ARTÍCULO: harto de las elecciones, los políticos y los votontos.

Y, por supuesto y sobre todo, harto de la puta democracia (memocracia) y de la disidencia controlada, tipo Vito Quiles o Los Meconios. Antes los tránsfugas fingían ser serios, tipo Jorge Verstrynge. Ya con el malísimo actor «chico Almodóvar», Toni Cantó, hasta el trasnfuguismo se torno circo de 4 pistas. Ahora no queda ni eso. Perrodistas impertinentes y «músicos» de karaoke copan titulares de sociopolítica y captan el interés de los partidos grandes. NADA QUE HACER (o todo por hacer).

Me veo obligado a tirar de CV y de necia titulitis: soy politólogo licenciado en la comunista Universidad Autónoma de Madrid. Los politólogos librepensadores somos las personas que más odiamos la política, porque la conocemos y sabemos interpretarla. No es difícil, pero para esto no sirven cualquier perrodistas juntaletras ni influencers asalariados.

Bueno, os estaba tomando el pelo. En la Universidad Pública lo único que obtienes son buenos momentos enfrentándote a los estúpidos y adoctrinadores docentes, bastantes polvos y un sablazo estatal colosal llamado matrícula y tasas. ¡Ah! además te dan 1 diploma que te habilita a seguir malgastando la vida en asuntos docentes y/o de funcionariado. En mi caso, el diploma tasado en casi 300 pavos y con la ignominia de llevar la rúbrica del Rey Elefante, sólo me sirve para demostrar que soy politólogo.
Para saber de política sólo hay que leer, mucho, razonar, interpretar, dialogar con políticos y funcionarios variados y ejercer una dialéctica casi mayeutica socrática; jamás estudiar ni escuchar a nadie que pretenda enseñarte sobre ello. El politólogo es un observador empírico y pragmático, no un erudito ni un chupatintas asalariado. O no debería. Ya sabéis que el vulgo conoció esta titulación con el tétrico advenimiento de PODEMOS, donde casi todos eran politó-locos.

Que la política es una hediondez infecta y pueril lo saben hasta los selenitas, pero de ahí a llegar a estos niveles de necedad como las constantes elecciones demuestran, hay un trecho. Nos tiene todo el año «entretenidos» (en realidad es distraídos y abotargados) con elecciones de todo pelo. Las autonómicas son las que más juego dan, pues son 17 – mínimo cada 4 años – y las convocan escalonadamente para que todos los meses estemos con noticias de alguna. Y como en ellas intervienen los capos de todos los partidos, pues eso: que dan mucho juego. Y en un país donde el análisis político, de salseo y deportivo no tienen diferencia alguna… pues ya me diréis.

Pero no podemos caer tan bajo y permitir que, a parte de los corruptos, paniaguados y subnormales políticos, ahora se infiltren indoctos del tipo Niño Quiles o Los Mecoños. ¡La teta del Estado no debería dar para tanto! Porque no es una teta, son nuestros genitales exprimidos. Pero en una sociedad emasculada donde ya ni existen los sexos biológicos y hay más de 100 géneros sexuales… ¿qué esperamos salvo ser erarios expoliados?



Por mi parte, aunque sé y puedo, no voy a daros una chapa politológica. El día que pueda vivir de ello, lo retomaré, porque sé hacerlo bien. Os he dado unos simples esbozos que, espero, os lleven a no votar y, si podéis, a botar (intelectual y filosóficamente) sobre las cabezas de todos los protagonistas electorales, votontos muy incluídos. Os voy a contar algo que me gusta hacer gratis: hablar de experiencias autobiográficas divertidas o, por lo menos, curiosas; relacionadas con artículos serios como este. Ya puedes dejar de leer, lector politológico. Ve a oír a Los Menoños, ver el circo de Niño Quiles con los pijuarros, y chorradas así de deplorables, intelectual, ética y espiritualmente.

