RAFAEL LÓPEZ: Lustroaniversario (como articulista en este BLOG).

Hoy hace 5 años que tuve el privilegio de ser acogido por Don César, en este magnífico blog suyo.
Ha sido un intervalo temporal y una vinculación personal que han ejercido una notabilísima influencia, no ya desde la perspectiva de un juntaletras invernal (que también), sino en múltiples aspectos vitales. Navegar como galeote, a las ordenes del fiero cómitre, me ha permitido obtener un bagaje insospechado de conocimientos y experiencias, pero, todo ello, asociado a una primorosa comunión, en muchas cosas impensables entonces. De todos modos, lo principal ha sido el descubrimiento de una gran persona: sensible, inteligente, cariñosa y profundamente transgresora.
Antes de entrar en materia y dada la flojísima memoria del vulgo ‘espenol’, debo recordarles que en noviembre del 2020 estábamos en pleno desquiciamiento ‘plandémico’. Ya saben, imposición del bozal, arrestos domiciliarios forzosos, medidas liberticidas a quemarropa, “filantropicas vacunas” que resultaron ser muerte en vena a malsalva y, en fin, todas esas cosas.
De todos modos, quiero alejarme de esas nigérrimas jornadas para conmemorar esta emblemática efeméride personal, dejando, como los buenos licores, un buen sabor de boca. Escribí para la ocasión, hará cosa de un año, un relato muy intimista que pivotaba sobre don Raimundo, un personaje a quien el Señor Bakken Tristán conoce bastante bien.
Sin embargo, desistí de presentar ese relato, en este lustroaniversario, por considerarlo demasiado íntimo, al igual que me ha ocurrido con otro que escribí, unos meses después, con ese mismo objetivo, titulado ¡Maldito viaje!
Por supuesto Don César ha tenido acceso a dichos textos. Para mi, que sus inquietos y lúcidos ojos sean los únicos que tengan la ocasión de leer esos relatos tan personales (nunca afinados del todo, principalmente en lo gramatical, jajaja), me parece el mejor destino para los mismos.
De cualquier manera, creo que en el centenar y medio de mis artículos subyace una imagen muy fiel de mi personalidad, aficiones, filias, fobias, convicciones; incluso intimidades. Es más, estoy convencido de que lo mejor que he escrito, y escribiré jamás, forma parte de esos artículos.
Tengo que confesarles que ha sido el relato ¡Maldito viaje! el que, durante más tiempo, pensaba utilizar para esta ocasión. Partiendo de una hipotética experiencia personal futura, preparé un texto en el que me excedí en mostrar uno de mis recuerdos más íntimos, motivo por el cual he considerado totalmente inadecuada su exposición pública.
Debo decir que, a pesar de ese auto-ostracismo, sólo el mero hecho de haberlo escrito me ha resultado de gran ayuda, porque me ha permitido darme cuenta de aspectos y relevancias que las nostalgias motivadoras del relato me impedían ver y valorar con claridad.
Podría escribir, hasta cansarles, sobre la calidad e intensidad de mi relación con César, un Hombre con una capacidad creativa y comunicativa volcánica, contagiosa, feraz y exigente (pero de esa exigencia que nace de la que Él se impone a si mismo, tanto en sus materiales, como en la atención que brinda a sus quehaceres), noble, de afinado sentido del humor y con un toque de calidez en el trato, ciertamente raros en estos tiempos aciagos y de tribulaciones.
Habiendo muchos factores por los que valoro mi estrecho vinculo con el empedernido creador, y titánico baluarte de este blog, considero que el más principal de todos ha sido: tener su RESPETO.
No es nada gratuito, ni menor, ese aspecto de las relaciones humanas. Es más, lo considero superior a la mayoría de ellos, por su vigencia en cualquier momento y situación. Los afectos y las animadversiones, por ejemplo, son volubles a la intensidad de la relación, además de mudables con el paso del tiempo. Sin embargo el Respeto, una vez obtenido, es roca firme que permanece, con independencia del devenir de la vida.
Digo aún más: el Respeto, lejos de esas rancias aproximaciones que se realizan sobre él, es inigualable piedra clave sobre la que apoyar nuestra conducta y las relaciones con otras personas.
