RAFAEL LÓPEZ: Junio.

Cuando en abril retomé mi actividad juntaletril percibí, como en tantas ocasiones anteriores, la febril emoción de ver publicados mis artículos en este primoroso rincón cibernético de cultura y libertad. Cinco han sido los relatos míos que han aparecido desde entonces, abordando distintas cuestiones, todas hilvanadas por el invisible hilo de mis vivencias y las consideraciones sobre una sociedad tediosa, asfixiante y depravada.

Como es habitual en mí y aunque sé de sobra que no sirven para nada estas conjunciones astrales, de tipo numérico, caí en la cuenta de que, siguiendo mi reciente pauta creativa, dejaría escritos 6 artículos durante los 6 primeros meses del año. Así que, ni corto ni perezoso, fijé el criterio de que, en lo que quedaba de año, escribiría un artículo por mes, hasta completar la docena. Y para adornar el circulo iré titulando los artículos, empezando por el actual, con el mes de marras. Seguro que cosas parecidas se habrán realizado con anterioridad, pero como no las conozco afirmo mi autonomía en esta decisión.

Para este nuevo empezar voy a recuperar el espíritu de mis antiguas recomendaciones musicales y cinematográficas, machihembrando de alguna manera aquella entrañable etapa de hace dos años (cuando mi antigualla tecnológica de por entonces decidió irse a su casa -el infierno-) con la actual. Creo que unir música con cine aliñado con la lectura del artículo, forman un cóctel artístico-creativo de lo más completo. Además supone una excusa perfecta para que revisione mis pretéritos textos y recomendaciones. Les aseguro que esto último me hace sonrojar y emocionar a partes iguales, pero, en ambos casos, estoy orgulloso, porque lo que no me producen es indiferencia: ése terrible estigma de los tiempos de tribulación que nos ha tocado vivir.

Resulta tan aburrido sumergirse en la monótona nadería de los medios que me reafirmo en mostrar, en la medida de mis posibilidades, relatos que huyan de ese infame escenario. Y sí no tengo nada de interés que contarles, antes dejaré ese mes en blanco y continuaré con la revisión de la biografía de don Raimuno Ráfales Daimiel (tengo que estar preparado, motivo por el cual debo pulirlo en lo más que pueda, aunque sólo sea para liberarlo de mis habituales errores de puntuación y ortográficos), porque prefiero el silencio a zaherirles con un texto indigno.

Seguramente este artículo se publicará para el solsticio de verano. En nuestro hemisferio, tiempo luminoso y de calor, así que la selección será acorde a las fechas.

En el tema musical me he decantado, finalmente, por dos canciones, ambas salidas de la factoría de Emilio Estefan, con composición a cargo de Kike Santander: la primera es del año 1994 titulada “El amor” interpretada por el poderoso dúo patrio Azúcar Moreno. Este tema formó parte de la megaproduccion cinematográfica estadounidense “El especialista” cuyo mejor activo (para mí el único) es precisamente la inclusión de este tema musical y cuyo director es de ésos que no saben que contar y … ◇◇. La segunda, de un lustro después, “Obsesión” interpretada por la estupenda cantante mejicana Ana Gabriel.

Ambos temas evocan amores de intensa emoción, de ésos que incendian la pasión. Musicalmente son de los que hacen mover los pies hasta los muertos y, en fin, que me gustan.

Me ha resultado más complicado elegir una película para la ocasión pero, como un compromiso te obliga a decidir, me he decantado por “En el calor de la noche” del año 1967 con Sidney Poitier y Rod Steiger como actores principales y la dirección de Norman Jewison.

La película también es de mi agrado. Creo que la lucha de caracteres entre personajes con cierto antagonismo, siempre es un argumento que da juego en el ámbito creativo (sí se hace con elegancia y bien hacer). Es más, analizando esta cinta y su traslación a la vida real, considero que, fuera de nuestro ámbito familiar, son precisamente las personas con una afinidad menor las más útiles para evolucionar al brindarnos un aprendizaje sobre las cosas y el mundo que nunca hubiésemos alcanzado. Por otro lado, también, nos permiten nuevos hitos en nuestra capacidad de análisis crítico al tener que contrastar nuestros valores y opiniones con quien no los comparte (entiéndase en su integridad). Por supuesto estoy hablando de personas de calidad, porque los miserables son incapaces de aportar nada de provecho a nadie.

Como no he encontrado la manera de adjuntar un enlace donde visionar la película, les diré que la acción se desarrolla en Sparta una localidad del estado de Missisipi. Es verano, hacer calor, en los campos los negros están recogiendo el algodón y en una sureña y cálida noche sucede un asesinato. El rudo jefe de policía local, poco amigo de los negros, tratará de resolver el crimen para lo que contará, a regañadientes, con la muy estimable colaboración de un inspector de policía que trabaja en el norte y es negro. No es la cuestión racial la que justifica la animadversión entre los personajes (aunque también exista), el verdadero choque de trenes es por los estilos tan distintos de cómo entender y realizar su trabajo. Personalmente me gusta más el personaje que interpreta Rod Steiger, porque se observa una evolución a través del contacto y relación con ese frio, orgulloso y analítico inspector de Filadelfia.

Les diré la escena que más me gusta, es justo al final de la película: Steiger lleva en su coche a Poitier para que coja el tren y consiga, por fin, ir a ver a su madre. Cuando llegan a la estación, antes de que el negro pueda coger su maleta, que va en el asiento de atrás, es Steiger el que se apremia para cogerla Él y llevársela hasta el andén. Ese gesto, esa imposible cortesía noventa minutos antes, del gruñón policía local hacia el negro, acrisola la esencia de lo que había supuesto el conflicto surgido por el encuentro de dos antagonistas. Me gusta mucho esa escena, la calificaría, sin reservas, de primerísimo nivel, de no ser porque el director la degradó con un dialogo final simplista e insulso ¡Redios!, ¡que hubiese dado la posibilidad a los actores de mostrarnos, sin palabras, la intensidad emocional de esa despedida!

Hasta el mes que viene, sí Dios quiere.

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