ARTÍCULO: Ayer me agredió un moro.
¿Oráculo nefasto o mera coincidencia espaciotemporal?
El caso es que me comí la hostia, enterita, con la mano abierta del mor…ito. Era un nene en brazos de un moro mayor que él (obvio) que, al pasar junto a mí – bajando una escalera ellos y subiendo la ídem yo – me soltó un soberano sopapo que pocos se han atrevido a darme y los que lo hicieron recibieron justa respuesta, y deseando estoy de que me los intenten dar… hay gente que hemos nacido para pelear en autodefensa perpetua (*).
Parece una gilipollez, pero no lo es.
Vivo rodeado de moros, en Madrid a 500 metros de Segovia. Eso nunca puede ser buena señal. ¿Qué y, sobre todo, por qué está pasando?
¿De verdad os da igual todo esto?
¿Creéis que a ellos – en sus países de origen de los que nunca debieron salir – les daría igual una invasión católica?
Pero claro… es que Occidente es malvadísima, porque los putos yanquis del NOM invadieron Irak, Afganistan y etc. Sirias y primaveras árabes mediantes y todo…
¿Qué culpa tengo yo de esto?
Lo único que sé es que en plena sierra de Madrid, vivo rodeado por moros… pero todavía no sitiado por ellos. Tiempo al tiempo.
(*) Recuerdo una de mis estancias en la bella y perroflauta Granada. Hice un reportaje fotográfico por el barrio del Sacromonte, de noche. Es un barrio “raro” y con muchos gitanos. Los granaínos me aconsejaron que si iba allí, de noche, no enseñara mucho mi equipo fotográfico, que me podían atracar o no sé qué polladas al uso de quitarte lo tuyo. “¿Robarme a mí? Ojalá lo intenten” algo así contesté a quienes me advertían. Y lo que hice fue montar mi cámara en mi trípode y llevarla así, en procesión por todo el Sacromonte, yo sólo, de madrugada. Haciendo fotos, que era lo que quería hacer. Y en la bolsa fotográfica, 3 objetivos muy caros. Y en mi bolsillo la cartera con bastante pasta (no tengo cuenta bancaria, necesito llevar metálico). Y no se me arrimó ni Dios, porque hasta Dios mira para otro lado cuando ve a un demonio como yo.
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