Cuando eramos unos desconocidos existía ese respeto aséptico, formal, frio, que ni dice, ni vale, gran cosa. Ahora, sin embargo, el bueno está infiltrado hasta el mismísimo tuétano y puedo decir que esa evolución ni ha sido fácil siempre, ni muchos menos rápida. Porque este Respeto, que es privilegiado don sólo al alcance de los elegidos, no se adquiere por más de que exista un flujo de entrañables conversaciones telefónicas y un inmenso arsenal de correos electrónicos, guasap y telegram (incluso ha habido emotivas cartas postales). Tampoco porque se hayan producido un buen número de confesiones e intimidades. El Respeto debe forjarse en el compromiso y en cómo nos comportamos ante las desavenencias (que alguna hemos tenido). Por haber tenido esas pruebas y haberlas superado, gracias a esa “materia” intangible prodigiosa, nuestra amical relación ha alcanzado ese primoroso estatus.
El Respeto, para mi – entre otras muchas cosas – es ese formidable aliento por el que alcanzamos compromisos que ni siquiera el aprecio (o desprecio) personal son capaces de materializar. También es que, cuando don César conozca a otro maño gruñón sé que pensará, al menos un instante, en mi. De la misma manera, estoy seguro de que cuando me encuentre con un ácrata irredento y sicalíptico, pensaré en Él. Y también sé que, ambos, cuando en la cercana crucial hora para la inmortal Patria, en la que los ecos de las veras y antañas voces llamen a sus hijos – zaheridos durante lustros – a deshollinar de felonías, expolios e ignominias el solar patrio, nos pondremos en pie y , con voz rotunda, exclamaremos: «¡PRESENTE!»
Sólo ha habido dos momentos en mi vida que he llorado en mi actividad juntaletril. El primero no tengo la menor intención de desvelar, aunque esté publicado en este libérrimo blog. El segundo, aunque mis lagrimas se hayan deslizado por mi cara con menor intensidad, ha sido en este emotivo artículo para el lustroaniversario de mi presencia aquí.
He recibido de Don César paciencia infinita y sobradas muestras para considerar este blog suyo como mi casa. Así la considero, y la consideraré, mientras viva.
Un hogar en el que he vivido mis horas más febriles como juntaletras, aunque últimamente mi ritmo es ya más sereno, acorde a las canas de un invernal sesentón. Este blog es un refugio cómodo, familiar, confiable, dispuesto siempre a atender los requerimientos de los eremitas que se refugian en él. Es guarida virtual cálida en invierno y fresca en el verano, pero en la que su principal activo es la compañía (amén de Don César, Don Luys y Doña Karen).
Siguiendo una de las líneas juntaletriles más comunmente utilizadas por mi, en este ilustre blog, creo que no existe mejor manera de cerrar este artículo/carta/testamento juntaletril, que efectuando una recomendación cinematográfica, actividad que me ha brindado muy gratas horas en esta singladura.

Es una película que ya recomendé el 1 de enero del 2021, casi recién llegado a esta cueva campestre, cobijo de galeotes muy indisciplinados. La cinta es de primerísimo nivel y bien merece una segunda oportunidad. También porque, entonces, no pude ofrecer un enlace para su visionado completo.
Me he decantado por la misma porque, en cierta forma y desde mi punto de vista, tiene una analogía con el periplo vital y emocional de César y mío. Dos personas, inicialmente, con poco en común y con unas vidas muy distintas, pero que, al irse conociendo, van adquiriendo perspectivas más amplias y enriquecedoras, hasta configurar una relación de Respeto eterna.
La película es del año 1942, dirigida por el estupendo George Stevens y se titula, en español, “El asunto del día”. Participan un elenco de primer orden compuesto, en sus papeles protagonistas, por Jean Arthur, Ronald Colman y Cary Grant, quienes realizan unas actuaciones deliciosas y sin desperdicio.
https://m.ok.ru/video/1617647045274
Me despido, afirmando que Don César Bakken Tristán es un hombre con temple (busquen la atinada 6ª acepción del diccionario de la RAE), de rocoso lenguaje, critico acerado y libérrimo, estimulo constante; antagonista temible, estoico corrector de mis errores ortográficos y sintácticos, generoso mecenas y leal Compañero de viaje en esta estarranclada balsa de náufragos cibernética.
Por todo ello,
¡ SALVE CÉSAR !
¡¡ MUCHAS GRACIAS DON CÉSAR !!
noviembre 13, 2025 a 10:56 am
¡Gracias a usted, don Rafael, señor López!