ARTÍCULO: Odio al inmigrante, pero no al extranjero.

El torticero «buenismo», que no es más que estupidez descomunal socializada y loada, nos ha llevado a ser más masoquistas que 1 votante sin cargo público o prebenda ídem. Yo que estuve a punto de casarme con una mestiza norteamericana (Monterrey) no puedo ser dudoso de racismo y xenofobia. Entonces, ¿por qué al ser contrario a la inmigración (también la llamada «legal») se me tilda de ello? Las mentes intelectuales y nobles que pasen y lean. El resto, que sigan hozando en su puta memocracia.

Yo jamás he sido, ni seré, inmigrante. Ser inmigrante es un DRAMA. Este brutal globalismo que ya lo ha invadido todo, y a todos, hace que el drama de la inmigración (similar al de los refugiados welcome) sea bien visto y hasta deseado. Si no emigras tu vida no tiene sentido, gilipollas, ya estás tardando en hacer las maletas.

Hay un maravilloso libro de un escritor proscrito, y premio nobel, llamado: «La bendición de la tierra». Escritor «al que debo» mi pseudónimo Bakken. En él se cuenta la historia de una alquería y de sus habitantes – fundadores, todos familia, obviamente («familia» qué término más raro, actualmente, ¿a qué sí, «bro»?). Se ambienta en Noruega, porque el escritor era de allí. Qué cosas tienen estos fascistas que no son «ciudadanos del mundo». Pero si continúo por ahí, me pondré en plan filosófico y espiritual, y mi artículo es mundano.

Toda mi propiedad privada cabe en un par de maletas.

A los indoctos (que son inmensa y extensa mayoría) mi postura anti-inmigración les suena como algo fascista, totalitarista en general, terrateniente y etc. de subnormalidades. Ser anti-inmigración es el mayor acto humanitario de la historia. ¿Cómo explicar algo tan obvio? Se lo explico a los más tontos de la clase, esos que despuntan en el mundo laboral, sobre todo expoliador público: si acoges a refugiados, no les haces un favor, sino que fomentas su desastre patrio. Si quieres ayudar a esas personas, pillas un fusil y vas a combatir a su país. Pero no fomentas su miseria trayéndolos al tuyo y volviéndote tan miserable como ellos, pero ahora en tu casa. Y donde digo refugiado digo también inmigrante. Y donde digo fusil, digo inversiones económicas.

¿Quién va a limpiar nuestras casas y recoger nuestras cosechas?

Sé que parece mentira, pero esto lo dijo Israel Díaz Abuso/Cayuco, la novia cadáver del corrupto ese pepero que se forró con los bozales de la PLANdemia. La indocta psicótica de «el Madrid de todos los acentos». Tamaño es el desmán ético e intelectual de Espena, que hasta la presidenta de la Taifa de Madrid puede decir estas barbaridades RACISTAS y que computen por antirracistas. La historia se repite, como la señorita Escarlata de «Lo que el viento se llevó», la racista más antirracista de la historia.

Mi novia regia (gentilicio de Monterrey) que os dije antes, tuvo que trabajar (en Madrid, nos conocimos en Venecia) en una cadena de restaurantes mexicanos esclavistas llamados «La panza es primero». Le pagaban 2 euros a la hora. Repito: 2 euros a la hora. Todo en negro, obvio y ella era mestiza, tenía sus partes íntimas negras, por cierto (cuando me volví a echar una rival blanca me sorprendió el cambio de color). Era psicóloga y pagaba un máster del universo en psicología, aquí en la pútrida actual Madrid. Vivimos juntos y junto a tropecientos panchitos (y un par de españoles despistados, una de ellas lesbiana – y a mí me la suda, pero es que cuando le abrí la puerta de la casa fue lo primero que me dijo –).

Era una casa en el señorial barrio madrileño de El Retiro, a pocos metros del parque homónimo. 2 baños y 4 dormitorios (5 con el comedor que lo usábamos como tal y la entradita era el comedor oficioso). En esa entradita comedor me corté el pulgar, porque soy muy bruto cortando salchichón duro. Con el pulgar maltrecho fui a una habitación donde vivía un chef sudaka (mexicano, en este caso) a pedirle algún remedio casero para mi herida (ya intuía yo que un chef sabe cosas raras de cortes culinarios) y me aconsejó echarme pimienta blanca y envolverme el dedo con cebolla. Lo hice y funcionó, no se me calló el dedo.
Este notas tenía las llaves de nuestra casa de multialquiler con un llavero donde ponía la dirección de la misma. Cuando se las vi le tuve que explicar lo inmensamente gilipollas que era (él) porque el muy subnormal creía que en este país, si pierdes las llaves de casa y dejas tu dirección te las van a devolver y no van a robarte.
Los del restaurante-franquicia pija mexicano contrataban a sus conpatriotas (y a rumanas) que no tenían el permiso laboral, o como se llame, teniendo todo el derecho a tenerlo. La explotación de los 2 euros por hora eran lentejas, Y, por desgracia, los explotados tenían que cogerlas. Yo curraba de cartero, esos meses, pero no nos llegaba mi sueldo ni para malvivir. Un día casi mato al encargado del restaurante. Los hechos:
Acompaño a mi novia y decido tomarme una caña (michelada lo solían llamar estos gilipollas que echan sal a todo, hasta a la birra) y el encargado le regala a mi novia una pedazo de pota en el inodoro de pared. Ella justo entraba a la media hora después de nuestro advenimiento al garito de comida basura a precio de oro. El encargado le engargó lo de la pota del baño. Claro… yo vi la asquerosa pota que no había limpiado ni él ni los del turno anterior… y le dije a mi novia que si la limpiaba ella también tendría que limpiar la sangre y, tal vez, los sesos del encargado. Pero como no me dejó ejercer «mi racismo» contra un explotador sudaka hijo de puta, ella limpió la pota y no me largué para no manchar más.

