RAFAEL LÓPEZ: Nada que perder.

Le anticipaba a don César Bakken, el pasado 27 de enero de los presentes, el título de mi próximo artículo. Siempre he concedido a los títulos de mis artículos una relevancia muy significativa, pero muy pocos como el presente.
La amplitud del tema que quiero abordar me impedirá tratar todas las ‘facies’ del mismo, pero prefiero dejarme cosas en el tintero, que callar ante la devastadora y tolerada invasión que asola a España.
Hasta ahora ha existido, más menos que más, una cierta “paz social” entre los españoles y los invasores marroquíes y negros. He utilizado, con toda intención, el término marroquí, en vez de sarraceno, porque la natura principalísima de estos invasores es de esa nacionalidad. La pretensión de estos invasores la ven hasta los ciegos: conquistar España entera para caer bajo el yugo del orondo rey alauita. Por romo que parezca el plan de estos hijos de mahoma, hay que reconocer su devastadora eficacia, porque la feroz infiltración de súbditos marroquíes ha sido sido coadyuvada por la cómplice, traidora y espuria colaboración de los corrompidos jerarcas políticos, eclesiásticos, militares, judiciales, policiales, económicos, etc.
Desde luego el plan de marras contiene distintas estaciones, en las que la primera parada es Canarias, Ceuta y Melilla. Pero me estoy desviando un poco del asunto de mi artículo. A estos invasores marroquíes (a los negros también) se les conceden toda clase de prebendas y privilegios, sin haber trabajado ni un solo segundo. Reciben todo tipo de privilegios en ayudas económicas y sociales; no se iban a dejar en el tintero las vinculadas a dejar preñadas a sus hembras para amplificar el reemplazo social que pretenden. En fin, una orgía de dinero público dedicada a alimentar estas voraces hordas invasoras que, curiosamente, no tienen nada que perder.
Porque la realidad es que carecen del más mínimo arraigo familiar (la mayoría son varones que vienen a lo que vienen); no se integran porque no quieren integrarse; no trabajan porque ni quieren trabajar y ya esta papá Estado para atender sus necesidades; siguen hablando su propia lengua porque, en su interior, consideran esta invasión como una reconquista de lo que fue suyo; aplican las normas religiosas mahometanas porque en esto de la religión bromas las justas. ¿Cree alguien que estos invasores, que nada tienen que perder, van a tener un comportamiento pacifico cuando se acaben las gabelas que disfrutan?
Escribía don César un acertadísimo articulo, hace unos días, sobre el paralelismo de la invasión marroquí que padecemos con la musulmana del año 710-711. En él identificaba que la anterior fue realizada con cimitarras, mientras que en la actual ni siquiera necesitan recurrir a ellas. Sin embargo ¿cuánto tiempo transcurrirá hasta que aparezcan las mismas, cuando colapse el pútrido sistema que los mantiene, y deje de fluir, cual maná del erario publico? Este criminal contubernio del partido único bicéfalo pp-psoe con estas hordas, sólo con la repugnante finalidad de ampliar su remesa de votos cautivos, me resulta lo más lacerante de todo.
El señor Bakken mostraba el otro día, en su imprescindible canal de telegram (https://web.telegram.org/a/#-1001501154007), un titular en el que se mencionaba que a los invasores que delincan en “estado de necesidad” no se les tendrán en cuenta sus delitos y serán regularizados. ¿Me puede alguien explicar si esta indulgencia hacia los delincuentes que nos invaden (ojo que ya sólo por el hecho de invadirnos son delincuentes, lo que hagan después simplemente incrementa su criminalidad) sería tolerada en cualquier país con un adarme de dignidad patria?

Por último quiero dedicar un par párrafos a los que sí tenemos (o más bien teníamos) algo que perder. Naturalmente los corrompidos malgobiernos de los últimos diez lustros han aprovechado esa circunstancia para expoliarnos sin compasión, refinando un sistema de terror tributario sin parangón en todo el orbe. Los siniestros agentes que han utilizado para el mismo son muy variados, aunque los principales son la agencia tributaria y la tesorería de la seguridad social, apoyados por una miriada de agentes administrativos y policiales como el catastro, ayuntamientos, gobiernos regionales, maderos autonómicos, locales y nacionales, etc.
Nosotros que somos zaheridos despiadadamente por un sistema expoliador; nosotros que sufrimos la violencia, de toda índole, de estas hordas; a nosotros que, durante medio siglo, nos han engañado miserablemente con las “virtudes” del jefe del Estado que sucedió al Caudillo (su hijo, ídem) y de un sistema “democrático” perfecto; a nosotros que una castuza parásita, corrompida y esquilmadora nos ha pastoreado con el agravante de montar un siniestro aquelarre en contra de nuestras más hondas raíces.
Han conseguido que nosotros, teniéndolo y mucho, ya no tengamos nada que perder.
Y me despido rememorando la cita de don Juan de Austria en Lepanto “¡No permitáis que el enemigo, con arrogancia impía, os pregunté ¿dónde está vuestro Dios?!”
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