LUYS COLETO: Sonic 2, la película: sutil e “infantil” forma de legitimar el atroz transhumanismo.

Rememoremos volandero apunte: Sonic deviene uno de los señeros referentes noventeros en el abisal, frisando lo hadal, asunto de los videojuegos. Desde 1991, primera entrega en Mega Drive. Y, tres decenios después, 2020, Sonic, mascota gamberra y locoide y zascandil, el puerco espín espacial más superferolítico e “imparable” de SEGA, aprehendiendo toda la «esencia» de esta legendaria compañía de videojuegos, arribaba a la gran pantalla. Ahora, en las pantallas españolas, segunda parte.

Las payasadas de Jim Carrey…y bastante más
Sonic 2, pues, cinta con Jeff Fowler, de nuevo, dirigiendo. Ubicándonos dos años después de los acontecimientos narrados en la primera parte, con un Sonic que se ha adaptado a su nueva vida y familia, pero que anhela, ansioso, nuevas aventuras. Estas peripecias retornan tan pronto como lo hace su archienemigo, quien además en esta ocasión no se encuentra solo y cuenta con la ayuda de Knuckles, personaje memorable (e icónico) donde los haya. Un hipermalvado encarnado, cómo no, otra vez, por el sin par Jim Carrey, cada vez más desatado, dando vida y forma por segunda vez en la pantalla al villano Eggman, papel que, honestamente, al estilo de El Grinch, le sienta como anillo al dedo, valga la expresión. Esmeraldas del Caos, mejor expresado.

Trepidante cinta, por instantes faustamente vertiginosa, irreverente y saludable humor por doquier (ora facilón ora inteligentísimo) mediante, la trama principal funciona razonablemente bien, poseyendo la peli un arranque prometedor (prólogo con el doctor Robotnik, indeleble…), pero detectándose, en cambio, en el ínterin, un injustificado superávit de personajes (eso no impide que algunos puedan refulgir, como es el caso del citado Knuckles o, también, por ejemplo, de Tails), además de algunas ideícas argumentales, subtramas digamos, que no cuajan en absoluto: memento enlace conyugal, ralentizándose innecesariamente el acontecer de lo contado, reventando del todo el, hasta ese momento, fluido ritmo, además de transformar a esas superfluas subtramas en las principales responsables de que la película se prolongue ininteligiblemente unas excesivas dos horas.

¿Legitimando el transhumanismo?
La peli no ignora ciertas e incontestables verdades humanas, cierto: la necesidad de ser educado por una figura paterna, por ejemplo. ¿Pero vira todo el abigarrado y sugestivo conjunto hacia el letal transhumanismo, hacia la aborrecible granja tecnotrónica de vigilancia y control totales? ¿Todas las alquímicas agendas del sistema (feminismo, elegetebeí, género, aborto, eutanasia, inmigración masiva, climática, carrera espacial, «vacunas»…) se cuecen en la marmita transhumanista, abracadabrante y “mágico” grimorio de todas ellas? Indudablemente.

Sonic 2, cine transhumanista, pues, sin pretenderlo, preparación de lo aciago por venir: hay que establecer y mantener y ahormar un vínculo emocional fuerte y creíble entre humanos y espantajos virtuales(al estilo de las geniales entregas de Paddington). Lo dicho en tantas ocasiones, el moderno Victor Frankenstein (o, mitología mediante, Prometeo o Ícaro) ostenta un encumbrado, encumbradísimo cargo político y/económico, ni siquiera «científico». Preferentemente lo ejerce en la sombra.
“Bienvenidos a la nueva normalidad, es hora de despedirse de la humanidad”, grazna Carrey durante el metraje de nuestra historia. Pues eso, pasen y vean la “nueva” y posthumana subnormalidad. Ya estamos en ella. En fin.
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