Posteriormente a vivir en ese pisazo policompartido de la zona de Retiro, mi novia estuvo viviendo en Aluche (no en todo el barrio, sino en un piso frente al parque de allí). Vivía con 3 sudakas (el comedor era también dormitorio, pero ella vivía en el cuarto de un picolerdo que estaba siempre fuera de Madrid y le dejaba el dormitorio, tal cual y sin follársela como pago, que yo sepa) y yo dejé de vivir con ella porque elegí estar de casa en casa, entre viajes, mis padres y amigos. A mis 25 años no tenía yo ganas de afincarme. En ese dormitorio-comedor me tomé muchos litros de tinto escuchando a mi amigo Luis (Eduardo Aute) con unas chilenas y mi novia. De hecho, la chilena esa que era más puta que las gallinas, fue quien me contactó con Luis. Una de ellas se tomaba la píldora anticonceptiva pero no follaba y siempre nos decía: «No sé para qué me tomo esto si no mojo». Le presenté a varios amigos míos salidos, pero ni por esas amortizó las pastillas.

Cuando corté con mi novia regia, me dijo que dejo de tomar las píldoras (ella, no la otra sudaka) porque «ya ni modo». Más o menos, esto se traduce con que como ya no follaba conmigo, pues no lo hacía con nadie y para qué seguir tomando las pirulas. A los pocos años se casó con un guiri (de los de verdad, de Inglaterra) se fue a vivir a la Pérfida Albión y tuvo por lo menos 1 cabezón con el notas ese. A esta mujer, Mayra para más señas, le prometí en Leganés hacerla un hijo. Ella era muy maternal. Cuando cortamos fue por mi racismo, el motivo de este artículo. Voy:

Compramos un vuelo a Nueva York y Jiuston 3 días después (Houston) y vuelta Madrid, desde Jiuston y 1 mes después de estar recorriendo México con su familia. Aquí está el quid de la cuestión. 5 semanas son muchos días para estar fuera de mi país conociendo a mi familia política y afianzando mi relación y, quien sabe, si hacer el primer nene en el viaje… Yo no frivolizo con las fronteras ni con mi vida dentro de ellas. El plan de mi novia era que viviéramos medio año en España y el otro medio en México… como si eso fuera fácil para un tipo como yo que tiene la pobreza económica por bendición. Pero a esa temprana edad todo es posible en cualquier mente desequilibrada. Y la mía nunca lo fue ni lo será.


Todo esto de su nueva vida en la Pérfida Albión se lo dijo a una examiga mía gabacha, estando yo con ella en Eivissa. No se llevaban bien las 2, pues la gabacha estaba loca por mí y yo no me la quise follar nunca, al considerarla como amiga y no querer joder la amistad por 4 polvos. Eso sí, me tiré a su mejor amiga igual de gabacha, que a mí las francesas me gustan igual que las demás… y hasta nos fuimos a Londres. Y el novio de mi amiga se tiraba a su mejor amiga, pero eso es ya otra historia. Y la tía más buena que he visto, y veré, en mi vida me susurró al oído: «¿Quiegues hacerg el amorg conmijo?». Era una mulata de Islas Mauricio. Casi ná… Y eran 2 hermanas mellizas… ojo que te la cojo. Compartían piso londinense con el gabacho este. Uno de los compañeros de piso quiso matar al notas, echándole lejía en el café con leche.
Curiosamente, a mi vuelta de Londres me retuvieron con violencia en el aeropuerto, los amables maderos guiris. Pensaban que yo era un traficante o algo peor: un español.

Podría seguir mil páginas divagando sobre mi vida con inmigrantes (legales e ilegales. «Europa ha muerto» oid ese tema ochentero), solo en Espena. De mis estancias en el extranjero, siempre pagando jugosas divisas y sin recibir nada monetario a cambio, ni os cuento, claro.

