RAFAEL LÓPEZ: Valencia, el valenciano y los toros

Durante un par de lustros y medio residí en Valencia, la mitad de ellos todavía en tiempos de Franco. Hace, ya, mucho tiempo que no he pisado esa ciudad, y no estoy al tanto de la involución que haya sufrido. No he dicho involución gratuitamente, porque estando en la repugnante órbita pancatalanista, y con unos malgobernantes socialcomunistas y secesionistas, dudo mucho que dicho calificativo no esté, sobradamente, justificado.

Lo primero es indicarles que mi artículo va a ser alambicado, algo nada infrecuente en mí, y aunque la advertencia no les sirva de consuelo, valga la misma para solicitar cierta indulgencia cuando salte de un asunto a otro sin ligazón alguna, igual que ocurre en esas conversaciones informales entre conocidos.

La ciudad de Valencia, y su área metropolitana, acogieron grandes flujos inmigratorios, principalmente, en los años sesenta. Las procedencias más numerosas fueron: maños (mayormente de la cercana Teruel), castellano-manchegos (principalmente de la limítrofe Cuenca) y andaluces. Mi Familia y yo formamos parte, en los estertores de los sesenta, de ése conglomerado humano, siendo yo el único miembro familiar que no haya anclado su vida a aquella tierra. No es que sienta una animadversión hacia la ciudad y sus habitantes, pero nunca fue un traje en el que me sintiera, especialmente, cómodo, y desde que tuve ocasión, con 19 añicos, inicié un periplo vital que me llevó a otros lugares.

Durante mis años académicos en Valencia, jamás escuche otro idioma, entre compañeros y profesores, que no fuera el español. Hasta cierto punto era lógico ya que, la mayoría de nosotros (incluidos los profesores), proveníamos de regiones lingüísticamente españolas, hasta las trancas. Sí es cierto que los alumnos de los pueblos de la Valencia profunda, chapurriaban (es un baturrismo) en valenciano, pero tenían la sana cortesía de utilizarlo solo cuando no había españolhablantes presentes. Porque, además, siendo sincero en Valencia ciudad, incluso entre los nativos, se hablaba, mayoritariamente, en español.

Por entonces, en España, no existía el adoctrinamiento lingüístico que padecemos, en éstos tiempos de mezquindad, ni, tampoco, existía el menor atisbo de la feroz inmigración ilegal marroquí, ni mucho menos africana (tampoco tuve ningún conocido hispanoamericano). Nunca tuve un compañero, o un docente, que no fuera español y que se expresase, correctamente, en español. Ésa universalidad en el habla unía, no perjudicaba, y les puedo asegurar que ese crisol humano, con esa argamasa del español (además de otros factores), conformaba una sociedad más natural, libre, segura y vital, e infinitamente menos desquiciada. Tal vez piensen que me acojo al cualquier tiempo pasado fue mejor, pero reniego de semejante simpleza, porque no digo que fuese idílica digo, sencillamente, que, en la comparanza, era infinitamente mejor que el estercolero humano en que han convertido a España nuestros malgobernantes, durante los últimos nueve lustros.

No es que guarde unos recuerdos especialmente emotivos, de aquellos años, aunque, con la distancia de ocho lustros a las costillas, hay algunos que sí perduran con rotunda tenacidad.

La motivación principal para escribir estas letras ha sido cuasi accidental, y se debe, en exclusiva, a mi afición por los toros. Verán, me gusta estar al día de ese mundo, motivo por el cual, cuando puedo, accedo a una página de internet que se llama Mundotoro. Suelen ofrecer algunos vídeos, muchos menos de lo que yo quisiera, y unos amenos artículos cuya lectura compensa el tiempo que les dedico. La cuestión es que estaba leyendo una noticia sobre la Feria de las Fallas cuando leo «en el coso de la calle Xátiva«, y, automáticamente, me entra la malasangre.

Las Fallas son ampliamente conocidas en España, pero si hay alguien que no esté al tanto, le informo que son unos montajes satírico-críticos hechos con cartón decorado, que se colocan en las calles y plazas de la ciudad para ser quemados en la noche de San José, Cómo es habitual las ferias taurinas se ajustan, cual trajes de torero, a las celebraciones de cada lugar, y las de Valencia coinciden con este evento fallero (en julio se viene realizando, también, una feria de carácter exclusivamente taurino).

España viene aceptando, estúpidamente, el suicidio cultural que supone la discriminación del español. Con todo mi respeto hacia quienes han tenido una lengua materna distinta del español (la forzada catalogación del catalán, o el gallego, como lenguas fetén, equiparables al español, sólo obedece a espurios intereses políticos, y el vascuence no se ni qué hostias es), considero que se debe permitir su uso y aprendizaje voluntario, pero debe ser el español, como elemento cultural vertebrador e integrador, el utilizado fuera del ámbito privado. Puedo admitir, en plano de igualdad, hablas locales, como el eivissenc o el chapurriau, pero sólo a los malditos, y con toda clase se reservas.

He pasado centenares de veces por la calle Játiva. La plaza de toros, sita en esta calle, está pegada a la estación de tren, y muy cerca de la plaza del Caudillo, vamos el centro, centro de Valencia. Para quien no lo sepa Játiva es un pueblo situado en la zona sur de la provincia de Valencia, la cual, al igual que Alicante y Castellón, está trufada de nombres de pueblos que empiezan por ‘Al’, y por ‘Ben’ (la influencia árabe siempre muy presente, igual que en importantes zonas de Teruel). Que sustituyan el Játiva, que entendemos todos, por el ‘Xátiva’ que sólo entienden los lugareños más refractarios y un puñado de sectarios pancatalanistas me parece una infamia (lo digo cómo ejemplo casuístico, porque el problema es muy serio ya que afecta a la educación que se está dando a los jóvenes, desde hace mucho tiempo, en media España).

