Mi columna en «El Diestro»:Cine “quinqui”: coadyuvador el narco-régimen del 78

Si queréis ver buen cine de pandilleros, iros a “Rebeldes”, “Rumble fish” (“la ley de la calle”), “The Warriors”, “El odio”, “Trainspotting” y tantas otras que sí son CINE de verdad y no propaganda comunista.
Controvertido género cinematográfico español de los 80 y finales de los 70. A nivel creativo y artístico, ningún valor más allá de la secuencia final de “Deprisa, deprisa” (Carlos Saura. 1981), algunas secuencias de persecuciones de coche en las películas de José Antonio de la Loma, las BSO, el montaje y alguna secuencia sexual (aunque yo soy de la opinión de que “cuando no sepas que contar, pon a los actores a follar” y, por lo tanto, no me gustan nada estas secuencias y – de hecho – me las salto).
Para gustos, los colores, pero eso no era cine, era política comunista.
El famoso criminal “El Vaquilla” (Juan José Moreno Cuenca) protagonizó una de estas horrendas películas aunque sin hacer de sí mismo (era todavía peor intérprete que el que interpretaba su personaje en la vida real) y, cuando estuvo preso, confesó sentir una enorme tristeza al toparse con un “fan” en la cárcel, que le dio las gracias por haberle enseñado a dar tirones y palos en su película (“Yo, el Vaquilla” 1985. J.A. de la Loma). Porque esa era la intención de este ¿cine?: generar todo el caos social que el Franquismo había erradicado.

Y a la cabeza del caos y la barbarie, el político más siniestro que ha conocido España: Enrique Tierno Galván, que de tierno no tenía nada. Este degenerado bisexual (era padre de familia pero amante de José Bono, el sociata, que le hizo chantaje – por este motivo – para que el Siniestro abandonara el PSP y se uniera al PSOE) lideró la masacre de la heroína, durante su tétrica alcaldía madrileña (1979-1986) ¡y porque se murió y se fue con Satán, que si no hubiera acabado con el país, por completo! Jamás olvidéis ni perdonéis su aberrante arenga a la muerte: “¡Rockeros, el que no esté colocado que se coloque… y al loro!”.
Los vivos, en aquella época, vivíamos entre decenas de miles de zombis.
Un casting para el vídeo “Thriller” de Michael Jackson, esa era la vida en el Madrid de la época. Yo me crié en el suburbio llamado Leganés y todo lo que reflejan estas pseudopelículas, sólo que mucho más crudo y no con ese patetismo que deviene de las pésimas interpretaciones de los ¿actores? de estas películas que eran los buenos de las pelis, TIENE COJONES LA COSA.
Me crié entre robos y atracos (a mi padre le robaron el coche y se lo abrieron mil veces y a mi madre le dieron varios tirones de bolso y, por suerte, no la mataron como si hizo el idolatrado Vaquilla (alegre bandolero dicen los calorros, no te jode…), con una mujer a la que mató (a los 12 años de edad, qué tesoro el alegre bandolero) al atropellarla con el coche tras darle un tirón desde el mismo, que si llega a ser mi madre, yo me hubiera encargado de ir a por él (por edad no, pues yo no había nacido en 1973, que fue el homicidio, es una metáfora lo que digo), pero lo que sí tenía fácil era haber ido a por el ¿director? J.A. de la Loma, que loaba al asesino de mi madre y a por los Chichos y etc. ¿De verdad se puede loar a un criminal así? ¡Qué país! ¡Qué triunfo total del comunismo y el satanismo! He buscado la noticia de que familiares y/o amigos de la víctima hicieran lo que hubiera hecho yo… ¿creéis que las hay? No, porque este es un país de pusilánimes.

Me crié saltando yonkis moribundos (tal cual, saltándoles de tantísimos que había)
en el parque “Picasso” (como no, otro comunista en la ciudad más comunista de Europa), para ir al colegio – y en otros muchos parques y plazas – mientras veía su destrucción y reconocía entre ellos a los que me intentaban atracar a diario, sin conseguirlo, a todo hay quien gane. En mi colegio, siempre a hostias con los macarras, ya enganchados al tabaco, alcohol y porros siendo menores de edad, todos navajeros y futuros muertos por sobredosis. Los “caballero-caballero” trapicheaban con los yonquis, a plena luz del día, no solo en el narco-cuartel de Inchaurrondo ocurría esto. ¡Esa era la España que quería el comunismo! ¡Y qué malo era Francisco Franco por no haber creado esa España 40 años antes!
La inmoralidad de la mayoría de habitantes de Espena sólo es comparable con el resto de inmoralidad de la mayoría de habitantes de la Tierra, porque el ser humano es así, mucho más mundano que humano. Pero como son inmensa mayoría, ellos siguen siendo los buenos y nosotros los malos. Pero aquí seguimos y ni se nos arriman porque, a parte de saber qué somos los buenos, nos tienen miedo, porque antes que psicópatas son cobardes; pese a estar totalmente protegidos por los traidores “caballero-caballero” y la judicatura.
Pero nada… este cine es bueno y los malos de las pelis, mejores aún; porque eran víctimas de una sociedad injusta y tal y cual Pascual: qué va, que no os engañen, muchos de los que nos criamos en los mismos entornos no fuimos delincuentes ni hicimos daño a nadie salvo en legítima defensa, eso que ya no existe en Espena. Estos eran los mismos psicópatas que conocemos ahora, y que también son “los buenos”.
Y a toda esta barbarie le llaman democracia, y a lo del 39 al 75, dictadura. Todo en orden en este enorme manicomio llamado Espena (antigua España).
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