RAFAEL LÓPEZ: El sacrificio. Cine.

“Dios quiere nuestro sacrificio, no nuestro sufrimiento” escribía G.K. Chesterton, una de las mentes más brillantes del siglo XX. Sus citas son un manual, de primer orden, para entender muchas cosas.
Estamos en la Cuaresma, fechas de profundo recogimiento y meditación para los católicos. En realidad, deberían ser para todos, porque siempre es útil equilibrar, al menos una vez al año, nuestros actos con nuestros pensamientos y creencias.
Vivimos tiempos aciagos y de tribulaciones, donde los acontecimientos y la voracidad mediática nos empuerca, de tal manera, que no disponemos de un instante para pensar en lo importante. Y lo importante no es lo que nos cuentan, sobre tal y cual cosa que “incendia” las redes, lo importante somos nosotros mismos, nuestra dignidad, nuestra fe y nuestro compromiso.
Ayer me impuse una penitencia, no hay periodo eclesiástico más idóneo: consistió en ver una película española moderna. La cinta, en cuestión, trata sobre una joven que se quiere meter a monja de clausura. No citaré el título, ni los premios “de postín”, ni las voluptuosas subvenciones de dinero público, porque no lo merece. En todo y en parte, es una cinta globlalista fetén, por más que intente tratar un asunto profundamente religioso.
Cinematográficamente hablando me pareció infumable, por duración (más de dos horas, para no contar nada) y por una trama insípida hasta más no poder. Un maño mediosordo, como yo, se irrita con las producciones modernas, porque disponiendo de unos tremendos medios tecnológicos, contratan a unos actores con unas voces deplorables, un sonido de cuarta y unos diálogos de quinta. Incluye la cinta de marras numerosas canciones corales (no se si queriendo imitar a “Los chicos del coro”, la celebérrima película francesa), sin que ello redunde en una mejora del resultado final (éso si, alarga su metraje innecesariamente).
En un momento de la película uno de los peronajes ¿creo que? habla vascuence. Como parte del dinero público proviene de esa región etarra y son tan altaneros ellos, no tuvieron ni la cortesía de poner subtítulos en español (ése es el nivel). También la acción se desarrolla ¿supuestamente? en esa región, “tan católica” y supremacista a la vez, ¡vaya empanada mental!.
Sin embargo, mas allá de cualquier valoración de índole técnica, la cinta trata de contar una historia de temática religiosa, sin abordar, en ningún momento, la misma. Que lejos quedan aquellos sobresalientes referentes, en celuloide, de don Rafael Gil.
Está pringada de proguez, ¡demasiada proguez! Hay un escena, realmente siniestra, en el que las monjas oran “por los inspectores de la agencia tributaria, para que hagan bien su trabajo”. Estoy convencido de que algún discípulo de Satanás escribió ese dialogo.
No puedo destacar, positivamente, a ninguno de los personajes y a ninguno de los actores. Si la temática hubiesen sido los “atascos mentales” de una adolescente, hubiera tenido medio pase, así no.
He recomendado en este magno blog de don César Bakken, notabilísimas cintas de temática religiosa. La diferencia entre ellas y el bodrio que vi ayer, es que las antañas y sólidas películas sí tratan sobre la Fe (amén de ser muy inspiradoras a nivel místico), la que vi ayer no.
marzo 1, 2026 a 12:56 pm
Uno de los personajes de la película de marras es la tia del presonaje principal, una sujeta, profundamente, manipuladora y buenista hasta las trancas. En un momento de la cinta, está discutiendo con su pareja, a la que trata de condicionar para que influya en la sobrina. El tipo es un ateo, pero con criterio, y tras charlar con su sobrina, ve que el anhelo de la chica por ser monja es sincero.
Después, tras el agrio requerimiento de la tia de que no había hecho nada, le espeta «¡déjala en paz! ella cree en Dios, como tu crees en el cambio climático».
Una frase así, sólo la puede decir un ateo, pero la fervorosa tia que «sólo hizo la Primera Comunión por los regalos» y que es una hipócrita redomada la podía suscribir perfectamente.
Es frecuente que sean las chicas que estudían en colegios religiosos, las más «lanzadas» en cuestiones sicalípticas y no es menos cierto que esos fervientes padres que «subrogan» la educación de sus vastagos a dichos colegios carezcan de una profunda fe cristiana. Porque los padres pueden «subrogar» la formación, pero nunca la educación, que va mucho más allá (y es más importante) de los conocimientos académicos.
El padre de la joven, viudo y arrejuntado con «contacto separado» con otra mujer, tiene tres hijas, la mayor de las cuales es la quiere ser monja. Las tres estudian en el colegio religioso, donde también estudió él y su manipuladora hermana globalista. Quiero pensar que para un padre católico, una vocación así le genere un impacto inicial por el gran sacrificio que le supondrá, a su hija, una vida de esa exigencia. Pero en ningún momento nadie se lo expone así, sólo le hablán de lo que les supondrá para ellos mismos.
Después de ver este bodrio, tendré que hacer una cuarentena del buen cine de don Rafael Gil para recuperarme.
marzo 3, 2026 a 8:45 am
Hoy me entero que le han concecido cinco premios Goya a este bodrio infumable, incluido mejor película.
Bueno, en realidad, tampoco me extraña viendo, como avanza, año tras año, la degeneración y la idiocia, en el panorama cinematográfico ‘espenol’.