ARTÍCULO: el arte de robar relojes de pulsera – de lujo – de un tirón… o la estupida trama de estafas al seguro.

Hasta mis 20 años llevé, de vez en cuando, relojes. No sé cómo serán las correas de los de lujo, pero como no sean de papel… me parece a mí que aquí hay gato encerrado.

Tal vez yo sea más torpe que un manco jugando al baloncesto… pero vaya que… afirmo que muchas veces cuesta más quitarse un reloj uno mismo que ponérselo, así que ya me diréis el artista que te lo quita de un tirón y sin causarte daño alguno.

¡Ya tenemos sustituto para el gran mago Juan Tamariz!

Amén de que para quitarte un reloj… no hace falta ser “el hijo del viento” para sacar el mismo del alcance del que te pega el tirón: sólo hay que mover el brazo, ya está. O dar un pasito para atrás… puesto que los ladrones van en moto… ¡pegan el tirón desde una moto en marcha! El más difícil todavía. ¡Qué habilidad! Aplausos tras aplauso para este ladrón y mil bravos. Queremos 1 hijo tuyo.

En cualquier caso… hasta que los peritos de las agencias de seguros – y los propios maderos que llevan los casos – dejen de reír al hablar de la veracidad de estas denuncias de pijos oligofrénicos que no saben ni como estafar al seguro sin que cante tanto, aplaudo que roben a alguien capaz de ser tan hijo de puta en la vida, como para tener un reloj de 240 mil pavos y sacarlo a paseo; a alguien con tan pocos cojones y reflejos como para dejar que le quiten un reloj de la muñeca y desde una moto…

La pena es que es mentira. Antes, por lo menos, se curraban más estas farsas y se dejaban golpear por detrás, agarrar entre 3… qué se yo, señores, un poco más de verosimilitud, que por lo menos “parezca un accidente”.

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