ARTÍCULO: La kafkiana metamorfosis de España.
Cuando Gregorio Samsa se despertó una mañana después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertido en un monstruoso insecto. Y el único líder de la oposición real le dijo a Eduardo Inda que había adelgazado 11 kilos por ser un poco más espartano…

Que Inda no se canse de hacer el indio es algo que todos los seres intelectuales sabemos (por cierto, gran tema de Los Peter Sellers «Intelectual, cabrón». A ese grupo lo vi en directo, en una mítica – y pequeña– sala de Carabanchel (Gruta 77), cuando no había sarracenos y, a penas, sudakas. Vivía yo en una chabola vertical del suburbio leganense, con mis padres y mi hermana. Sólo había 2 negros en Leganés, y eran púberes de padres corte de helado (chocolate y nata, para el que necesite explicación. Negro y blanca, para el que necesite más explicación).
Fui al concierto con mi gran amigo, desde primero de Bachillerato, Sergio «el freak». Él tenía hambre y entramos a un asqueroso MacPollas (puede que fuera un Burriking, pero 1 de los 2 era, fijo). Y se pidió una cosa de esas raras que ahí dicen ser comestibles por humanos. Yo, obviamente, me pedí el vaso más grande y lleno de birra, cero comida sospechosa. Tendríamos más de 15 años, paraules d´amor, senzilles i tendres, no en sabíem mes, teníem quinze anys…
https://www.youtube.com/watch?v=4VOCPOVlJYk&list=RD4VOCPOVlJYk&start_radio=1
Antes de ese concierto, había una tía muy buena que veíamos por laputatele, en un programa muy extraño llamado «Cyberclub» (1997, o sea que a la canción del catalufo hay que sumarle 7 años y mi colega y yo tendríamos ya 22 palos). Juzgad si la tía está buena o no. Los que seáis maricones saltaos esta parte, si queréis, que todo sea volitivo reyes míos:

No he encontrado una foto mejor, en la que se veía su mejor talento que era su culazo, clave de bóveda de este artículo. La chica se llama Celia Lázaro, de ahí su nombre artíscico CyberCelia. Bueno, pues esta tía os aseguro que era un pibón y bailaba con esta pinta una canción que nos la ponía a todos más dura que un pan de diamante. Pues mi Dios quiso que Ella estuviera justo delante de mí en el concierto (era una sala para estar a 2 patas). Aunque no iba disfrazada de subnormal, mi amigo y yo nos pispamos al instante de que era ella. Y ya me encargué yo de estar detrás de ella. Hablamos con ella con no sé qué excusa mía peregrina (iba acompañada de otra tía buena, actriz de una serie televisiva para retrasados mentales, creo que «Al salir de clase». Acabo de averiguar su nombre y os pongo una fotico:

Pues eso, que me pasé el concierto con el culo de CyberCelia pegado a mi nabo. Y ella se afanaba en hacerme lo que ahora algún hijo de puta llamaría «perreo». Pero como vi que ambas mozas eran muy amigas de los del grupo, pasé de meterme en camisa de 11 varas y no intenté ligármela.
Ojo, esto no es baladí, porque un día fui a un concierto de Javier Krahe, el imitador de Jors Brasans (para el nombre bien escrito googlear) en un suburbio de Barcelona. Me invitaron estando yo soplando birras en un pub de lesbianas etarras del casco viejo de Bilbao (la historia es apabullante, pero no me da tiempo a escribirla ahora, esperad a ese capítulo de mis memorias y al resto de mis encuentros con Javier Krahe). Resulta que, en el concierto, yo estaba sentado en la barra (La sala se llamaba «Ambigú», o algo así; y el escenario estaba cerca de ella). El dueño, que conocí en Bilbao junto a 2 amantes suyas conocidas por algo parecido al tinder de ahora y a las que daba por el culo, me invitó a unos güisquis y yo disfrutaba del concierto cuando una rubia bastante buenorra se me sentó, literalmente, en una de mis 2 patas, la derecha, con perdón. Mi sicalipsis de ya por entonces abrumador Don Juan me dijo que esa tía no me quería follar a mí, sino dar celos a otro. La tía estuvo guarreando conmigo, pero mirando a un notas del grupo que tocaba un chelo o un instrumento así de grande. Y menuda bronca montaron en el descanso del concierto. Menos mal que el notas se dio cuenta de que yo no estaba ligando con ella, ni ella conmigo, sino que ella me usaba para darle celos. Porque si se cabrea conmigo tendría que haberle roto el melón y fin del concierto. Eso hubiera estado feo.
Tras el concierto me presentaron a Krahe, pero se puso en plan petulante de abuelo beodo cebolleta y abandoné el local. Como os he dicho, con los años me lo topé 2 veces y nos hicimos medio amigos durante bastantes horas. Volví a Barcelona city y… bueno, os vuelvo a remitir a mis memorias.
Mi amigo el freak, y yo, a lo burro bípedo Platero, nos hicimos sendos carnets del «Cyberclub», el programa del pibón ese de arriba. Había que enviar, por carta, una foto y una carta manuscrita de adhesión al puto club de la tía buenorra. Era para menores de 10 años o algo así. Por lo tanto, mi amigo y yo buscamos en el álbum familiar y recortamos nuestras jetas infantiles de unas fotos. Y escribimos imitando la caligrafía de un infante. A las pocas semanas tuvimos nuestros carnets del Cyberclub que usábamos a modo de DNI cuando nos lo requerían. ¡jajaja! Mirad como eran, pero no son los nuestros:

El mío lo perdí en una pelea con 2 gitanos que me quisieron atracar en Leganés (intentaron, «ya me entendéis»)a mí, a un macarra ancestral… qué imprudencia atracar a una sabandija así. Pero esa es otra historia que, como siempre, os remito a mis memorias…
APOSTILLA
Es muy triste que nos traten por tamaños gilipollas. ¿Cómo puede nuestra «última esperanza» decirnos que ha adelgazado 11 kilos y, encima, sea reacio a darnos sus consejos? En serio: ¿cómo puede SantiEgo Abascal, un supuesto luchador pepero contra ETA, caer tan bajo ahora que es el líder de VOX? No, no y no lo entiendo. NI hace falta que me lo expliquéis porque por supuesto que lo entiendo, no soy subnormal pero me niego a aceptar que el paisanaje es esto que me rodea.
Me ha parecido más procedente contaros esa historia autobiográfica que analizar esta triste realidad sociopolítica.
REAPOSTILLA
Ya que empecé con Kafka, os recomiendo leer «El Castillo» y «El proceso» para que entendáis, desde su absurdo genial, cómo funciona un Estado. Y si os queréis deprimir 1 rato, leed su obra realista: «Carta al padre». Curiosamente la novela corta (o relato largo) estaba en casa de mis padres. Se la presté a una novia seria mía que luego se hizo etarra-separrata-sarracena, sí, todo junto. Me dijo que le impresionó y la deprimió y que, mejor, no se la hubiera prestado. Igual no es un buen consejo el que os doy, de leerla. Las otras 2 sí.
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