CINE: Los mejores 40 segundos de la historia del cine. “Love story”.

Bueno… es demasiado pretencioso el título de este artículo, pero para la gente que sabemos algo del audiovisual (que es como no saber nada) estos 40 segundos de la película “Love story” deberían ser enmarcados y, luego, desenmarcados a partir del segundo 41.  Ved primero la secuencia, sobre todo desde el inicio hasta el 1´17´´:

Esta es de las secuencias finales y no os reviento la peli, ya que en su inicio el protagonista masculino (novio de la chica) nos dice que la protagonista femenina (su novia) se fue con el Barbas (pasó a la otra Dimensión). Junto a “Sunset Boulevard” me parece el inicio más gallardo de la historia del cine, contándote ya el final, al principio. Esto a nivel narrativo, ojo que te la cojo, que el cine es 99% escritura (guion) y sólo un 1%, tal vez menos, audiovisual (los cineastas buenos somos como los músicos con la partitura: leyendo el guion técnico y el literario ya vemos la peli, sin que se haya rodado).

Chapa audiovisual totalmente prescindible, impartida por alguien como yo que renunció a hacer cine del que da pasta. El que avisa… es avisador (como nos decía siempre un profesor en mi EGB).

Fui profesor particular, de secundaria, 1 año (remunerado, sin remunerar lo soy desde siempre y hoy en día, ídem) y sólo ejercí como profesor de Geografía e Historia una semana, tiempo más que suficiente para darme cuenta de que ese tipo de enseñanza no era lo que quería hacer en mi longeva vida (sin quererlo, una amiga quiromante me dijo un día, entre copas de Martini con ginebra, que yo pasaría los 80 años. Luego me la llevé casi en brazos a mi lugar de trabajo remunerado en Chamberí, pero eso es otra historia, como dice el mejor personaje de la historia del cine: “Moustache” (bigote, en guiri) de la inconmensurable obra de arte “Irma la dulce”, del mismo director que Sunset Boulevard, por cierto.

Pude currar de profe, en ese mismo colegio de Ciudad Real donde estuve una semana para mis prácticas del CAP, pues tenía enchufe – además de talento docente y una licenciatura bajo donde empieza lo que termina en mi zarpa – pero decidí seguir mi instinto y dedicarme a lo que me gusta: ser hombre sobre la Tierra. Eso sí, de esos pocos días me quedo con unos 15 alumnos que cuando sonaba el estruendoso ruido de la campanilla/timbre del recreo, lejos de irse tras la algarabía de sus compañeros, apilaban sus sillas junto a la mesa del profesor (yo) que no me sentaba en silla alguna, sino sobre la mesa; y me preguntaban, ávidos, por tal y cual cosa que yo había dicho antes. ¡Todavía había esperanza de vida inteligente sobre la Tierra! Aun así, decidí dedicarme a la docencia audiovisual muy mal remunerada, a fuerza de libérrima a independiente.

En esos 40 segundos que os he puesto como excusa para daros la brasa, está toda la comunicación audiovisual explicada, el lenguaje (sí, el audiovisual es un lenguaje, como todo, otra cosa es que el receptor sea analfabeto) audiovisual perfecto. ¿Por qué?

Os pongo en antecedentes: Ese rubio guaperas con cara de haba es el novio de una chica muy guapetona pero que acaba de fallecer, de cáncer, en la habitación de un hospital. Casi como le pasó a mi querida Madre, sólo que a Ella le saqué del hospital cuando Ella quiso, no cuando querían los satánicos galenos. Todavía recuerdo “mi conversación” (comillas porque no fue una conversación, sino amenazas mías de muerte) con la jefa de planta de paliativos del hospital Severo Ochoa, de Leganés. Si no lo habéis hecho nunca “contra la autoridad”, eso de amenazarlos de muerte y darles un par de hostias no muy importantes para que no haya denuncia por lesiones (hay que saber pegar, amigos, y saber cómo y a quién) ya estáis tardando en hacerlo, si alguien os zahiere. ¡Son mortales cómo tú, sangran, como tú… se les puede derrotar, como hacen contigo, o pretenden conmigo!

Esta galena hija de mil putas echó a mi Madre del hospital, porque estaba moribunda. Pero no contaba con que esa Madre tenía un hijo, y con una mala hostia que tiembla el miedo cuando me mira a la cara y se va por donde ha venido, si yo le dejo ir.  Pregunté a mi Madre si quería irse a casa o seguir en el centro de exterminio de humanos. Ella eligió quedarse, en su ignorancia y benevolencia con los galenos que Ella creía le estaban ayudando a vivir y no a morir que es lo que hicieron. Y se lo dejé bien claro a la “jefa”: “Mi Madre se irá de aquí cuando ella quiera. ¿Está claro, o está claro? Ya lo sabes”. No había un espejo en el cuartucho de esa satánica, pero de haberlo habido creo que hubiera reflejado una cara de odio y psicopatía jamás vista, ni en los espectaculares cuadros expresionistas de Munch. Era mi cara, por cierto. ¿Cómo negar petición alguna de algo/alguien así?

