dijo el empleado que al ser más de las 22h. no me las podía vender, ya que no podían vender alcohol a esas horas.

-¿Y eso? ¡Pero si empecé a hacer cola antes de las 22h, me has visto varias veces con las birras y no me has dicho nada!  Tú eres gilipollas. Pues no me cobres, pero me las llevo. Me fui hacia la puerta con las birras para llevármelas sin pagar, enfilando hacia un segurrata de 2 patas con la típica cara de perro que a mí tanta gracia me hace. Pero me paré antes del encontronazo… pues ese día no estaba sólo y mi colega es una de las personas que huye siempre de todo tipo de líos. Es capaz de dejarse timar para no tener problemas… y cómo me estaba esperando en la puerta, dentro del coche mal estacionado… le di las birras al segurrata de 2 patas. “Toma, haz algo y haz de reponedor”.

Compramos las birras en un bar cercano a casa de Desi… por supuesto mi amigo se empeñó en pagar, ya habréis intuido, por lo de antes, que era muy gilipollas en estos asuntos.

Desi nos recibió a lo putón total: sin ropa interior y con un vestidito ceñido, casi transparente, que dejaba ver casi todo lo erógeno de una mujer. Y como ella estaba tan buenorra, a mí me encantó el recibimiento (por cierto, iba totalmente rasurada, cosa que en esa época me pasaba muy a menudo pese a que prefiero vello en esa parte de las bellezas, pero me amoldo…) La otra iba más recatada. Mi colega me dijo, al día siguiente, que se quedó flipado con el recibimiento de la Desi y que estaba buenísima: “Ya, pues si llegas a ver que cuando, nada más llegar, fui al baño, se metió conmigo y se me tiró al cuello, flipas. Estaba más salida que una mona esa noche. Te la podrías haber tirado tú también, fijo, que a mí me da igual”.

El caso es que mi colega no triunfó – era torpe para el ligoteo, ¡con lo fácil que es, copón! – y acabó yéndose a las pocas horas, cuando ya la jocosa y amena reunión tocaba a retozar.

A la mañana siguiente teníamos planeado pasar el día y la noche juntos (obviamente no haciendo turismo por esa mierda de ciudad dormitorio de chabolas verticales que es Parla) sino bebiendo, comiendo, riendo y follando en el estudio, pero me llamó la zorra de mi ex novia la de este relato diciéndome que teníamos que vernos esa misma tarde a primera hora, en Atocha, para que me entregara unos importantes trabajos de infografía que me había hecho antes de mandarla a la mierda, por zorra infiel. No podía ser otro día, pues ella me odiaba por haberla dejado y de la manera que lo hice “mandándole a un psicólogo” (comillas porque tuvo que ir para “superar” todas las verdades que yo le dije de lo que era ella en realidad y lo engañado que me tuvo a mí y a su novio). Así que me despedí de Desi y de un día muy molón y prometedor, y me fui a Atocha… pero claro… mi ex seguía siendo una zorra irrespetuosa, egoísta a tope que jamás ha pensado en nadie salvo en ella misma y sus múltiples intereses, no sólo económicos, que es lo que más le motiva en la vida. Me llamó y anuló la cita “porque me ha surgido otra cosa”. Le volví a recordar lo que era y me quedé sin el trabajo que tenía que entregarme y sin Desi… porque a Parla iba a volver la madre del topo, es decir: topota madre.

RELATO- artículo: A quien madruga… un moro le despierta.

Posted in ARTÍCULO-INSULTO, Relatos on febrero 21, 2022 by César Bakken Tristán
El menda lerenda, con su sobrina detrás, dando zanahorias a mis vecinos.

Puedo entender, y hasta aplaudir, que Dios (entendido como el Cristiano, que es de donde viene el refrán) no ayude a un agnóstico como yo, aunque madrugue. Pero de ahí a que Alá me joda despertándome a las 6:45h. y dándome toques de atención a las 3h. media un abismo.

Resulta que en mi nuevo piso de mi gaseosa (vulgo casera) tengo vecinos moros arriba. Tener vecinos es algo de lo que hay que huir, sobre todo de los de arriba. Me tiré 14 años en un ático de Hediondo Puente de Bellacos, que sólo lindaba con dos vecinos abajo;  2 años en el último piso de 2 casas de Córdoba, y 4 en casas de campo de Eivissa y Ciudad Real; y en los hoteles siempre exijo la habitación de la última planta, tanto por las vistas, subir y bajar más escaleras (yo no cojo el ascensor, para hacer todo el ejercicio posible) como, sobre todo, no tener gente arriba (para un misántropo como yo no existe la gente, sino la gentuza… pero me parecía un poco fuerte decir ese término, que ya queda dicho…)

Si fuera propietario de un circo, al mudarme a la sierra de Madrid me hubieran crecido los enanos y la mujer barbuda se hubiera tornado lampiña.

Resulta que en este pequeño edificio (3 plantas, 12 pisos) hay un enorme local que llevaba cerrado décadas… pues justo al llegar yo, ese mismo día, empezaron las reformas en él. Desde las 7:30h. radiales, taladros, martillazos… cuyos obreros son mis vecinos de arriba, para más inri… supongo que el del móvil o no curra o llega tarde.  Imaginad el ruido porque la acústica de un edifico de 1978 no sabe lo que son los aislantes de pared, así que toda vibración en cualquier parte del edificio se distribuye generosamente para joder a todo quisque, como Dios manda. Aprovecho para seguir con los hijos de Alá que tengo encima (y debajo… esto está lleno de moros y (casi) todos con 3-4 hijos, no hace falta Nostradamus para saber que el futuro de Espena es rezar 5 veces al día a la meca. Yo aprovecho ahora a beber más vino que nunca, porque dentro de poco estará prohibido. Eso sí, podremos fumar porros hasta ser tan gilipollas como ellos, tomar te y casarnos con 4 mujeres a la espera de las vírgenes que nos esperan en la otra dimensión. Pero yo ni fumo, ni tomo te ni quiero estar ya con tantas mujeres a la vez.

miles de moros rezando en la madrileña plaza del Reina Sofía. ¿alguno de esos será paisano mío?

El caso es que, por primera vez en mi vida y poniendo a la física al borde de la metafísica, la alarma del móvil del vecino de arriba retumba más que el mío propio (os lo aseguro) tanto en el comedor, como en el dormitorio aledaño y el baño aledaño a éste. Y lo hace durante, mínimo, 2 horas seguidas, a partir de las 6:45h. todos los días.

Como mi gaseosa también alquila a los moros (amén de decenas de propiedades más… tuve que conocer a esta dama 15 años antes, para dar un buen braguetazo… aunque no sé si es guapa… porque jamás la he visto sin bozal, pero no parece fea… y qué más da eso cuando hay tanto dinero de por medio, dice aquel…) le conté la situación, a fin de no tener que hacer yo de Cid en su etapa de combatir al moro, no en la de combatir al cristiano (para el que no sepa que el Cid fue un hijo de puta colosal, le recomiendo mi vídeo al respecto aquí puede verlo), aunque yo tengo problemas con el ser humano en general, sin atender a religión, raza, ideología, género, clase social…pero como estos que me joden ahora son moros, pues por eso hago mención a su especial condición.

Me dijo que el móvil del moro estaba roto y no podía apagarlo (vete a saber qué significa eso) y que lo iba a cambiar. Y, efectivamente, lo ha cambiado. Pero mi único Dios es Murphy, por una de sus leyes que nunca falla: “ninguna situación es tan mala como parece, puede empeorar”. Ahora el móvil no sólo vibra y retumba igual que antes, sino que lo hace con el tono musical de alarma, cosa que antes no hacía… si lo sé cierro mi puta boca.

Hoy, a las 6:45h. (y si suena a las 3h. lo haré antes) iré a otra de las habitaciones, para ver si el moro que vive ahí arriba no hace lo mismo que su compi de religión, que diga, de piso… y mudar el dormitorio allí para que cumpla su función y deje de ser “despertatorio”o “vigiliatorio”, porque ya si el ruido del móvil del otro puto moro llega hasta esos lares, pues me tendré que buscar un trabajo u ocupación, para el cual necesite levantarle a las 6:45h. como muy tarde. Obviamente, de ser así, el moro pondrá su móvil 4 horas antes de esa hora, lo tengo más que claro: Murphy es mi pastor.

Para echar un poco de sal a la herida, frente a casa hay una ¿maderería? (no sé cómo se llama una gran parcela donde le dan a la motosierra para trocear troncos que luego venden como leña… ¿leñería? Tal vez se llame así donde hacen tanto ruido, pero sólo a veces y, siempre, con el sol ya bien alto, y yo bien harto. Sólo falta que mis 2 vecinos solípedos se pongan a trotar y relinchar de madrugada, y que su dueño ponga un gallinero con varios gallos tenores en él.

Pero bueno… no me preocupo demasiado. A mis casi 47 años tengo la suerte de que la vida la tengo por detrás y queda menos para salir de este mundo de locos, oligofrénicos, psicópatas e hijos de puta. Esperemos que la ley de Murphy no aplique en la otra dimensión… estoy convencido de que debe de haber vida después de esta muerte que es la vida en la Tierra.

Como, gracias al moro, tengo mucho sueño… no recuerdo justo el libro donde un personaje decía: “Tal vez la Tierra sea el infierno de otro Planeta”

ARTÍCULO- relato: Culés enfermos de madriditis agudísima y «la cura» del lesbianismo.

Posted in ARTÍCULO-INSULTO, Relatos on febrero 16, 2022 by César Bakken Tristán

Las portadas de los mass mierda culés y separratas «Mundo Deprimido» y «Spork«(este neologísmo «made in Bakken» requiere ser bilingue de Anglés – la cabeza de turco del crimen satánico de las nenas de Alcaser – porque «pork» significa «cerdo» en esa jerigonza sajona).

Pues nada (como no se cansa de decir el mar a los que se ahogan), resulta que a los culés lo que nos ocupa, preocupa e interesa es el Real de Madrid y, por supuesto, la independencia de esa pútrida tierra en la que han convertido Cataluña, ahora Qatarlunya. Desde 2012 el «cant del barça» (asi llamában antes a nuestro «himne») es: «in, inde, independeécia» gritado a coro, por decenas de miles de oligofrénicos llenos de odio, en el minuto 17 segundo 14 de ambas partes del partido (por la mitad) de jurgol. Para los sensatos, es decir, los que no padezcan mi enfermedad de saber algo de jurgol y ser politólogo, decir que 1714 es una de las fechas fetiches (adoro las cacofonías, sí, ¿qué pasa? «caballero, caballero, no diga cacoloquesea y póngase la mascarilla«) de los iletrados separratas, porque dicen, los muy gilipollas, que con el advenimiento de Felipe V (de Anjou para los amigos), el primer Bribón de la península ibérica (¿quién le iba a decir a la perrodista republicana, abortista y asesina de su hermana, que sería familia política de éste? Las vueltas que da la vida… qué mareo, coño) España sojuzgó a Cataluña. Y nada, pues que en eso siguen estos de la butifarra por cerebro.

(Don Rafael, deje de leer inmediatamente. Contenido sicalíptico / erótico festivo totalmente prescindible solo relacionado con el artículo en su parte final y tampoco es que aporte mucho, la verdad…)

Tuve una amiga/amante, casi novia, en Córdoba, que era lesbiana. Para los que no tengan claro que soy un tío, porque igual mis fotos podrían ser de una tía muy fea y operada, les aclaro que sí soy un tío y que tengo tranca desatada y testosterona para donar. A esta mujer me la ligué nada más vernos (así soy – era – yo con las titis) y me la follé al día siguiente… no pude hacerlo el mismo día, como acostumbro, pues estaba yo currando de tabernero y está feo eso de tirarse a una cliente nada más verla y en la taberna, que había niños… amén de otras amigas amantes mías que se ponían «celosas» por estas tontás… Obviamente, si la hubiera conocido cuando era profesor, debería habérmela tirado delante de toda la clase, que ahora es eso lo que los satánicos enseñan a los nenes en el cole. Terrible, sí.

Bueno, pues cuando me la tiré no sabía que era lesbiana… obvio. Sin haber sido adoctrinado como los nenes de ahora yo sabía que ser hetoresexual era eso que hacíamos en la cama Lola y el menda lerenda. Pero me dijo: «Hasta que te he conocido creía que el pene era un órgano sólo para el disfrute del hombre». Claro… sólo había estado con un tío, torpe como yo haciendo malabares con los pies, y se pasó a la otra acera… hasta que «el tito Bakken» le dio caña y, literalmente, le ponía los ojos en blanco mientras gritaba: «¡Ay! Sésar, ¡Ay! Seeeeeeeesaaaaaaaaarrrrr…» jajajaja

El caso (tu culo para mi aparato) es que se enamoró de mí, lo cual es normal porque soy un tipo acojonante… jajajaja… pero yo no quería nada serio ni sirio y le aconsejé que se liara con un notas catalufo del que me había hablado, que estaba colado por ella… pero como no era yo, pues no se la había podido ligar. Aquí viene el motivo de meter a Lola en el artículo, en adelante, Lela. Yo no sabía que el jodido catalufo era separrata, por eso eché a los perros a esta linda mujer (me sacaba unos 10 años, tendría 40 en 2005 que era cuando follábamos sin parar y hacíamos otras cosas, que como cantaba Krahe «no todo va a ser follar, habrá que comprar el pan». Vi una foto de ella, con 20 años, y la madre que me parió que pedazo de bombón rubio… ¿cómo no hubo ningún tío que se la ligara y la sacara de ser lesbiana? Porque digan lo que digan no es lo mismo un dildo que una tranca de carne y hueso (ya… tiene el mismo hueso que los plátanos… pero así es la expresión).

