ARTÍCULO:La okupación fue la antesala de la ley trans.

Analogías y relaciones causa-efecto sociopolíticas y emocionales, por doquier, han ido perpetrando de manera sutil el actual abrumador dominio y asimilación (cuando no veneración) del Nuevo Orden Mundial.
Pueden y deben hacerse múltiples teorías, tesis y estudios sobre esta deshumanización (o pueden llamarlo alienación o desnaturalización) que asola el orbe y afecta a todo el paisanaje, tanto por acción como por represión. Planteo una de ellas, la que pone en el epicentro del caos social a la okupación, allanamiento de morada y robos, fenómenos muy carpetovetónico en cuanto a la indefensión de las víctimas, por lo cual me refiero solamente al “NOM sección Espena” y no puede ser usada como paradigma universal, aunque sí como colaboradora necesaria del resto de teorías que nos llevan al mismo resultado.
La propiedad privada es lo más sagrado de cualquier ente humana no desalmada
y, como tal, afecta no sólo a lo material, sino a lo personal, espiritual y emocional. Nada ni nadie puede menoscabar nuestra propiedad privada, porque sin ella no somos – ni tenemos – nada; y solo en base a ella construimos nuestra vida material, espiritual y afectiva. La okupación deviene en el espolón de la galera de Satán, que arrasa con todo lo humanamente loable y empodera a psicópatas, oligofrénicos e indoctos de todo pelo. Porque desposeerte de la propiedad privada inmueble y material es erradicar toda la autoestima del propietario, al ver como la usurpación y el robo está protegido por ley y la impotencia y su posterior sumisión al Estado (mundial o no) son los únicos asideros que le quedan, a cada cual más dañino. Y de algo tan tangible deviene la okupación de nuestra mente y sentimientos, haciendo del hombre un animal sin personalidad ni carácter, eterno gregario y esclavo del Estado; un ente donde el libre albedrio mutó en sometimiento, incertidumbre emocional y angustia vital.

La inmensa mayoría de humanos viven / trabajan para forjarse un futuro a base de presentes remunerados que así lo permitan. Si le quitas parte (o todo) del fruto de su esfuerzo e ilusión vital, le quitas la vida o – cuanto menos – le zombificas. Y por una suerte de “efecto Mandela” a la inversa, este miedo a vivir en el ostracismo, se extiende a toda la población honrada y trabajadora; y ese afán de no hacer nada y vivir del latrocinio y el mal, se expande cual pólvora prendida entre la población deshonesta, vaga y golfa. Y no podemos hacer nada para cambiar ni a los unos ni a los otros, ni a sometidos ni a sometedores, ni a sojuzgados ni sojuzgadores, ni a víctimas ni a victimarios; ni a policías ni a ladrones… un momento…
Policías y ladrones (o viceversa que es lo mismo. Propiedad conmutativa sociopolítica), nunca más.
Al no ser esto un ensayo, sino un artículo, voy al grano y dejo las divagaciones y especulaciones teóricas para dicho ensayo. Mirad estos 3 años y pico de PLANdemia, donde todo lo que apunto se ha magnificado y mostrado cristalino a los ojos de todos, glorificando la perversidad del Estado en un paroxismo satánico demoledor e imparable. Su último logro (en Espena, porque en otros lares de Accidente – antiguo Occidente – ya estaba implantado) es la “Ley trans”, por la cual desalman a todos los seres humanos creándoles un caos mental que les hace odiarse a sí mismos, querer mutar a un transhumanismo muy humano, por lo mundano, y convertir cada estancia humana en un redil controlado por los desalmados armados, vulgo “caballero-caballero”.
Luego hay gente que se extraña del aumento de suicidios y homicidios… yo me extraño de que todavía quedemos algunos que ni queremos suicidarnos ni matar al prójimo, salvo en la legítima defensa que hace mucho no existe en este maldito país, otrora cuna de luz y civilización mundial. ¿No os dais cuenta de que todo lo que implementa el estado es odio? Todos los que siguen sus órdenes son odiadores profesionales, antropófagos del alma, gente que no puede ser llamada humana. O, tal vez, somos nosotros los que ya no podemos ser llamados así, por aquello de ser la inmensa minoría.
marzo 13, 2023 a 4:20 pm
El espolón de la galera de Satán ¡ahí, has estado sublime, don César!
Por lo demás totalmente de acuerdo con tu análisis, simplemente añadir que los que hemos conocido la vida, la belleza y el amor todo lo que nos proponen estos hijos de perra (ya no voy a decir hijos de Satanás, porque al menos Satanás tiene un nivel y debe estar encabronado con esta escoria de miserables de tres al cuarto) no puede hacer mella en las recias murallas de la verdad y la justicia.
¡Excelente artículo!
Un abrazo,