ARTÍCULO: no hay mayor desgracia, para un joven, que ganar la lotería.

En teoría, le han tocado 7.200.000 pavos. No voy a entrar en «la letra pequeña» ni en si el Fisco le quitará algo, mucho o casi todo; ni en si el premio y el premiado son de verdad. NO. Voy a aceptar que esto es cierto: a un chaval (entre 20 y 30 años, dicen) le ha tocado esta pasta en un pueblo muy cerca del mío, por un sorteo europeo que mueve billones de euros al año (sólo reparte una ínfima parte, como el resto de los sorteos, ese opio del pueblo y, a su vez, el mejor impuesto de los Estados, pues se paga de manera voluntaria).
¿Por qué digo «la barbaridad» del titular?
Tengo casi 49 palos, nunca mejor dicho porque esta vida que tanto disfruto (a mi manera, obvio, y sin exigir nada a nadie ni hacer daño a los ídem, salvo en autodefensa) me lleva dando de palos desde mi advenimiento en esta Dimensión: el galeno nos recibe a hostias y, en mi caso, el protocolo no permitía tomar calostro hasta dejar de ser neonato, es decir: 24h. después de las hostias del galeno. Ya podrás, hijo de puta, con un tío de unos segundos de edad… pero seguro que alguna hostia le arreé… jejeje.
De toda la vida he tenido mucho uso de razón sociopolítico y ético. Muy pronto me di cuenta de que la gente sólo se mueve por interés y comodidad, que son la antesala de la molicie, la maldad y la estulticia. Fui descubriendo que los adultos sólo actúan por dinero, mejor o peor justificado, pero esa es su motivación vital. Viven a cambio de pasta y sin ella no hacen nada o casi nada. Trabajo, que es una palabra preciosa cuando se asocia a labor y laboriosidad, simplemente es esclavitud remunerada y ganas de ser cómitre.
Pero como reza el axioma vital que nadie firmó: «nadie se hace rico trabajando». No voy a ahondar en esto, pues yo he venido a hablar de la lotería del chaval este. Jamás he comprado loterías. Siempre he defendido que a mí me pagan por vivir (esto, traducido, significa – más o menos – que en un mundo dominado por el trabajo remunerado, hagas lo que hagas, legal o ilegal, te acabarán pagando; y yo siempre he hecho lo que me ha dado la gana, no lo que me ha dado dinero).
Casi todos mis colegas jugaban y soñaban con ser premiados. «Vaya sueños de mierda tenéis» les solía decir yo, además de: «yo no juego porque no quiero que me toque». Actualmente, sí quiero que me toque, pese a no jugar pero en mi entorno directo (algunos de los cueles son dilectos) juegan y a mi edad, con más vida por detrás que por delante, sí que me vendría bien un buen premio, pese a que no «es mi sueño», mi sueño ya lo he cumplido con creces y ha sido vivir como un hombre sobre la Tierra, en esta tierra deshumanizada, y lo sigo haciendo; quien me conoce lo sabe. Los que no, me tildan de vago y fracasado… ojo que te la cojo.
A un hombre de entre 20 y 30 años, regalarle esta pasta es la mayor putada que le pueden hacer.
No es dinero suficiente para ser un magnate de nada, pero sí para que todo tu entorno pasado, presente y futuro, te atosigue y que se cumpla la máxima: «sólo te quieren por tu dinero». Este chaval anulará su creatividad mental y sus ganas de labrarse un futuro, sea lo que sea a lo que se dedique ahora. Si invierte en su actual negocio, trabajo, proyecto… estará viciado pues todo su entorno sabrá el capital del que dispone (encima, no a toca teja, sino a 20 mil pavos mensuales durante 30 años). Vaticino lo que ocurrirá: se arruinará (le arruinarán más bien, el entorno y su codicia) en menos de un año. Tendrá muchos problemas legales para justificar ese «préstamo – regalo a bajos intereses y a 30 años que le da la Lotería) y acabará mal, haciendo inversiones nefastas par estómagos agradecidos, el primero el suyo. Y no se dará cuenta hasta que sea demasiado tarde. Su vida social se acaba de romper. Jamás volverá a tener un amigo o novia y desconfiará de los actuales. Ya nada será lo mismo. El dinero lo pudre todo.
Como dije antes, el dinero regalado sólo es loable para gente de mi perfil, gente que lo aborrecemos, que llevamos casi medio siglo viviendo si él y que, con ese pedigrí, si podemos y sabemos aprovechar esta atrocidad llamada dinero; porque ya sabemos qué es la vida, quienes nuestros amigos y – sobre todo – como vivir sin necesidad de, a penas, compañía humana, ni ambición económica.
Apostilla
La lotería sólo debería estar habilitada para mayores de 50 años (y de edad mental, ídem).
enero 23, 2024 a 7:01 pm
Totalmente de acuerdo, don César y ésa apostilla sintetiza una verdad rotunda.
Un abrazo,
enero 24, 2024 a 11:02 am
Tengo que matizar mi anterior comentario porque, como ya has tratado este asunto de las loterias en un par de ocasiones recientes, tengo que reseñar que la loteria nacional (la más «generosa» en cuando a la cantidad dedicada a premios) concede un 62 % en premios, mientras que el Estado roba el 38 %, cifra nada menor, pero que palidece ante el 50 % que nos roba en impuestos de todo pelaje.
Pero eso no es todo, para aquellos que obtengan un premio superior a 40.000 €, el Estado les roba el 20 % del premio (el infame pepero Montoro fue quien inauguro tan sacrílego expolio tributario, pero despues nadie se ha encargado de enmendar el latrocinio).
En España sufrimos muchas pestes. Hoy, al hilo del artículo, reseñaré que una de ellas es que impuesto que se crea, o se aumena, JAMÁS se elimina, o reduce, con independencia de que partido del contubernio esquilmador pp-psoe esté en el Gobierno.
Rafael López
enero 24, 2024 a 11:52 am
Añado que los colectivos de parásitos, delincuentes y paniaguados, no pagan impuestos, bien por exención o bien por compensación con pagas: presos (de verdad, no los inocentes), okupas, inmigrantes…