RAFAEL LÓPEZ: La oxidación.

La oxidación es un fenómeno que afecta a cualquier material orgánico, e inorgánico, que se ve expuesto al contacto con el oxígeno. En términos coloquiales, dadas las características de la estructura atómica de los mismos, se asimila, generalmente, al producido en los metales, especialmente en el hierro.

Pero no quiero hablar de invariables procesos físicos y químicos, sino de otro tipo de oxidación, el que atañe a las ideas y a las personas. Es un fenómeno bastante instructivo porque permite delimitar la vigencia de las mismas.

Anoche, después de varios lustros sin hacerlo, tuve la osadía de visionar la mayor parte de la gala drag queen de Las Palmas de Gran Canaria. Quería conocer, de primera mano, como andaba el gremio y un evento de estas características.

Utilicé para realizar mi valoración, como no podía ser de otra manera, un contraste perfecto: mis recuerdos de hace 20 años cuando visioné, por primera vez, este especta-culo de luz, sonido, bailoteos, depilaciones salvajes y fuegos artificiales.

Recuerdo que, en aquella ocasión del año 2006, me supuso un choque bastante considerable, porque, realmente, no estaba preparado para algo así.

Siempre que dejas un tiempo prudencial entre dos situaciones de similar naturaleza, observas, incluso sin ser el más lúcido de los seres humanos, los cambios acaecidos. Indudablemente, existe un factor privativo de evolución/involución personal, por el que, teniendo los mismos ojos, provoca que la mirada sea diferente.

Pero también opera la propia naturaleza del acontecimiento en si, y ésa es la esencia de mi artículo: me resultó un evento oxidado. Por supuesto siguió contando con todo tipo de recursos escénicos, esos que salen del erario público mientras no hay dinero para atender “las cosas de comer” de los contribuyentes. De todos modos, no quiero entrar en esa cuestión porque no es el objeto de mi artículo, y además supondría alargarme.

Por supuesto, estuvieron presentes las “reinvidicaciones” del colectivo lgtbi+, siempre tan martirizado. No faltaron las loas a la diversidad cultural, étnica y ‘entrepernil‘; tampoco se quedó en el tintero la mención a lo inclusiva, resiliente, tolerante y feliz que es la población de la capital grancanaria. No tengo nada en contra de ellos (la libertad individual es algo que respeto muchísimo, amén de ser infinitamente superior a la que nos conceden a los siervos tributarios), pero resultaría interesante que se dieran una vuelta (debidamente ataviados) por el emblemático paseo de Las Canteras. Podrían comprobar lo extendida que está la invasión de marroquíes y lo tolerantes que son esos “seres de luz” (los negros también están muy presentes, pero en cuantía algo menos numerosa). Porque a todos ellos les han regalado el carné de españoles fetén, aunque no hablen español y sean unos holgazanes que viven a costa de nuestros impuestos.

Así que, por ir terminando, ese mensaje de liberalidad y transgresión del evento no es que esté oxidado, es que está muerto. Como espectáculo tiene medio pase (siempre y cuando uno cauterice la herida y deje de verlo en unos cuantos años); como exaltación de las bondades y “derechos” de esos colectivos “marginados” y de paso, el enésimo aquelarre anti-franquista (es curiosa su “homérica” lucha contra Franco, cuando el primer carnaval se celebró en 1976) y/o anti-fascista, ya no dice nada, suena todo a oxidado.

2 respuestas to “RAFAEL LÓPEZ: La oxidación.”

  1. (Comentario de Don Rafael López):
    Un juntaletras invernal, como yo, tiene muchas deficiencias a la hora de enfrentar el reto de la hoja en blanco. En mi caso, donde pesa más el voluntarismo que el talento, se manifiesta, entre otros aspectos, en la distinta atención que brindo a mis artículos.

    Los hay que, por su transcendencia, disponen de la dedicación que merecen; por el contrario otros son, digamos, “alimenticios” (como decía Buñuel de algunos de sus trabajos cinematográficos). Estos últimos se caracterizan, porque, naciendo de una idea con posibilidades, mi habitual impaciencia hace que, muy pronto, me “aburra”, cerrándolo prematuramente. Este artículo es un buen ejemplo de un material poco afinado.

    El señor Baken, con su indulgencia infinita, no me advierte, severamente, por mancillar su ilustre hogar cibernético, con esos materiales toscos, e indignos de habitar en él.