De hecho, 4 años antes pude «heterosexualizar» a otra bollera, una compañera de piso en Madrid, junto al parque de El Retiro. Vivía yo con mi novia de entonces, una mexicana mestiza (os juro que cuando cambié de novia – blanca, como la gente de bien, jajajjaa esto sí es broma, no soy racista, soy segregacionista – me chocó brutalmente retomar los colores rosados de los órganos erógenos) y vino la tortillera para alquilar una habitación. Se enamoró de mí al instante, de verdad… que yo antes era guapo y muy interesante en las distancias cortas, tengo lo que más les gusta a las mujeres: gran cocinero y amo de casa, amante descomunal, cultura e intelecto superior a la media – lo cual no significa que yo sea listo, sino que indica que la mayoría son mú tontos – , un sentido del humor a prueba de dramas (siempre hago reír a la peña. Se rién conmigo, no de mi…) y unos cojones que tapan el sol y eso a las titis les mola, sentirse «protegidas» por un cabronazo descomunal como puedo ser yo, que a veces me da un miedo el tío del espejo… menos mal que me llevo bien con él.

Y, encima, Nuria (así se llama la chupachichis) era editora y yo escritor… la pareja perfecta: «quiero que seas mi escritor de referencia» me dijo al leer mi relato: «El tío más feo del mundo» premiado en 1999 en un concurso de los comunistas del Ayuntamiento de Getafe. Escribí ese relato sentado en el banco de un parque (N del T) del suburbio llamado Leganés. Y, para más inri, la tía va y se pone a currar en el edificio de Chamberí del que yo era conserje rockero (dentro de muchos años, cuando mi padre se vaya a otra dimensión que espero que sea dentro de esos muchos años, escribiré sobre mi etapa de portero rockero… Bukowski es un beato y pusilánime a mi lado, con eso lo digo todo… Y lo de mi padre es porque él me consiguió el curro, al ser administrativo de los dueños del edificio, y trabajar en una de sus oficinas. Si se entera de lo que hacía su hijo ahí, le da un soponcio).

El caso es que esta tía, aprovechando que estábamos un día los 2 solos en casa, se me presentó con unas mallas – mi ex mexicana se llama Mayra y la decían «Maya» (N del T, otra vez, jeje) – cortas de ciclista y me pidió opinión sobre qué tal le quedaban. Si habéis visto alguna peli del gran Antonio Ozores como actor (fuimos conocidos, aporto esta foto como prueba… hay más, pero sólo tengo esta a mano)

lo de «Ozoresmaniacos» es porque la pancarta la pinté, precisamente el la portería de marras, con un buen amigo, y no nos cabía «maniáticos» así que lo dejamos así, que mola más, por cierto.

A lo que iba, a la bollera que se me quería follar: se puso en plan pose de actriz de esas pelis de Mariano Ozores (el director, hermano del otro. Sale en otras fotos que no tengo aquí), junto al quicio de una puerta y sacándome a mí de quicio al enseñarme su coño que previamente ella había tenido la delicaleza de dejarlo bien marcado al pasarse el dedo y meter la tela de la malla dentro de los labios superiores, que literalmente mordían la tela y eran un perfecto ejemplo de anatomía sexual femenina. No contenta con eso, llevaba un top con los pezones reivindicándose cual manifa comunista para pedir más dinero por algo. Y aquí es donde entra Antonio Ozores… yo en plan… «síiiiiii, no te queda mal, no…» jajajajaja. Si no llego a ser fiel todavía me la estaría follando.

Curiosamente, en esa misma casa, un pibón mexicano amigo de mi ex novia hizo algo que pasará a los anales de la provocación (y anales no tiene nada que ver con el griego, que conste). Yo tenía un julajop (o como se escriba ese círculo que se hace girar a movimientos de cintura) para hacer ejercicio abdominal, a parte del gilipollas. Y estando un día esta nenaza en mi cuarto y su amiga en la ducha… pues se puso a jugar con el julajop. Y se le subió a las tetas (lo hizo aposta me confesó después) y ahí girando la mierda de plástico sobre sus enormes tetas con 2 pezones que parecían misiles. Y yo, con cualquier excusa, salí del cuarto. Obvio. Quien huye de la tentación evita (Perón no) el pecado. Al igual que en uno de los vídeoclips que dirigí, una de las actrices me llevó a un cuarto sin nadie, para que viera si me gustaba el vestido que había elegido para la grabación… era una mulata descomunalmente buenorra. El vestido era del tamaño de un pañuelo y no llevaba nada más debajo. Se metió las manos por dentro y empezó a apretarse los pezones, diciéndome: «Espera, que así me queda mejor». Y al sacar las manos, los pezones casi rompen la tela, buen género era, sin duda. Y se le veían los pelos del coño cuando alzaba los brazos. «¿Te gusta cómo me queda?» Yo, otra vez, Ozores total. Pero tenía novia (la post mexicana) y me tuve que ir de allí, sin hacer lo que cualquier celtíbero hubiera hecho.

Y hablando de pezones, Lela tenía que ponerse un «cubre pezones» porque los tenía tan tochos que se le marcaban a lo bestia y todo Dios le miraba. Lo de lela es porque el catalufo que os dije con el que la emperejé, la volvió a ella separrata, jajajjjaa. Manda cojones. Se fue a vivir con él a Barcelona y seguimos en contacto, obvio, porque la tía estaba enamorada de mí hasta las trancas. Pero cuando empezó a ver mis post del BLOG contra los fascistas separratas, empezó a distanciarse de mí. Me decía que no toleraba que me metiera con ellos, que eran sus amigos y pata tín y patatán… imaginadme a mí, amigo de una fascista-comunista cordobesa, otrora buena gente apolítica… como que no, ¿verdad?

Termino diciendo que a la bollera Nuria, como no me la follé y se enamoró de mí «por tu talento y porque eres muy guapo» eso me dijo… se despechó y no fui su escritor ni pollas en vinagre. Y me echó en cara que dejara la casa compartida para irme a hacer mi primer Camino de Santiago. Me dijo que yo era un egoista y que no pensaba en la gente que dejaba atrás con mi marcha (SIC). ¡Pero coño, si me voy sólo unas semanas y tú y yo sólo somos amigos! Pues nada, que la tía creía que estábamos casados y con nietos. Y me presentó a José María Rodero (hijo) que era fan mío, por mis relatos… pero como no me la follé, pues no prosperé en la literatura. Cosas de la vida.

En ese primer camino no llegúe a Santiago de Compostela. Tras ligarme a una camarera en Astorga (precioso pueblo, huele a salchichas de cerdo) me desvié a unas aldeas de hipipollas (Matavenero y Poi Bueno) y luego me crucé con un autocar en cuyo letrero ponía «Bilbao», y como no conocia esa bella ciudad, llena de hijos de puta, por desgracia, paré el autocar y me subí. Eso sí… 8 horas tardó el hijo de puta en llevarme de la frontera entre León y Galicia, a Bilbao… resulta que pasaba por toda Castilla y León antes. 2 pelis me dio tiempo a ver… «El coleccionista de huesos» y «Memorias de Africa». Llegúe a bilbo de noche y sin alojamiento. Pero como mi alcoholismo es lo que más cuido, lo primero que hice fue entrar en un bar. Y trasegando pregunté, así de pasada como quien no quiere la cosa, si conocían algún hostal barato para una sabandija como yo. Y justo había una vieja que alquilaba habitaciones (ilegalísimamente) encima del garito. Me alquiló un enorme cuarto, pero sin baño, desde el cual veía una montaña cojonuda y parte del antiguo estadio de San Mamón (sí, he quitado el «és»). Y me quedé 4 días. Pero la puta vieja me dejó un día al raso, pues le dije que me iba a conocer San Sabastían, pero al ir a pillar el tren vi un cartel de «Plenzia» que es la playa de Vizcaya… y para allá que me fui caminando un buen rato por la ría del Nervión… y al volver la jodida vieja había echado un cerrojo de cual yo no tenía la llave, porque creía que no estaba allí esa noche… y tuve que irme, de madrugada, al casco viejo a dormir en una pensión donde van las putas a follar. El mismo casco viejo donde el día anterior estuve silvando el cara al sol, con la esperanza de que me hicieran los coros. Pero ningún etarra me los hizo. Son muy suyos estos cabrones… muy tradicionalistas…

ARTÍCULO- relato: La propiedad privada existe y abulta de la hostia.

Posted in ARTÍCULO-INSULTO, Relatos on enero 19, 2022 by César Bakken Tristán

Sólo los que cometemos la imprudencia de mudarnos de casa, y no sólo de gayumbos (por cierto, yo los uso menos que uno que se está duchando, no soy de tapar mis vergüenzas y sí de higienizarlas casi compulsivamente) sabemos que la propiedad privada existe… ¡y de qué manera!  ¿Cómo es posible que hagamos de nuestra casa un tetris? La casa de mis caseros es una puta mierda de 40 metros cuadrados, o redondos qué se yo ya, que se me nubla la vista con tanta caja. 27 metros de terraza al sol, sí… pero donde está “la chicha” de la mudanza son en los 40 metros. ¡Pero cómo pueden caber tantas cosas en este espacio enano y, encima, estar cómodos. Qué hasta puedo fregar el suelo, os lo juro por Arturo, todavía queda espacio… pero… ¿cuántas cajas tendré que hacer para la mudanza? ¿medio millón?

Añoro los tiempos en los que mis mudanzas eran un par de maletones y un mochilón, poco más… Añoro los tiempos en los que no tenía nada, salvo mi vida en lontananza. Ahora que ya mi vida baja la cuesta que todos bajamos algún día, me abruma ver la cantidad de cachivaches que tengo, y eso que creía no tener ninguno salvo “4 libros”.

¡La madre qué me parió! Qué risas estará teniendo al ver a su hijo hacer el gilipollas de esta manera. Desde el cielo se deben de estar descojonando bien de mí, mis queridos ancestros desaparecidos de esta Dimensión.  Ellos que, mejor que nadie, saben que lo mío es una mochilica y poco más… pero qué va… en 14 años apostado en un mismo agujero urbano… ¡la de cosas que Diógenes desecharía! Pero yo no soy Diógenes, está más que claro.

La última mudanza “medio seria” que hice fue tras vivir 1 glorioso año en el campo manchego (Santa Quiteria, en Cabañeros, Ciudad Real). Recuerdo que una mujer que luego se enrolló con el alemán ese que nos vuelve locos, fue al “show” de mis regalos de cachivaches a los vecinos, pues me fui casi con lo puesto, pero acumulé la hostia de chorradas en 1 año. Estábamos al sol de la casa de campo que alquilé ese año. La gente cogiendo esto y aquello y lo de más allá. Si yo usara reloj, seguro que alguno me lo habría quitado, pensando que era parte de mis regalos materiales. Hice un fiestón el día anterior, y vinieron varios amigos de otras latitudes y todo. Me quedaba un poco de “Martirio blanco” y un poco de “Fantasma de limón” y, esa mañana, mientras regalaba mis enseres, me tomaba yo un martirio con fantasma de limón, en un vaso de plástico duro, tipo taza de acampedo. Y esta entrañable mujer que se lio con el alemán (Teresona se llamaba, una bestia parda, decíamos que ella era “El marido” de su marido, imaginad. Su marido, por cierto, uno de los mejores amigos que he tenido y que en gloria esté, era un vaquero, de pastorear vacas, no de pistola en película). Pues esta entrañable mujer, aferrada a unos rollos de papel higiénico – hasta eso se llevó – cogió mi vaso de plástico con el brebaje… lo vació en el terruño y se lo echó a la saca.

Y yo, con esa cara de gilipollas que tengo, atónito. Encontré un vaso de plástico todavía más precario, de esos de restaaños infantiles, y traté de que La Teresona no se acercara a él.

Qué buenos tiempos, cojones. Qué buena vida había antes y cuanta buena gente. De momento, sigo rellenando cajas, sigo desentrañando este Tetris que es nuestra vida y analizando cómo coño meteré todo esto en un camión.

No tenía ni idea de que fuera tan obtejoteniente.

RELATO: Soy el satélite de una copa de vino.

