ARTÍCULO:Picoletos de Ibiza recogiendo la sinrazón sembrada por ellos.

Profusas carcajadas me dan este tipo de noticias, proféticas en mi caso al ser “mi isla” (Eivissa) y unos de mis mejores enemigos, los picolerdos. 20 años llevo disfrutando de la vida eivissenca, salvo estos 3 de PLANdemia y con el mérito de no tener un pavo… simplemente siendo naturalista, buena gente y trabajador irredendo… lo cual antes te abría las puertas de cualquier lugar y yo en Eivissa he vivido como Dios, si es que Dios vive como yo.
Recuerdo haber sido maltratado por picolerdos en la isla (y resto del país), por el mero hecho de ir ellos armados y yo desarmado, y ellos con licencia para putear al ciudadano y yo con obligación de no poder defenderme de ellos. El arbitrio de esta gentuza es colosal. Igual vosotros habéis tenido la buena suerte de jamás haberos topado con un picolerdo, pero yo, por desgracia, no tengo esa suerte.
Un día fui en el coche particular de uno de ellos, que era un narcotraficante de la isla, con una radio policial en dicho coche. Y no dejaba (yo) de alucinar con un picolerdo que, sin pudor alguno y porque yo era el novio de un pibón al que él conoció en una discoteca… me estuviera desvelando todos los entresijos del narcotráfico que ellos lideraban en mi isla. No hice nada al respecto, pues ni me drogo como para haberme beneficiado de la droga que él repartía ni tenía yo aspiración sociopolítica en esa época (año 2000) salvo que me dejaran vivir en paz y en la naturaleza.
Mal hecho por mi parte, pues la “autoridad” jamás deja vivir a nadie. Recuerdo años después en el bar payés aledaño al aeropuerto (“La Ponderosa” se llamaba, ahora ni idea) cuando 2 picolerdos de paisano me asaltaron brutalmente delante de toda la clientela, por el tremendo delito de estar yo comiendo (y pagando) un bocata y un tercio de birra… fue como en las películas… desde fuera un chalado me señaló con el dedo y los otros 2 chalados (los picolerdos secretas) entraron a la terraza del restaurante a toda prisa, sacando placa y pistola y poniéndome sobre la mesa (piernas separadas por sus patadas y demás martingalas). Tras comprobar, por mi DNI y su puto walkitalki o como se escriba, que yo no era el delincuente que les hubiera encantado que fuera para descerrajarme 4 tiros en una cuneta aledaña… me dejaron libre, sin tan siquiera un “lo siento, caballero, nos hemos equivocado y lamentamos lo sucedido. Y decimos a todos los clientes de este bar que la culpa ha sido nuestra y este hombre (yo) es un honrado ciudadano”. Pues no… lejos de eso… todo lo contrario. Yo que tengo más cojones que todos los picolerdos juntos, porque soy justo y eso da mucha fuerza incluso celestial, durante su abuso de autoridad me mofé lo que pude de ellos, al ser yo medio-eivissenco y ellos tener acento de Murcia (por poner un acento no de mi isla y que denotaba que estaban ahí destinados un tiempo, para hacer todo el mal que puedan y luego dejar a los isleños en paz). Tenía yo un amigo picolerdo, por entonces (éramos amigos de adolescentes, yo jamás seré amigo de un hombre legalmente armado) y pude sacarles tema de conversación mientras su brutal humillación pública.
Ya que no podía liarme a hostias con esos 2 agresores, por lo menos les devoré intelectualmente. Y uno de ellos se pispó, más o menos, de mi bacile y le extrañó que no me revolviera físicamente lo mismo que lo hacía verbalmente. Pero el otro, el “poli bueno” (es cierto, juegan a eso, siempre, por lo menos las cientos de veces que he tenido el disgusto de que me jodan mi vida) puso paz y ambos se largaron a intentar masacrar a otro ciudadano honrado al que el del dedo señalase.
En ese mismo restaurante me topé, años después, con el delito de tener una pintada de “Gora ETA” en la puerta de un servicio. Le saqué una foto y lo denuncié en el cuartelillo de picolerdos del aeropuerto, pues es un delito ese tipo de pintadas. ¿Qué creéis que me dijeron? Pues que les sudaba la polla, tanto la pintada como ETA (en teoría ya no mataba, por enconces), como yo. Tal cual. Menos mal que ahora que todos conocen ya la corrupción y maldad de este cuerpo criminal que es la Malamérita… a nadie le asombran estos hechos de saber que tanto ETA como ellos, tanto los criminales sanguinarios como ellos, son los mismos y se necesitan los unos a los otros para masacrar casi impunemente a los ciudadanos honrados y trabajadores.
Por eso me descojono de las quejas de un picolerdo que vive en una furgona… en la isla donde yo he vivido como ese Dios que dije antes, y en la que volveré a vivir más pronto que tarde. Os jodéis, malhechores. La vida pone a cada cual en su sitio.
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