ARTÍCULO: MultiINculturalismo.
Odio hacer turismo, pero no al turista. Odio al inmigrante invasor/invitado pero no al aborigen.

Siempre que he ido de turismo saqué la misma conclusión: ¿qué cojones pinto aquí, balbuceando inglés con otros que también lo balbucéan y, encima, pagando por hacerlo? Porque nací (y resido, hoy en día algo muy diferente a vivir) en España (actual Espena). Cualquier bien nacido en España sabe lo ubérrimo que es (era, ¿volverá a ser?) el país. Lo autárquicos que deberíamos ser, la impresionante geografía y clima que tenemos (teníamos, por lo del clima, «estelas químicas welcome»)… es decir… si eres feliz, si puedes ser feliz, si quieres ser feliz… ¿para qué cambiar? ¿Por qué irse a otro lugar o dejar que otros cambien tu lugar?
Fijaos en esta foto:

Principiando esta era (vivan las eras, por cierto, las del cereal) estuve en ese Palacio cuando era el de Correos y no el de Corrernos a hostias a los madrileños. Entre otras muchas profesiones remuneradas he sido cartero, sin poder serlo al ser un lisiado sin derecho a «paguita» por ser español y no invasor/invitado (ahora, vulgo vulnerable… la neolengua no para y cada vez es más estulta, como nosotros).
Antes de empezar a ganar dinero con las cartas (sobres, no póker, tarot o magia) me hicieron una revisión médica en ese Palacio. En una enorme sala me desnudé ante una supuesta médico (no sé si madre y ministra) que tras la inspección corporal y, por qué no, metida de mano descarada a un veinteañero buenorro que era yo, me espetó: «usted no puede trabajar en Correos porque (aquí mis múltiples tullideces corporales)».
Bueno, pues a otra cosa, mariposa – pensé saliendo del Palacio –. Y sin apenas acabar de pensar, me llamaron de «Recursos Humanos» de Correos, para que fuera a firmar un contrato laboral con ellos, en Chamartín. A las pocas horas tenía 2 documentos en mis zarpas: un informe médico que me inhabilitaba para currar de cartero, y un contrato laboral de cartero.
Podría seguir divagando de lo absurda que es la vida, entre humanos. Pero creo que ya habéis captado el mensaje de este artículo.
APOSTILLA
Para quien no lo haya captado (ni viendo las 2 fotos) añado: ¡viva la retórica, el dominio de un idioma compartido y la dialéctica que ello supone! Sin ello, no hay prosperidad. Sin ello, tenemos lo de ahora: mediocridad, delincuencia, analfabetismo, estulticia, maldad, expolio y etc.
abril 26, 2026 a 4:54 pm
Querido Don César:
Acerada y acertada critica a la deriva que sufre el español como lengua.
Siendo un tesoro de formidable labor, se degrada con el uso de ‘palabros’ extraños (principalmente anglicismos), pero con un componente aún más triste y es esa jerga inmisericorde de acortar palabras, o conjunto de palabras, mientras no se respetan las formaciones semánticas.
Comprendo que, seguramente, soy el menos indicado para hablar de estas cuestiones, dada la abundancia que Usted ha tenido que realizar a mis escritos, pero en mi humilde bagaje al respecto, trato de esforzarme y superarme.
Un abrazo,
abril 26, 2026 a 5:00 pm
Nos han igualado a todos, por debajo (por lo ínfimo), no por arriba (por la excelencia). No somos ya ni estiercol, porque de nuestras heces no sale ya ni mierda reutilizable.