Posted in ARTÍCULO-INSULTO, Relatos on enero 2, 2022 by César Bakken Tristán

Precisamente hoy que no tengo vino blanco, me he parado a pensar (condena eterna) en por qué me tiré más de una década sin catar vino blanco y ahora raro es el día que no lo soplo. Aclaro que me hinchaba a vino tinto, por si alguno denotó algo abstemio (¡anatema!). El caso es que, ni caso, pero por si a caso, sigo.

“In vino veritas”.” Ningún vino es malo: los hay buenos y superiores. Este es bueno”. “Con pan y vino, se hace el camino”.

 Caminé por el Camino Francés del Camino a Santiago, 3 veces, desde León. Recuerdo con especial simpatía mis paradas para tomar vino blanco, digamos cada 10km. y en pueblos encantadores. Yo ando mucho, bien, rápido y cargado. Recuerdo a otros “peregrinos” que pernoctaban conmigo y salían de la cama a la par que el sol, o un poco antes. Yo retozaba hasta bien entrada la mañana y luego, pues caminaba. Y adelantaba a todos los madrugadores. Iba yo con banda sonora, pues tengo unos cachivaches (vulgo amuletos ancestrales) metálicos en la mochila, que hacen “Tilín, tolón, tralarí, trilorero” cada vez que me muevo. Había peña que se giraba al oírlo y, al pasar a su lado, me decían: “Sabía que eras tú”.

El caso es que ni caso, como os he dicho hace un rato.

Yo tomaba vino blanco porque en los bares/restaurantes de España era imposible tomar vino bueno, salvo ese que nunca es malo. Digo en los bares / restaurantes donde una sabandija económica como yo tiene acceso. Cuando he estado en lares más caros que el amor, cualquier vino es cojonudo. En este caso el precio sí que es una pista de virtud.

Ya en tiempos de pesetas sabía yo que mi alcancía no alcanzaba, así que si quería soplar (cosa que siempre he hecho, desde los 17 años, salvo 15 días en el Sahara y porque esos gilipollas sólo permiten beber te, refrescos de mierda, café y agua) lo mejor era tomar brebajes que, por lo menos, no devastaran mi paladar. El vino blanco fresquito es el mejor amigo para estos casos. Puedes marear las neuronas de cualquier camarero de España (de Espena ya ni te cuento) para explicarle qué y por qué quieres tal o cual vino. Y no hay manera. Ninguno sabe ni leer la etiqueta. A duras penas saben abrir las botellas (he tenido que abrir muchas. Os juro que muchos ni saben el arte de descorchar). Una vez, en un velero de madera (un Llaüt), en Eivissa, fondeados en Formentera tuve que abrir botellas sin sacacorchos. Éramos 3, como Juan, Periquito y Andrés. Una tía y 2 maromos, yo uno de ellos, a pesar de todo sigo siendo machirulo y heterosexual. Me decía la gabacha que no manchara la cubierta al abrir el vino sin sacacorchos. Manchar yo mi casa… yo vivía en ese velero pese a que el barco era de uno de ellos. Mi única propiedad son miles de libros y una bici de montaña.  Encorchar es algo más difícil de descorchar, y se pierde algo de “buqué” al catar, pero en tiempos de guerra todo agujero es trinchera. Hundir corchos se me da bien.

El caso es que, a parte de que ni caso, tu culo para mi aparato.

Os quería contar esto del vino blanco porque me resulta muy curioso que tras tantos años sin catarlo ahora sea parte esencial de mi dieta. No hay nivel. Todo es, básicamente, podredumbre y cieno. Un vino tinto malo (que son casi todos) es muy difícil de trasegar para un paladar más o menos honrado. Una vez soplé 30 litros de calimocho en 2 días (ni uno más ni uno menos, pues los preparé yo y eran 15 cartones de vinacho infame, en perfecta proporción de 50% con cocaculo, por el culo te la estrujo. Mi querido y fallecido amigo Juandi hacía los porros y yo el calimocho, en algo que, jocosamente, denominamos: “pacto de caballeros”.)

Era una acampedo en Ávila (Piedralaves). Cerca de nuestra tienda de acampedo había una con 2 punkis (una parecía una mujer y le hacía ilusión liarnos los petas, liberando así de carga a mi amigo) Fijaos cómo no seríamos de cabrones y pasotas yo y mi querido amigo que 2 punkis de mierda “nos cuidaban”. Ellos fueron los que nos hacían la comida, porque nosotros estábamos todo el día pedo, tal cual. Y cuando desmontamos el chiringo ellos hicieron lo mismo: «Si os vais vosotros ya no tenemos nada que hacer aqui» Tal cual. Y en la cola del autocar, nos colamos, obvio… íbamos con 2 putos pankis «El punki guachipuri de la chupa guachipanchi» algo así llamábamos a este capullo, a colación de un glorioso capítulo de los Simpson.

¡Cuidado con los vientos! Yo antes casi no dormía. Cuando la vida molaba era una estupidez estar dormido. Recuerdo 3 meses en Eivissa (verano del 2001 donde sólo dormía 4 horas al día, o a la noche). Digo lo de los vientos, en referencia a los de las tiendas de campaña. En esa acampedo de los 30 litros de calimocho (más medio de güisqui que nos regalaron los punkis ángeles de la guarda y 6 botellines de un bareto camino al camping y 4 litronas) una madrugada tropecé con los vientos de una tienda con 4 titis dentro. ¡Eso fue muy bueno! En medio del monte, más de noche que por la noche, un viento en el medio del camino de un borracho campero. Me caí, con todo lo grande que soy, sobre la tienda. Menudo despiporre fue eso. Yo tratando de levantarme metiendo mano (para incorporarme) a 4 tías. Son muy débiles las paredes de una tienda de acampedo, el lobo ni necesita soplar y soplar para derribarlas.

No es fácil levantarse de un lugar así. Digamos que una vez asumido donde y cómo has caído, no sabes si tratar de explicar lo ocurrido o, simplemente, dejarte llevar y disfrutar. Yo estaba entre Pinto y Valdemoro y trababa de decirles a las féminas que había sido un accidente pero que no se preocuparan, que no pasaba nada grave. Pero claro, ponte en su lugar. Estás sobando y, de repente, se te cae la casa encima con un King Kong que tal vez sea ese impresentable que sabes está junto a otro cabrón,  en una tienda a 20 metros… acojona. Las tías se fueron antes de amanecer, casi. Que las vi yo todavía junto a la hoguera aledaña a mi tienda. Sí… antes podíamos hacer fuego en el monte. Ahora los queman y no nos dejan hacer fuego.

El caso es que tu culo sigue siendo para mi aparato.

Me voy por los cerros de Úbeda, para contaros lo del vino. Úbeda, por cierto, es el apellido de 1 compañero del insti. Una vez en Blanes (Gerona) no sé por qué cojones yo me duchaba con esponja y se me olvidó meterla en la mochila. Lo dije y Úbeda me dejó la suya, que estaba sin estrenar, envuelta en su derivado del petróleo. Tras ducharme se la devolví con más vello que bellezas en un desfile de modelos. “No son pelos de los huevos, Úbeda”. Siempre me ducho con las manos, no sé esa etapa de imbécil que tuve y, por suerte, no retuve. ¡Ah! La mejor ducha que me he dado en la vida fue en Bignona (un pueblucho del sur de Senegal), con una jarra de agua, de litro y medio. La sujetas en con el pulgar y la vas escanciando levemente para desenjabonar. No hace falta más agua para una buena ducha, os lo aseguro. Eso sí… un día antes de eso me duché en una ducha más grande que cualquier cuarto de baño normal. Una ducha de 4 o 5 metros cuadrados en un hotel de lujo de Dakar. Qué contrastes nos da la vida. La jefa de personal del hotel cenó conmigo y, literalmente, me dijo que eligiera a cualquiera de las mujeres que trabajaban allí, que subiría a mi habitación al momento. Tela, ¿eh? Y yo con una pulsera de barra libre y sin haber pagado 1 pavo (mi socio del docu – estaba allí para el docu que es foto de portada del BLOG – es multimillonario y el hotel de lujo era, más o menos, de su padre). Por cierto, esa noche México dejó de ser Norteamérica y no sé si fue Sudamérica o centroamérica, no quedó clara la cosa. Los imbéciles comensales (los gerifaltes del hotel y alguna zorra chupapollas) dijeron que México no era Norteamérica… es que la jefa de personal era mexicana y como yo tuve una novia regia, pues… salió el tema de México y, no sé por qué, de su ubicación. Y nada… que como yo era el único comensal que sabía donde estaba ese país, pues ese país no estaba donde estaba. A la noche mi socio, el muchimillonario, se empeñó en irse de putas por Dakar, pero eso es otra historia.

Lo del vino blanco, como os dije antes, es porque fresquito entra bien y embriaga lo mismo. “¿Martini? ¡Eso no embriaaaaaaaga! ¡Vodka, güisqui, gineeeebraaaaaaaa!!” eso gritaba un pibón italiano en Ciudad Real capital queriendo yo comprar Martini para un botellón.  Mira que soy maricón, a veces. Qué buena estaba la rubia italiana. No me la follé, pero sí la vi despertarse de un sofá cuando yo me estaba enrollando con una compañera suya de piso, otra rubia, por cierto, pero manchega. Menos glamur, está claro. Y tu culo, ya sabes, para mi aparato.

Se pasa muy mal cuando tomas un tinto malo. Pero con el blanco… probad. Es diferente. Por eso lo tomo tanto ahora. Sé que todo lo que puedo comprar es vino malo, así que, fresquito y blanco.

Pero no todo el blanco es orégano… una vez caté uno que no servía ni para cocinar. Fue en Eivissa, esperando yo la salida del ferry a Denia que me devolvía a Madrid, tras otra incursión fallida de varios meses para intentar vivir en mi isla. Mis incursiones nunca han sido muy prolíficas, porque a mí trabajar a cambio de dinero no me va. Y así donde coño voy a ir… está claro. Lo asumo.

Pedí un blanco en la terraza de un bar del puerto, no de marineros, de eso ya no queda, sino de pijos de mierda, de esos los hay por doquier. Iba con un maletón y un mochilón y mejor esperar sentado, leyendo y soplando. Pero hostia, qué malo era. Era tan malo que me divertí mucho con él. “Dime que te debo y tráeme el libro de reclamaciones y el tique”. Eso le dije al camarero tras enfrascarme el brebaje. Me trajo sólo el tique (2 euros. En 2002 eso era dinero). “Te falta el libro, pero aún así cóbrate. Por este vino malo de cocina te voy a pagar 50 céntimos. No por el vino, sino por tu trabajo de servirlo en la terraza. Tráeme las vueltas y el libro (le di 1 euro)”. El caso es que el camarero no era el dueño, hay gente que no es dueña de ná. Yo, por lo menos, soy dueño de mi momento. No me quería dar el libro porque que si tal y cual Pascual. Que su jefe no se qué y no sé cuantos. Así que me apiadé de él y no insistí con el inservible libro. Eso sí, el notas me dijo que si quería otro vino, invitaba la casa. Nunca sabré si era sutil ironía o infame servilismo. 50 céntimos por un vino blanco, en ese lugar, no fue mal trato aunque maltratara un poco mi cuerpo por esa infame ingesta.

La penúltima vez que pedí una hoja de reclamaciones (es que ahora se llaman así a los libros de reclamaciones) fue en Ciudad Real capital. Me cobraron una barbaridad por un tercio de birra (Alhambra 1927, la mejor birra del mundo, y no me pagan por decirlo). Era un bareto de mierda, pero de madrugada aplicaba precio de discoteca de Manhatan. No te jode el manchego de los cojones. Timarme a mí… más manchego que él. El caso es que, tras lo de tu culo para mi aparato, el notas me dio la hoja de reclamaciones y, viendo la cara de capullo que tenía, como temiendo que lo que yo escribiera ahí iba a acabar con su puto bareto… escribí, en grandes letras y en horizontal.: “Esto es una puta mierda”. No cogí las 2 copias, obvio. Pero pedí otra birra de esas timo. Esta vez me cobró un precio razonable, el muy gilipollas. Ya sabía que yo no era un cliente borrego.

¡Quien dijo miedo! Qué antes no había virus voladores asesinos que no matan.

Quien fuera yo, otra vez, en esos años. Cuando había vida humana sobre la Tierra. Cuando podían pasar estas cosas que os he despotricado.

Yo tengo mucha vida a mis espaldas. Qué pena que jamás volvamos a tener vida, más que en nuestros recuerdos. Y qué pena que haya tantos jóvenes (y, sobre todo, niños) que jamás sabrán lo maravilloso que es estar vivo sobre la Tierra. O fue. Yo tengo más que claro que toda mi vida es pasado. Aún así, atisvo una mínima esperanza de que unos cuantos valientes amantes de la vida podemos sobrevivir entre tanto zombi y, más o menos, con mediana felicidad humana. Pero hay que moverse para ello. El que quiera peces, que se moje el culo. Y ya sabes, para mi aparato.

RELATO: Qué machistas somos los que cuidamos de las mujeres que NO quieren llegar a casa solas y borrachas.

