ARTÍCULO: Militares (rusos) subnormales, parásitos sociales.

Hoy este honor del título del artículo les toca a los militares rusos, hace poco a los ucranianos que atacaban Donbass y a los paramilitares rusos de ese mismo lugar; y a día de hoy también a decenas de miles de militares que guerrean por todo el Mundo.

Manolo Kabeza bolo, es el autor de la canción cuyo título engalana este artículo. Es un cantante “de acampedo”, tal cual, para acompañar borracheras de calimocho y petas de adolescentes como fui yo y mis amigos de acampedo, pero lo borda en este tema:

Como ya he dicho en varias ocasiones, fui amigo del Coronel Ricardo Ramos Alcaraz (responsable de la “operación voladura” para evitar la traición española al Sahara Occidental, entregada al moro). Durante nuestros días de navegación y “furgoneta jipi” en Eivissa (él ya estaba jubilado, yo en plena ebullición veinteañera), aprendimos mucho mutuamente.

Al respecto de lo que dicen estos prisioneros rusos de guerra, más allá de que sea verdad o mentira, lo que dicen es LA PURA VERDAD DE LAS GUERRAS OFENSIVAS, comento alguna de las conversaciones que mantuve, a ese respecto, con el viejo coronel, que es una de las personas más inteligentes, eruditas, nobles, humanitarias, divertidas y generosas que he tenido el placer de conocer (falleció hace una década, aprox.)

Me comentaba Ricardo que los oficiales “somos todos unos locos psicópatas que gozamos viendo como la soldadesca se mata siguiendo nuestras órdenes. Les ponemos cebos como las banderas, la patria, el honor y esas estupideces… para llevarles a donde queremos: el campo de batalla. Una vez en él, a todos les entra miedo y pánico porque tratan de luchar por salvar su vida. Ninguno entiende qué coño hace ahí, dispuesto a matar y morir, pero se vuelven animales sanguinarios para defender su vida y son capaces de todo para ello, de las mayores barbaridades. Y nosotros, los oficiales, lo vemos todo desde nuestra zona de seguridad, gozando con su muerte. Nos gusta jugar a la guerra. Gozamos con eso. A mí me hubiera gustado ser general de las huestes de Gengis Kan, cuando las batallas eran tremendas”.

Nunca me entrará en el melón cómo un ser humano, por muy psicópata que sea, puede hacerse militar. Las única guerras legítimas con las de autodefensa (como la que libran ahora los ucranianos) pero si no hubiera militares, no habría agresores… ergo… no habría ni guerras legítimas.

Recuerdo a mi amigo y vecino (nos criamos juntos) Oscar P.H. que se hizo militar de academia… jugaba a la guerra el muy gilipollas, como profesión. Pero le tocó la primera guerra de Yugoslavia y fue desplegado allí (creo que como casco azul, pero no voy a contrastar desde cuando llevan estos tarados existiendo). Duró 4 días y ni llegó a entrar en combate. Nada más ver que la guerra iba en serio, sufrió una crisis nerviosa y tuvieron que trasladarlo a Madrid y licenciarlo (supongo que “con deshonor” y esas payasadas que usan estos tarados). Lo que le gustaba a Óscar era pelearse con guarros en los bares aledaños a su cuartel. Pero de ahí a una guerra… media un abismo (aunque para un militar español de la época era más fácil perder la vida en peleas callejeras de “tribus urbanas” que en el frente de batalla, sencillamente porque hacía décadas que no entrábamos en conflictos armados.

Jugar a la guerra sólo debería de ser asunto de niños, como jugar a las muñecas lo era de niñas. Una pena que la industria armamentística sea la más lucrativa, por encima incluso que FARMAFIA tras 27 meses de PLANdemia.

¿Pero qué hacemos ahora?

Ahora ya no hay marcha atrás.

¿Nos desmilitarizamos y dejamos que los militares de otros países nos invadan? Hemos llegado a un punto de no retorno, por culpa de la estupidez humana y su sempiterna psicopatía y sed de mal.

Así que, puestos a pedir, EXIJO un Ejército espenol DE VERDAD, no esta soldadesca patética que no para de fallecer en accidentes y en maniobras militares. Puestos a pedir, EXIJO un ejército espartano versión 2022. Pero no… en la Espena actual sólo tendremos Débiles Mamadas siervas del NOM. Menos mal que Rusia no es nuestra frontera, porque hubiéramos durado media hora, o tal vez menos.

El ser humano ha metido al ser humano en una jaula llena de lobos hambrientos antropomorfos y cuanto antes lo asumamos mejor viviremos lo que nos queda de vida y, tal vez, las generaciones en edad de procrear decidan – por fin – no traer vida humana a este mundo inhumano.

PD: la última vez que estuve con el coronel fue en un hospital privado de Eivissa, donde tuvieron que llevarle a las semanas de darse un “botavarazo” navegando conmigo. Se nos soltó el cabo de la botavara, y un golpe de viento proyectó la botavara – teníamos la mayor a todo trapo – y a él con ella, por toda la borda. A mí me pasó lo mismo, justo después… pero a mi edad no pasaba nada por volar así de babor a estribor. Cuando le visité era el día previo a mi vuelta a la Península Ibérica. Me leyó, de memoria, una carta que había enviado al Ministerio de Defensa, donde les instaba a cambiar al Ejército español, por una tropa de lagarteranas (SIC) debido a la nula efectividad y autonomía militar que tenía, ya por entonces, nuestro Ejército. Y, me temo, le hicieron caso.

Deja un comentario