ARTICULO: el caos de RENFE me evoca caos peores y en el mar. De aquellos polvos estos lodos.
Algunos pasajeros asaltan pacíficamente la cafetería de un AVE-riado Alicante-León. La eterna historia de este país tercermundista. Pero en 2006 yo sufrí (y gocé) un caos mucho mayor: un viaje Madrid-Eivissa de casi 2 días. Digo lo del gozo, porque un pícaro vivaracho como yo siempre obtiene situaciones rocambolescas y delirantes, en situaciones así. Curiosamente, me estoy releyendo «Lazarillo de Tormes».

Antiguamente, ir por tierra y mar, de Leganés a Eivissa, era casi 1 día de viaje. Había que salir a las 7 de la mañana (coger el cercanías a la Estación Ful de Autobluses, allí un autocaos de 9 horas de trayecto a Denia y, desde allí, esperar a las 22h. para coger un asco-ferry que llegaba a las 2 de la mañana a la isla, de la extinta naviera ascomar (iscomar). Pero ese verano el ferry que venía de la isla no pudo atracar en Denia, por un fallo técnico y, tras maniobrar varias veces, infructuosamente, salió de puerto rumbo a Valencia; ante la atónita mirada de los que iban a desembarcar y los que hacíamos cola para lo contrario.
Yo viajaba solo, como casi siempre que iba a vivir a mi isla. Y no tenía novia esos meses. Con mucho equipaje (cámaras de vídeo, de fotos, trípode, focos y ordenador incluídos; pues ya me dedicaba al adiovisual), de ahí que fuera en barco, y también porque los billetes de vuelta duraban 1 año. Imaginad el caos que provocó esta extraña avería naviera. Gente que debía bajar en Denia, con todo lo que eso conlleva, llevadas 130km (millas nauticas no sé cuantas) y nosotros sin saber qué cojones hacer, pues sólo había 1 barco al día, como mucho, y el trayecto lo hacía el que acababa de largarse a Valencia.
Atisbé a una mujer que parecía aún más macarra que yo y la abordé. Ella iba con coche, así que tras comprobar las opciones decidimos ir juntos (y con una joven belga, también desconocida, que no se enteraba de nada porque no sabía español y, a penas, inglés) a Valencia; pues nos dijeron que a las 00h. o 1h. salía un barco de esa misma compañía, para Eivissa capital (10h. de trayecto) y nos reubicaban en él, pero el transporte a Valencia, a buscase la vida, como en todo.
Tengo un documental delirante de todo el proceso, desde el atraque fallido, nuestro motín a bordo y ya en la isla. Pero me lo censuraron, sólo lo tengo en 1 CD y no sé cómo cojones subirlo. Prometo intentarlo, con el tiempo.

En el camino hacia Valencia, para que todo fuera más divertido aún, el coche de la macarra empezó a echar humo en la autovía, tanto en el interior como por el capot. Pero humo a saco, en plan ninot. ¡Traed madera, es la guerra, traed más madera! Nos hicimos a un lado para detener la bomba de humo con ruedas. Lo primero que hice fue sacar mi equipaje del maletero, y nos alejamos del coche, que parecía a punto de explotar. Bueno, fue lo segundo que hice, lo primero pasar de los gritos de la conductora y la belga, que decían que no me arrimara al coche. No,no,no… mis cámaras son como mis hijos, no los iba a abandonar.
Menos mal que ya había móviles y la macarra logró asistencia en carretera. Dijeron que el coche estaba finiquitado por no sé qué motivos. Logramos que el seguro nos pusiera un tequi, que nos llevó al puerto de Valencia (enorme, por cierto) justo a tiempo de no perder el ferry, pero por los pelos de un calvo como yo. Cuando abordamos, ya estaban todos los pasajeros dentro, todos en la parte aledaña a cafetería, pues a esas horas no estaba la cubierta habilitada. Ni que decir tiene que la macarra y yo sí que salimos a cubierta, a fumar y/o tomar el aire (yo lo del aire, ella lo de fumar).
Al entrar, nos dijeron que, debido a los motivos excepcionales y provocados por la naviera, iban a abrir la cafetería, para que pudiéramos papear/beber algo. Y cual fue mi sombro, y de la macarra, cuando vimos que la gente pagaba (y mucho) por la mierda de comida que les daban. Lógicamente, nosotros dijimos que iba a pagar Rita, y pedimos lo que tenía menos mala pinta y unas birras. Dijeron que a esas horas no servían alcohol. Pero en un periquete logré que a nosotros nos pusieran mahou roja y que ni se les ocurriera decirnos que pagásemos.
Llamamos al capitán, pues nos estaba atendiendo otro cargo inferior. Le obligamos a venir y como yo estaba ya grabando todo con mi cámara pequeña, el capitán se puso nervioso «ante la prensa» y cedió a todo lo que le impuse, a cambio de no emitir las imágenes que luego, por supuesto, emití. Yo le llamaba «Capitán Pescanova» porque era clavadito al del anuncio, gorra incluida.
Nos dijeron que las 10 horas de viaje las podíamos pasar sentados en las butacas de los salones… y qué va. Yo les dije que quería un camarote, grande y en proa (por las bonitas vistas cuando amaneciera. Ya había viajado, también gratis, en estos camarotes de proa, a lo Di Caprio pero no en cubierta). La macarra ídem. Decían que eso no estaba incluido en nuestro billete y que de camarotes, nada. «Ya, ni la avería en Denia, no te jode, capitán Pescanova. No se a estos, pero a mí me das el camarote que te he dicho». Así que claudicaron y, de paso, los pusilánimes se aprovecharon de nuestra gallardía y solicitaron camarotes.
Yo estaba reventado del largo y accidentado viaje, cargando con tantísimo equipaje, así que elegí un camarote para 4, le saqué otra birra al camarero, agua embotellada (y un dulce, para el desayuno) y me piré desoyendo los, más o menos, deseos de algunas féminas para seguir conversando conmigo. De eso nada, a la cama que luego, en Eivissa, ya me tocaba más paliza física hasta llegar al hostal de una amiga, en Sant Antoni.
APOSTILLA
No claudiquéis ante la satrapía, cuando tenéis todo el derecho a defenderos de ella, como en mi caso que pagué un billete de ida y vuelta, en un barco inutilizado. Todo me salió gratis, pero muchos pasajeros compartieron, y pagaron, taxis a Valencia; o se hacinaron en coches, pagando la gasofa. Luego pagaban la cena y la bebida no alcohólica, y a pasar 10 horas derrengados en una butaca… ¡anda ya! España necesita más macarras y lazarillos y menos pusilámines pastueños.
REAPOSTILLA
me quedé todo el verano en la isla, pero tuve que volver, al no encontrar suficiente trabajo audiovisual en ella. A la macarra la vi bastantes veces, tenía un bar y todo, en el puerto de Eivissa. Pero como soy gilipollas, volví con la novia que había dejado de tener y, tras pasar con ella unas muy gratas semanas naturistas deambulando en bici y tienda de campaña por la isla, volvimos a Madrid.
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