ARTÍCULO: Autarquía, no Patria.

Fijaos en la definición de autarquía y decidme si alguien, es su sano juicio, no la abrazaría:

Bien, tras saber lo que significa, insisto y, ahora, pregunto: ¿ alguien, es su sano juicio, no la abrazaría?

Voy a explicaros el motivo por el que la autarquía ha sido erradicada y hemos llegado al jodido y satánico globalismo. Los voy a enumerar, además. Ahí van, abróchense los cinturones, o no, a mí me la suda. Ya sabéis que la obligatoriedad del cinturón, en vehículos motorizados salvo las motos (ahí es el casco) no es por tu salud, sino para evitar el ingente gasto (y el imposible despliegue humano) que supondrían millones de muertos más en cada accidente de tráfico. Y digo yo que estoy loco y, por lo tanto, no me hagáis caso si queréis ser socialmente válidos y validados: si la velocidad es lo que mata, ¿por qué van rápido?

Vuelvo a lo de la autarquía:

1/ Los inútiles no saben hacer la o con un canuto,pero nos obligan a comprar el canuto y a que no hagamos la o con él, ni con nada.

2/ Paso de seguir escribiendo obviedades que todos sabéis, aunque algunos nos las canalicéis. Vosotros (mis 4 lectores) no sois gilipollas. De serlo, no estaríais leyendo esto. Como soy escritor (pese a no ganar dinero con ello, ojo que hay escritores que no saben escribir pero como les pagan sí son escritores y yo no lo soy) os contaré una de mis 1.001 anécdotas de cuando aprendí (sin que nadie me enseñara, soy autodidacta en casi todo) lo del fin de la autarquía, sin conocer el término pues tenía unos 10 años, yo, no el término.

Lo aprendí en la provincia de Segovia, en una excursión iniciada en Leganés (suburbio de Madrid) junto a unos 50 nenes y varios adultos, tal vez adúlteros.  Éramos miembros de la secta denominada “Juniors” algo así como unos boyscuts. Mi madre nos apuntó a mi hermana y a mí, porque antes no había redes sociales ni internet, y algo tenían que hacer las madres con los hijos que vivíamos en zona improductiva, es decir, los que éramos inútiles totales y nuestra dependencia dependía de los demás y del dinero que nuestros padres les pagasen.

Bien. Genial que no sepamos cultivar, pescar ni cazar. Es un planazo para que todo vaya como va. Y, ahora, a los que saben (con los años supe) nos lo impiden hacer. Colosal plan. Gracias por su visita y no olvide su cheque descuento, para su próxima compra.

En el autocar que me llevó muy lejos de mi casa de entonces y aledaño a mi casa de ahora (ninguna es mía, la primera de mis padres y la de ahora de mi gaseosa, vulgo casera) fui sentado con mi hermana, que era la única persona que me importaba en esa jodida excursión obligatoria.  En el asiento pareado de al lado había 2 nenas que ahora serán ministras o algo así. Durante un buen rato me estuvieron mirando y riéndose entre ellas, mientras exclamaban: “¡sí es un feto!” refiriéndose a mí. La cosa era obvia: una le decía a la otra que yo le gustaba, o algo así, y la otra lo negaba y me insultaba con un término que ni conocían, y las 2 reían. Yo, sin tener nada que ver en las apetencias de esas 2 hijas de puta, era vilipendiado. Qué gran metáfora social. A esa temprana edad ya tenía yo los cojones sociológicos pelados, pues a los 4 años tengo mi primer recuerdo, que fue la estupidez humana que me rodeaba el primer día de párvulos (4 años de edad y con babi, que no Bamby, aunque casi). Ahora sonrío, al saber que actualmente yo puedo ser encarcelado porque a una de estas hijas de puta le parezca un feto y, por lo tanto, me denuncien por cualquier motivo que la ley actual les permiten. Es decir: sin hacer ni decir nada puedo ser destrozado por 2 psicópatas. Y tú, lector, ídem.

