RAFAEL LÓPEZ: (cine) La pasión de Cristo.

Les presento una película cuyo visionado recomiendo realizar, pero una sola vez en la vida. Por su contenido, considero innecesario verla más veces, porque las imágenes quedan tan nítidamente grabadas en la retina que su repetición resultaría más un estéril sufrimiento, que un sacrificio.
La cinta es “La pasión de Cristo” del año 2004, dirigida por Mel Gibson. La ficha técnica y demás aspectos (búsquenlos si tienen interés) resultan superfluos ante el hiriente relato visual de los hechos acaecidos contra Jesús de Nazaret durante los dos últimos días de su vida terrenal. Creo que podría haberse reducido algo el metraje, de las dos horas que dura la cinta. Para mi, los ‘flasback’, que se desarrollan en la película, no aportan gran cosa, distrayendo, la mayor parte de las ocasiones, de la continuidad de la narración. Al igual que tampoco ayudan las escenas a cámara lenta. Es una película muy “visual”, desde mi punto de vista, demasiado visual.
Además de los textos bíblicos se tuvieron en cuenta, para el guion, las visiones de la Beata Ana Catalina de Emmerik. La película es de una gran dureza y para un católico resulta muy dolorosa (creo que a cualquier persona, con un adarme de sensibilidad, le resultará igual). Ya les digo que contener las lágrimas me ha resultado imposible.

También me brotan, siempre que la veo, en la excelente “El beso de Judas” del gran Rafael Gil, cuya tematica es parecida, pero desde la original perspectiva de Judas Iscariote. Esta última cinta, cinematográficamente me parece muy superior, más fina. Tiene un trasfondo moral más complejo y completo.
Tal vez, en otro momento de mi vida no hubiese sido capaz de realizar una crítica a la película recomendada, pero un lustro remando, en esta estarranclada balsa de náufragos, te enrecia cultural e intelectualmente, permitiéndome acometer empresas antaño inimaginables.
Ya he comentado el asunto de los ‘flashback’, pero tratar tan “carnalmente” el zaherimiento sufrido por nuestro Señor Jesucristo, le quita potencia en cuanto a su legado intangible. Por ejemplo, en la escena final yo la hubiese cortado en ese sudario cuyo “contenido” terrenal, delicadamente, se proyecta fuera de él. La imagen posterior de un vigoroso Jesús, con algunas de las marcas del martirio, resultaría mucho más poderosa si la tuviéramos que imaginar que viéndola.
Representar a Jesús en el cine resulta una tarea imposible, por muchas dotes, para la escena, que tenga el actor que realice el papel. Jim Cazievel, hace un buen papel en la cinta de Gibson, especialmente por la exigencia física de la mayoría de las escenas. Sin embargo, esa traslación al personaje queda lastrada ya desde el principio, al dejarle el ojo derecho a la funerala. Esa mirada de Jesús, que en la cinta del señor Gil, está dotada de toda su magnificencia, en la de Gibson, físicamente, se reduce a un solo ojo, casi siempre sanguinolento, que, en ningún momento, alcanza a transmitir todas sus potencias.
La presencia visual del demonio (lo pongo en minúsculas, porque se le da una imagen simplista) resulta innecesaria. Presentarlo acompañado de una sierpe, en los primeros minutos, sólo se puede justificar por la nula confianza del director en el intelecto del espectador. Ese insustancial remedo visual de la Muerte, en la cinta “El séptimo sello” de Bergman, aquí en forma de demonio, les aseguro que no aporta absolutamente nada.

Don Rafael Gil, es más sutil en su obra. Nos presenta a Jesús, casi siempre de espaldas o en planos alejados, para no enfrentar la ciclópea tarea de los primeros planos, pero cuando lo hace consigue trasladar gran parte de la trascendencia de esa “mirada”. Precisamente uno de los personajes dice una frase de una rotundidad demoledora: “tú no sabes cómo mira ese hombre”. Tengo que decir que impone más esa frase y la evolución del personaje que la dice que todo lo proyectado en la cinta estadounidense.
Don Rafael Rivelles está soberbio en el papel de Judas y el resto del primoroso elenco está a un grandísimo nivel. Además, la cinta del señor Gil sí permite posteriores revisionados donde emocionarse y deleitarse con una obra maestra (en este insigne blog de Don César, pueden encontrar un artículo mío con un enlace para poder ver esta película).
Les adjunto un enlace donde ver “La pasión de Cristo, en versión original con subtítulos al español. En la cinta se habla en arameo (el idioma que hablaba Jesús en su ámbito personal/familiar), hebreo y latín. Soy consciente de que hay versiones dobladas, pero pierden con el cambio. Debo advertirles que la calidad de la imagen no es todo lo buena que yo quisiera, pero estoy convencido de que disculparán esa deficiencia.
