RAFAEL LÓPEZ:(cine) Dejad paso al mañana.

Les traigo a este insigne blog de Don César una delicadísima joya del cine estadounidense. Me refiero, por supuesto, a la que da título a mi artículo-recomendación. Es una cinta del año 1937, dirigida por Leo McCarey, en la que no me duelen prendas es destacar a la actriz Beulah Bondi, quien realiza una interpretación de primerísimo orden llena de sutileza y sensibilidad.
Para quien conozca la historia, les aseguro que se conmoverán tanto como la primera vez. Y para los que sean tan osados de atender mi recomendación les auguro 90 minutos entrañables, con una historia que va directa al corazón.
Afortunadamente, ahora somos tan modernos, progresistas y libérrimos que, gracias a Lucifer, no tenemos que soportar este tipo de cine casposo, retrógrado, ficticio y profundamente sensiblero.
El cine actual tan culto, real y creativo sublima los más inspirados anhelos artísticos de la especie humana. Porque estas obras modernas llenas de mamporros, sexo y escatología nos muestran ese camino a la perfección, definido por Oscar Wilde, por el que “la vida imita al arte”.
Por supuesto, Aristóteles había defendido, 2.200 años antes, todo lo contrario, al indicar que es el arte el deudor de la realidad. Ustedes pueden posicionarse con el irreverente y talentoso irlandés o con el sabio griego. Personalmente creo que el estagirita está más acertado, porque el arte se ha ido degenerando a raíz de una sociedad enferma, débil, vacua y desnortada.
Tal vez la cuestión sea una de esas bizantinas, sobre que fue primero, lo uno o lo otro, porque van muy de la mano ambos factores. De todos modos, aunque sólo sea un instante antes, opino que son las sociedades las que se degradan con anterioridad, empuercando, a continuación, el arte, a la propia sociedad y hasta al hombre mismo.
mayo 26, 2026 a 11:08 am
Leo McCarey tenía 39 años cuando rodó esta película, la misma edad que tenía yo cuando la vi por primera vez (hasta ahora que he tenido el deleite de revisionarla)
Realizo este comentario por la destacable sutileza del director en retratar una historia común en tantos hogares. Suele decirse que unos padres pueden criar a 100 hijos, pero que 100 hijos no crian a unos padres. Como en todo, hay casuística muy diversa, pero lo retratado en esta entrañable cinta considero que no está alejado de la mayoria de las realidades pasadas, presentes y, seguramente, futuras.
No entraré en más consideraciones sobre ¿qué hacer los padres cuando ya son «inservibles»?, porque cada quien, en su casa, sabe lo que se cuece y no estoy para sentar catedra sobre un asunto personal y delicado.
De todos modos, de lo que estoy seguro es que es uno de esos asuntos merecedores de nuestro tiempo y dedicación para discutir sobre él.
Rafael López
mayo 26, 2026 a 11:21 am
Lo único cierto es que todos los padres fueron hijos, pero cada vez menos hijos son padres. Me refiero a españoles de todas sus generaciones aquí. El globalismo, por fin y gracias a los pastueños que son nuestros compatriotas, ha logrado borrar a la población española de la faz de la Tierra; y expoliar su territorio, que tanta sangre, sudor y lágrimas les costó construir a nuestros ancestros.