RAFAEL LÓPEZ: Censura sí, por favor (pero de la buena).

Realizaba mi primera y, hasta el momento, única incursión en el blog de don Luys Coleto cuando haciendo caso omiso, como es habitual en Él, cambiaba el título que le había propuesto a mi artículo por otro en el que mencionaba la necesidad del (buen) cine. No me causo mayor contrariedad dicha modificación, toda vez que estoy plenamente conforme con el sentido de la misma.
Realizo esta personal remembranza porque, recientemente, ha habido en los basurientos medios generalistas una estéril controversia entre un juez brasileño y el dueño de tuiter. Ya saben “yo no te permito operar en mi cortijo, yo sacaré tus trapos sucios, etc., etc., etc., etc.). En fin, dos seres perfectamente prescindibles sirviendo al mismo amo y cuyo objetivo es tener lobotomizado al vulgo.
En fin, yo lo que quería contarles es sobre la utilidad de la censura (pero de la buena). Les pondré un ejemplo que va como ni pintao: resulta que el cineasta calandino Luis Buñuel, recién aterrizado por tierras mejicanas, andaba buscándose la vida y encontró un Mecenas para el desarrollo de su potencial creativo. El tipo en cuestión no es que fuera un crápula exprimidor de talentos (aunque coadyuvó a colocar a su parienta en buena parte de la filmografía del maño), pero le dijo (más o menos, no se me pongan exquisitos): “Hazme esta película y te financiaré -Los olvidados- ¡ahí es nada! premios de postín y película declarada Patrimonio de la Humanidad.
La película de marras fue “El gran calavera” y las condiciones impuestas es que fuese “comercial”. Desde luego don Luis cumplió el compromiso, lo que le permitió realizar la película que ansiaba. Hago esta reseña porque he visto ambas y la “súper película” con una vez basta, excepto para anatomías resistentes. Sin embargo, “El gran calavera” es una delicia de película que incluyendo muchos detalles “marca de la casa” permite visionados sucesivos, encontrando matices y detalles delicadísimos.
Realizo todo este preámbulo porque han sido innumerables los casos en que la “censura económica” y/o ética/política ha supuesto una notable mejora del producto original. Desde luego no ocurre así con la burda y sectaria incapaz de mejorar nada, pero sí de estropearlo.
Y traigo a colación esta cuestión porque sí alguna vez fuese un megamillonario, de ésos que ha conocido don César, y le fuese a financiar un proyecto artístico le propondría una censura a lo bestia “que lo que hiciese lo pudiesen ver y entender (dentro de lo razonable) mis Hijos”. Sé que es demasiado imaginar para un juntaletras que ha gozado de la generosidad del señor Bakken, siempre indulgente con mis aportaciones al blog y mis “estados emocionales”; pero ¡Redios! que se lo propondría. Cuestión bien distinta es que Él aceptase porque es un ácrata, libérrimo incorregible, pero el NO ya lo tengo ¿verdad?
Como colofón considero que la buena censura es útil para las creaciones artísticas (siempre hay excepciones a toda regla) y los creadores artísticos, limita sus extravagancias, especialmente de aquellos autores que están por encima del bien y del mal, cuyos bodrios no los aguanta ni Dios, pero que tienen a una caterva de serviles (con menos talento que ellos) para hacerles el caldo gordo.
En fin, para un artículo escrito en quince minutos creo ya vale, ¡ahora censúrenme, por favor!
septiembre 3, 2024 a 11:28 am
Me autocomento porque queria ampliar mi artículo para indicar que los grandes talentos creativos que ha habido han sabido superar la censura, es más les ha estimulado para perfeccionar sus obras.
En la vida ocurre igual, cuando te ponen alfombra roja y te endiosan, te idiotizas. El freno que suponen las penurias económicas para realizar los proyectos creativos y las previsibles jaurias políticas y mediaticas sobre lo que es conveniente y no lo es, hace que el creador sublime su obra, manteniendo y perfeccionando el sustrato de la misma.
Sé que don César la leido «El Manantial» texto sobre el cual se hizo una película que me gusta, y donde se muestra ese choque entre el bruto potencial creativo y las necesidades del dia a dia. El artista, al final, mantiene su esencia aunque haya tenido un tortuoso camino y se haya visto obligado a realizar trabajos a gusto del cliente pero con la «marca de la casa». Ése es el misterio y la grandeza de la censura (de la buena, ¡claro!)
Rafael López
P.D.: el otro dia un mentecato comentó, en un mensaje que habia puesto sobre un video de don Francisco Franco, que sólo me faltaba poner debajo de mi nombre «Articulista del NO-DO».
No creo que tenga el nivel para tanto, pero no me avergonzaria de ello.
Viva la Libertad y la Censura
septiembre 3, 2024 a 11:51 am
Exacto, don Rafael.
Pero en «El manantial» se trata de arquitectos, es decir «obras del copón bendito a nivel económico». Los tipejos como yo que garabateamos y grabamos con equipos técnicos más o menos accesibles, sí que tenemos una libertad total creativa. Y les jode, y mucho, a los que manejan subvenciones, equipos técnicos ingentes y etc. Les jode ver como con nada se puede hacer tanto y mucho mejor que ellos
No en vano con tu citado Buñuel hay una anécdota curiosa, cuando un director de súper producción (que era el rodaje de «El Cid» en Peñíscola) se enteró de que Buñuel estaba rodando una de sus poquísimas obras en España. Y fue al rodaje, porque lo admiraba y para corroborar que se podía hacer tan buen cine casi sin dinero, cuando él, cada día, gastaba mucho más que todo el rodaje de un film del maño.
Aún así, el cine de Buñuel eran producciones muy costosas, pero comparadas con buena parte de la industria yanqui, eran obras como las mías…