PARTE IMPRESCINDIBLE QUE NO FORMA PARTE DEL ARTÍCULO DE ANÁLISIS POLÍTICO

Antes de Ciencias Políticas estudié hasta 4º de Derecho en la comunista Universidad Complutense de Madrid. Antes eran 5 años (plan antiguo lo llamaban, ahora ni idea. De hecho, creo que en la UAM unificaron Derecho con Políticas y, ahora, cualquier subnormal puede tener la doble licenciatura memorizando chorradas, y plasmándolas en un papel, durante 5 años). Casi me expulsan de Derecho por agotar todas las convocatorias de la asignatura Derecho civil I (en Políticas, por lo mismo y también por llamar «Laura puta entre las putas» a una docente llamada Laura. Sólo me abrieron expediente disciplinario grave, ya que logré convencer a la puta de que había sido un error llamarla por su nombre. Sigo con la UCM. No es que fuera tan imbécil, o tan vago, como para no aprobar la asignatura, sino que la docente me cogió inquina de la fina. Así fue:

estaba yo de cachondeo con el compañero de al lado, mientras la docente rebuznaba micrófono en mano. Era un aula de esas de clases magistrales, enorme y en anfiteatro (casi como el Aula Magna donde hacíamos algunos exámenes). La indecente estaba adoctrinando sobre no sé qué artículo del Código Civil y le preguntaba, retóricamente, a la borregada por algo cuya respuesta era maniquea (sí o no). La respuesta era sí. Llegados a este punto alguno puede preguntarse por qué me pispaba yo de eso, si estaba de cachondeo. Fácil: el micrófono estaba acoplado a una estridente megafonía para aturdir neuronas.

La indecente me interpeló diciendo: «¡Usted, oiga, usted!» y señalando a mi zona. Nos costó 1 rato, a los de la zona, saber a quien se dirigía. Era a mí. «A ver, ud. que se lo está pasando tan bien, responda a la pregunta sobre que…». «¡No!» le respondí. «¡Cómo que no!» contestó sorprendida y medio jactándose «¿Cómo puede decir que no a…?» «¡No, qué no!» volví a interrumpirla esta vez haciendo un gran gesto negativo con el brazo derecho «¡Qué no me lo estoy pasando tan bien!».

¡jajajajajajajajaja! el jolgorio de la clase fue épico y creo que, en la entrada del aula, hay una placa que rememora ese momento para que las nuevas manadas de borregos sepan la historia. Ahí surgió la inquina. No en vano, mientras todos se carcajeaban, la indecente estuvo un rato mirando mi jepeto y las fichas de los alumnos, hasta que dio con la mía (nos obligaban a poner una foto de carnet). Me suspendió en junio y en septiembre. Al año siguiente me suspendió en junio. Sólo me quedaba una convocatoria. Tuve la suerte de que dejó la asignatura antes de fin de curso, y en septiembre aprobé con otro indecente a los mandos. Bueno… ellos no corrigen exámenes, lo hacen los profesores adjuntos y sus becarios. Pero a los nuevos no les pudo dar la orden de suspenderme. O se murió o yo qué sé y qué cojones me importa.

