ARTÍCULO: Los ojos son el alimento del alma.

La foto de cabecera es significativa, porque la he tomado (con el móvil) desde el cuarto de baño de la casa de alquiler que paga mi mujer y mantengo yo. Debido a mi hiperactividad social he estado en muchos baños, fuera de España (actual Espena) incluso; y mi hipermnesia siempre se regocija con estas cosas, dizque escatológicas.
Esta foto denueda mi aprecio a la vida y a que mis ojos daltónicos se nutran de belleza y no de mierda, aunque esté en un cuarto de baño, vulgo yanqui WC. Cuando estoy en el cuarto de baño veo arcoíris, como ha sido el caso de hoy. Y parte de la enorme sierra de Madrid-Segovia, en lontananza. Esta casa no es mía, ni ganas pues lleva sin reformarse desde el día que la construyeron (e ilegalmente, aguántame el cubata, alcalde) así que imaginad como está, ya que han pasado casi 50 años, que se dice pronto. Dilo:»pronto» como la revista que lee mi abuela paterna, con 109 años ya.

Pero mis 3 ojos son míos y con los 2 de la cara veo cosas que elijo ver, como este arcoíris de hoy. Al igual que no veo el puto arcoíris satánico y pederasta de marras… que es lo que todos quieren que admiremos. Sé por qué estoy donde estoy, pese a que poca gente (o ninguna) lo comprenda. Sé por qué mi mujer paga el alquiler de un piso ilegal (LAU) en un edificio ilegal que, encima, es co-propiedad de un madero locatis… esos que están para «garantizar nuestros derechos… servir y no sé qué pollas más dicen estos mafiosos armados legalmente»;y cuya mujer es la factotum de sus padres multimillonarios (de ella), a base de ilegalidades. Una vez, en mi etapa cordobesa, viví un par de meses gracias a un vídeo poema que os enlazo tras estas líneas. Era un constructor multimillonario al que le encantó el vídeo (sin yo enseñárselo, lo vio en la proyección que yo hacía, como gestor cultural del local llamado «La espiga».) y me dio 600 pavos, en un cheque que cobré al día siguiente, justo el día en el que iba a Madrid a recoger mi premio como mejor documentalista de la Taifa de Madrid, por mi espectacular documental «La verdad de César». 1.200 pavos de premio más 600… muchos meses de vida para mí, que no gastaba casi nada y sabía vivir debajo de un árbol, tal cual.
Cuando la vida me fue venciendo me fui a los campamentos saharauis en el sur de Argelia (os pongo el trailer de lo que hice allí, al final de estos garabatos). Allí los baños son una entelequia o una grosería, según los queráis ver. La suerte es que al sudar tanto, no meas casi nunca. Pero, de vez en cuando, hay que jiñar. Todos eran baños turcos (qué me aspen si sé la etimología) sin cisterna. Teníamos que usar agua de unas enormes cubetas aledañas a las chozas que llaman casas, cuando no jaimas (molan, me quise comprar una). Yo tenía ya el culo pelado de estos asuntos. En Senegal, por ejemplo, aprendí a ducharme con un litro de agua; pero es que ya lo sabía de antes porque en España siempre he sido un animal de playa/montaña.
Pero aún con toda mi «sapiencia» no dejaba de asombrarme de lo brutos que son muchos seres humanos. Atascaban los baños turcos con lo que les salía por el culo, tal cual. Uno de estos, me dijo que tuviera cuidado si era «impresionable» al verme ir a un baño de una casa el día que acabamos el rodaje de mi documental. Yo había meado antes en la tierra del desierto, como debe de hacerse, pero tenía que estar ahí por lo del fin del puto rodaje. Entré y meé sobre las heces de Dios sabe cuantos humanos y de cuántos lustros… ahí, atascadas haciendo un horrendo pilón en la cavidad del baño turco. Y miré, porque sabía que esa porquería estaba en ese lugar. Qué esa porquería la habían hecho los habitantes de ese lugar. Y sabía que si no me adaptaba a ellos, me matarían, seguramente; al creer que yo no estaba aclimatado a su barbarie. Hay que mancharse de mierda, a veces, para saber que no hay que vivir en la mierda.
Por eso siempre he buscado que mis ojos estén engalanados, por mucho que mi cuerpo está ubicado en un lugar donde nadie quisiera estar, pagando. A veces creo que mi daltonismo va mucho más allá. Creo que lo que yo veo no lo ven los demás.
octubre 30, 2023 a 6:20 pm
¡Quiero unas gafas como ésas, don César!, jajaja, ni de broma, bastante tengo con las mias que si las necesito para no ir troquelando los tabiques.
Podría hablarte de cuartos de baño, pero no lo hago que ya te he tenido bastante dosis escatológica con tu artículo.
Ultimamente, no hay manera de leerte, jajaja.
octubre 30, 2023 a 6:36 pm
¡a un euro (o poco más) en los chinos del pueblo! ¡Qué nadie esté sin gafas de estas!