Nos soltaron por un monte, para que hiciéramos gilipolleces grupales a las cuales yo me negué. Pero no di la nota negándome, sino que “me aparté” y dejé que cada cual hiciera lo que le diera la gana sin obligar a nadie a hacerlo o no hacerlo. Me fui a caminar, pese a los intentos de “los monitores” para que estuviera haciendo lo mismo que obligaban a hacer a los demás. Conmigo no pudieron. Con mi hermana sí.  Y con el resto.

A la vuelta le dijeron a mi madre que yo tenía “no sé qué problemas de integración, sociabilidad y etc.” vamos: que yo estaba tan mentalmente sano como para no ser parte del rebaño. Mi madre, que era sabia como yo y he heredado de ella, aguantó la chapa de los indoctos y me contó lo que le habían dicho, mientras me decía que yo hacía muy bien en hacer lo que me diera la gana, sin hacer daño a nadie que no lo merezca (esto último de “que no lo merezca” no me lo dijo, porque Ella no era ultraviolenta en autodefensa, como lo soy yo; y me gusta, lo reconozco. Yo necesito malos para vivir).

No fue ese día pero sí esas fechas cuando mi madre me invitaba a una hamburguesa que hacían en la parrilla de una cafetería. Era una especie de quiosquillo, pero propiedad del dueño de la cafetería. Estaba en la calle, para que todos la viéramos/oliéramos. En verano ponían, aledaña, una máquina de helados italianos, de esos que salen como churros. Mi madre me convidaba primero porque yo no tenía dinero y, segundo, porque volvíamos del ambulatorio y ella sabía que yo odiaba a los galenos. Era una especie de «pago» por aceptar yo ir a un centro satanitario. Desde el siglo pasado me hago yo las hamburguesas, y pese que los carniceros me instan a que compre las que ellos han preparado, yo les señalo una pieza de carne y les obligo a que me la piquen para hamburguesa. Eso, entre otras muchísimas cosas, es la autarquía.

Con los años, en el instituto una profesora iletrada (de filosofía, encima) le dijo a mi madre que yo era “un problema social”. La habían citado para adoctrinarla, pues yo no atendía en las clases de la imbécil profesora y leía un libro de Miguel Delibes (5 horas con Mario) por obligación del profesor de literatura, no porque a mí me gustase. De ahí a ser un problema social, debería mediar un abismo, pero qué va, no mediaba. No me expulsaron, pero casi.  

Yo era tan problemático y reprendado por ser ácrata y autárquico. Es decir: lo que esa insensata nos decía no me interesaba. No me hacía falta. Yo tenía otras muchas cosas con las que nutrirme y sabía cómo y dónde encontrarlas, y lo que es peor: producirlas. Eso es lo que le molesta al sistema: saber que no le necesitamos para vivir. Y eso es lo que nos molesta a nosotros de él: saber que nos necesita esclavos para vivir él.

Si en el mundo sólo hubiera gente como yo, el mundo sería un lugar humanamente habitable. Mala suerte, pues no lo es ni será. Espero, con curiosidad, que me deparará la nueva Dimensión. Mientras tanto, sigo viviendo como quiero y me dejan, que no es poco. Jamás ser parte del rebaño, ni pastor.

2 respuestas to “ARTÍCULO: Autarquía, no Patria.”

  1. Avatar de Rafael López
    Rafael López Says:

    ¡Buen artículo, César!

    Tu, como eres un tio raro, te planteas estas cuestiones esenciales que son las debería estar pensando cualquier ser humano, digno de esa categorización.

    Esa libertad e independencia de criterio que mencionas en tu relato deberían ser piedras angulares sobre las que se debía haber construido el edificio de España, sin embargo, ni hay libertad, ni indepedencia de nada (todos borregos)

    • Lo peor es comprobar que la libertad de los liberticidas es ser sojuzgados y sojuzgar, «porque así es el sistema». Nunca olvido las caras de los incautos que me preguntan a qué me dedico y les respondo: «a nada».

Deja un comentario