CINE: «Solos en la madrugada» José Luis Garci, 1978.

Hay directores de cine que, por su vida privada o sus apariciones en público, sabes que no te van a gustar en absoluto. Son ese tipo de directores que emanan podredumbre en todo lo que hacen y, como no, lo reflejan en su cine. Es el caso de José Luis Garci. Recuerdo cuando me enteré de su existencia, en el programa “Qué grande es el cine” de TVE2 (no sé si ya se llamaba “la 2” por entonces, en ese inicio de idiotizar al espectador, poniendo los nombres de los canales a colación de los números del mando a distancia)
Fui cinéfilo y ahora soy cinéfobo… pudiendo explicar, perfectamente, el por qué. Pero hablaré sólo de esta nauseabunda película, tanto en contenido como en continente. Ya habrá tiempo para atizar a Garci… que, por cierto, consumió todo el presupuesto audiovisual, de 4 años, de la Taifa de Madrid para su película sobre la guerra hispano- británica al gabacho invasor (el PP subvencionando a un rojo pijuarro recalcitrante, vivir para ver).


En esta segunda película de este junta secuencias (ser director es otra cosa) se abordan algunos de los traumas progres de la época: antifranquismo, ansias de libertinaje, sexo desbordado, homosexualidad, destrucción de la familia y drogadicción beatificada. El marco para justificar esta psicopatía es un infumable programa radiofónico de madrugada donde el presentador – Sacristán – llama, constantemente “inútiles” a su audiencia (curiosamente, la dedicatoria final de la peli es a los programas de radio de la época franquista, porque nos ayudaron a soportar el régimen, o algo así dice este soplapollas y borracho extremo. Los alcohólicos como yo tenemos en los borrachos a nuestros peores enemigos, porque desprestigian nuestra noble forma de vida dedicada al trasiego moderado y responsable).

El prota no podía ser peor actor: Pepe Sacristán, que desde que le cambió la voz se dedica a hacer el mismo papel. Cuando tenía voz de pito, hacía siempre de pringado, objeto de burla de los personajes femeninos de sus pelis… pero por lo menos eran comedias y no los tostones melodramáticos que hace desde entonces, salvedad de la genial “Vaquilla”, pese a que su personaje es el mismo triste y lamentable deprimido cabreado, pero queda bien para esa peli. En esta cinta su voz está entre Pinto y Valdemoro, o sea, que hace gracia oírse decir gilipolleces dramáticas con vos casi de pito.
Qué mal interpretan todos y cada uno de los actores de la peli. Hecho acentuado por la estupidez de los diálogos que les prepararon y lo mal que coloca la cámara el junta secuencias.

A nivel técnico, es cine clásico de toda la vida (el americano en blanco y negro, que es lo que le gusta a su director), con insoportable atracón de plano/contraplano y plano fijo para absurdos diálogos en la cama, con 2 féminas siempre en tetas y el pecho lata lampiño del enjutísimo Sacristán. Fijaos si el personaje está delgado, que le llaman canijo mil veces y se mofan de su cuerpo escombros, otras tantas. Pero hay un momento cruel, que hasta a mí, que odio a Sacristán (obviamente covidiota y agresivo con los negacionistas) me parece excesivo: el personaje en tetas de supuesta tía buena – es del montón, pero hace de pibón, de fem fatal – se mofa de su micropene… se supone que el del personaje… pero qué va, es que Sacristán tiene el pene de un mandril, el muy gilipollas se pone pantalones ceñidísimos para corroborarlo – como hace Michele Obama, pero al revés – y en “La Vaquilla” no se le ocurre otra cosa que salir en bolas y mostrarnos su entrepierna, ausente de miembro viril. “Hay que cogérsela con pinzas” tal cual. Se cebó Garci con Sacristán… ¿a qué venía eso? Si el hombre tiene la nariz mucho más grande que la polla, no se lo restriegues por la cara…

¿Y a qué viene repetir 50 veces, que no hay que vivir en familia, que hay que divorciarse, que hay que ser homosexual, que hay que follar con todo lo que se meneé y que hay que vivir en libertad y odiando a Franco? De verdad… no he visto trama más estúpida que esta. Para decir estas cosas se hace un panfleto o un partido político comunista, no una película que, por supuesto, pagaron los españoles, para ser insultados por este gilipollas expoliador.

El momento alabanza a Tierno Galván, es ya para echarse a llorar. Sólo echo de menos que los personajes, aparte de sufrir tabaquismo y alcoholismo, se metan unos picos de jaco, como le gustaba a “el viejo profesor” que hiciéramos todos. Normal que Galván fuera bisexual, promiscuo y se enamorara de José Bono, su amante de aquella época… pero eso es otra historia que ya desvelaré en su momento.
Ni se os ocurra ver esta película, ni ninguna de Garci. Y si lo habéis hecho, olvidadla. Yo estoy tratando de olvidar varias.
Por cierto, es su segunda peli. La primera es “Asignatura pendiente” donde el mismo Sacristán se dedica a follar con una de las actrices de esta peli. Esa es la trama de su primera peli: follar con una exnovia o examiga con la que nunca lo hizo. Promete, ¿eh? Menos mal que la ambientó en la Sierra de Albarracín, y se ven imágenes bonitas, como en esta de la radio, donde se ve el Madrid nocturno que a mí tanto me gusta (planos muy feos, terribles incluso, pero a mí me gusta recordar mi ciudad como la he vivido miles y miles de veces).
PD: «porque no podemos pasarnos otros 40 años, hablando de los 40 años» jajajaja Casi acierta Garci… sí que se puede, y doblando la cifra. Puto país de rojos acomplejados.
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