Posted in Relatos with tags on diciembre 18, 2021 by César Bakken Tristán

Por lo menos en mi jeta, son miles las veces que me han engalanado con el adjetivo “machista” y todos sus sinónimos conocidos o inventados. Sin que yo me entere, el número tendrá mínimo un cero a la derecha.

2 de los mementos más divertidos en este enajenado despotrique hacia mí tuvieron a conocidos míos como instigadores o colaboradores inconscientes necesarios… y ambos casos los solventé con mano izquierda, pero amenazante. Una fue tras el furibundo ataque de una amiga de carne y hueso no de esas “de internet” (le toqué las tetas y todo lo demás… doy fe de que éramos amigos de los de antes), enamorada de mí, que me acusó de “terrorista” (en los albores de Unidas Podemos, cuando nos llamaban así a los que no comulgamos con el satánico feminismo) y que me iba a denunciar (obviamente la Ley Integral de Violencia de Género habilita a estas zorras a condenar a cualquiera. Sí, no sólo a denunciar y llevar a juicio, sino a condenar, porque su palabra ya es una sentencia). Mi “sutileza”, para evitar ir a la cárcel por el capricho de una despechada fue decirle algo muy parecido a esto: “ (…) sabes de sobra que iré a la cárcel si me denuncias. Da igual la falsedad de tu acto, la ley te habilita para joder la vida a cualquier hombre inocente. Pero como me conoces, sabes igual que cuando salga de la cárcel, que será algún día, te mataré”. Mano de santo, no sólo para no denunciarme falsamente, sino para pedirme perdón hasta la extenuación y desaparecer para siempre de mi vida.

El otro momento fue mi crítica de cine sobre la pésima, partidista y patética (3 pes, más que el Puto Partido) película espenola: “Te doy mis ojos” (podéis leerla aquí) que fue compartida por un conocido mío de la Revista donde se publicó. En las pocas horas posteriores a que este hombre publicara eso tanto en su facefuck como en el facefuck de la Revista… decenas, cientos de ataques hacia mí… por el hecho de que una película cuyo argumento era una mujer maltratada por un hombre (Luis Tosar), no me gustara en absoluto… ¡son tan oligofrénicos que confunden la crítica de cine con estar a favor del maltrato humano, en este caso a una mujer! Así son, y a Luis Tosar no sé, pero otros actores que han interpretado papeles “socialmente mal vistos” les han acosado y denunciado. Pobres imbéciles. Me dijeron de todo, metiéndose hasta con mi madre con mis novias y etc. de mujeres de mi vida, al ser cómplices de un torturador como yo o mis víctimas indefensas…

¿Cómo corté estos ataques? Pues dirigiéndome personalmente a los más furibundos y, sobre todo, a mi conocido de la Revista (amigo o conocido de todos ellos y ellas, pero sobre todo eran planchabragas) y soltándole(s) una amenaza parecida a la del otro caso. Mano de santo defenderse de los ciberfascistas haciéndoles entender que a quien atacan no es un bot, sino alguien de carne y hueso que les puede partir la crisma. Porque mi conocido en la revista me conocía y sabía lo que había…

“Sola y borracha quiero llegar a casa”.

Me centro en ese pútrido eslogan satánico femirrojo implementado, en Espena, por las hordas de Ipene Moncerdo (la mujer abandonada, con 3 nenes y muchos millones del erario español, por el Che Pa Blenin. ¿Si hay tantos millones, robados, de por medio, ya no es violencia de género eso? Claro que no. ¡Sí se puede, qué coño!

Os contaré, queridos niños, varias historias mías con mujeres, TODAS las cuales me agradecieron (como es lógico) que les ayudara a no llegar solas y borrachas a casa. No daré nombres, pues las hay famosas (actrices) y exnovias y amigas cuyo anonimato preservo. Curiosamente, de no haber sido hombre y con mucha fuerza (física y mental) no podría haber cuidado así de la mayoría. No, zorras femirrojas, los hombres y las mujeres, por suerte o por desgracia, somos diferentes. En estos casos por suerte, os lo aseguro, empoderadas de papel.

1/ En Venecia, nochevieja de 2001. Yo, tras el advenimiento de 2002, deambulando con una mexicana que luego fue mi novia en Madrid. No es Venecia, de madrugada, lugar muy adecuado para ir más pedo que Alfredo, para nada. Cuidé / cargué de ella, hasta ayudándola a que no se rompiera la crisma al potar y esas cosas tan bonitas para Ipene Moncerdo.

2/ Lavapiés (Madrid) 2007. Yo, con una despechada (no de mí) que me acababa de poner su mano abierta en mi linda cara para que oliera la polla del motivo de su despecho, por aquel entonces muy buen amigo y compañero profesional mío. Creo que lo más escatológico que me han hecho en la vida, y era dentro de una sala cultural donde yo participaba. Tras tener relaciones sexuales con el motivo de su despecho, en el baño del garito, asumió que era su zorra y no su novia y “vino a mí” por la amistad y el vínculo profesional que nos unía. En situaciones normales, quien me hace lo de la mano no sigue estando en mi compañía, pero esta mujer estaba beoda y pretendía seguir soplando por los pubs de Lavapiés, así que acepté ir con ella, pues así me lo pidió y, si no lo hubiera hecho, también hubiera ido de carabina. Estaba buena y se le había ido la olla con el pedo y el desamor. Por mucho que diga Ipene Moncerdo, una mujer no puede ir así por Lavapiés, de madrugada.

No obstante dejé que saliera sola, pues tenía que lavarme la cara después de la cerdada que me había hecho. Al salir, la encontré llorando y sentada en un rincón de la calle donde meaba la gente, por suerte no encharcado todavía. ¡Qué puto asco, joder! La saqué de ahí y tras percatarme de que, efectivamente, todavía no había “abierto el baño” esa noche, seguimos. En los pubs donde parábamos no os podéis imaginar la de hijos de puta que la entraban, al estar buena – como he dicho – borracha y con ganas de marcha para resarcirse del despecho y reivindicar su atractivo. Eché a tantos tipos de su lado… que perdí la cuenta. Tiré infinidad de chupitos a los que la invitaban y evité que soplara más, pues es fácil manejar a un borracho en este sentido. Pero cuando yo iba al baño, se quedaba al acecho de los depredadores de las que quieren llegar solas y borrachas a casa (aclaro que esto nos pasa igual a los hombres, y he hecho lo mismo por ellos, sólo que muchísimas más veces, y hasta por mí mismo, pues yo soy un borracho consciente y no me la pegan). 

Ya amaneciendo y queriendo largarme a sobar, tuve que ponerme algo más serio de lo normal con 2 moscardones bípedos que pretendían “cuidar de ella” y ella encantada de la vida, en su colosal pedo. Les dije un par de sutilezas a estos 2 cabrones, paré un taxi y obligué a mi amiga a meterse conmigo en él. Como había dormido muchas veces en su casa, la llevé a ella, pero no me quedé. Pasaba de aguantar más a una borracha y, sin estar yo, se dormiría como un tronco y dejaría de hacer el gilipollas.

Tras dormir la mona me llamó para pedirme perdón “por mi ataque de divismo de anoche” y para darme las gracias “por haberme cuidado todo el tiempo” (SIC).

3/ Cerca de Príncipe Pío (Madrid) 1995. Yo, con una compañera de clase (Derecho) tras una fiesta dentro de la propia Facultad. Ella más pedo que Alfredo y casi como el Señor Godofredo. Nos llevan en un buga, cerca de Príncipe Pío, para coger allí un búho. Yo, llevándola en brazos desde la Facultad. La tía, dormida que no inconsciente, pero con tamaña intoxicación etílica que tuve que hacerla potar varias veces. Tras varias horas, ya volviendo a ser algo de la persona que era antes del cebollón, la dejé junto a 2 amigas en el búho. Posteriormente estuvimos juntos en Ámsterdam, yo con 5 tías por el barrio rojo (el de las lumis) y se les ocurre entrar en un pub a tomar algo… sin ninguna tía en él y atestado de hombres cachondos a tope, pues ya sabéis que en ese barrio los escaparates están llenos de tías en bolas, con una cama detrás para follártelas, a cambio de guita. Salieron ilesas de todos los pichabravas del bareto…iban conmigo.

4/ Córdoba, 2006. Yo, en el interior del mítico pub/taberna “La Espiga”, si queréis conocerlo 1 poco, ved este vídeo de donde era encargado y, esas semanas, vivía en él (tenía un apartamento en la última planta, no vivía detrás de la barra…). Cuando llega mi turno de laboro, me dicen “mis camareros” que una amiga mía está liándola (en una estancia apartada de la zona central del local). No la había vuelto a ver desde el año anterior, tras retozar con ella, por 2 veces, muy lozanamente en mi anterior casa cordobesa. “A qué tengo unas tetas preciosas” me dijo follándome encima de mí. Y la acababa de conocer y no la subí a mi casa para retozar… pero es que soy irresistible, parece ser. Ella sabía donde curraba yo ahora ( en Córdoba capital fui bastante popular) y vino, exprofeso de Montoro a verme.

La libero de las garras de varios cabrones que querían aprovecharse de su estado y le digo que se calme. Pero como no lo hace, mis camareros me plantean echarla, ante lo cual acepto… pero la eché del pub no del edificio del pub. La subí a mi apartamento y la dejé durmiendo la mona en mi cama, yendo (y, a veces, mandando a algún camarero) a ver cómo estaba. A la noche siguiente sí eché a un borracho que se estaba propasando con mi novia (en breve la anuncio) y evité que varios capullos siguieran invitándola a chupitos… es que mis novias siempre han estado muy buenas y las moscas, en este caso, no van sólo a la mierda. A este le pedí varias veces que se calmara y dejara de hacer el gilipollas con mi novia. Hizo caso omiso y le dije que viniera conmigo fuera del local. Y nada, que no quería. Así que tuve que agarrarle de un brazo (con cuidado de no partírselo) y le grité: “!Qué te vengas conmigo!” grito que se oyó muy por encima de la música del local y uno de los camareros se quedó blanco, tanto por el grito, como porque me conocía y creía que yo iba a partir en 2 al pesado ese. Nada más lejos de la realidad, soy pacífico (que no pacifista). Le saqué del local, sin hacerle absolutamente nada, y volví a encargarme del local.

Al cerrar (sigo con la beoda) le preparé un camastro cojonudo en la planta de abajo, pues no iba a dormir con ella en la misma cama, al ponerse ella excesivamente cariñosa conmigo cada vez que me acercaba a ella. Quería echar el tercer polvo, y yo no podía ya, hace 1 año sí hubiera podido.  A media mañana le di pasta para el autocar a Montoro, porque yo tenía que ir a la estación del AVE, que venía mi novia de visita.

5/ Madrid centro, 2007. Yo, con 2 actrices (una muy famosa en esa época). Ellas soplando tequila y yo birra. Tras la excesiva ingesta, todo en el mismo local, pululamos por un Madrid atestado donde muchos tíos reconocen a la actriz, a la cual llevaba yo agarrada porque se caía. Toreo a los miuras con el cuerno entre las piernas, porque ella, aún en su pedo, se mostraba solícita con ellos… hay que joderse. Hasta un conocido mío (poeta cree ser) me reconoció y se ofreció “muy caballerosamente” a unirse al grupo… le mandé a tomar por el culo y llevé a la beoda a su casa (ya había pernoctado allí varias veces, pero éramos amigos castos) y la dejé en la cama. Y me fui con la otra, recién conocida esa noche, a una segunda cama, donde echamos 3 memorables polvos.

6/ Eivissa. 2019. Yo, con una gran amiga de muchos años atrás, mayor que yo (que ya es decir). Ella beoda total y yo amortiguando sus caídas en una helada madrugada ventosa con olor y sabor a mar. Aferrada a mi costado, llego sana, borracha y salva, pero no sola, a su casa (edificio en el cual tenía yo mi alojamiento, por cierto). Lo siento, Ipene Moncerdo, fui un machista maltratador y violador y no dejé que mi amiga se rompiera la crisma y llegara sola y borracha… a donde fuera, porque una mujer en ese estado no suele llegar a casa, hija de la gran puta, que me das más asco que los pederastas y ya es decir.

7/ Córdoba. 2005. Yo, en mi primera casa de alquiler allí, con uno de mis ligues y otro amigo y su novia (primera vez que la veo). La novia se emborracha y empieza a faltar a mi amigo, insultándole… cada vez más y más. Hasta que se pone tan torpe que rompe cosas y etc. Que rompan la vajilla me la suda, más o menos, pero que se comporten como trogloditas, en mi casa, no; ahí el único cromañón puedo ser yo. No echo a la tía, por respeto a mi amigo, pero hete ahí que ella decide irse – dando tumbos – despechada y entre lágrimas, por no sé qué polladas de celos con mi amigo. Era un 4º sin ascensor y ella, borracha y con tacones… La acompañé hasta la calle, bajándola casi en brazos. Se hubiera roto la crisma si no lo hago.

