ARTÍCULO: la corrupción se combate, y acaba, a puerta fría.
Curré «a puerta fría» con 17 años, para una empresa de sudakas (Tigre Ibérica Madrid) en Madrid centro. Mi zona era Retiro al plato y Barrio de Salamandra, 2 de las zonas más pudientes, y pútridas, de mi ciudad. Mi «jefe» sudaka tenía nombre de tabaco: Winstong. De su jefe no recuerdo el nombre, pero cada mañana nos hacía una nauseabunda pantomima de psicópata total, fingiendo que todos nos poníamos un traje de rinoceronte (el indocto los llamaba «rino») y cogíamos farlopa y nos la metíamos por la porra en cantidades ingentes. Él (o ello porque ese ser me niego a reconocerle como humano) cogía un saquito de azúcar y decía que no era azúcar, que era cocaíiiiiiiiiiiiiinaaaaaaaaa (enfatizaba las vocales con su puto acento sudaka) y que todos nos la teníamos que meter. Y la repartía con todos, que tenían que hacer el paripé de esnifarla. Su canción, que obligaba a cantar a los empleados era así, y dando golpes de pezuña en el suelo y simulando todEs, ponernos el traje de rinoceronte, repetíamos sin parar: ¡TENGO UN TRAJE DE RINO, Y NADIE ME PUEDE PARAR!».

Yo vendía gilipolleces totales al 2×1 y a mil calas. Pelafrutas eléctricos, crayones (ceras para pintar la mona), pianos eléctricos tipo «Casio de EGB» y estupideces parecidas. Todo a puerta fría. Y hacía tan bien mi trabajo que hasta gané pasta y muchos agredidos por mi verborrea vende chorradas me decían, tras admirar mi intervención: «¿quién os enseña marketing? eres muy bueno». Cuando dejé el trabajo, me tiré varios días sin poder hablar, tal cual. Había dejado toda mi locuacidad en esa mierda de curro, pero genial aprendizaje vital para un menor de edad con ínfulas de notoriedad ética posterior.

Desde aquel empleo absurdo pero gratificante, comprendí que la injusticia social se combate «a puerta fría», es decir: ir a cada casa potentada, llamar a su puta puerta y obligarle al titular del contrato a decirnos de donde COJONES HA SACADO TANTA PASTA, para vivir así. Creedme que os sorprenderían MUCHO MÁS, los motivos legales que los ilegales.
APOSTILLA
El jodido sudaka con nombre de tabaco yanqui me dijo que no bebiera cañas de cerveza (era una época sin chinos y los escasos ultramarinos no tenían birra fría). No por vender beodo, sino por el olor del aliento. Era verano. Obviamente, YO tomaba cañas de birra a cada venta que hacía. Sólo faltaría que un sudaka con nombre de tabaco yanqui me ordenara como estar EN MI CIUDAD.
Deja un comentario