APOSTILLA

Tras licenciarme en Políticas pisé 2 universidades privadas. En la llamada como el que me rubricó el diploma para poder cobrarme la tasa, fui para un asunto de beca de investigación historiográfica que, por supuesto, no prosperó. En el CEU fui a currar haciendo una estúpida encuesta a los alumnos, sobre la valoración del profesorado. Os lo cuento porque seguro que batí algún reéord (por lo menos el mío laboral de menos duración en un curro): me despidieron a la hora y media de empezar el curro, que era para varios días. El motivo está muy bien y, si has llegado hasta aquí, pues ya remata la faena de perder tu tiempo con mi estúpida e improductiva vida laboral.
Me echó el rector, ojo, bromas las justas que hasta me achuchó a varios segurratas de 2 patas (el no tuvo cojones de aparecer). Resulta que la encuesta era una puta mierda. Una chorrada pantagruélica consistente en entregar unas preguntas a los alumnos para que tacharan casillas a modo de respuestas. Eran cuestiones sobre la calidad de los indecentes y el nivel de adoctrinamiento que ejercían sobre los pastueños. Yo tenía que anotar una claves de respuesta, en la pizarra, y dar las simples instrucciones. Cometieron el error de dejarme solo con los alumnos. Ni controlador de la empresa de encuestas ni la indecente presente (tenían que salir, al ser una evaluación sobre ellos).
Ante la estupidez de las preguntas, no pude evitar empezar a comentárselas a los alumnos, mientras les explicaba como responderlas técnicamente en las casillas adecuadas. Todo ello derivó en una crítica mordaz y atinada sobre ese esperpento, y sobre la enseñanza universitaria. Los alumnos se descojonaban y me preguntaban y todo. Ante el jolgorio, entró la indecente. Llamé al orden a los alumnos, salió y contestaron a las chorradas. Cuando terminó el tiempo, yo tenía que recoger las tontunas esas. Ya estaba la indecente en el aula. Los alumnos me seguían preguntando por lo de antes y yo contestando. Otra vez risas. Pero la indecente se cabreó como una mona. Me gritaba que esas encuesta de evaluación docente eran lo más importante de la universidad porque de ello dependía su ascenso o despido y etc. de subnormalidades. Yo la replicaba. Ella se cabreaba y los alumnos se carcajeaban sin parar. Salió despavorida y absolutamente desquiciada, del aula, a toda hostia dando un portazo.
Bueno. Recopilé los papelitos y fui al nuevo aula para repetir la pantomima. Y fue ahí, antes de empezar mi arenga jocosa antienseñanza cuando entró el encargado de la empresa encuestadora. Me dijo lo del rector y que estaba despedido. La encuesta la haría él mismo. Me explico que una profesora había informado sobre mí al director, éste al rector y a tomar por el culo el disidente calvo cabrón ácrata patrio libérrimo que soy yo. Lo curioso es que bajé a la guarida que nos habían dejado para coordinarnos los entrevistadores, y vi a algunos de mis compañeros rellenando las encuestas de los alumnos, mientras yo cogía mi mochila.
«¿Qué hacéis» Les pregunté. «Rellenando todo lo que no han sabido rellenar estos gilipollas (SIC)». Me fui, riéndome al pensar que los alumnos eran más imbéciles de lo que pensaba y los encuestadores más corruptos de lo que creía, adulterando así las encuestas «tan importantes». Me pagaron las horas que debería haber estado, y los días posteriores por despido improcedente. Ni tan mal, oye.

3 respuestas to “ARTÍCULO: harto de las elecciones, los políticos y los votontos.”

  1. Avatar de Rafael López
    Rafael López Says:

    Querido don César:

    Muy interesantes sus relatos universitarios, un rayo de lucidez para saber cómo funcionan las cosas (a mi que, nunca he asistido a una universidad presencial, me resulta de utilidad el ‘modus operandi’ de esos centros).

    Respecto de su arenga electoral debería ser leida por todos los votontos de Aragón (que son a los que les toca mañana), pero no confío mucho en su comprensión. Los maños somos tozudos por naturaleza y testarudos por devoción ¡usted lo sabe bien, jajaja!, pero siempre queda la posibilidad que a través de su artículo alguién vea la mendacidad, fariseismo y mediocridad de los malnacidos peperos.

    Un cordial saludo,

    Rafael López

    • Don Rafael: ¿cuántos de los votontos de mañana cree ud. que son maños de sus ancestros, siquiera españoles, ya no digo maños? Y fíjese que ya no digo nacidos en Mañilandia, porque en este país ya nacen millones de NO españoles y se nacionalizan ídem.

      • Avatar de Rafael López
        Rafael López Says:

        Por desgracia César, hay muchos residentes en Aragón que no son, o se sienten, maños. Luego, por supuesto, están los invasores marroquíes y negros el nicho poblacional más repugnante y deprimente de todos.

        De todos modos, como llevo cuatro lustros lejos de mi tierra, considero que se puede ser maño de natura y también los que, sin serlo, sienten una honda y verdadera filiación por aquella región de España.

        Pero ¿qué región de España no sufre esa misma lacerante realidad?

        Un abrazo,

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