ARTÍCULO: El jurgol es más necesario que nunca.

Cualquiera que me conozca un poco sabe que, para mí, el jurgol (antiguo fútbol, antiguo balompié) es el mejor medidor social en Espena, con una diferencia apabullante con el resto. El que no se interesa por este execrable negocio y fenómeno social ingente, no sabe absolutamente nada de sociopolítica.

11 indigentes mentales contra otros 11 (más los suplentes, los técnicos y los currelas de los estadios y equipos).

Los de mi generación (1975) y aledañas no tuvimos “la suerte” de vivir la revolución española del 36 contra el comunismo nacional e internacional; ni sus consecuencias. La única manera de inflarnos a hostias con nuestros paisanos era el jurgol. Yo era lo que ahora se denomina “facha” o “nazi”, porque iba con banderas de España y otros abalorios “prohibidos” en suburbios comunistas como en el que me crié (Leganés, Madrid). Ese odio al país que tenían la inmensa mayoría de mis paisanos siempre me resultó extraño: ¿cómo puedes odiar el país que habitas? Debido a lo breve que es nuestra estancia en esta dimensión, es algo incomprensible. Es un suicidio lento pero preciso (y precioso, para ellos), una esquizofrenia y masoquismo sin parangón: odiar a tu propio país pero no irte de él.  Yo odiaba Leganés (y lo sigo haciendo) por ese motivo y otros que no vienen al caso ahora, por eso me largué de allí en cuanto fui mayor de edad. Probé la vida en otros lares, pero siempre de este mismo país, y comprobé que el odio a España no era – ni mucho menos – patrimonio de los guarros leganenses. Estuve viviendo y viajando por toda mi patria (mis padres y resto de ancestros nacieron TODOS aquí, por eso este país desquiciado fue, es y será mi patria; obvio) y sufrí los rigores del antiespañolismo, porque yo siempre di, doy y daré la cara: a mí es fácil tenerme como enemigo, muy fácil y – para mí – grato.
En las 3 carreras universitarias que cursé (Derecho, Periodismo y Ciencias Políticas y de la Administración del Estado) descubrí que el odio a mi país no era cuestión sólo callejera, sino ancestral y atávica.  ¡ERA UN ODIO INTELECTUALIZADO! Generaciones y generaciones de hijos de puta habitantes de mi Tierra la habían odiado mucho antes de que mis bisabuelos alumbraran.

¿Qué le lleva a un masoquista a serlo?

Obviamente, una enfermedad mental y – por lo tanto – no podemos racionalizar su caos de coco ni razonar con ellos. Sólo podemos hacer 2 cosas: combatirlos y exterminarlos, o encerrarlos para que no sigan autodestruyéndose y, por lo tanto, destruyéndonos a nosotros, como habitantes del país que somos.

A lo que iba, que yo estaba hablando de jurgol: el 90 y mucho % de mis altercados de autodefensa fueron por el estúpido deporte de marras. ¡Nada más fácil en el mundo que ser del Barça en Madrid para estar todo el día a hostias, tal cual! Yo que fui muy pendenciero, como todo joven aguerrido y soñador que se precie, tuve mi panacea de ultraviolencia con el jurgol. Pero mi mente no estaba destrozada como la de la inmensa mayoría a los que me enfrentaba (por supuesto muchos del Barça, porque al ser yo español, pues eso… un español del Barça está enfrentado a todos, tal cual) y no me duró mucho la tontería de jugarme la vida y mi linda cara por tamaña chorrada jurgolerda. Por eso, ahora que TODO en esta sociedad pasa por el filtro del jurgol (todo es todo, haced la prueba y ved cualquier barbaridad sociopolítica; asombraos viendo que los del jurgol la siguen, fomentan y etc.) es una bendición su existencia, porque la humanidad entera deja expuestas sus miserias de la manera más miserable posible: en un estadio atestado de enajenados fanáticos hermanados; que igual que gritan a la vez: “¡gol!” se ponen a gritar no al racismo, al machismo, sí al NOM y etc. de barbaridades.

Rubiales ha dimitido por dar un pico a una amiga (supongo que amante porque las bolleras tienen más vicio que una garrota), en público. Todas sus corruptelas REALES Y DEMOSTRADAS, todo el expolio que hizo a los espenoles dieron igual; porque nuestra sociedad está moribunda. Ha tenido que ser la mayor chorrada de la historia lo que acabe con este mafioso, psicópata y estúpido jurgolerdo que es Rubiales. Un pico… algo que yo he dado (y daré) por doquier y sin mirar la entrepierna del “picado” o del que “me pica” a mí… ¿En serio estEs que predican el amor libre y, si puede ser, no heterosexual ni familiar… estos son los que han liado tamaño circo porque alguien haga lo que ellos predican?

Nada más que decir salvo: ¡Puta Espena!  Con el paso de los lustros yo también he aprendido a odiar a mi país, pero he tenido la decencia de cambiarle el nombre. Es como si odiara a mi mujer actual porque he odiado a exnovias que me han puesto los cuernos con etarras (me ha pasado, sí): una esquizofrenia en la que yo no entraré jamás; esquizofrenia que es ya inamovible para la mayoría de los habitantes del país donde vivo.

4 respuestas to “ARTÍCULO: El jurgol es más necesario que nunca.”

  1. Avatar de joseignacioh
    joseignacioh Says:

    Como ha ido la vuelta que te has dado? 😊

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  2. Avatar de Rafael López
    Rafael López Says:

    No sé sí nos veremos alguna vez, pero te prohibo, taxativamente, darme un beso en los morros, las consecuencias serían temibles, jajaja.

    ¡Cómo aburre todo ésta grotesca naderia!

    • tranquilo, maño. A un tío, ni harto de vino. Eso eran chorradas de veinteañeros beodos.

      • Avatar de Rafael López
        Rafael López Says:

        La verdad, César, es que tu comentario me tranquiliza, especialmente en éso de que, «ni harto de vino», sentencia que demuestra la seriedad de lo manifestado.

        Pero, ¡ojo!, ten cuidado con «la coñá», cuyos efectos son temibles. Cuando era joven, recuerdo a los hombres (una vez ví a una mujer, tenía pinta de prostituta, entrar en bar cerca de la puerta de Sol, entrar y pedirse un coñac, «a lo puro macho»), pedir en los bares la oportuna copa de coñac. No voy mucho de bares (casí nada), pero ésa realidad, como tantas otras, intuyo que ha desaparecido, posiblemente beban pero otros licores menos rotundos.

        ¡Ah! ¡Qué bien se vivía con Franco!

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