    Suelo anhelar que algún lector me eche la bronca (incluso en tono cordial), para, en la interesante y libérrima opción de comentarios que ofrece este mangnífico blog de don César, compensar esas deficiencias ‘articulares’, con unos comentarios de calidad que, al menos, pulan algo esas fisuras juntaletriles. Porque fueron muchas las cosas que dejé en el tintero y que debían, y merecían, haber estado contempladas, en todo o en parte, en el artículo.

    Bueno, ¡vamos al lio!

    Para un católico, resulta incongruente, y sorprendente (al menos la primera vez), el carnaval de Las Palmas de Gran Canaria. El hecho de que la gala drug queen se celebre cuatro días después del Miércoles de Ceniza, ya dice mucho de lo mucho que se toman en serio, los organizadores de este evento, la transcendencia de Jesucristo. Pero como resido en la ciudad antes mencionada, ya llevo tandas dosis de vacuna carnavalera que estoy hecho a todo. Cuando en los carteles institucionales se informa, a los contribuyentes, de que durará desde el 23 de enero al 1 de marzo, supone una promesa de intenciones en toda regla.

    ¡Da igual, cuando caiga la Cuaresma!, porque todos los años siguen un mismo patrón: dejan pasar unos días de descanso después de la Navidad, para abordar un nuevo evento que siga manteniendo al vulgo amodorrado y embrutecido. Esa estrategia tiene una metodología temporal implacable: después de Navidad, un descanso de un par de semanicas para que el personal coja aliento y ¡catapún! el carnaval. Por supuesto, despues del carnaval, tres ó cuatro semanas de descanso y, siempre tan fervorosos con el Nazareno, se celebra la Semana Santa. Otro descanso y las fiestas patronales para San Juan. Después hay que respetar las vacaciones en agosto y ya a finales de octubre se empiezan a ver los primeros preparativos navideños.

    Pasado mañana, será el segundo viernes de Cuaresma, día, por lo tanto, de ayuno. Sin embargo, este sábado se celebrará la multitudinaria cabalgata del carnaval. Todo muy “normal”, porque aquí el calendario cristiano está subordinado, más bien sometido y humillado al calendario municipal y carnavalero. “Celebran” la Semana Santa o las fiestas patronales de San Juan como una mera excusa para que haya siempre juerga (el turismo la necesita ¡por supuesto!)

    De cualquier manera, creo que ese afán de “enterrar” a Dios no es sólo fruto de una inconsciencia de gentes sin alma. Presenta una facies más siniestra: despojar al hombre de todo vínculo con una trascendencia superior (entiéndase mística), y convertirlo en una masa amorfa y sin nervio que, servilmente, atienda los “impulsos” emocionales y festivos que, cual soma, le vaya concediendo el poder.

    Sinceramente me produce una gran tristeza, lo fatuas que resultan las pretensiones de estos hijos de Satanás y la idiocia de un vulgo yermo y narcotizado.

    Como no me parece prudente que mi comentario esté siendo más extenso que el artículo, objeto del mismo, sólo mencionaré que la alcaldesa de la ciudad, una garrapata bípeda que se llama carolina darias, presidía, en representación del consistorio pagano (en sentido doble, tanto religioso como económico), el evento de marras. Sí, es esa misma malministra de sanidad que exhortaba a los españoles, hace 3 ó 4 años en el fragor ‘plandémico‘, con su luciferina expresión: “vacunasió, vacunasió, vacunasió”.

    ¡Se dan cuenta de lo mutilado que dejé el artículo!

    Para despedirme, les refrescaré, ¡pero no mucho!, con un notable tema músical del icónico Johnny Hallyday. Es la canción “Que je t’ame”, del año 1969, escrita por un tipo de nivel como es Gilles Thibaut y compuesta por Jean Renard. Confío les guste esta deprecación (para que no se fatiguen buscándo el palabro en el diccionario, equivale a plegaria) musical, bastante tórrida y sicaliptica, pero que, sin embargo, para alguien, como yo, que no entiende el francés, suena válida y nada irrespetuosa para estas trascendentales fechas.

    https://m.youtube.com/watch?v=bsl_3ZWLeUU

  2. Buena apostilla. Pero no te disturbes, Don Rafael (el usteo es tuteo, entre amigos), que muy pronto las hordas sarracenas harán que todo lo que has planteado no vuelva a ser nunca objeto a debatir. Pronto la sharía será el eterno carnaval… ya sabes la etimología de esta fiesta para subnormales paganos: «carne a Baal». Pronto, este falso Dios fenicio dará entrada a la verdadera deidad que gobernará todo el orbe y nos devolverá a la edad media (siendo muy optimistas). Pronto seremos «carne a Alá».

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