Mi columna en «El Diestro»:Los colores de los partidos políticos.

Al final de estas letras podéis disfrutar de uno de los mejores temas del rock español. ¿Quién le puede explicar ahora a los rojos que, antes, los grupos de rock eran patriotas españoles? Pero antes permitidme que os de mi opinión sobre los colores que me hacen sentir bien:

Yo soy daltónico. Este podría ser el fin de este artículo, pues es tan palmario y taxativo como plausible, a colación de la entradilla. Pero sigo.

Un día de cole como otro cualquiera un compañero me dijo que por qué llevaba (yo) un calcetín de cada color. Juro que no tenía ni la más remota idea, pero bajé mi testa hacía mi soporte y, según este nene y otros más que acudieron al reclamo de mis pies, mis calcetines eran uno granate y otro marrón. ¡Qué me aspen si sé o me importan las diferencias de colores!. El caso es que como ni yo me daba cuenta del cambio de color, decidí ser drástico en eso, y desde ese día empecé a combinar calcetines de colores tan diferentes que hasta yo los veo.  Y así será siempre.

La cosa es que cada vez hay menos gente que me dice eso de que llevo calcetines de colores diferentes. Tal vez sea que cada vez hay menos gente que se fija en algo en que no le digan que deben fijarse. Imaginad este Real Decreto de Perro Sandez: “españolas y españoles, tenéis que fijaros en los calcetines del resto de españolas y españoles, y el que no los lleve del mismo color ha de ser denunciado inmediatamente por que (aquí ponen cualquier disparatada medida sanitaria)”.

En ese mismo cole que os digo, en 6º curso nos daban ya inglés, por fin saber la lengua más molona que la nuestra, que aunque la nuestra sea la más hablada del mundo… da igual eso, ¿para qué perfeccionar nuestro conocimiento en la mayor y mejor lengua del mundo, no china? En 5º se inventaron un cursillo de inglés, como clase extra para los que queríamos llegar a 6º espiquin inglis . Y aquí deviene un momento glorioso de mi no menos glorioso daltonismo: La Margaret (teacher) sacó unos lápices de colores y empezó a preguntar a sus pupilos sobre cómo se decía tal color en el idioma de la pérfida Albión. ¡Yo no di ni una! Y no porque fuera gilipollas total, sino porque no sabía de qué color eran los lápices. Yo veía un “yellow” pero resulta que era un “green”. Y así con el resto, jajajjajajaajajajajaja. Y ni me molesté en aclarar al respetable que yo no era tan gilipollas como para no saber decir los colores en inglés, sino que no veía los mismos colores que la inmensa mayoría.

Y así sigo, casi 40 años después.

Ahora los partidos políticos son de colorines y todos los colores juntos (la satánica bandera) amalgama a todos. “No podrás hacerte piloto ni capitán de barco, porque eres daltónico y en esos oficios las banderas de colores son clave”. Eso, tal cual, me espetó el médico que me diagnosticó lo obvio de mi genial daltonismo. Algo así le dije: “pues que pena no poder ser piloto de eso que dices”. Mi daltonismo le heredé de mi querido abuelo materno (DEP. aclaro esto del dep porque mi querida abuela paterna sigue viva a sus casi 109 años. Sí, 109, no es errata) que a los 17 años fue obligado a coger un fusil para intentar matar a los revolucionarios anticomunistas de 1936. Mi abuelo nos solía contar a mí y mis 2 primos maternos, “historias de la guerra”, sobre todo a la hora de dormirnos. Él se tomaba “la pastilla” que con el tiempo supe que era una suerte de ansiolítico sin el cual él no creía poder dormirse. Nuestro abuelo jamás nos dijo si mató a alguien pero teníamos claro que una vez que se tomara la pastilla no podíamos molestarle. “¡Deja al abuelo, que ya se ha tomado la pastilla!”. A él le pilló la revolución en Ciudad Real, y por quintas tuvo que coger el fusil sin saber qué cojones hacer con él. Ya he dicho muchas veces que las guerras son pocos más de mil enfrentados con otros pocos más de mil. Y, entre ellos que jamás darán un tiro ni irán a frente alguno, ponen a millones y millones de uniformados que se masacran entre ellos siguiendo los colores de una bandera. La mía es y será la rojigualda sin escudo.

La guerra es el día a día, no la declarada.

Por eso de mi daltonismo me hice ácrata. Yo era incapaz de ver, pensar y sentir lo que hacían los demás. Por eso me hice del F.C. Barcelona, porque embruteciéndome en Madrid qué mejor manera de gozar del jurgol que siendo del “enemigo”. Pero le doy gracias a Dios (sea de la religión que sea, para mí es el mismo y espero que yo para él, ídem) por ser daltónico y no soportar los colores de los partidos políticos actuales. Yo sé que Falange copió sus colores de la CNT. Pero mucho antes de saber este detalle cromático supe que tanto unos como otros son los mismos perros con diferente collar, y que echan carreras para ver quien llega antes a su supina estupidez y satrapía. Y donde pongo “Falange y CNT” poned a cualquier partido político e ideología que se os ocurra.

“¿Y si eres daltónico cómo puedes tener el carnet de conducir, si no ves los colores del semáforo?” Sí, queridos niños, esto me lo han preguntado muuuuuuuuuuchas veces. Y mi respuesta, cansada y anodina, suele ser la misma: “porque sé que los ponen por orden, no por tonalidades aleatorias. Rojo, amarillo y verde. No tiene mucha ciencia eso”.  Por eso me descojono de que los partidos sean ahora por colores, y no por ideología alguna que ni se la ve ni se la espera. Todos ellos son como los semáforos que nos dicen lo que está prohibido, permitido… y en medio (lo importante, la chicha) la ambigüedad ámbar de lo que estará prohibido o permitido según les salga a ellos (y ellas, por supuesto) de los cojones.

Una respuesta to “Mi columna en «El Diestro»:Los colores de los partidos políticos.”

  1. Avatar de Rafael López
    Rafael López Says:

    De discromatópsico leve a severo excelente tema musical el que acompaña a tu artículo (por cierto hacen mención en tema a las otoñales puestas de sol matritenses, que de ésas andas más que cualificado). Y como en política nunca nos ponemos de acuerdo, jajaja, pues , en fin.

    Un abrazo,

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