Complemento esta recomendación cinematográfica con el tema “Getsemani” del musical “Jesuscristo Superstar”, en la vibrante voz de Camilo Sesto. Les aseguro que hasta un maño medio sordo, como yo, reconoce la muy superior interpretación de nuestro compatriota respecto de la versión cinematográfica que se realizó de esta obra. Además tiene la virtud de ser en español (ya lo dijo el emperador Carlos I de España, “el español es el lenguaje para hablar con Dios”).
El cantante de Alcoy puso un gran empeño personal para traer a España este musical. Además de apostar económicamente, realizó el papel protagonista, complementando el elenco grandes voces del panorama patrio, destacando especialmente Angela Carrasco. Tal fue la calidad del montaje que hasta su propio autor, Andrew Lloyd Weber, consideró que era la mejor adaptación de su obra realizada en todo el mundo.
Sin que suponga demerito del tema musical recomendado, considero también superior un tema 100% patrio. Me refiero a “La roca fría del Calvario”, canción de la zarzuela, “La Dolorosa” del maestro Serrano. Escuchar este conmovedor tema, por ejemplo, en las primorosas voces de grandes tenores, como Alfredo Kraus o Pedro Lavirgen, supone una experiencia de primer orden.
El sobresaliente talento español al acercarse a la figura de Jesús, a través de personas cercanas a Él (Maria, Judas), brinda una intensidad emotiva muy superior respecto de las producciones anglosajonas. Los creadores foráneos, carentes del misticismo hispano, van, a calzón quitao a retratar directamente al Redentor ¡cómo si éso fuese posible!
Les indicaré la única escena de la película donde he observado un hálito de éso que he tratado de explicarles en el párrafo anterior. Es una escena sin diálogos, donde la esposa de Pilatos le entrega unos inmaculados paños a María, para que pueda enjugar la sangre derramada por su Hijo, durante el terrible martirio al que lo han sometido. Esa sutil y delicada ofrenda a la Madre doliente expresa mucho mejor, y más dramáticamente, la grandeza de las figuras de Jesús y María.
Por último indicar que la imaginería de los pasos procesales españoles ofrece unos retratos de Jesús realmente primorosos y sobrecogedores, imbatibles para cualquier actor de carne y hueso (por mucho maquillaje y efectos especiales que utilicen).
https://m.ok.ru/video/9729185221363
marzo 29, 2026 a 2:00 pm
Cuando buceé, durante un par de minutos por el averno cibernético, para documentarme sobre la película recomendada, observé que había recibido algunas críticas al considerarla “antisemita”. Ese iletrado concepto es utilizado, desde hace lustros, con repugnante profusión, para asociar el mismo al pueblo judio, cuando dicha asociación en una falacia monumental.
Ocurre igual que con el término “fascita”. Su aburrido uso y abuso ha conseguido desactivarlos.
Basta documentarse, someramente, sobre qué poblaciones son semíticas para darse cuenta del profundo error en la utilización del término “antisemita”. Teniendo en cuenta que la conceptuación del término es por la lengua hablada, vincular el término a los seguidores de una religión concreta parece, desde el principio al fin, una tergiversación interesada del diccionario y de la historia.
Cambio de tercio, manteniendo mi mala costumbre de comentarme a mi mismo. En el fondo me resulta divertida y además me permite complementar el artículo con cosas que dejé en el tintero.
Sobre la cinta de Gibson: la grotesca imagen con la que se nos presenta a barrabás, o la de esos romanos descojonándose mientras zahieren a Jesús, a base de latigazos, impacta, la primera vez que te enfrentas a la película, pero cuando la meditas resulta burda. No, no me ha gustado el tratamiento que la película da al Nazareno. Tal vez sucedió así, pero, cinematográficamente, lejos de mostrar la magnificienca del Hijo de Dios, la opaca al convertirlo en un “saco de arena” que recibe todo tipo de agresiones físicas.
Desde luego que la cinta es muy explicita en éso, ¡hay que ver cómo se ensañan!, pero tanta “literalidad” está reñida con la espiritualidad. Tal como digo en mi artículo, subyace más inspiración divina en ese ladronzuelo que al devolverle las 30 monedas, que le habia robado a Judas, le espeta “tú no sabes cómo mira ese hombre”. Ésa potencia de la mirada de Jesús que atraviesa el alma humana, se percibe, perfectamente, en la película de mi tocayo, no así en la de Gibson.
En la película del señor Gil, a Jesús se le ve de espaldas, a contraluz, o desde lejos. El único plano que se le ve, algo la cara, es de perfil y precisamente para mirar a ese ladronzuelo, mentado en el anterior párrafo. Don Rafael es tan sutil que la única imagen de frente que sale de Jesús es la proporcionada por el paño que le acerca la Dolorosa para enjugarle la cara ensangrentada, en su penoso camino hacia el Calvario. La espiritualidad de dicha cinta, retratada en tan magnas escenas sobrecoge.
