RAFAEL LÓPEZ. Memoria rústica [I]: la siega

Desconozco cuantos artículos escribiré de esta saga, pero quiero traer, a este magno blog de Don César Bakken Tristán, recuerdos de mi infancia, mejor dicho un testimonio de otro tiempo.
Desgraciadamente, por mi edad no puedo apoyarme en personas, muy queridas y cercanas, que conocieron dichas realidades muchísimo mejor que yo. La mirada de un niño suele ser, en algunos aspectos, limitada, impresionable e incompleta, pero no por ello carente de veracidad en lo esencial. Convencido de esa certeza, les mostraré algunos de mis recuerdos infantiles.
Habiendo nacido en el Aragón profundo, que es el Aragón entero, mis recuerdos estivales están asociados a la siega. Es la intensa actividad agrícola realizada, principalmente y dependiendo de la climatología, durante el mes de julio. Hay una película bastante apañada de Juan Antonio Bardem titulada “Los segadores” (se retituló, por motivos que desconozco, como “La venganza”) del año 1958, que retrata, relativamente bien, el quehacer de esos segadores que, de sur a norte, iban, de pueblo en pueblo, por la España cerealista de los latifundios (como siempre, les adjunto un enlace donde ver la película al final de mi artículo).
Los toques comunistoides del director resultan, con algo de paciencia, tolerables. Además, y muy principalmente, la presencia del imponente Jorge Mistral supone, en si misma, un formidable argumento para ver la cinta. Porque estamos hablando de ese actor y de la década de los 50, una ecuación de primer orden e imbatible, para cualquier persona a la que le guste el buen cine y un espléndido galán.

Retomo el eje axial de mi relato, indicando que la climatología resulta esencial en esta actividad, al marcar en qué momento se realiza la siega. Así, y generalizando, en Andalucía y Extremadura van más adelantadas, mientras que en zonas más frías, como las de Castilla y Aragón, el momento de la misma se produce uno a casi dos meses más tarde. Esa acomodación de la actividad a los ciclos climatológicos era la que motivaba ese periplo laboral de los segadores durante el verano, mostrado en la película antes reseñada.
La siega tradicional se componía de diversas actuaciones. La primera era la que da nombre al nombre genérico de la actividad, y se realizaba a mano, con una hoz, o corbella, formando después unos atados llamados gavillas que se acarreaban (con carros y galeras tirados por caballerías) hasta el pajar. Si no se barruntaba lluvia se sacaban las gavillas del pajar, esparciéndolas en la era para efectuar la trilla. Consitía esta actividad en, mediante un par de caballerías que tiraban de un trillo (una especie de tablero de madera grande en cuya base llevaba incrustadas unas afiladas piedras de pedernal), realizar continuas pasadas sobre la parva. Mediante unas horcas se iba moviendo la mies para que el pasar del trillo alcanzase a toda ella. Con esta actividad se conseguía triturar la paja.
Ya después se habilitó maquinaria, pero originalmente después de la trilla se aventaba. Esta labor consistía en, con una horcas, lanzar la mies al aire. Como el grano pesa más, caía en una zona cerca del labrador, mientras que la paja, llevada por el viento se iba depositando más lejos. De esta manera se separaba la paja del grano. Normalmente el grano se ensacaba en talegas y sacos para llevarlo al granero, donde se tendía para que se orease; mientras que la paja, mediante unas angarrillas, se llevaba al pajar.
Para las labores de ensacar la mies se utilizaba una barcilla (les adjunto una foto al final, porque tiene distintos nombres según las regiones, pero la de la imagen es idéntica a la que había en mi casa), que se complementaba con una pieza de madera de un par de palmos de larga por un geme de alto, ligeramente cóncava que además servia para enrasar. Por más que me he estrujado la sesera, no he conseguido recodar el nombre de ese utensilio. Tal vez fuese gamella, pero no me atrevo a aseverarlo.
Antes comentaba lo de la lluvia porque si se mojaba la mies había que esperar a que se secase porque húmeda no valía para la trilla, debido a que las piedras de pedernal (técnicamente sílex) no conseguían cortar la paja. Asi que si estaban trillando y se ponía a llover, a toda prisa tenían que recojer la parva para meterla de nuevo en el pajar.
Creo que he explicado lo principal de la siega, tal como se realizaba, en muchos lugares, hasta hace 60 años. Después aparecieron maquinas, que debido a la extensión del actual artículo comentaré en el próximo. Inicialmente eran arcaicas (aunque liberadoras de las fatigosas tareas inherentes a la cosecha) para ir evolucionando, muy rápidamente, hasta las modernas cosechadoras que realizan todas estas labores con la sola participación del conductor de la máquina.
junio 8, 2026 a 4:38 pm
Gracias César por el esfuerzo de complementar el artículo con unas imágenes más que adecuadas.
Un abrazo,
Rafael López