ARTÍCULO: Qué imprescindible es leer en papel (Moby Dick)

Llevo un tiempo abordando la novela “Moby Dick”. De este escritor (Herman Melville) ya he leído su apabullante novela corta: “Bartleby, el escribiente”, con su inmortal y humanizador chascarrillo: “(…) preferiría no hacerlo”. De este amanuense, protagonista de tan pequeña y enorme novela, supe gracias a una poeta cordobesa (María ahora mismo no recuerdo el apellido, Rosal, ya me he acordado) a la cual le hice un documental en 2005, entre Córdoba capital y Montilla (ambas incluídas, jeje).
Como nadie nace sabiendo y todos moriremos muy ignorantes, yo aprendí de ella eso del amanuense. Me llamó mucho la atención ese chascarrillo que os he dicho, y me compré la novela donde estaba escrito. Y la disfruté más que un cochino parece disfrutar en un lodazal.
Y hete ahí que acabo de leer esto, en la novela del cachalote blanco enemigo de un capitán con pata de marfil, que no de palo:
“(…) Como un pletórico mártir ardiente, o un misántropo que se consume a sí mismo, la ballena, una vez entrada en combustión, proporciona su propio combustible y quema su propio cuerpo. ¡Ojalá consumiera su propio humo! Pues su humo es horrible de inhalar, y no hay más remedio que inhalarlo, y no sólo eso, sino que durante todo ese tiempo, hay que vivir en él. Tiene un inexpresable aroma salvaje e hindú como puede hallarse en la proximidad de las piras funerarias. Huele como el ala izquierda del día del Juicio, es un argumento a favor del abismo infernal.”
Reservo a vuestro intelecto todas las analogías a estas espectaculares líneas. No me extraña que, en su día, esta novela fuera un truño infumable para los lectores… ¡qué sabrá la humanidad, de ayer hoy y mañana, sobre la genialidad de las personas, en este caso el escritor Melville!
Tal vez esté acabando de leer una de las novelas más importantes de la historia. Una de esas que pasan desapercibidas por lo buena que es la peli (que lo es y me refiero a la de John Huston).
Siempre que haya un lector en el mundo, habrá esperanza para la humanidad.
abril 29, 2023 a 12:10 pm
César, comenta Tú ¡maldito!