En estos 40 segundos de marras, el primer plano es para el padre de la recién fallecida. El padre acaba de salir de la habitación y dejado solos al guaperas y a su hija moribunda. El espectador ya sabe que la chica, seguramente, ha pasado a la otra Dimensión, pero el personaje del padre NO. Ahí radica la importancia y engalanamiento de estos tremendos 40 segundos. El espectador ve al padre, taciturno y triste por lo que ya sabe que le pasará a su hija y que sólo el espectador (intuyendo) y el prota saben. ¡Tenemos más información que el propio personaje del padre! Eso es una baza muy a favor del guionista de esta buena película.

Enfoque y desenfoque, tu c**o para mi cipote.

Esta película es de 1970 (y yo 5 años sin estar por aquí, por entonces…). El cine, antes, era un arte y no muy fácil de realizar. El foco es una técnica audiovisual de esa época, donde la iluminación, la profundidad de campo y las ópticas (los objetivos de la cámara) eran cuestiones vitales.  El personaje protagonista está fuera de foco (desenfocado) peeeeeeeeeeeeeeeeero… va caminando hacia el personaje enfocado en primer plano (el padre de la fiambre), en un glorioso plano-secuencia fijo. Llega al foco y le da la lúgubre noticia al padre. ¡Magistral!

Desgrano y tu c**o para mi aparato.

Narrativamente se podía haber contado esta secuencia de 1.001 maneras, y todas erráticas. La mejor (y para mí única) manera de contarla es como lo hicieron. Plano fijo con el padre desolado en primer plano y de perfil, para dejar la importancia de la secuencia a la habitación del fondo, de donde sale el protagonista, tras haber visto nosotros que la chica está más “pa llá que pa cá”, pero tampoco sabemos que ha fallecido, pero lo intuimos.  El espectador le quiere decir al padre expectante que su hija ha fallecido. Pero sabemos que se lo ha de decir el personaje del guaperas. Por eso le vemos desenfocado, por esa duda tanto de la trama como del espectador que está deseando decirle al padre la mala nueva. Mientras el padre mira a la pared/suelo, con la mirada perdida de un padre que sabe que le van a decir que su hija acaba de morir, se va acercando nuestro heraldo de malas noticias que ya sabemos nosotros o las intuimos de sobra. Y va entrando en foco, poco a poco y sin música, sólo con el magistral sonido ambiental. ¡Si alguien del equipo de rodaje tose lo mato, tal cual!

Oímos los pasos del prota, el ruido sordo del pasillo de los hospitales, siempre llenos de maquinitas pese a ser 1970. El padre no mira nunca al prota, porque el espectador es el protagonista ya, en esta magistral secuencia. Sólo cuando le toca en el hombro, el hombre se da cuenta del heraldo y le mira a la cara, para que le confirme la tragedia consumada. Sólo entonces, cuando le pone la mano encima, nos aunamos con los personajes y compartimos con ellos 2 el dolor del fallecimiento de la mujer.  Son 40 segundos que parecen 40 horas. Se crea la tensión narrativa perfecta. Angustia, incluso. Ese espectro que es el prota yendo, o más bien oyendo nosotros por sus pasos, hacia el padre en perfecto escorzo para la espectacular diagonal en punto de fuga infinito (por estar borroso) hacia la habitación donde acaba de morir la protagonista femenina.

A partir del segundo 40 la secuencia se va a la mierda, porque las transiciones no las maneja bien casi nadie, salvo yo (y no me dejan, jejeje). Pero eso es otra historia…

2 respuestas to “CINE: Los mejores 40 segundos de la historia del cine. “Love story”.”

  1. Avatar de Rafael López
    Rafael López Says:

    No sé si entro en la calificación de rara avis por no haber visto nunca «Love story». Seguramente hay muchas otras películas populares que tampoco he visionado, cuando era joven se sorprendían que no hubiese visto «La vida de Brian» (sigue todavía inedita para mí).

    En fin, que sí don César dice que son los mejores 40 segundos de la historia del cine, no seré yo quien le contradiga. Cuestión distinta es que siendo los mejores, personalmente, ni frio, ni calor.

    Fenomenal artículo, César.

    • Curiosamente, acabo de hablar con uno de mis amigos de Eivissa, y me ha dicho que «Love story» fue la película inaugural del cine de Sant Antoni, el «Regio». Precisamente el último cine donde he estado, y ya hace más de 1 lustro de eso, porque yo no voy ya al cine, ni aunque me paguen (cuando era crítico de cine me pagaban por ir a los estrenos y pases de presa y lo dejé… ¡qué malo es el cine de este siglo, por Dios!)

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