ARTÍCULO: Pese a la lluvia… vota, idiota.

Según reza esta patética captura de pantalla que hace de titular, Abuso nos anima a votar «pese a la lluvia». Vamos a ver si me entero…no sé vosotros, pero yo llevo muchos años mojándome por la bendita lluvia (que no agua bendita como le gusta a mi querido Don Rafael, de hecho, que me aspen si he metido la mano en la pila esa, alguna vez…) y ahora parece un esfuerzo hercúleo, una epopeya en toda regla… ir a votar porque está lloviendo. Lo peor es que hoy todavía no he salido de la casa de mi gaseosa… y veo que llueve… y tengo mesa reservada en un restaurante, para las 15h. y poco… ¿qué cojones haré si está lloviendo?
Tengo varias opciones. Una de ellas incluye un ridículo paraguas que jamás he abierto. Es enorme, parece. Me lo regalaron en un súpermercado y lleva, discretamente, la publicidad del mismo. Si me pongo bajo él, la lluvia no puede matarme. Luego tengo mogollón de ropa impermeable, con la capucha para tapar al capullo que soy.
«Eres el único peregrino con paraguas»
Algo así me dijo una exnovia cuando se enteró que mi primer Camino de Santiago (desde León a Santiago, no antes) lo hice con un paraguas, encima de esos de mujer y de bolso. Lo hice en octubre, cuando ya no hay peregrinos. De hecho, en un pueblo de León, un paisano me gritó: «¡Peregrino, en estas fechas ya no hay peregrinos!» «¡Pues yo sí que estoy, y en todas las fechas de mi vida!» algo así le respondí. Llovía sin parar esos días, y yo con el puto paraguas. Es casi la primera y última vez que usé un paraguas, y eso fue en 2001. Para esos lares de caminante, lo que procede es una «capa» (hasta «capa de caminante» llegan a denominar a un trozo de petroleo impermeable) , chubasquero o chuandalucero… Fue en una carretera de Orense (no recuerdo el nombre de los pueblos) cuando calló todo el agua del mundo sobre mí, acompañado de un viento que haría las delicias de cualquier regatista. Pero yo iba pisando asfalto, casi nadando sobre él… y con el jodido paraguas de mujer y de bolso. De esos que se encojen y entran en el bolso, seguro que alguna vez los habéis visto. Y el viento daba la vuelta al paraguas y yo le daba la vuelta que el viento le había dado, y tiro por que me toca, una vez tras otra.
Aguantó bien el jodido paraguas, hasta que no pudo más el hombre y claudicó ante el temporal gallego. Acabó desvenzijado en una papelera. Pero hasta que no dobló la pata yo lo sostuve sobre mi melón, porque por muy ridículo que fuera ver a un caminante con paraguas (y de bolso y mujer, insisto, y estampado en no sé qué colores raros…), ese paraguas me lo había dado mi Madre, exprofeso para mi solitario viaje hacia Santiago… y vive Dios que lo usé como ella pretendía, por más ridículo e inoperante que me pareciera eso. Porque a una Madre se le hace caso y punto. Por cierto, como mi ropa no era impermeable, me calé hasta el colodrillo y estuve 2 días secando la ropa sobre una estufa en un albergue de esos de peregrinos. Yo sólo con la estufa. No sé si estaba Dios, pero no había nadie más conmigo esos días. Cuando logré secar mi ropa, tras esos 2 días, me topé con un autocar que tenía la palabra «Bilbao» inscrita en «la frente». Y como yo no conocía Bilbao, lo paré y me subí a él. 8 horas tardó el hijo de puta en llegar a Bilbao… vi 2 pelis: «Memorias de África» y «el coleccionista de no sé qué. Es una del negrata Densel Güasinton. Creo que era de huesos el colecionista. Una de crímenes y tal). El jodido autocar recorrió toda Castilla y León, para llevarme de Orense a Bilbao. Llegué de noche y sin alojamiento… pero esa es otra historia.
Ahora, Abuso me dice que, pese a la lluvia, vaya a votar (…la a ella, supongo que dirá… porque para votar a los rojos no creo que nos animara, sino que diría: «como está lloviendo, no salgan de casa. Alerta sanitaria»). Cúanta diferencia hay entre el paraguas de mi Madre y el consejo de Abuso… y parece que somos pocos los que nos damos cuenta de esa diferencia.
PD: he votado muy pocas veces en mi vida, pero hoy, pese a la lluvia, iré a votar. Si el voto no fuera secreto diría que votaré «no a los rojos» y que, si pudiera votaría «Sí a su exterminio definitivo» pero eso, de momento, no se puede votar…
mayo 28, 2023 a 4:13 pm
Don César, aunque el refrán diga «allá donde fueres, haz lo que vieres», disiento de esa homogeneidad en el comportamiento.
Normalmente, tal como dice otro refrán «la experiencia es la madre de la ciencia», los usos y costumbres están arraigados en prudentes experiencias con el objeto de evitar malos momentos o desagradables resultados. En ese sentido, desatender esas eficientes normas de comportamiento es más signo de temeridad que de otra cosa, pero nunca podemos olvidarnos del libre albedrio o de la devoción hacía la recomendación de una Madre ¡hasta ahi podiamos llegar!
No hay nada más terrible que la uniformidad, para mí es más una manifestación de borreguismo que de otra cosa. Tampoco hace falta empecinarse en quererse salir del coro por un fin de notoriedad, porque dicha acción es igualmente objetable.
Y, en fin, gracias por la referncia cruzada, aunque para un hijo de un labrador, el agua del cielo siempre es bendita (aunque en ocasiones genere perjuicios, que de todo hay en la viña del Señor)
Un abrazo,.
mayo 28, 2023 a 5:19 pm
Anoto esta frase tuya: «el agua del cielo siempre es bendita». Y prometo infiltrarme en situaciones de aerolíneas (conocí a pilotos de vuelos comerciales y a sobrecargos de vuelo) para destapar toda esta trama de PODER, que no es otra cosa, de las estelas químicas, donde lo que cae del cielo – aunque lo parezca – no es agua.
Y documentaré todo. Pero tiempo al tiempo, maño. Donde no llega la mera lógica nuestra hay que mostrar la realidad documental.
mayo 28, 2023 a 6:41 pm
Hace muchos, pero muchos, lustros, en mi Camarillas natal, observaba como, en ocasiones, los aviones dejaban una estela a su paso.
Jamas de los jamases, llegué a pensar que ya habían empezado.
Zaherir los primorosos cielos de las serranias turolenses con semejantes porquerias más que una contaminación es un crimen (o ambas cosas, la verdad).
mayo 28, 2023 a 6:44 pm
Ya sabe usted que nadie nace sabiendo nada. Todo se aprende y, luego, se enseña. Lo de las estelas químicas es lo mismo. Lo que me da pavor es saber que los pilotos de esos aviones son humanos. Eso sí que es jodido…