ARTÍCULO: la estafa por necesidad no es sólo en la vivienda.
Os pongo 3 ejemplos personales, en Eivissa, para que veáis hasta donde llega la maldad humana y la necedad (mía) por estar con una novia al lado.

2003. Eivissa. Yo recorriendo mi isla con mi novia de entonces (del suburbio Leganés, como yo). Andando, haciendo dedo a veces porque mi isla es muy inhóspita para caminar o pedalear (en 2006 la recorrí en bici con esta misma imbécil) y durmiendo en tienda de campaña, cuando se podía ser naturista carestía sin problema, ahora ya no te dejan ni comer pipas en el monte…
Lo vivido en esas semanas dan para libro autobiográfico y mi hipermnesia os jura que lo haré. Pero me ciño al titular.
Ejemplo 1.
En un remoto lugar de mi isla, llamado cala Serra, bajamos una mañana para bañarnos/asearnos en la cala y tratar de encontrar agua potable, al estar transitada por vehículos (chiringuito a la vista, mínimo). Efectivamente, un chiringuito cutre tipo puesto de helados algo más tocho. Pido que me vendan una botella de agua y la dueña, una alemana venida a menos por la edad, me pide 5 euros por una de litro y medio que costaría 30 céntimos por entonces en cualquier tienda.
En esa parte de mi isla no hay pueblos grandes ni, por lo tanto, tiendas para abastecerse; y llevábamos ya varios días costeando. No pedí alcohol, ni bebidas azucaradas… pedí lo que nunca se le puede negar a un ser humano: agua. Pues me lo negaron si no pagaba esa burrada. ¿Qué hubiera hecho yo yendo sólo (como he hecho, y haré, tantas veces)? Digo que sí. Me sirve (jamás olvidéis que ellos están para servirnos, no viceversa) cojo la botella, le dejo 1 euro (por aquello de lo remoto del negocio) y me voy tranquilamente a bañarme. Si me reclama algo, pues… pues eso… es un lugar tan remoto que los picolerdos tardarían mucho, pero mucho, en llegar… máxime sin cobertura telefónica, como era el caso. Y sólo los más fuertes sobreviven, y yo no soy débil.
¿Pero qué hice al estar con mi amada novia? Achantar. Pasar sed y sólo discutir descarnadamente con la alemana venida a menos y los que se acercaron a cotillear el maltrato a 2 seres humanos que querían agua y hasta pagar un precio justo por ella. Encima se me puso chula la puta teutona, y por ahí no paso… pero pasé y pasamos sed. Y pasar sed de agua es algo imperdonable en un país supuestamente civilizado. Claro… la necesidad. Son lentejas, o las tomas o las dejas si vas con tu pareja.
Ejemplo 2
Ese mismo viaje, pero en la isla (no mi isla porque la conozco poco) aledaña, Formentera. Mi exrival bautizó a los supermercados como «supermercaRos», de caros que eran (y serán, digo yo). No había nada por menos de 1 euro. Claro… la necesidad. Son lentejas, o las tomas o las dejas.
Llegamos a un bar-restaurante con tienda y veo los precios del agua. 4 euros las botellas de medio litro. Cojo 2 y cuando me las meto en la mochila, descaradamente porque no había nadie en el mostrador ni cámaras ni mariconadas de ahora, mi exrival me dice que no y que si tal y cual robar… Yo no estaba robando, estaba haciendo justicia social y hubiera dejado la increíble cantidad de 1 euro en el mostrador (50 céntimos por botella en 2003 no estaba nada mal). Pues nada, a pasar sed. Llega un dependiente impenitente y le digo que por qu´tiene el agua tan cara si no hay otra manera de beber agua potable en toda la zona. Me dice que o pago o vaya a beber al baño, del grifo agua desalinizada asquerosa. ¿Y qué hicimos? Pues ir al baño. Son lentejas, o las tomas o las dejas si vas con tu pareja.
Ejemplo 3
Antes de lo de Formentera, pero era pertinente contarlo antes. Saliendo de pasar una noche espectacular a pie de mar en Ses Fontanelles. La deshidratación total máxime el tremendo esfuerzo físico que requiere esa inhóspita zona de mi isla y en agosto al sol. Pasamos por una mansión y nuestra sed ya no puede más. Era beber o morir. Pasé de mi exrival porque me iba la vida en ello. Entro a la finca y empiezo a preguntar (esperando al puto chucho guardián de turno que me descojono de todos ellos, por cierto) si hay alguien.
Sale una chacha (iba vestida de chacha, lo juro, en plan película con cofia y todo). Le pido agua y me saca una botella de litro y medio. Acto seguido de beber cual équidos en abrevadero (en serio, íbamos moribundos tras muchas horas sin ingerir agua y sudando a mares y con mochilas y etc.) sale la propietaria, gritando cual posesa propietaria chalada y guiri. Le grita a la chacha que no nos dé agua y etc. Claro, como ya estaba yo ajeno a mi exrival, ni la hice caso y le dije que tenía suerte de que íbamos a una cala más o menos cercana, a un restaurante de unas amigas mías, Cala Salada. Que sino entro en su cocina y la saqueo, tal cual. Me fijé en su coche, un 4 latas rojo.
Tras varias horas llegamos al restaurante. Comemos en plan medio pobre pero caro, pero es un restaurante. Agua jamás me niegan mis amigas de allí, obvio. Los «lujos» se pagan, el agua no.
Saliendo del restaurante veo en la playa el coche de la pija rara que nos negaba el agua. Saco mi navaja y cuando voy a pincharle las 4 ruedas… mi exrival me lo impide. Son lentejas, o las tomas o las dejas si vas con tu pareja.
Al año siguiente le comento a la dueña del garito, Vicenta (pude casarme con ella en 2001, pero eso es otra historia) lo del agua y el coche y tal… y me dice que esa puta zorra les debía miles de euros, porque era una pintora arruinada que vivía de las rentas de su exmarido. Y siempre les pagaba a final de temporada, para no bajar a la playa con efectivo… hasta que ese año no les pagó y les dejó la pedazo de deuda. Tal vez la puta zorra no es que nos negara el agua, sino que no tenía ni para ella, jajaja Pero chacha sí que tenía…
APOSTILLA
no he hablado del abuso de la vivienda, algo que es exactamente igual que el agua. Pero haced analogías, que mis lectores sois listos.
abril 3, 2026 a 4:53 pm
La perfección no existe, querido Don César, o, de existir, es tan fugaz como la felicidad, ése raro bien.
No será la primera vez que le diga que lo suyo es la vida eremítica, y ninguna de las veces que lo he hecho ha sido gratuita semejante afirmación.
Si te quedas soltero, mal; si te casas, mal; si no tienes hijos, mal; si tienes pocos hijos, mal; si tienes muchos, mal. El estado civil y familiar del individuo es una quimera como mecanismo para encontrar la perfección/felicidad. Lo que cada quien hace en su vida es su decisión y como dice el refrán «a lo hecho, pecho». No puedo ser tan pretencioso como para considerar que un estado en concreto sea superior a los otros. Todos tienen ‘pros’ y ‘contras’, todos nos brindan alegrías y desventuras.
Tal vez, la única diferencia radique entre cuanto pesan las primeras respecto de las segundas en esa balanza vivencial. En mi caso, sólo le puedo decir que tengo muy clara mi opinión.
Un abrazo,