ARTÍCULO: El dinero (no) lo excusa todo.
O, mejor, el dinero no excusa nada. Sea como fuera, ninguna de los 2 axiomas vitales suele cumplirse, porque por todos es sabido que «poderoso caballero es don dinero» y, como no dijo Sagasta: «la pasta es la pasta». O, como canta mi amigo Luis (Aute): «(…) no hay más patrón, ni más ley, ni más Dios, ni más rey que el maldito dinero (…)». O el actual lema de la Guardia Civil: «Todo por la pasta».

Como mis 4 lectores no sois oligofrénicos, os estaréis preguntando qué pinta esa foto de cabecera, bajo esa entradilla y titular. El más osado de vosotros pensará que voy a hablar del hobby de Ábalos, del negocio primigenio de la familia política de Perro Sandez; de lupanares y locales de lucecitas no navideñas; de meretrices capaces de todo por dinero; o de la prohibición de la prostitución; o del negocio del sexo; o de la trata de mujeres (y hombres) para el esclavismo sexual…
No, esa foto es pertinente tal y donde está.
La he elegido (al contrario que los ejidenses su lugar de nacimiento) ex profeso para desarrollar mis axiomas vitales iniciales. Enseguida os lo explico, pero antes una breve reflexión: A lo largo de estos 50 y ningún años de vida, en esta Dimensión, he tenido todo tipo de relaciones con el dinero, a cambio de los más variopintos, estrambóticos, surrealistas o mundanos trabajos físicos y/o mentales. Pero como todo el que gana dinero sabe lo dañino y nocivo que es, no voy a echar sal en la herida, salvo pediros que hagáis una introspección y os preguntéis algo así:
- ¿mereció, merece, merecerá la pena?
- ¿cómo hubieran sido, son y serán mis relaciones sociales si no trabajara a cambio de dinero?
- si todo lo bueno de la vida no requiere del dinero, ¿por qué lo persigo?
- si todo lo malo es causado por el dinero, ¿por qué no me aparto de él, y me inmunizo del mal?
Os cuento unas experiencias personales, para que veáis como el dinero puede corromper y llevar a la senda del mal, hasta a un menor de edad como yo. Se puede analogar con la vida del mayor multimillonario que conozcáis.
La primera vez que trabajé a cambio de dinero fue antes de los 10 años. No penséis mal, que vosotros no sois unos degenerados, no me dieron 1 duro por dejarme meter mano por un puto pederasta, pero la cosa si va de sexo y algo de depravación, por la edad de los implicados. En mis primeros años de la EGB apostaba con algunos compañeros sobre fútbol. Yo soy del Barçalunya y ellos del Real Madrid Estadio. Era la época en la que solíamos perder siempre contra ellos. La apuesta solía ser de entre 1 y 5 duros. Fui acumulando ingentes pérdidas por culpa de los árbitros, dinero que mis compis me reclamaban y yo siempre aplazaba, porque los 5 duros de la paga de los domingos (sí, 5 duros que me daban para mucho) me los gastaba. Hasta que un día, trasteando en el trastero (mis adoradas cacofonías) de mi mejor amigo – y vecino pared con pared – descubrimos un par de barajas de póker con tías en pelotas. Sus padres las habían escondido en el trastero, pero no hay nada que pueda ocultarse a 2 niños inquietos que recorrían los trasteros, sorteando a las ratas.
Se me encendió la bombilla del negocio. Cogí las barajas para saldar mis deudas. Cada carta 1 duro. Tenía en mi poder 104 cartas, así que no sólo saldé mis deudas, sino que gané mucho dinero (para mi edad y gastos, ya que la casa y manutención corría a cargo de mis padres). Pero 1 día me quedé sin género, y como no sabía donde conseguir más, cerré la empresa.