Muchas gracias Don César.
marzo 29, 2026 a 2:14 pm
Don Rafael:
Yo solo he visto una vez la película de Mel Gibson. Por una vez, no le haré caso y la volveré a ver, ya que mis recuerdos de la misma no coinciden exactamente con los suyos.
En cuanto a la aparición, sí, simplista, del demonio, no me pareció que fuera desacertada, teniendo en cuenta que la película se dirige a una sociedad que no cree ya en ese ser preternatural (incluidos muchos sacerdotes) y no es consciente que hasta en las cosas más simples de esta insoportable vida de la modernidad hay una manifestación de Satanás.
En cuanto a los flashback, tampoco me suelen gustar. Pero en esta película sí hay uno que me conmovió: cuando María acude rauda a socorrer a Jesús niño que se había caído. Esta escena la mezcla el director con otra similar con los mismos protagonistas camino del Calvario.
De acuerdo en lo del ojo morado. Produce una incomodidad que no se atenúa en el resto de la película.
Y ya, para dejarlo a usted tranquulo, comentar que la película del gran Rafael Gil no se puede comparar con esta. Creo que son dos grandes cintas, pero teniendo en cuenta que una película está formada por tres componentes: por quienes la hacen, el film propiamente dicho y también por los que la ven, el gran abismo (cultural, religioso, espiritual, …) que existe entre las dos sociedades a las que se dirigieron estas cintas, hace imposible las comparaciones.
Gracias, don Rafael, por seguir poniendo sus comentarios cinematográficos. Y a don César por acogerle.
marzo 29, 2026 a 3:11 pm
Gracias a ti, por leernos. Saludos.
marzo 29, 2026 a 6:33 pm
Muchas gracias por sus aportaciones, don Carlos.
Es muy distinto realizar la crítica de una película recien visionada que «cuando las aguas están más calmadas». Soy vehemente y en el fragor de la memoria reciente, más. Si hubiesen transcurrido, por ejemplo, un par de semanas, le aseguro que mi artículo no hubiese sido el mismo.
De todos modos, comparto con usted muchas de sus apreciaciones. Partiendo del hecho de que esta cinta está realizada para un público, preferemente, anglófilo, hay cosas innecesarias (la figura del demonio, por ejemplo) que se explican como si fuesen párvulos.
Siempre se dice que las comparaciones son odiosas. Yo, creo que siempre no es así y de ahí mi intereses en hablar de «El beso de Judas», no desde una perspectiva meramente comparativa, sino de la trascendencia espiritual de una y otra. Es cierto que don Rafael Gil es, para mi, el más brillante director en tratar los asuntos de la fe. Sus obras de esta temática son de primer orden, la finura en el análisis de las diversas facies con las que aborda la cuestión son de una sencillez y de una potencia tremendas.
En fin, don Carlos, creo que caminamos por la misma senda y haga como yo, vea primero la Gibson y luego la de nuestro compatriota (un poco como antídoto).
Un muy cordial saludo,
Rafael López
abril 13, 2026 a 3:27 pm
Gracias a ti, Carlos. Transcribo la respuesta de don Rafael, que su dispositivo se lo impide, actualmente. Saludos.
por desgracia, son tan escasas las ocasiones en que, personas ajenas, a Don César y a mi mismo, opinen en este magno blog, que me pilla con el paso cambiado.
El motivo es que tiendo a mostrarme indulgente con lo comentado, para no contrariar al nuevo e intrépido «Comentador». Pero analizado, con el poso del tiempo, tanto comentario como respuesta, me reafirmo en que devienen innecesarios todos los ‘flashback‘ de la película. Sí, también el que menciona en su comentario, porque, desde mi punto de vista, es simplista y pone de manifiesto cierta escasez de repertorio para mostrar la aflicción de la Virgen Maria, durante el Via Crucis.
En «La pasión de Cristo» el zaherimiento que sufre Nuestro Señor llega a tal nivel que inmuniza al espectador, y éso es terrible. Es decir, llega un momento en que las imagenes impactan, pero ya no consiguen afligir como debieran, por ese tozudo sinsentido visual que supone mostrarnos ese despiadado castigo (casi como si fuese el único objetivo de la cinta).
Si la finalidad del director es motrarnos la naturaleza divina de Jesús (¡a ver que ser humano aguanta éso!) yerra, porque la misma no está en cuestión.
Por terminar, «El beso de Judas» sí es una obra maestra, la del señor Gibbson, por desgracia, carece de la sutileza cinematográfica y de la profundidad mística como para considerarla, personalmente, como tal.
Respuesta dirigida a Carlos Entrena, respecto de su comentario al respecto de mi artículo sobre esta película.
Saludos,
Rafael López