Mi columna en «El Diestro»: Estamos vivos de milagro. Gracias, italoamericanos.

Me extraña que todas las noticias no sean a colación del Mundial de Cagar. A ver… es tan fácil demostrar toda la maldad humana que nos asola, simplemente con este evento jurgolerdo… ¿por qué no aprovecharlo como merece? ¡ni del puerco se saca tanto bien alimenticio como de este mundanal Mundial de Cagar! En este nauseabundo evento está todo (lo malo o, si es bueno, que tengan los cojones para demostrarlo) del ser humano. No tiene desperdicio allende las fronteras de este estado dictatorial, y a los éticamente solventes nos da tanto beneficio… pero tantísimo… y pena y dolor… “pero para lo que me queda en el Convento me (…) dentro”.
La foto de cabecera es un pantallazo mío sobre un colosal vídeo distópico donde 2 cachos de carne se tiran desde un puente sobre el autocar donde van los cachos de carne multimillonaria jurgolerdos italoamericanos. Os encomiendo la labor de buscar y ver este vídeo que dura 33 segundos, por cierto. Qué casualidad siempre con el 33, 11 y etc. de satanidades mundanas…
Cuando ves este tipo de vídeos, se te queda cara de gilipollas, no queda otra y nobleza obliga que no abriga. A mí, por lo menos. Y me asomo a una de las ventanas que alquilo y observo a los seres humanos que pululan, impunemente, a mi vista. Por suerte son pocos ya que vivo en un pueblo de sierra, que no serrano. Pero sé que todos estos pocos son inmensa mayoría cuando se juntan con sus coetáneos. Así que siempre me queda el resquemor. Pero tengo “la suerte” de tener más montaña y cielo a mi vista, que humanos bajo ellos. Siempre subo la mirada hacia montes que están a 2.200 metros sobre el nivel del mar. Y como sé que hasta febrero de 2020 viví periódicamente en el mar (Eivissa), intuyo que toda esta barbarie humana sobre la Tierra viene de lejos, de muy lejos. Sobre todo por nuestra permisividad. Recuerdo como en 2005 me asaltó una enorme zodiak de picoletos. Mi delito era estar subido a una barca de madera y pescando con el dueño de la misma. Resulta que en plena costa eivissenca hay que tener no sé qué pollas de licencia para ir más de 1 en una chalupa pesquera de 4 metros de eslora. Bien, perfecto.
Con los años vi como en esas mismas aguas (milla más o menos) arribaban chalupas llenas de negros y/o sarracenos. Y esa zodiak que a mí me asaltó resulta que ya no intervenía. Y me pregunto: ¿un español como yo, con todos sus ancestros – que son muchos – españoles es represaliado y perseguido por los picoletos, mientras que los negros/sarracenos ilegales son venerados o, cuanto menos, consentidos? ¿De verdad? ¿Un español como yo no puede estar sobre el eterno mar y los otros sí? Insisto, picoletos antiespañoles y satánicos: ¿DE VERDAD?
diciembre 22, 2022 a 3:42 pm
Cada vez escribes mejor, César (y no lo digo con sarcasmo), con más sensibilidad y, para mí, esa cualidad mejora notablemente tus artículos.
Simplemente un comentario sobre el aprovechamiento de los gorrinos que resulta imbatible para cualquiera, como Tú y yo, que sepan de la materia.
Por lo demás a los lectores de bien, que acceden a este blog, desearles una muy FELIZ NAVIDAD, y a quien acceda con espurios fines pues nada, que encuentren lo que siembran (pero en modo agravado).
Un abrazo,