Personalmente, aunque no me entere de nada, considero muy respetables los usos tradicionales del valenciano cómo, por ejemplo, en el Tribunal de las Aguas para resolver los litigios entre regantes, e incluso los carteles de las Fallas que se escriben exclusivamente en valenciano (son tradiciones y no hay más que hablar).

Cientos de veces, también, he transitado por la plaza del Caudillo, en la que había una imponente estatua ecuestre del general Franco, que éstos siniestros socialcomunistas y peperos se encargaron de quitar, a las primeras de cambio. Además de quitar la estatua, le cambiaron el nombre a la plaza, por uno mucho más democrático, progresista, etc., etc. Sin embargo, la nueva denominación no tuvo ningún predicamento entre los vecinos, que siguieron llamando a la plaza de marras con el destronado nombre (ésa justicia poética permaneció, al menos, mientras viví allí). Ahora imagino que todo será muy distinto, con tantos años de adoctrinamiento, estupidez y mendacidad.

Una vez fui a los toros al coso de la calle Játiva, porque había conseguido una entrada mi Padre, que trabajaba en un hotel muy frecuentado por los toreros. Aún era menor de edad, la localidad estaba en el gallinero, vi cuasi nada por la lejanía, no recuerdo ni la terna, ni la ganadería, ni el pelaje de los bureles, pero sí puedo decir que la tarde fue un auténtico desastre, acabando el ruedo tapizado de almohadillas (aquel epílogo ejemplifica, muy adecuadamente, lo que le ha ocurrido al español en España).

Me lo comentaba no hace mucho, y con gran acierto, el tirano: la eficacísima idea de Dios en la torre de Babel. Las lenguas deben servir para facilitar la comunicación humana, no para proscribirla, y en España, y nuestros hermanos países hispanoamericanos, es el español ése catalizador lingüístico. Podrían argumentar, por ejemplo, que sea yo el primero en renunciar a mis baturrismos, pero ya les anticipo que no pienso hacerlo por tres motivos: el primero, por el implícito legado ancestral inherente a ellos; el segundo, porque su utilización nunca impide la comunicación, diría que la complementa, e incluso la enriquece; y, en tercer lugar, porque ni harto de coñac cambiaría cromos para adquirir absurdos palabros y expresiones admitidos por la RAE, y otros que, sin estarlo, son, o han sido, de uso vulgar como ‘dabuten’, ‘voy al gym’, ‘buen finde’ y demás estúpida jerga de estos tiempos de tribulación.

3 respuestas to “RAFAEL LÓPEZ: Valencia, el valenciano y los toros”

  1. Avatar de Rafael Lopez
    Rafael Lopez Says:

    Don César ha complementado mi artículo con unas estupendas, y acertadisimas, imágenes. En la segunda de ellas aparecen las banderas de los tres reinos de la Corona de Aragon (Cataluña no dejaban de ser unos Condados ya, por entonces, dando por saco). Tal vez alguno de ustedes se pregunte porque es precisamente la bandera de Cataluña la única cuatribarrada que no lleva algún elemento diferenciador. El motivo es muy sencillo y esclarecedor: resulta que siempre tan robones como fueron la primera Comunidad Autónoma en tener estatuto, ni cortos ni perezosos, se arrogaron, ignominiosamente, la cuatribarrada a pelo, proscribiendo, con ello, la posibilidad de que Aragon la legítima, e histórica, legataria de la misma la pudiera utilizar.

    Y todo ése expolio de un símbolo de Aragon, ¿pará qué?, si resulta que lustros después los malnacidos pancatalnistas han pervertido la bandera que burdamente usurparon para ponerle una cruz comunista a la manera de la Cuba castrista.

    La gehena es poco para esos carnuzos.

    • Los catalufos llevan toda la vida jodiendo, especialmente tras la «Guerra Mundial» llamada «de sucesión española»… ahí fechan los mastuerzos estos el inicio de su secesión… Por supuesto, luego fueron protas hasta en las guerras civiles carlistas (la segunda fue, íntegramente, en la acual Qatarlunya.
      Mucha gente piensa que todo este enbuste separrata está causdo porque llevan 45 años monopolizando la educación y adoctrinando. ¡Ojalá fuera este elmotivo, porque se curaría leyendo y razonando! El problema es el mal intrínseco en casi la mitad de habitantes de Cataluña, los que la han convertido en Qatalunya, al aceptar la islamización brutal acordada por el felón y psicópata paniaguado Angel Colom – que casi se apellida como el ilustre catalán, para estos esquizofrénicos, Cristobal Colón – con Marruecos… bueno, realmente este asunto merece un artículo, no sólo un comentario. Lo haré, en estos días.

      • Avatar de Rafael Lopi
        Rafael Lopi Says:

        Sólo un turolense matiz, César: Cabrera «el tigre del Maestrazgo» como se le denominaba operó muy intensamente en Teruel (también en Castellón), especialmente en la parte más oriental de la provincia.

        Y otra cita histórica el rey Juan II de Aragon en el testamento que efectúa para su hijo Fernando (el Católico) le dice expresamente lo mucho que lamentaba que se tuviera que hacerse cargo de los levantiscos e insolidarios condados catalanes. Por desgracia ese carácter de puercos mal cenados (expresión baturra) les viene de muy antaño.

        Un abrazo,

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