8/ Córdoba. 2005. Yo como cliente y programador cultural (y “artista” que proyectaba sus vídeos y recitaba poesía) con una amiga que se toma unas copas de más y empieza a ser acosada por varios clientes, que la meten mano, tal cual, pero de buen rollo, ojo. Eso a mí me la suda, pero no con una beoda que, encima, se me tira en los brazos libidinosamente… La saco de allí para que no sea presa fácil y, tras un alto en una preciosa placita donde logro que se serene, la acompaño a casa. Hicimos migas y a los pocos días volví a su casa y me la chupó en un lugar insospechado para mí: debajo de la bandera de la II República. No me di cuenta salvo cuando ya era demasiado tarde como para levantarme del sofá. Luego fuimos buenos amantes y amigos.

A las pocas semanas de lo de la puta bandera republicana, le presenté a su admirado Luis Eduardo Aute, amigo mío que justo vino una semana entera a Córdoba. DEP, por cierto, a los 2. Seguro que alguna vez han hablado de mí en la Dimensión donde están ahora. Era muy buena gente esta mujer, y no mereció morir como lo hizo, inopinadamente delante de sus 2 hijos. La vida, a veces, es una colosal putada.  Hablé con ella, por tlf. pues yo estaba en Madrid esos días, el día antes de su muerte súbita, estaba enamorada de mí pero ya sólo éramos amigos. Me enteré de su óbito al pasar justo por la placita que he dicho antes. Hay un bar frente a ella, donde tomamos muchos vinos junto a una amiga suya, la cual estaba allí. Al verla por la gran cristalera, me saludó pero la vi muy triste. Entré y me dio la tétrica noticia, entre un mar de lágrimas cordobesas. Volví, perplejo, a mi casa y se lo conté a mis 2 huéspedes de ese día, 2 de mis mejores amigos que actualmente son 2 de mis mejores enemigos. La respuesta de estos seres del inframundo fue descojonarse diciendo: “¡Bakken mata, Bakken mata!”. Ahí supe la calaña que eran estos 2 cabronazos. Si queréis conocerles un poco ved este vídeo, este otro y este otro.

9/ Alcalá de Henares. 2012. Boda de una , por entonces, buena amiga y prima hermana, eso sigue siéndolo. En las copas finales, en un pub lejos del banquete, ella más pedo que Alfredo. Me doy cuenta y dejo una jugosa discusión con un mostrenco cabrón – al que iba a partirle la cabeza por haberme agredido (levemente) sin motivo, hacía unas horas, en el baile del banquete – al percatarme que ella estaba fatal. Salimos a la calle, pota que te pota. Le pongo mi abrigo, pues su vanidad sólo iba vestida de novia pero su cuerpo tiritaba; la cojo en brazos y me la llevo 1km. o más, hasta el hotel – guiado por uno de sus hermanos y su novio de entonces – para “tirarla en la cama”.

10/ Lavapiés (Madrid) 2003. Yo en la casa compartida de mi novia, tras sacarla de una fiesta donde se puso más pedo que Alfredo y, si no es por mí, pierde su buenísima cámara de fotos. Toda la madrugada cuidando de su pedo y capeando sus incongruencias.

11/ Lavapiés (Madrid) 2003. Yo en la misma casa compartida de mi novia, soportando a una compañera (que realquilaba la casa a ella y otra más) follando a gritos con su novio. Pero a gritos que ríete tú de los de pedir socorro. Mi novia me dice que la puta loca esa le ha comentado: “si no grito, no me corro”. Y ahí me tenéis a mí, acojonado, a muchos metros de distancia pues la casa era muy grande, menos mal…Tras el asco de soportar los gritos y orgasmos de la zorra esta… empezó el show de otros gritos, esta vez de pelea con su novio; pues estaba pedo y empastillada y “siempre la lían”, me dijo mi novia… y se encerró en uno de los cuartos de baño y escándalo brutal…

Este nº 11 es una rara habis en este relato, pues no salvé a ninguna titi… sino que no acabé con ella por asquerosa… que es parecido a salvarla, por eso la incluyo.

12/  Lavapiés (Madrid) 2006. Yo volviendo, de madrugada, para sobar en casa de un amigo. Me interpelan 2 damas, una de las cuales (la que estaba más buena) iba algo perjudicada. Me preguntan por una parada de taxi, porque iban a un garito lejano. Les digo donde pueden encontrar taxis y ellas me sugieren que me una. Obviamente, me uno. Pero al entrar al garito ya el pedo había aumentado en la tipa esa e intento que no pida una copa. La pide. Pues nada, la cuido de los rapiñeros de tetas beodas, mientras que la amiga me intenta ligar. Surrealista: yo cuidando de la amiga y la otra comiéndome la oreja con lascivia. Las obligo a que nos larguemos de ese antro de farloperos. Taxi y a la casa de la beoda, la cual – en su pedo – me dice que quiere follarme y me dice que suba a su casa. Y yo le tomo la palabra, obvio. Pero vamos los 3. Y la dejamos en su dormitorio.

Para hacer tiempo hasta que se serene (pues yo no follo con borrachas), me tiro a la otra en el sofá, que resulta ser sexóloga y me hizo unas técnicas sexuales muy molonas. Pero yo quería liarme con la dueña de la casa. Y la sexóloga me dice que me vaya a dormir con ella a otro cuarto. Y paso, obvio. Me quedo en el sofá y a las horas entro en el cuarto de la otra y nada… que no se le había pasado el pedo. Así que me piré.

13/ Fernán Caballero (Ciudad Real). 1992. Yo en una zona de casas de campo, hospedado en casa de unas tías segundas maternas, de borrachera con una amiga de mi clase del insti de Leganés (coincidencias, sus papis tenían una casa ahí y eran amigos de mis tíos y tías) y 2 amigas y 1 amigo suyo. Pillan no sé qué coño de brebaje etílico típico de los borrachos adolescentes de allí, y nos vamos a soplar en pleno campo, en medio de un sembrado (creo que un maizal a medio brotar) Pedo glorioso. Todos por ahí desnucados y yo sujetando a mi amiga para que no se partiera la crisma… ¡a quién se le ocurre emborracharse en ese lugar! Anda que no he “salvado la vida” a borrachos en lugares inadecuados.

Pese a que teníamos 17 años, la moza ya tenía traumas sexuales, pues aparentaba veintimuchos en cuerpo, en cabeza 7 u 8. Y estaba muy buena. Rubia tetona. Pues empezó a invocar a Satanás (tal cual), “ven a mí” y se le ponían los ojos en blanco… y todo porque – me decía – un tío le había comido el coño en un coche… estando ella borracha y ella no había querido y tal… ¡qué situación! Bueno, pues logro que no se rompa la crisma, impido que sople más y a las pocas horas ya se le pasa la posesión…

Pero cuando los 5 retomamos la vuelta a la zona de casas y chalets, abrazados en hilera por la carretera solitaria, oigo un coche que se aproxima a toda hostia por detrás. Giro el melón y, antes de que nos envista, aparto a todo el grupo. El coche pasa y le hago el gesto de los cuernos, gritándoles: ¡”hijos de puta!”. Frena en seco y se bajan varios notas, uno blandiendo un machete. Yo, que ya había tenido muchas navajas rozando mi body, ni me inmuto; pero el amigo de mi compañera de clase sale corriendo hacia los del coche, para apaciguarles. Resulta que eran todos conocidos del pueblo. Entre paletos se entienden, parece ser.

Les noto nerviosos a todos. Al principio quería pegarme con todos esos maricones, por habernos intentado atropellar y, encima, ponerse chulitos con el machete de los cojones. Las 3 tías me paraban y yo me dejaba parar porque mi amiga seguía pedo. Así que cambio de tercio, vuelvo a sujetar a mi amiga y les digo que se dejen de charlas, que quería irme a sobar y dejarla a ella en su chalet. Vuelve el notas y me dice que los del coche me han visto el gesto del dedo y oído el insulto, y que son peligrosos (dijo el nombre de una banda de paletos de pueblo) y que van con machetes (como si yo no tuviera ojos en la cara, joder) y que les ha pedido perdón en mi nombre. “¿Encima de que casi nos atropellan se ponen chulos? – digo cabreado y suelto a mi amiga para irme a por los palurdos de los machetes. Pero, de nuevo, entre las 3 tías y con la ayuda del otro, me paran y los peligrosos de la banda de la borrica sin ordeñar, se piran con su coche.

14/ Chamberí (Madrid) 1998. Yo dentro de la conserjería de un enorme edificio de oficinas donde curraba la noche del sábado al domingo (y muchos meses de verano y suplencias diurnas. Turnos de 36 horas hacía muchas veces). De mis 5 años en este curro he de escribir un libro de más de mil páginas. Esa madrugada oigo gritos desesperados de una mujer, pidiendo ayuda. Salgo y me topo con la gritona y un tío tirado encima del capot de un coche. “¡Ayuda, qué alguien me ayude, por favor!” sigue gritando entre lágrimas. Me acerco para ver si al tipo ese le cuelgan las tripas o algo… y qué va, resulta que estaba pedo total y semi-inconsciente.  Me lo echo a la chepa y los llevo a la portería (enorme, con larga escalinata, paredes de mármol).

Y siento al notas en mi sillón con ruedas y tal, pero fuera de la gran mesa de recepción, porque sabía que iba a potar tarde o temprano. Tranquilizo a la chica (soy maestro en momentos de crisis estúpidas) y, como sospechaba, el borracho se pone a potar ahí en medio del hall… la chica histérica, el otro que se despabila al potar y se da cuenta de que está feo… y yo: “No pasa nada. Eso nos ha pasado a todos. Tranquilos.” Bajo a los avernos de la portería, a por cubos y fregona, y mientras el otro duerme la mona en mi sillón con ruedas, recojo la asquerosidad. Así soy yo. Estuvimos varias horas juntos, hablando de literatura (pues a ella le gustaba, pese a haber leído poco más que la etiqueta de su ropa de pija). Cuando amaneció y el capullo se medio restableció, salieron de allí (a las 9 llegaba mi relevo). La nena no paraba de darme las gracias, y el borracho ídem, pero ella mucho más porque había visto toda mi ayuda. Y decía que volvería para darme otra vez las gracias e invitarme a no sé qué pollas y tal… nunca volvió o yo no la vi volver.

Nótese que esta última historia no es, directamente, de ayuda a una beoda, pero casi.

RELATO: una historia de (no) amor.

Posted in Relatos with tags , on noviembre 6, 2021 by César Bakken Tristán

(Texto totalmente prescindible. No es noticia, ni ensayo – lo más recurrente en mis artículos del BLOG – son una líneas literarias autobiográficas. A veces me gusta perderme en mi hipermnesia y escapar, por un rato, de la cruda realidad; y plasmarlo.

En este relato abordo el feo asunto de las relaciones de pareja dañinas y todo el mal que el hombre socializado le hace, precisamente, a la persona que dice querer, y por ende a la sociedad. Tremenda paradoja, tan real como la vida misma. Espero que estas líneas sirvan de algo a tanta persona maltratada por su pareja y a tanto ser humano maltratador.

La génesis de la violencia humana es la cobardía de vivir sin querer , simplemente, ser un hombre más sobre la Tierra)

Imaginad que estáis en una gran urbe, de un país con casi 50 millones de habitantes más varios millones de población flotante… y decidís ir a ver a una persona de la cual ya no sabes nada, ni por supuesto en qué parte del país (o el mundo) habita… y te la encuentras a la media hora.

Eso me ocurrió a mí, hace unos 14 años, en Madrid capital, con una exnovia: Lana Carbona (pseudónimo artístico). Preservo su identidad al no ser – que yo sepa – una sátrapa y/o expoliadora, y no ser esta, por lo tanto, una de mis historias de denuncia, sino una historia de (no) amor, fomentada por ver a diario varias de las fotos que me hizo – siendo novios – en la cabecera de mi BLOG; fotos que no se moverán de ahí, pues esa fue la génesis del mismo.

La tarde/noche del encuentro estaba yo en la sala cultural “La Dinamo” (realmente un bareto más, disfrazado de cultureta) con un grupo de gilipollas, otrora buenos amigos y colegas profesionales “artísticos” y decidí largarme de allí, tras hacer las gestiones que me llevaron a él, e irme, literalmente, a ver a Lana. Ellos se asombraron pues no sabían que yo había vuelto con ella, tras bastantes meses de la ruptura, y les dije que ni había vuelto ni sabía donde coño vivía ni qué hacía, pero que iba a verla en un rato. Esta chaladura no le extraña a nadie que me conozca bien, porque yo soy así y la vida me congratula haciendo realidad tamañas paranoias.

