ARTÍCULO: soluciones definitivas para los crímenes de extranjeros.
Antepenúltimo crimen de inmigrantes extranjeros (oxímoron tautológico debido a la chaladura en la que vivimos), esta vez – como miles de veces – de niñatos sudakas y, por raro que parezca sin víctima mortal.

Ya que ni juristas, legisladores o maderos «saben» combatir esta lacra social importada, qué no cunda el pánico; aquí estoy yo para arreglarles la papeleta. Añado que soy (casi) jurista (huí de Derecho a 1 año de acabar la Carrera) y politólogo, por aquello del valor de mi opinión, en base al estúpido currículum y etologías varias. (N delA): las comillas en «saben» son porque sí que saben y pueden, pero no quieren.
Soluciones ordenadas de mayor a menor eficacia, pero todas infalibles. De aplicarse, cada una de arriba anula a la posterior. Todas tienen pros y contras:
1/ Impedir la entrada.
No digo sólo prohibir, ojo que te la cojo, sino de impedir… ¿cuántas leyes nos saltamos al día? La desobediencia ya es algo moralmente obligatorio en este Estado Totalitario. Pero en el caso de la inmigración devendría moralmente obligatorio hacer cumplir la prohibición.
Pros: fin de la inmigración. De toda, legal o ilegal.
Contras: como esta ley llega tardísimo, para su aplicación hay que de hacer un arduo trabajo de investigación y represión para deportar a todos los extranjeros y a sus hijos y a los del puto «derecho de sangre»(nacidos en cualquier parte del mundo pero de padre/s españoles; manda cojones…).
Como muchos inmigrantes son buena gente y necesitamos su trabajo y aportación cultural, matizar que sí podrán permanecer los legales – con o sin arraigo – con contrato de trabajo vigente y necesario Y SIN MÁS AYUDAS PÚBLICAS que el resto de españoles, los oriundos. Todos iguales, como el raciocinio dicta.
2/ Penas durísimas y la capital incluida.
Por lo de capital no me refiero a Villana y Cortesana (el patio de recreo de Díaz Abuso) sino a la pena de muerte. La ley ha de ser disuasoria, no punitiva. Eso es de primero de raciocinio penal. Curiosamente algo que, por lo menos en mi época (tengo más años que la mala educación) no se enseñaba.
Si no puedes combatir el crimen con eficiencia, hay que evitar que el crimen exista. Tomemos el ejemplo de la noticia de la foto de cabecera. Las penas por este crimen serían estas:
Pena de muerte para el pistolero y deportación inmediata de los otros 3, por pertenencia a organización criminal (es una ucronía, pues como estaban fichados no hubieran estado en Espena – antigua España – comiendo pizza). Si como sucede casi siempre, estos psicópatas indoctos «son españoles», pena de cadena perpetua en condiciones penitenciarias acordes con el trabajo comunitario que realicen. El que no aporte estará a pan y agua y hacinado en una celda vacía.
Pros: todo.
Contras: ninguna, salvo que en pocos años muchos juristas y maderos (picolerdos, resto de fuerzas del Estado y segurratas de 2 patas incluidos, obvio) se irían al paro y los legisladores (vulgo políticos) no sabrían cómo ejercer el mal, ya que estas normas penales para los criminales se aplicarían a otro tipo de delitos, los suyos incluidos.
Fin. No hacen falta más soluciones. Obviamente, su desarrollo legislativo y su aplicación es algo muy complejo, pero fácil de hacer. Es arduo pero sencillo. Lo digo para los iletrados que me llamen «ignorante», «leguleyo» o, mejor aún, «fascista».
Apostilla
Estas modificaciones penales se aplicarán también a los espenoles, obviamente. Es una redundancia señalarlo, pero sé que hay mucho imbécil que no hará la analogía ni entenderá que si he empezado por los extranjeros es porque es el lógico detonante a esta modificación penal, al ser los más criminales en Espena y tener «menos derecho» que nosotros para delinquir. Con esto me refiero en que cada uno en su casa tiene derecho natural ha hacer las barbaridades que quiera, y ser castigado por ello; pero un extranjero no tiene derecho alguno a hacer nada en Espena, en casa ajena, vaya.
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