ARTÍCULO:¿Playa o montaña? (hablo de nudos).

20 años me he tirado haciendo nudos marineros sencillos, navegando por aguas eivissencas. Ahora me hallo (oye) viviendo en la montaña de la meseta hispana y de mar, sólo el recuerdo. Pero los nudos… ¡ay! los nudos… Ahora me los hago en las botas de montaña. En los veleros hacía nudos descalzo y ahora me calzo haciendo nudos.

Y tengo un grave problema sólo superado por el problemón del Kobiz (menos mal que vencimos al bicho y salimos más fuertes): me he comprado unos cordones que son más largos que los que tenía. ¿Y ahora qué hago? Como no puedo cortarlos, porque no sé reponer herretes, de alguna manera tendré que olvidarte… que diga, que atarte.
A tal afán y con tamaño fin, he preguntado en Jewtube, donde siempre hay un vídeo para todo y  si no lo crees haz la prueba. Y me sale el que enlazo al final de esta disertación.

Tras ver el vídeo, miro a mis botas con cara de mala hostia. Y recuerdo cuando vivía descalzo (no sólo en Eivissa, sino en el campo no montañés). Recuerdo cuando el matasanos de un hotel en el que yo curraba a cambio de dinero y follarme a la tía más buena empleada en el hotel y robarles bebida, me quitaba trozos de cristal clavados en mis pezuñas. Y me decía, el notas, que no fuera siempre descalzo por “cala graciotena”, Y yo le decía que currara un poco, hostias (es que estaba contratado y asalariado y aunque no currara le pagaban igual, por eso no quería currar… pero a mí me sacó media tonelada de cristales de mis pezuñas).

El caso es que me he acordado que en esa cala preciosa donde yo me clavaba los cristales de los desaprensivos que rompían vidrios, iba con ese pibón (rubia y catalana, para más datos) muchas noches, a tomar una botella de vino blanco (con 2 copas de cristal que mangué del hotel) y a bañarnos en bolas y a dialogar y soñar despiertos bajo la tenue luz de las estrellas y nuestras pupilas dilatadas con hambre de ver, de vernos, de vivir y beber; en la arena, los 2 solos, el olor a mar y sabina y pino, el estruendo del jadeo del mar agarrándose a las rocas y a la arena para no ahogarse; la arena pegada totalmente en nuestros jóvenes y bellos cuerpos, su piel tan suave, tan perfecta de pies a cabeza (¡qué bella era Ángela!) y esa melena rubia llena de sal, salpicando mi cuerpo velludo y mis ganas de quererla más allá del simple deseo; Dios ni nos tenía en cuenta, por entonces, porque ÉRAMOS FELICES, libérrimos y bravos.

Teníamos 15 años, palabras de amor… ¡no! Eso es del capullo de Serrat. Teníamos 25 (yo) y 22 años respectivamente. A ella le daba miedo meterse en el agua, por la noche. Pero yo le quité ese miedo, y otros. “Esta tía está demasiado buena, no hay quien se la folle” – recordaba yo cuando me la follaba –  que me decían mis colegas del hotel… no te jode… ¡pero si para follar sólo hacen falta 2 y con ganas!

El caso es que en esa preciosa cala había un restaurante carísimo y el dueño contrató a mi novia para suplir a no sé quién cojones. Excusa burda para intentar tirársela. Normal, porque estaba buenísima.  Ella fue a currar tanto por la pasta como, sobre todo, por su ego de sentirse deseada por el dueño / camaretas y clientes y clientas (en Eivissa hay mucho vicio, eran bisexuales antes del advenimiento de Podemos, lo juro). Pero un día el pibón, burdo objeto sexual a la postre, me dijo que el dueño le había tocado el culo, de manera descarada y oscena, estando ella en un lugar estrecho de la barra. Y que había dejado el trabajo por eso.