Pero como ya había «emprendido» me busqué otro negociete para mantener mi nuevo estatus: robar marcas de coches. Cogí 1 destornillador y empecé a recorrer aparcamientos del suburbio donde me crié (Leganés) y empecé a venderlos en el colegio. Eso sí, ya no eran todas a 1 duro. Había categorías y peticiones personales. Llegué a cobrar 50 y 100 calas por marcas «buenas» y difíciles de sacar de los vehículos. Recuerdo mi mejor venta: una de Mercedes Benz, en la parte delantera de una furgoneta. Tenía una espoleta doble y larguísima «anti robo» y tras muchos intentos frustrados, con mis 2 cojoncillos, metí el destornillador por detrás, agarré mango y hierro en cada mano, puse los pies sobre el capó y con todo mi peso y fuerza estuve un buen rato hasta que cedió y rodé por el suelo; pero con mi botín.
Mi codicia subió mucho y vendí centenares de estos objetos, hasta que un tolai le enseñó una de sus compras a sus padres, éstos hablaron con los míos, que descubrieron mi «stock» y tuve que echar el cierre y recibir 1 castigo, o 2.
No volví a «emprender» hasta los 16 años, como «administrativo» de una agencia de viajes (llevaba «el papeleo» es decir, repartía su publicidad. Pagada mil veces mejor que ahora – echo el cambio del valor del dinero y todo – a 1 cala por papel. Empecé bien… buzoneando y poniendo papeles en coches. Pero había demasiadas papeletas para el sector donde había que repartir. Así que empecé tirarlas. Primero unas decenas, luego centenas… hasta que, directamente, antes de entrar a la academia de matemáticas de verano (odio las mates, pese a que sé su tremendo valor, pero que las manejen otros…) pasaba por la agencia, pillaba 1 paquete de 500 y, sin desenvolver, a la basura. Tras la academia, a cobrar «por mi reparto».
EPÍLOGO
Hasta los 30 y pico palos trabajé a cambio de dinero en infinidad de lugares, cientos. Y dejé todos y cada uno de los trabajos (algunos eran muy bien remunerados, hasta millonariamente si trepaba en ellos y hacía de tripas corazón). Aborrecí el dinero desde el primer día que fui mayor de edad, pero lo necesitaba. Hasta que aprendí a vivir sólo con el justo y trabajar lo indispensable para mis objetivos vitales (que como no son materiales son fáciles de conseguir). Llegué a extremos que me hicieron pasar penurias, hambre y sed incluidas. Recuerdo que cuando juntaba el dinero para el autobús a Denia y el ferry a Eivissa, y 100 euros más; me iba a vivir a la isla… imaginaos. Y es sólo 1 ejemplo entre 1.000.
Casi todo el dinero que mi trabajo ha sido en negro (sólo tengo 3´8 años cotizados) y salvo contados meses, llevo más de 3 lustros sin cotizar y, casi, trabajando más y mejor que nunca… pero sin cobrar dinero por ello. Es muy difícil para mí conjugar ética, espiritualidad e intelecto con trabajo remunerado, pero no pierdo la esperanza, como me enseñó la caja de Pandora y, como ella, expulsé de mi vida todo lo demás, todo lo malo.
Pese a mi económicamente paupérrima elección vital, no soy gilipollas, así que no tolero que los paniaguados (ya de los invasores ni os cuento) vivan a mi costa, y de lujo, porque de los impuestos no se libra nadie. Y puestos a robar y expoliar, tomo la decisión de ponerme por delante de ellos porque la vida, actualmente, ya es insostenible sin dinero. Así que vuelvo al mercado. Vuelve el «emprendedor» de menos de 10 años que vivía por encima de las posibilidades de un niño y con su propio dinero.
Pero eso es otra historia, como espetaba siempre el entrañable camarero de la extraordinaria (a nivel artístico, a nivel de producción odio el cine,que es un expolio al erario, por eso lo dejé…): «Irma la dulce».
diciembre 6, 2025 a 2:47 pm
Entretenido artículo, don César y ¡que ilustraciones!
Sin la menor reserva tengo que decir que, igual que hicieron los padres de tu Amigo Juan Diego, esconderé en el trastero este artículo, para que no lo vea mi Hijo, jajaja.
Un abrazo,
Rafael López