ARTÍCULO: La bendita indigencia.
Cualquiera que se fije en este BLOG (y/o me conozca bien) sabe que su encabezado no es casual: » Qué mejor oficio que el de ser hombre sobre la tierra». Y que, simplemente por ese encabezado, ya no haría falta añadir nada más al título de este artículo. Pero, por si acaso, lo añado.

Son enésimas – a la par que cansinas – las veces que me han preguntado en qué trabajo. Y eternas las veces que respondo: en nada. La gente reacciona con esa sonrisa (y hasta risotada) espontánea ante lo inesperado e incomprensible. ¿Cómo puede una sabandija como yo estar tomando vino (3 euros por copa, de media) y espetar que no gana dinero, que no trabaja…? Pues porque la pregunta esta muy mal formulada, o muy bien hecha si atendemos a los criterios inhumanos del Globalismo internacional que nos sojuzga y le paga el salario a sus esclavos.
Mi trabajo es tan ingente que simplemente enumerarlo me llevaría cientos de folios y tendría que actualizarlo antes de publicar este artículo porque, precisamente, este artículo es parte de mi trabajo no remunerado con el vil metal ahora digital.
Las personas laboriosamente denodadas como yo, y con mi altruismo, gallardía, espiritualidad y entusiasmo vital, no necesitamos que nos den esa palmadita en la chepa que es el salario. «¿De qué vives, entonces?» me suelen preguntar, inquisidoramente, cuando comprueban todo mi bagaje vital presente, pasado y atisbando el futuro que llega a cada palabra nueva que escribo en este artículo.
No les suelo responder (salvo cuando mi interlocutor es un cenutrio excelso) pero con esa callada por respuesta, y viendo el lugar donde me lo están preguntando, asimilan que mi respuesta a esa absurda pregunta enquistada en la pútrida sociedad es: «Viviendo».
Apostillo con lo que debería haber empezado. ¿Ante 1 indigente y un encorbatado, a cual os arrimaríais si estáis obligado a ello y a hablar de sus vidas? Por motivos pecuniarios sé vuestra respuesta. ¿Pero por motivos vitales?
Ahora ensueño cosas que antes viví. Por lo tanto, no es tan difícil volver a la vida racional, intelectual y espiritual; alejada del dinero y sus circunstancias antihumanas. Hablo de seres humanos de verdad, de esos laboriosos hombres de la cita de Gorki, de los que ejercen el mejor oficio sobre la Tierra.
diciembre 29, 2025 a 7:06 pm
Querido don César:
La calidad de la persona (o alimaña) no se mide por la vestimenta, aunque suela ser un factor de referencia en numerosos casos.
No todos los indigentes son sujetos con esos preciosos dones que menciona en su artículo (gallardia, altruismo, espiritualidad, etc.), también los hay mezquinos, del mismo modo que llevar corbata no supone, en si mismo, un menoscabo del individuo en cuestión.
Por lo demás totalmente de acuerdo con su planteamiento.
Un abrazo,
Rafael López