Mi intención era demostrar que las fronteras existen para preservar lo nuestro. Nuestro país es nuestra propiedad privada. Propiedad que hemos trabajado desde épocas ancestrales y que, por lo cual, tenemos que mantener con el sudor de nuestra frente y la sangre de nuestras yagas.

Cuando me enrollé con mi novia regia, era nochevieja en Venecia (y el resto del orbe, supongo…). Estábamos los 2 solos y llevábamos menos de 1 día en la maloliente y bellísima península. Éramos parte de un autocar matritense que recorría parte de Italia, en plan turístico. Yo iba solo, porque estaba hasta los cojones de mis 2 «novias» españolas y me di una vuelta por la Puta Bota que es Italia. El autocar eran todos extranjeros y yo (que no sabía nada de quienes serían mis compañeros de viaje).
Ese fin de año, en soledad con mi futura novia, me hicieron el mayor timo de mi vida. 80 mil liras (8 mil calas de la época, era el año 2001, todavía con calas mezcladas con los putos euros que nos han rematado) por 4 copas de vino. Era un garito nauseabundo, pero frente al Gran Canal. Durante la comida estuvimos en un restaurante de casi lujo, comiendo pizza eso sí, y una botella de vino. El precio fue el normal para España, así que no pude ver la jugada de después.
Hacíamos tiempo en ese garito, viendo el Gran Canal que os digo. El hijo de puta del camarero me dijo que mejor que pedir 2 copas de vino blanco pidiera una botella de esas de 33 cl. que salían 3-4 copas. Bueno, pues pedí esa. Nos puso una putas patatas fritas de bolsa, por tapa. Y, para hacer tiempo, pedimos otra minibotella. Cuando me dio el sablazo me cabreé más que un madridista cuando le golea el Barçalunya (cosa muy habitual, por cierto). El hijo de puta me llevó a un cuadro de la pared, enmarcado y acristalado, donde estaban anotados los precios. Me señaló que la mierda de botellín de white wine costaba 40 mil liras, 4 mil pesetas de la época). Siempre sin perder mi amabilidad, volqué la mesa donde estábamos sentados al grito de: «¡Puto espagueti de mierda te voy a matar. Os voy a matar a los 2! (es que eran 2, si hubieran sido más hubiera dicho el número preciso)!.
Mi futura novia me calmó y pagó el robo… yo quería matarlos y echarlos al canal ese tan grande. Pero cedí ante mi futura rival. En mi descarga diré que estuvimos pululando por las malolientes y hermosas calles venecianas, hasta que encontré lo que sabría encontraría: un ultramarinos. Pillé 4 botellas de sidra y vino, para celebrar la despedida de año, y me sobraron 2 porque mi futura parienta bebió demasiado y tuve que estar cuidando de ella y ayudándole a potar en los canales. Oráculo de lo del restaurante matritense que he ralatado.
El racismo es real y es ejercido por los progresistas y oportunistas de turno. Los que nos llaman racistas a los demás.

APOSTILLA

El racismo es un invento para menoscabar la vida de los que no somos racistas. Los privilegios son un robo, sean para políticos o para inmigrantes. Yo no pago la vida de nadie ni consiento que sojuzguen la mía. Todos los que estamos, y estaremos, con personas extranjeras, sabemos que sin respeto y cordura, el racismo sí es real. Y, actualmente, ese racismo se ejerce contra los españoles honrados como yo y, tal vez, tú.
Los únicos racistas de Espena son los propios inmigrantes que sojuzgan a sus ídem y al resto de españoles. Y los políticos. A ver si espabiláis de una vez. Que hasta nos llaman racistas por lo de Colón… el chiste se cuenta solo y no tiene ni puta gracia.



4 respuestas to “ARTÍCULO: Odio al inmigrante, pero no al extranjero.”

  1. Avatar de joseignacioh
    joseignacioh Says:

    Como diría un francés «se la vi»! ________________________________

  2. Avatar de Rafael López
    Rafael López Says:

    Querido don César:

    Amparándome en el cariño que le tengo y en esa primorosa materia intangible que lubrifica nuestras desavenencias, tengo que manifestarle que su Apostilla no podía estar más acertada y que la comparto desde la primera a la última letra.

    Soy un privilegiado suyo, motivo por el cual mi crítica, si cabe, debe ser aún más (mucho más) matizada. Sin embargo, no me puedo sustraer a manifestarle que el cuerpo de su artículo está plagado de continuas referencias sicalipticas que poco tienen que ver con eje central del mismo.

    Sabe bien que, son habituales, mis quejas al respecto. He llegado a pensar que las mismas han modulado ligeramente su recia escritura en este tipo de asuntos, pero la cabra «tira al monte» y comprendo la dificultad de contener esos vigorosos impulsos suyos, jajaja.

    Bueno… que un abrazo,

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