CINE. LUYS COLETO: Red…o el cada vez más deplorable cine de animación feminazi/femibolche.

Marzo y más allá. Todo el año ya es totalitarismo feminista. Languidez. Sopor. Tedio. Femibolche, tan palmario el marxismo cultural y sociológico. O feminazi, si prefieren (por supuesto nazi, o racista, presuponiendo absurda y falsariamente una biológica y potencial criminalidad en todo hombre: lo mismo que otros rebuznan sobre negros o judíos). Y, honestamente, no hay ya película de animación que no se anime a promover la tiranía feminista. Lo último, sin ir muy lejos, Ainbo, la guerrera del Amazonas. Pero tantos ejemplos. Y satura la cosa, la verdad: pura y dura y globalista y dictatorial Agenda 2030: reducción poblacional, pues, anhelando una única y exclusiva cosa: aniquilación, además de mutación, de la especie humana.

Red y el lastimoso cine de animación feminista
Feminismo contemporáneo, atroz y purulento lavado de cerebro, tóxica y machacona propaganda pergeñada por las élites psicopatocráticas que manduquean el mundo desde que es mundo: lacra que acomete y agrede y viola las mentes y la sociedad como una plaga extremadamente maligna, una deliberada y decidida guerra contra el varón (preferentemente blanco y heterosexual), capitaneada por neo-brujas (nada que ver que con la dignidad de las de antaño) y sus medio-hombres lametampones que las siguen, ora entusiastas ora resignados, con el rabo entre las piernas.
Red, pues, cine, Pixar: otro reciente ejemplo de lo comentado en Disney Plus. Y por supuesto, nada en esta vida acontece casual: la elección del 11 de marzo (tan próximo al siniestro aquelarre del 8-M). 11-M, entonces: atentados y virus (como falaces atentados terroristas) de bandera falsa: Madrid (2004)…Wuham, Organización Mafiosa contra la Salud, declarando el inicio de la PLANDEMIA: 2020, pues.

De niña a mujer: la regla
Y de niña a mujer, tonada de Julio Iglesias memento. De cría ( “perfecta y tierna”) a adolescente, experimentando cambios de todo tipo en el propio cuerpo. Se nos narra la historia de Mei Mei: trece tacos, vive en Toronto. Hija única y modélica, familia de origen chino. Solo saca sobres en la cole, toca la flauta en la banda, tiene una pandilla de amigas bastante empollonas. Y, súbitamente, la regla…
…“El mes.” “Esos días.” “El periodo.” O, también, «la berza», «la visita» o «ha venido mi prima». En Sudamérica, por ejemplo, «vino Andrés», «Juana la colorada» o «me cantó el gallo», diferentes formas de nombre al ciclo menstrual en aquellos lares. . Porque mucha gente prefiere no llamar a la menstruación por su nombre. En Red sí lo hacen: en principio, bien está. Existen partes del mundo donde el estigma en torno a la menstruación va mucho más allá de los eufemismos. Para algunas crías sangrar cada mes lunar supone estar escondidas en corrales o tener prohibido el acceso a sus propios hogares; otras no tienen medios para adquirir tampones y compresas y tienen que arreglárselas de mala manera con trapos. Algunas mujeres incluso han sido detenidas o interrogadas por desarrollar actividades pacíficas para acabar con este estigma. El asunto de “la peonía roja que ha florecido”, impresionante asunto. Volviéndose (“monstrua”) roja, título exacto en español. Metáfora tan…¿ burda?
Pero en la Canadá de Red y del tirano globalista Justin Trudeau, el más conspicuo de los comepollas del Fondo Económico Mundial del genocida Schwab, el tito Klaus pues, nada de eso ocurre. La inmensa mayoría de las cintas de Pixar, no lo olvidemos, están hechas para audiencias universales. Peces desmemoriados, ratas gourmet o taciturnos androides, apelarían de alguna manera a toda la humanidad. Red no. El público de ésta parece, en cambio, muy específico y ceñido: comunidad femenina y asiática de Toronto, la película pareciese hecha para púberes canéforas coleguitas de la prota de la historia; o para la directora Domee Shi y su familia más inmediata: un poquito restringido, la verdad. Ignoramos si el retrato cinematográfico propuesto por la realizadora china-canadiense de las hembras asiáticas deviene representación o estereotipo.
De lo peor y más manipulador de Pixar
De lo peorcito de Pixar, por su extrema, banal y venal, ideología que todo acaba pudriéndolo. El tránsito de la niñez a la adultez (simbolizada en un panda rojo) de Mei Mei podría haber dado bastante juego: el fascinante universo de los adolescentes, vulgo aborrescentes. De pronto Mei Mei es una criatura ruda. Hiede extraño. Sus mudanzas de ánimo, inopinadas. No puede controlar sus descontroladas e hiperhormonadas emociones. Le molan muchísimo los chicos. No le gusta nada su madre (progenitora que puede inscribirse perfectamente en el arquetipo asiático-americano de la Madre Tigre). Y, por supuesto, con sus despóticas exigencias: ver de forma improrrogable a su grupo favorito, los 4*Town: una vulgar fan del montón, tan feminista eso de ser grupi (por cierto, muy digno el hibridado y musical cóctel entre Billie Eilish y Finneas). “Y nadie se interpondrá en su camino”…
…¿Y cinematográficamente, Stricto sensu? Llevadera durante tres cuartos de hora, el bajón en el tercio postrero acaece sencillamente escalofriante. Y muy revelador. En fin.
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