Caminé siguiendo “mi instinto eivissenco”, deambulando en la cegadora oscuridad alumbrada de Madrid, entre miles de personas, birra en mano, como me gusta a mí que no soy de bares pero sí de priva… y al llegar a la zona de La Latina, al lado de la Plaza de la Cebada, me detuve y giré mi testa a la izquierda hacia una tienda de productos “delicatesen” donde estaba ella, de espaldas, comprando. La esperé y su sorpresa me saludó, nada más verme. Yo no estaba sorprendido, porque estoy loco, pero sí que era para sorprenderse – y mucho – esa manera de toparse con alguien. “(…) Yo sigo haciendo anuncios de refrescos” – me dijo entre avergonzada y orgullosa, ahora explico el por qué. Y me ofreció acompañarla a su nueva casa de alquiler ( “900 euros me cuesta” – espetó sin yo preguntarle tamaña vulgaridad pecuniaria –“, precisamente el motivo de nuestra ruptura: su amor al dinero ), donde vivía sola y esperaba visita esa noche: “Es lo que tiene vivir sola, que tengo que hacer de anfitriona y hoy tengo cena con amigos”.

Yo no quería saber dónde ni de qué vivía, sino verla una vez más, ese era todo mi compromiso con el destino, esa noche. Y ella me dijo hasta el piso en el que habitaba. Parecía una velada invitación de: “Ya sabes donde vivo, ven a verme cuando quieras”. Invitación que yo jamás habría aceptado, porque si la mandé a tomar por el culo, estando totalmente colado por ella y habiendo planeado, los 2, casarnos y tener vástagos (*), fue por razones perentorias a tope. Y pese a estar yo “de flor en flor”, sin novia, ni atisbé la posibilidad de retomar el contacto con ella. Sólo quería verla una vez más, insisto. Y lo logré. Siempre consigo lo que quiero, pero como lo que anhelo es radicalmente opuesto a lo que busca la mayoría,  (casi) todos creen que no tengo ni consigo nada.

el portal de marras

Lo curioso es que ese fue nuestro penúltimo encuentro. Hubo otro casual de verdad, pues el anterior fue decisión mía, metafísica sí, pero un encuentro provocado por un curioso capricho. Fue al año, más o menos, en otra sala cultural (bareto cultureta, como sabéis) de Lavapiés, dando yo uno de mis espectáculos escénicos con la excusa de la poesía. Curiosamente un bar en la calle donde estaba un piso en el que pasamos bastantes noches juntos. Desde el escenario se veía la puerta de entrada, a unos 20 metros. En la calle se oiría mi chapa, pues los altavoces eran molones y la puerta estaba abierta. Yo dándole a mi retórica declamadora, cuando ella se postró bajo el dintel, en forma de oscuro contorno (era de noche) y empezó a saludarme, efusivamente, con la mano. Yo la invité a entrar, micro en mano, sin saber que era ella… hasta una milésima de segundo después, cuando identifiqué su inolvidable silueta y algo de luz tocó su cuerpo. En la sala estaba mi novia (actual parienta), pero como con Lana no pretendía lascivia alguna – ni con ninguna, al estar emparejado – la invité a pasar, de nuevo, y ella me contestó con un “no puedo” gestual, enseñándome bolsas de la compra. Y se fue para siempre. “God bless her and keep walking ” (“Tanta paz lleve como descanso deja” traducción libre, demasiado…) pensé, ya que aunque solo quiero – y sé – hablar español, a veces pienso – y digo – chorradas en inglés y Eivissec. En este caso, pensar eso fue premonitorio y ella sabrá identificarlo si lee estas líneas, walkabout…

Lo de los anuncios de refrescos es porque era publicista y hacía este tipo de cosas. El mayor logro de la empresa donde era Directora Creativa (un alto cargo muy bien remunerado) era tener en exclusiva las campañas de una conocidísima empresa de los mal llamados “refrescos”. Yo odio a los publicistas y a la publicidad. Explicarlo sería alargar mucho esta chapa. Por lo tanto, querer casarse con una publicista (y de alto rango) es un delirio que ni yo mismo, estando tan loco, puedo cometer. ¿Cómo, entonces, acabé ennoviado con alguien así? Muy sencillo: me mintió. Fue la primera de sus mentiras, de una lista tan larga que tiembla la paciencia.

Para alguien como yo, que jamás miente (ni a mí mismo, la mentira más común entre los homínidos) estar con una mentirosa compulsiva es algo que, tarde o temprano, provoca un estado de demolición anímica y emocional insuperables si se alarga en el tiempo y se adquieren obligaciones irrevocables. Imaginad si esta mujer se hubiera quedado embarazada de mí… mi vida, seguramente, hubiera acabado hace más de una década. Menos mal que ella era estéril, me alegro por mí, no por ella que quería ser madre a toda costa. Fue un “marabú” (brujo negrata de Senegal) quien hizo de ginecólogo y se lo dijo, con el infalible diagnóstico fundado en el método de tirar al suelo unas ramitas de árboles y leer en ellas nuestro pasado, presente y futuro. A mí me averiguó muchas cosas, desde mi futuro documental en el Sahara, hasta el cercano fallecimiento de mi madre… pero eso es otra historia.

Conocí a Lana en el infame – y carísimo – garito de Lavapiés “La recoba”, una de mis madrugadas donde esperaba la llegada de las 6,30h. de la mañana, para volver a Leganés en tren. Cuando no vivía en pisos compartidos, pues en Madrid capital sólo he vivido en pisos así, solía yo pernoctar en casas de amables doncellas amantes – muchas veces conocidas esa misma noche –  o de amigotes varios. Pero había ocasiones en las que o bien no me apetecía o bien no surgía, y tenía que volver a la chabola vertical familiar. En cuanto la vi entrar, junto a una chica y un soplapollas que era jefe o compañero de curro, me dio el flechazo. En ese nauseabundo antro abarrotado se hizo el silencio en mi mente, dejó de agredirme la puta música, los putos gritos, los indelebles roces, patadas y codazos involuntarios: ante mí se mostró un motivo para, de alguna manera, darle gracias a algún Dios por haberme traído a esta Dimensión.

Y como siempre hago, supe que esa tía sería mi novia (lo de pareja lo dejo para los progres y para los picoletos, yo siempre he tenido novias, amigas y/o amantes).Tras percatarme de que el soplapollas no estaba con ella, la entré y me la ligué con acuse de recibo. Nos intercambiamos teléfonos.

Pasaron varios meses cuando me sonó el móvil, tras terminar el rodaje de ese día de mi largometraje frustrado, pero terminado: “¿Quién eres? (el poder de la mentira)” aquí podéis ver el tráiler . Era ella. Yo jamás llamo a una titi por tlf. para ligar, pero sí les he pasado el mío a muchas, para que ellas lo hagan, como hizo esta. Mi locura siempre deja libre albedrío al destino, y eso no pasa por la tecnología.

Me alegré de su llamada. No me había olvidado de ella, pero no la eché en falta esos meses tras nuestro breve encuentro: no era nada en mi vida y, tal vez, nunca debió serlo, pero me alegro de haber estado con ella, al 100%.

Quedamos en reencontrarnos a los pocos días, precisamente en un evento artístico mío (proyección de unos cortos “made in Bakken”) en la infame sala de Lavapiés “Amargord” (un lugar de blanqueo de dinero farlopero a través de la edición de libros de poesía). Tras la proyección y mi rotundo éxito… como (casi) siempre no remunerado, nos fuimos en selecto grupo de borrachos, a tomarla por ese otrora bonito barrio y actual estercolero humano. Al cierre de los garitos la acompañé a su coche, que tenía aparcado precisamente frente a una antigua casa compartida donde viví 2 meses, años antes (he de escribir una novela sobre mis experiencias en este tipo de viviendas… de verdad que es imprescindible que conozcáis estos asuntos). Allí tuvimos relaciones sexuales por primera vez, pero sin follar.

el coche aparcado en el centro de la foto, frente al descampado

Con el tiempo, y los polvos, supe que el coche no era suyo, sino de su novio… pobre cornudo, pese a ser un tío de muchísima pasta (según me dijo ella) motivo por el cual ya nadie puede caerme bien… pero está feo vivir engañado/a por tu pareja. Pese a estar totalmente colado por ella, gestioné muy bien mis emociones y me limité a tener una relación sexual colosal con ella, pues a mi no me cuelan eso de que “todavía vivo con mi exnovio, porque no ha vencido el alquiler que pagamos juntos… es una casa enorme, casi ni coincidimos”. Nuestra primera cita oficial fue en Cuatro Caminos, de donde partimos en el coche del ciervo a Alcalá de Henares, lugar elegido por ella “porque allí no nos pueden ver conocidos”. Y aquí vino la mentira de su trabajo, cosa que yo jamás pregunto, pero ella se empeñó en decirme que era diseñadora gráfica y no directora creativa de una potente agencia de publicidad. De sobra sabía mi opinión sobre esta aterradora profesión. Curiosamente, esa noche caminamos junto a una pintada de pared donde estaban nuestros 2 nombres con un corazón en medio. Jaja, qué coñas nos ofrece la vida.

Estar conmigo, en esos años sin PLANdemias ni brutal control del NOM, era un deporte de alto riesgo, algo tan intenso que si no lo gestionas bien puede acabar con todos tus proyectos vitales, fruto de una educación adoctrinadora y satánicamente tendenciosa. Esta mujer “triunfadora” era reticente a nuestra relación, la cual iba creciendo inexorablemente porque, entre otras muchas cosas: “jamás he sentido por nadie lo que siento por ti”, me decía. Ella estaba enganchada, y no sólo a mi muy viril polla, mi jovial lascivia, mi preclaridad y mi sentido del humor;  sino a mi manera de ver, estar y elucubrar en el Mundo. Hasta se aferraba a mí por hechos tan pueriles como comprarse un abrigo de colores… “Desde que te conozco he vuelto a ver los colores de la vida”. Es por ello que dejó el lecho conyugal y, pese a seguir pagando su parte de alquiler, se fue a vivir a casas de amigos, en espera de encontrar una casa propia en alquiler; labor de la que me encargué yo, debido a mi bendito asueto continuo y mi denodado buen trato a mis amigos.

Esta mujer nunca estuvo saliendo conmigo, sino que me utilizó para romper con su relación económicamente cojonuda, de 4 años. Y lo peor es que no lo hizo a posta, he aquí lo grave de los abismos interiores de la psique. Me dijo que la relación más larga que había tenido fue en los 2 años que vivió en Irlanda, y que cortó ella “porque 2 años no es tanto y me dio igual dejar a mi novio, pero 4 sí que me cuesta”. Bonita manera de ver las relaciones de pareja, medirlas por el tiempo… Normal que cuando me reconoció que había vuelto con el novio y yo la insté a que le contara el (casi) año que había pasado conmigo “con el amor de su vida” y a ver qué opinaba él, me dijera: “No tengo por qué decirle nada”.

Y así va el mundo. Y no sólo es un problema de malos sentimientos, mentiras y autoengaños, sino cosas tan pragmáticas como “echar un buen polvo”. Me confesó que hacía meses que su novio no la tocaba y “me hizo prometer” que yo le haría el amor todos los días (cosa que para mí sólo requiere el matiz de: ¿cuántas veces al día?) Los asuntos de alcoba pesan más de lo que nos imaginamos. Somos seres sensitivos y si no se estimulan nuestros sentidos y dejamos que las hormonas fluyan, el cuerpo y la mente se atrofian.

El caso es que cuando abandonó el lecho conyugal me tomé en serio nuestra relación. Ahora ya podía llamarla mi novia. Follábamos como dioses sin paraíso, en pensiones madrileñas, en las casas que le prestaban, en las que me prestaban a mí, en hoteles fuera de Madrid (sólo nos dio tiempo a hacer 3 viajes: Aranjuez, Cabo Palos – con pernocta en Archena y en Hellín la noche de la tamborrada… otra historia muy merecedora de un relato mío – y Senegal) y en el coche del venado… porque realmente nunca cortó con él.

Recuerdo un polvo de coche especialmente molón. Aparcados en doble fila, en una rotonda de Leganés donde no se puede aparcar ni en primera fila. Ahí follando de madrugada en el asiento de atrás. Cada vez que yo subía (la postura del misionero son las únicas flexiones que me gustan) veía a un coche de maderos circundar la rotonda y mirar a ese coche en doble fila que se movía tanto… Dieron como 5 vueltas los esbirros del sistema, hasta que se percataron que sólo era alguien haciendo flexiones o follando en el asiento trasero de un Golf. Fue un curioso polvo ese, pero no el más significativo con esta chica, qué va. Eso fue en Senegal y os lo relato luego.

En una de mis estancias en el lupanar de 4 ruedas, me guardé la funda de un condón, a posta, para esperar la reacción de ella, pues se suponía que ya no tenía relación con el exnovio (novio real, pero “dándose un tiempo”). Eso sí, ella era muy amable al llevarme de madrugada a la chabola vertical de mis padres. Buscó desesperadamente la funda… hasta que se la di diciéndole algo así: “Qué higiénica eres con el coche, cualquiera diría que lo sigue conduciendo tu ex”.