Ella sabía que yo era una mala bestia en autodefensa y en defensa de los débiles o de “los míos”.  Yo le dije que le avisé de que la querían contratar para tocarle el culo (o las tetas o el coño ­– depilado y molón, por cierto, con ciertos recuerdos rubios sólo apreciables con la boca –, o todo a la vez que es lo normal) no para poner vituallas en ses taules (en las mesas, guiño a mi querido eivissenc que ya no hablo a fuerza de estar 3 años y medio desterrado por la PLANdemia).

Al dueño de marras le conocía sólo de vista y muy lejana. Yo ni tenía pasta ni ganas para tomar nada en ese garito, me traía la bebida “de casa”. Pero como usaba su aseo, de vez en cuando y sin consumir, me pareció una grosería partirle la cara por meterle mano a mi novia, sin su consentimiento. Digamos que era un justo pago para el uso que hacía yo de su baño.

Bueno… si hubiera sido una de mis 4 novias posteriores “oficiales” no estaría hablando de esto, para no darle pistas a los “caballero-caballero” que protegen a estos hijos de la gran puta agresores sexuales REALES, no los inocentes que meten ahora presos, como a mi amigo David Bros o al indocto jurgolerdo Dani Alves. Si un tío le hace eso a mi mujer actual o a mi sobrina, no descansará en paz por mucho que le mate. Si le hace eso a una menor desconocida por mí, ídem pero no lo mataría (no me juego la cárcel de por vida – a mi edad ya es eso de por vida –)  pero le daría mucho amor, tal vez demasiado. Si se lo hace a una mujer adulta, lo mismo pero con algo menos de amor porque ella podría defenderse.

Termino:

Que me da mucha rabia lo de los nudos, joder, ¿no hay un tamaño estándar para botas de montaña? Y más coraje me da saber que por culpa de los “caballero-caballero” agreden sexualmente a muchas mujeres, sobre todo menores, y no podemos hacer nada porque ellos defienden y protegen al agresor.

Si fuera mi hija… “caballero-caballero” te separo la cabeza del cuerpo, tal cual. Algo así les dije a unos maderos y locatis de Madrid capital, cuando  ELLOS secuestraron a mi sobrino… y lo liberaron por mis amenazas de muerte a ELLOS y 600 euros a unos abogados sin escrúpulos. Desde entonces me persiguen y yo bien que me rio de ellos. Da mucho poder saber que su vida depende de mi voluntad. Porque si en lugar de haber secuestrado a mi sobrino, violan a mi sobrina… y me impiden ajusticiar al culpable (demostrado, ojo, no visceral familiar, imbécil espenol; pruebas irrefutables, tanto médicas como testimoniales y periciales de todo tipo) me cargo a todos los que pueda hasta que ellos me abatan con alguna de sus pistolitas, una de las cuales yo les habré quitado antes.

Qué bien se estaba descalzo en Eivissa y qué bien se está calzado en la sierra de Madrid y Segovia… aunque no sepa qué hacer con tanta cuerda que me sobra en las botas. Y qué bien estaría yo con Ángela en esa cala, con tanto mar, con tanto amor temporal, con tanta ansia viva de vivir y sentir el gozo de ser humano sobre la Tierra.

4 respuestas to “ARTÍCULO:¿Playa o montaña? (hablo de nudos).”

  1. Avatar de Rafael López
    Rafael López Says:

    Del tema sicaliptico, sin comentarios.

    Lo de los cordones de las botas, te dire un truco personal: mides, aproximadamente, la longitud de los viejos cordones (los que se ajustaban bien) y cortas śolo un extremo de los nuevos cordones a la medida. Luego, para que no se desilache con un poco de hilo coses la punta del cordón (aunque no quede muy fino, lo principal es que sea funcional).

    ¡Hala, a trabajar en algo positivo, vagoneta!, jajaja.

  2. jamás haré eso, porque los herretes son un invento divino que no hay que mancillar.

    • Avatar de Rafael López
      Rafael López Says:

      En ese caso, don César, existen una alicates especiales (crimpadoras les llaman en el lenguaje bricolista) que permiten colocar los herretes (unos nuevos, porque los primigenios no son reutilizables).

  3. ¡Jesús bendito, hay cosas para todo!

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