RAFAEL LÓPEZ: Personajes cinematográficos entrañables.

Compensaré mi pálida aportación articulista a este magnífico blog con uno nuevo que, naciendo como un comentario a mi querido cómitre, la infamia de la herramienta cibernética en la que se sustenta este magnífico blog, envió al ostracismo con incuria virtual inmerecida.
Durante las últimas semanas, he ido rumiando una idea: a qué personaje cinematográfico me gustaría conocer, tener a mi lado, parecerme, etc. La cuestión no es baladí ni fácil de acotar, porque empieza uno a hacer una lista y comprueba que lo prolija de la misma la convierte en poco recomendable y diríase que hasta estéril. Así que a base de borrar personajes he ido adelgazando mi lista hasta dejarla en dieciséis. Algunos de los egregios integrantes tienen papeles pequeños pero plenos de matices o diálogos estupendos, mientras otros fagocitan la acción de la película como un tirano.
Empiezo con ese entrañable mayordomo llamado Godfrey en la divertidísima “Al servicio de las damas”, un primor de distinción, humanidad y saber estar. El segundo de la lista es un ilustre, conocido gracias a don César, me refiero al señor Bellvedere en la película “Niñera moderna”, un genio con la humildad de alguien útil que ha vivido con honestidad (en sus propias palabras “nunca he sido ni un parásito, ni un vago”). Cambio de registro y me voy al rudo oeste para depositar mi preferencia en un personaje acorde al ambiente donde se desarrolla la acción de la película, me refiero a Buck Wyatt ese áspero y avezado jefe de caravanas que hallará su reto más exigente al tener que llevar a un grupo de mujeres a través de los más inhóspitos parajes estadounidenses. Esas mujeres, que no podían mirar atrás y que le mostrarán su integridad, calidad y valentía, cambiarán, diametralmente, su percepción respecto de ellas. Por supuesto me refiero a la cinta “Caravana de mujeres». Y para cerrar este bloque retomo a una historia urbanita, de nuevo con la estimulante presencia del actor Clifton Webb y su recreación del gran Waldo Lydecker, ese ácido escritor enamorado de “Laura”.

En estos tiempos aciagos cualquier sujeto dedicado al séptimo arte, y con un mínimo de sensibilidad y talento, podría dar parte de su alma por disponer de los diálogos de estos personajes (y de los que vienen a continuación).
Me centraré, a continuación, en el solar patrio que bien podría haber ocupado el primer lugar de mi comentario. Para empezar hay dos personajes de la estupenda “Atraco a las 3” que merecen estar incluidos en esta lista de elegidos, uno es el señor Galindo, magistralmente interpretado por José Luis López Vázquez y el otro don Felipe, ese tierno director de la oficina bancaria. El castizo humor y forma de ser del primero y la sencillez y humanidad del segundo los convierten en merecedores de esta lista de insignes personajes. También Matías, ese sargento gruñoncete de “Calabuig”. Y, cómo no, mentar a ese noble y dedicado maestro, don Anselmo Oñate “Pichirri”, en la emotiva “Historias de la radio”.
Me despido con una película de Buñuel que, aunque mejicana, emparenta perfectamente con el cine patrio, me refiero a la entrañable “El gran calavera” que aporta dos personajes: Ladislao ese alegre vividor y holgazán, a tiempo completo, que se redime a través de la carpintería; y Juan, el mayordomo fiel, al que le gusta desatender sus quehaceres haciendo solitarios con las cartas mientras se fuma los puros y se bebe el coñac de su amo.

Vienen ahora un par de “Cupidos”: el inolvidable y sediento Michaeleen Flynn de “El hombre tranquilo” y el doctor forense del juzgado Mathew Beemish, interpretado por Ray Collins, en la divertida “El solterón y la menor”. ¡Menudo peligro estar soltero al lado de esta pareja!
Me voy despidiendo con los últimos cuatro de mi lista: Stumpy ese entrañable ayudante del sheriff, interpretado por Walter Brenan, en la emblemática película de don Luys Coleto “Rio Bravo”; Carlo Calucci el director de hotel más versátil y solvente que pueda imaginarse en “¿Qué ocurrió entre mi padre y tu madre?”; Schlemmer el subordinado de James Cagney que da taconazos hasta cuando habla por teléfono y que se ve expuesto a todo tipo de extravagancias, atendiendo las ordenes de su jefe, en la hilarante “Uno, dos, tres”.Y, por último, Sir Wilfrid Robarts el orondo abogado de “Testigo de cargo”, interpretado por Charles Laughton, quien, pícaramente, camufla el coñac en el termo del cacao y cuyo acerados diálogos son una delicia.
Tengo que mandar al ostracismo a mi querido capitán Renault de “Casablanca” porque sus sobresalientes virtudes quedan opacadas por ser un mujeriego empedernido. De otro modo hubiese sido parte de un elenco tan sublime.
En fin, todos esos personajes conforman un universo de sensibilidad, gallardía, inteligencia, dignidad, fino humor, elegancia y respeto. Y, sobre todo, no hay en esta pléyade de personajes ni un solo diálogo que pueda ofender a una persona limpia de mente, ni una imagen, en sus actuaciones, que llegue a perturbar la inocencia de un niño.
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