La segunda mentira de Lana fue especialmente dolorosa. En los albores de nuestro idilio me preguntó que cuántos años le echaba. A mí eso me la sudaba, pues la única edad importante de la vida es estar vivo (Mafalda, te quiero). Pero ante su insistencia entré en la subasta, que concluyó en 28 años. Empecé en 20 pocos, porque aparentaba eso. Y estaba buenísima, joder qué buena estaba (aquí va su nombre de verdad, que es lo que digo cuando me acuerdo de ella, en esa época), tanto que mucha gente me lo decía. Una de las actrices que hicieron de “figurante” en mi peli – pese a que luego sí trabajamos como actriz principal en 1 corto – me dijo que se “enamoró” de mí al verme con esa novia tan preciosa (SIC). Claro, me la trajiné cuando corté con la otra (esta también tenía novio, por cierto… cuánto cornudo/a hay, ni os lo imagináis. El novio de esta la dejó sóla conmigo para irse a sobar a la casa donde vivía con ella… es que no se puede ser más gilipollas, si la tía ya en el garito donde estaba él, se metía en el baño de caballeros cada vez que iba yo a mear… El amigo en común que teníamos, me dijo, descojonado: “Bakken, procura no follarte a las novias de mis amigos”). Y antes de empezar con Lana, me lie con otra actriz secundaria de la peli en una noche memorable por motivos merecedores de otro relato. Qué noches más lujuriosas, libérrimas y sanas, cojones. Cuando el femirrojismo no tenía poder y la alegría desbordaba por cada poro de nuestra joven piel. Las arrugas son las marcas de las cadenas que llevamos en la vida, no del paso de los años.

Cuando dije: “28”, ella se plantó.  “Bueno” pensé “tengo 32, le saco 4, no está mal eso”. Yo pensaba así porque a mi edad no quería estar con tías mayores, ya que su instinto maternal se rebelaría y me pondrían en su aprieto muy serio, al no querer yo descendencia.  Por eso mi desolación cuando, al poco tiempo, me confesó que me había mentido en eso de la edad, lo cual yo no pregunté, insisto. Tenía 36 palos. O sea, en un segundo cumplió 8 años… menos mal que ya no celebraba yo los restaaños, sino me hubiera arruinado en regalos atrasados.

Malos cimientos para las relaciones humanas son las mentiras, vaya que sí. Aún así, seguí con ella. Era una etapa rara de mi vida, tras 2 años en Córdoba, intercalados con Eivissa (ya desde el 2000) ,una ruptura sentimental escalofriantemente traumática hasta para mí podéis verla aquí y un futuro laboral inexistente debido a mi forma de vida y al maltrato que la vida nos da a los moralmente íntegros, a los ácratas como yo. Por eso seguí en esta relación que cojeaba más que Cervantes… espera, que ese era manco, no cojo… bueno, no era ni manco , sino que se le quedó un brazo inmovilizado en Lepanto. Pero ya me entendéis.

La tercera mentira significativa fue un fin de semana en el que mis padres estarían fuera, y yo aprovecharía para estar con ella allí, como tantas veces he hecho desde los 16 años con amigos, amantes y novias. No pudo venir porque “tuvo que irse de viaje inesperado”. Se fue con el novio.

La cuarta mentira es exótica, porque fue en Senegal. Me la llevé de “foto fija” para mi documental allí cuyo tráiler podéis ver aquí y otro vídeo sobre él, aquí. Compartíamos gastos los 3 que fuimos, ojo que te la cojo, un desheredado como yo no puede pagarse ni 1 café, menos mal que no tomo café. Demasiado hice gastando, previamente, más de 2 mil pavos en mi peli.

Foto tomada por Lana, en Senegal

Pero como antes se pilla a un mentiroso que a un cojo, el novio de Lana le pilló… ¿cómo justificar un par de semanas en Senegal sin ser por curro? ¿vacaciones? ¿con quién? ¿por qué no con él ? Pensaría el cornudo… además que ya habían estado juntos de turismo en ese mismo país, jajajaja. La madre que me parió.  Durante la grabación del docu, el ánimo de ella decaía “cada vez que miraba el móvil”. Se sentía mal por el engaño a su forrado novio, al cual no quería pero cuyo dinero y mi carestía sí le animaban a no desvincularse de él. Una noche, en los confines del sur de Senegal, perdidos de la mano de Dios y Alá (allí hay mucho musulmán, un raro súper héroe) mi paciencia eclosionó al verla a ella más deprimida y cariacontecida que un pingüino en una sauna. Estábamos en una zona paradisíaca, junto al mar y animales salvajes y domésticos libérrimos, sin rastro de civilización humana, en un bungaló molón. Me confesó que era por lo de su exnovio, al que le sobraban las 2 primeras letras. Esa madrugada le demostré lo que era, y se lo dije al final de la demostración: “¿Ves lo qué eres? Eres sólo una puta”.

Esto vino a colación porque me la tiré 3 veces seguidas esa madrugada “que estaba tan depre” por haber hablado con el novio. Con tan sólo ponerme en modo sensual, activé su libido escandalosamente y le dejé claro que ella estaba sólo conmigo por motivos emocionales y sensitivos, no racionales, que eran los únicos motivos por los que estuvo y estaba con su novio (e intuyo que estará ahora con otro y habrá estado con otros por eso mismo. A una tía tan buenorra y con pasta no le faltan pretendientes. Una suerte para mí y una pena para ella. No es fácil que yo me quede perenne con una mujer, para nada es fácil. Y cómo me dijo la anterior ex, aferrándose a mí sollozante, el día que corté con ella: “¡no quiero perderme tu vida!”).

En este periodo, esta mujer hizo muchos y buenos trabajos gráficos para mí; concretamente los dosieres, diseño y maquetación de mi película (pues buscaba producción para hacerla de nuevo, con medios) y de nuestro documental en Senegal, para venderlo y prosperar en este sector corrupto, nepotista, necio y mafioso. Eso siempre se lo agradeceré… pese a que cuando me entregó la primera parte de todo este trabajo (a ella se lo imprimían gratis y en calidad máxima), yo se lo tiré al suelo, tras salir del coche de su novio.  Fue en 3 Cantos, donde estaba su empresa de entonces, y comimos juntos como otras veces allí. Me acercó al tren, pues ella tenía que seguir currando en los anuncios de refrescos. Y ya empezaron sus tribulaciones sobre el tema de marras… Así que tiré su trabajo al suelo y me subí al tren. Pero ella me alcanzó y metió todo el tocho al vagón, pidiéndome por favor que lo cogiera. Y lo hice. No en vano, me interesaba y odio que se pierda el trabajo bien hecho, pese a que quien lo hiciera fuera un ente perverso.  

Curiosamente, cuando me entregó la segunda parte del trabajo, lo de Senegal, ya estaba yo enrollado – nada que ver con una relación – con otra titi, en Parla, una rubia cachondona que conocí en un bar de pijos al lado de la casa de Lana (el Bonano) donde poco después me intentaron matar 5 inmigrantes, 2 traficantes de farlopa incluidos podéis verlo aquí. Y, cómo no, otra vez me mintió… ¡qué manía! Tuve que dejar la dulce compañía de la rubia parleña para quedar con ella y que me hiciera entrega de lo prometido… ¡y anuló la cita 5 minutos antes de llegar yo al centro de Madrid, para tal efecto! En fin… nada que me asombrara aunque, por supuesto, me cabreara.

Es una pena que la mayoría de la gente esté tan socializada como para maltratar a todo quisque. Y esto se sublima en la gente con pasta, como esta tía que quiso ser la madre de mis hijos. En el momento de dejarla ella tenía – que yo sepa – una casa propia en Cartagena, una casa rural familiar, varios pisos de su hermano y sus padres, una casa de alquiler en Madrid y un sueldazo. ¿De qué sirve todo esto, si no tenemos amor? Amor por alguien, por uno mismo, por la vida. El amor es algo que sucede ajeno al materialismo. Por eso sé, al 101% que esta mujer lleva 14 años frustrada a nivel sentimental, con un aumento patrimonial inversamente proporcional a su felicidad afectiva.

 “Tenemos que alimentar a los Bakkencitos” me decía en referencia a la familia que quería formar conmigo, siempre que yo le mostraba mi total desapego a las maneras de ganar dinero que tiene la gente, sobre todo “en mi sector creativo”. Y ella, más moscas oía tras sus bellas orejas, ante mi manera paupérrima de ver la vida.

Pero estaba enamorada de mí, y sobre todo de mi talento creativo, mi talante personal, y mi polla experta en orgasmos femeninos. Eso sí, su instinto maternal se desbordó conmigo, llevándola a una especie de malsana locura al decirme que quería tener mínimo 5 hijos conmigo… a su edad ese deseo era demencial. Lo de mi talento creativo y mis reflexiones filosóficas era algo que casi le obsesionaba. No se cansaba de escuchar mis chapas, me pedía más y más cuando yo le decía que por qué no me mandaba callar de una puta vez. Eso sí, su cuadriculada mente servil razonó que mi talento era fruto de que: “tú no estás contaminado. No ves la tele, no oyes la radio, no sigues nada de esta sociedad, por eso eres tan creativo”. Pero no era por eso… eso, querida Lana, era una consecuencia de mi talento, no su causa.

Cuanto más dinero tiene una persona, más infeliz es. Muchas ni se dan cuenta, pues se rodean de entes primarios que sólo persiguen el dinero, y les adornan los oídos y les nutren de gilipolleces vitales que se acaban enquistando y frustrando todo anhelo de felicidad. La peña se torna mediocre, predecible, tremendamente socializada. Y se retroalimentan… hasta que aparece un sueño, una bella entelequia como yo que desata la caja de Pandora a la inversa, es decir: saca a flote todo lo bueno y encierra, bajo llave, la desesperanza.

La vida no es eso que os empeñáis en vivir, panda de gilipollas mortalmente vivos.

Ganar dinero es el acto más burdo y contraproducente de la existencia humana. Ganar dinero es lo más fácil que hay, siempre que no se tengan anhelos de libertad, de moral, de alegría, de solidaridad, de camaradería… es todo lo contrario a lo que debería ser un hombre sobre la Tierra.

Precisamente para esta infeliz de Lana, que pudo ser feliz  mucho antes de conocerme si no se hubiera empeñado en seguir los designios del sistema y su rígida educación familiar (conocí a sus padres y a su hermano, otro pijo de la hostia), hice “un trabajo publicitario”. Comillas porque yo no curro para estos hijos de puta, ni para el resto, que son casi todos los que te pagan a cambio de tu trabajo. Pero ella, sabiendo y admirando mi talento creativo, me pasó un briefing (instrucciones) de una campaña de publicidad grande, para SEUR. Para que se lo hiciera, cuando tuviera tiempo. Se lo hice en 20 minutos: slogan, varias frases de campaña, textos amplios, ideas de logos y guion para spot. Un trabajo que a su empresa le costaba semanas y casi 10 empleados a tiempo completo… para hacerlo mal,  yo se lo hice en 20 minutos y PERFECTO. A su jefe (todos tienen un jefe, menos yo) le encantó y pese que se filtró que SEUR dio la campaña a otra agencia, pues lo hacen a dedo… al que mejor pague bajo mesa… usaron mis ideas para tratar con muchos clientes, a modo de enseñar su trabajo creativo tan bueno… mi trabajo. Por supuesto ella me quería pagar si hubieran ganado el concurso de campaña y yo no quería cobrar. Jamás he separado mi dinero del de mi novia, ni viceversa.  Otra cosa no, pero con el dinero esta chica no escatimaba. Era muy generosa y pagaba a sus trabajadores, como merecían, sin explotar a nadie.

Pero era una pobre alma, un ente sometido a sí mismo, a la dictadura de una sociedad malsana. Figuraos que desde 2005 llevo la uña del meñique izquierdo pintada de negro, como recuerdo, a modo de infinito luto, por mi mejor amigo y así, cuando alguien me pregunte por esa uña, poder hablarles de mi amigo y así que deje de estar tan muerto por un rato. Mi padre, al verla, me dijo: “¿eres maricón?” Está claro de quien NO he sacado mi sensibilidad.

La única vez que no la llevé pintada, fueron las horas en las que estuve con los padres de Lana, en la casa de veraneo que su hermano tiene en Cabo Palos. Tal era el miedo que le tenía a sus ascendientes, que no podía permitir que su padre (militar) me viera con una uña pintada.  Quizá fue mejor así, porque a mi padre no me quedan más cojones que aguantarle un poco, pero si el militar este de alto rango, me suelta lo de maricón, le despeño por la terraza. Luego me la pintó ella según se fueron. ¿Cómo se puede vivir con ese miedo a la propia familia? Fijaos que me presentó “como un amigo” y que luego “vendría una pareja de amigos a la casa”. Tenía 2 habitaciones el apartamento, a parte de unas gloriosas vistas al mar, a pie de acantilado. Antes de irnos tuvimos que deshacer las 2 camas del dormitorio que no desvirgamos “porque mi madre se dará cuenta de que aquí no ha dormido nadie, si no volvemos a hacer las camas a nuestra manera”. Con 36 o 37 años… comportarse así con sus padres es un síndrome que me niego a mentar, bastantes problemas me crea ya la sociedad como para preocuparme por estas cosas.

Corté con ella, definitivamente, frente a la estatua de la Diosa de la madre Tierra (vulgo Cibeles), volviendo de cenar de un bar de gilipollas perroflautas vegetarianas lesbianas (la llevé yo… eran unas conocidas mías, todos cometemos herrores, como esta hache), y me confesó que iba a volver con su novio… pero que no… pero que sí… ¡a la bin a la ban a la bin bon ban, el Bakken, el imbécil y nadie más!

Así que la mandé, definitivamente, a tomar por el culo. Me estaba, literalmente, volviendo loco. Me fui a tomar copas a la zona de Sol, a unos garitos de mierda que conocía de toda la vida, con más crápulas que flores en primavera. Y desde la desolación que me había creado esta degenerada, tuve que elegir entre pagarla con los crápulas violentos de esos lugares (era facilísimo pegarse en esos sitios, lo difícil era no hacerlo) o centrarme en ella, la culpable de todo esto. Y eso hice. Le puse por lo menos 2 decenas de SMS, exprofeso para hundirla, en legítima defensa. Y lo hice tan bien, que me dijo que tuvo que ir a un psicólogo. Y me recomendó que yo también debería ir.  Y me lo dijo “con la boca pequeña” porque en el fondo me respetaba y me temía… no por violento, sino por preclaro. Psicólogos a mí, que le di terapia al único al que he ido (amigo de un amigo) y tuve una novia psicóloga (mexicana para más señas) y tanto a ella como a sus compañeras de un máster post-licenciatura, les hice de psicólogo… y a los que me han mandado, obligatoriamente, este puto Estado comunista español y espenol, al ser yo un lisiado físico oficial, ídem de ídem (maldito protocolo sanitario de los matasanos). Todos acaban pidiéndome autógrafos.

Eso sí, al inicio de nuestro idilio le puse esa misma cantidad de SMS, pero de cortejo y esas polladas, poesía improvisada incluida. Eso sí que le gustó, y mucho… pero los últimos SMS fueron los que le ayudaron a ser persona. De nada, Lana.

PD: al día siguiente de cortar con ella, le mandé un enorme ramo de flores a su trabajo. Ante todo soy un caballero, no como el ponche ni como nos catalogan los maderos, segurratas de 2 patas y de más inteligentes asintomático; sino un caballero de verdad: atemporal , inteligente, cariñoso y gallardo. No como Gallardón (Alberto Ruíz) al que Lana calilficó de «todo un caballero» cuando se la quiso follar en una cena íntima de la Comunidad de Madrid, de 4 magnates en un restaurante privado de un edificio de la Gran Vía (hay toda una intravida dentro de la vida…). Gallardón acompañó a Lana al servicio y, situado tras ella, le susurróal oído: «¿Te estás aburriendo? Podemos irnos juntos a otro sitio». El pepero cabrón, ya siendo padre de familia numerosa… católico a tope… queriendo follarse a un pibón de 30 y pocos años, por estar vinculada a la Comunidad de Madrid que él presidía. Buen gusto con las mujeres si que tuvo esa noche, el cabrón. Y lo intentó en la siguiente ocasión que se vieron.

(*) Jamás he querido tener descendencia, por motivos tanto vitalistas como filosóficos, pero con 2 novias maternales a tope (una fue esta y la otra la mexicana), tuve durante unos minutos – no me duró más – el feroz deseo de tener hijos con ellas. Menos mal que los anticonceptivos, y la suerte, se pusieron de mi lado. Una tercera novia previa a las otras 2, me pidió que, en el futuro, muchos años después de ya no fuéramos pareja, quería volver a verme para que le hiciera un hijo, “porque quiero ser madre, pero sé que no puedo tener marido” (era una zorra y un pibón, pero por lo menos era sincera) “y quiero que el padre seas tú, porque me gusta tu físico y tu cabeza. Quiero que mi hijo tenga tus genes”. Curioso ofrecimiento /piropo que, por supuesto rechacé de inmediato. Traer vida a la Tierra es algo muy serio, cojones. Aquí podéis leer esta historia y algo más de esta relación.

RELATO- artículo: Sin dignidad la vida no es (ni en Venecia, en nochevieja, con mi futura novia mexicana).

Posted in ARTÍCULO-INSULTO, Relatos on julio 23, 2021 by César Bakken Tristán

Ni lo sé ni me importa lo que pensáis sobre la dignidad, el orgullo, los cojones, la justicia y etc. de términos tan denostados (que no olvidados) hoy en día. Y no, no voy a hablar de nada de la PLANdemia: trataré de un mal endémico que merece ser tratado a parte de toda situación histórica, pues se trata de las relaciones humanas entre víctima y victimario, pero sin Estados, Lobbys, corporaciones y etc. de por medio. Se trata de un 1 contra 1, o un muchos contra 1, pero – en definitiva – de alguien que abusa de otro y ese otro jamás seré yo (y ese alguien, menos).

Nochevieja de 2001. Yo sólo en Venecia (me metí en un autocar, desde Madrid, para recorrer la mitad norte de la Puta Bota, con parada en la Costa azul, obvio) tomando unos vinos blancos, frente al Gran Canal con una mexicana (casi) recién conocida en el autocar (el casi es porque ya nos conocíamos de 4 días antes, pues el autocar fue hasta el Vaticano y luego tiró para el norte. El Papa Juan Pablo II “alias” te quiere todo el mundo, me bendijo en el urbi et orbi, sin yo saberlo de antemano, pero lo hizo, qué cosas.

Verano de 2021. Yo con mi mujer actual (española) en Hediondo Puente de Bellacos. Sojuzgado por mis caseros, con la ley de arrendamientos urbanos de mi parte, pero con mi mujer pusilánime no: lo siguiente. Y eso que la conocí guerrera, pues yo no me caso con cualquiera. Pero el paso de los años (ya van 13 – vaya número – ) juntos, y sus actuales situaciones familiares, la han convertido en presa fácil de los hijos de puta y a mí en un ser inerme y casi inerte, al tener que elegir entre mi dignidad y romperles los cojones a mis caseros o seguir casado. Hasta que no os pasa algo así , no sabréis lo que es, queridos niños. Os doy 1 consejo: vivid siempre solos. Jamás tengáis lazos, ni laborales, ni familiares, ni sentimentales… nada de nada. Todo lo que sea no estar solo será estar sometido a algo y/o alguien, por activa o por pasiva.

En Venecia se suponía que la tropa del autocar pasaríamos unas horas matutinas y luego de vuelta a la parte más gorda de la Puta Bota, donde estaba el hotel, para salir temprano, en año nuevo, para Milán. Yo dije que ni de coña me perdía una nochevieja en Venecia, que ya me las arreglaría para estar en el sitio indicado a la hora establecida; y que si no, siguieran sin mí: no llevaba cosas de valor en la maleta dentro de ese autocar. Mayra, la mexicana, dijo que se quedaba conmigo, ante el asombro de sus amigas y amigos. Y nos quedamos, pues. Venecia no es cara, si sabes buscar bien. Comimos muy bien, paseamos por doquier y al llegar la noche decidimos hacer un alto en un garito cutre frente al Gran Canal (maravilloso inicio de “La muerte en Venecia”, la peli, no el libro, que trata de un maricón pederasta, pues en la peli se aprecia menos esta aberración) muy bien ubicado con vistas al agua desde el interior, una especie de bar de Fast food, pequeño. Pedimos 2 vinos blancos, y el amable camarero nos sugirió que nos saldría más económico pedir una botella de 33 cl. (eso da para 2 copas bien puestas, pero para 4 según la ponen en todos los bares del mundo) así que elegimos la botellita de vino blanco. Nos pusieron una tapa de patatas fritas de bolsa, con eso queda claro el nivel del lugar. Estábamos a gusto los 2, conociéndonos más, haciendo manitas, viendo el Canal y el deambular de las góndolas y demás gilipolleces del lugar. Así que pedimos otra botellita… queríamos hacer algo más de tiempo hasta las campanadas en la Plaza de San Marcos.

El caso es que, tras las segundas copas, ni caso a tanta molicie y decidimos seguir en marcha  para buscar una tienda donde comprar unas botellas de espumoso para brindar como Dios manda por el año nuevo, cuando acabara la última campanada y en plan botellón, como los buenos (encontré una tienda maravillosa, por cierto). Pedimos la cuenta y el amable camarero nos dice: 80mil liras. Era año todavía sin euro obligatorio, o sea que 80 mil liras eran 8 mil pesetas. Imaginad: 8 mil calas por menos de una botella de vino (33 más 33= 66. Una botella son 75cl.). 48 euros de ahora… 20 años antes. Bueno… yo me reí al principio por “la confusión” del camarero. Pero qué va, el espagueti de mierda va y señala un mini cartel de la pared con el nombre de nuestras botellitas y el precio de 40 mil liras cada una.

Y se pone a gritarnos, de esa manera asquerosa que sólo saben hacer los espaguetis y me a mí me cabrea a tope. Eran 3 (tal vez 4) los timadores de ese garito. Y yo era 1. Plan perfecto. Yo con 25 años era imparable ante 4 que no fueran con armas de fuego. Peeeeeeeeeeeeeero, y aquí deviene, queridos niños, lo de que estéis siempre solos, toda vuestra puta vida, os lo aseguro… estaba con mi futura novia y ella no quería líos y quería pagar. Discutí un buen rato sobre el timo que nos acababan de hacer, Mayra que lo dejara, yo que me cago en los putos espaguetis de mierda, el camarero llamando a los otros, los otros saliendo, yo diciéndoles a todos que les iba a tirar al canal; Mayra que mejor pagar, yo que a mi no me tima ni Dios que soy español, los camareros agresivos, yo volqué una mesa al grito de “me cago en vuestra puta madre espaguetis de mierda” (sic) para que vieran quien era más agresivo; los timadores que iban a llamar a los caravinieris (o cómo coño se escriban los maderos de la Puta Bota) y yo que irían al puto canal junto a ellos, pero que no les iba a pagar… y al final Mayra pagó, mientras me rogaba que nos fuéramos y yo estaba forcejeando con 2 de los timadores, pero sin golpearles… ¡por estar con la mexicana!

Fue la muerte en Venecia de mi dignidad. Jamás me había pasado antes.

Me vencieron 4 timadores espaguetis. Perdí mi dignidad por culpa de una mujer. A mí no me hubiera importado morir ese día. Sin dignidad no sé vivir, os lo juro. Pero como no iba sólo me afectó y acabé cediendo. Pasamos buenísima noche y etc. y luego año y pico viviendo juntos en Madrid. Pero al final todo aflora y a esta mujer la dignidad se la sudaba y al igual que en Italia dejaron que nos timaran 80 mil liras (le pagué la mitad, aunque no debí hacerlo) con el tiempo se dio cuenta de que yo jamás iba a ganar la pasta que ella pensaba al conocerme, porque yo no me vendo y he dormido muchísimas veces a la intemperie, pudiendo hacerlo en mi chalet de lujo, de haber querido ser un hijo de puta.

Lo de ahora me pilla algo cascado, con 46 palos. Pero yo soy de los que justo antes de palmarla, como me esté sucediendo algo malo, usaré mi último suspiro para tratar de golpear a quien me sojuzga o, por lo menos, insultarle. El miedo es algo que todavía no he sentido, y ya a estas alturas del cuento de mi buena vida, ni lo espero ni lo deseo. Jamás seré un maricón.

Fortuna quiso hacer justicia conmigo al cambiar las liras que me sobraron, en Leganés. La imbécil de la cajera confundió liras con libras, por lo que obtuve 25 mil calas de beneficio, jajjajaa. Eso sí, al pasar el cambio de divisas por el Banco de España, les dieron aviso del error al banco y ellos a mí. El Banco de España… ese que décadas antes fue saqueado por los rojos…  me pedía a mí cuentas. Pensé en negarme a devolver el dinero y que empezaran un proceso judicial contra mí, por su error. Pero ya estaba yo yéndome a vivir con Mayra y, obviamente, devolví el dinero. Insisto: jamás tengáis cuitas emocionales con nadie. Sólo así seréis libres, aunque viváis debajo de un pino. La dignidad no tiene precio.

PD: siempre hay una excepción que confirma la regla. Hasta el 2008 fue mi madre, cuando se enteraba de mis batallas, la que me hacía frenar voluntariamente por mi parte… pero cuando se enteraba, que ya procuraba yo fuera pocas veces.

Re-PD: no cedáis, de verdad, queridos niños. Yo hace años que no duermo bien por eso y hoy, por ejemplo, otra noche sin dormir sabiendo que uno de mis caseros duerme a pierna suelta en este mismo edificio donde me están maltratando. He tenido momentos muy jodidos en mi vida, pero jamás he perdido el sueño cuando he obrado con dignidad. Es un infierno vivir sometido, os lo garantizo. No lo hagáis. Más vale calidad que cantidad.